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La UE
busca su década perdida
Por
Alberto Garzón
Espinosa -
Pijus Economicus
[16.06.2011]-Actualizado
8:30 pm Cuba
Los planes de ajuste que están
aplicando Grecia, Portugal, España y otros recuerdan
necesariamente a los planes de ajuste que el Fondo
Monetario Internacional (FMI) impuso a los países
latinoamericanos en la década de los ochenta.
Aquellas reformas fueron entonces un absoluto
fracaso en lo que se refiere a sus propósitos
oficiales, y las consecuencias fueron especialmente
dramáticas en términos tanto económicos como
sociales. La Comisión Económica para América Latina
y el Caribe (CEPAL) consideró a posteriori aquellos
años como una década perdida, y el premio nobel J.
Stiglitz llegó a decir que “la reforma no sólo no ha
generado crecimiento, sino que además, por lo menos
en algunos lugares, ha contribuido a aumentar la
desigualdad y la pobreza” (Stiglitz, 2003).
El detonante de la crisis de los países
latinoamericanos fue lo que algunos economistas han
llamado el Golpe de 1979, y que consistió en una
subida espectacular de los tipos de interés por
parte de la Reserva Federal -el banco central de
Estados Unidos. La subida tenía como objetivo último
recuperar los márgenes de ganancia de las finanzas
internacionales, y como objetivo primario la lucha
contra la inflación que carcomía esas mismas
ganancias. Pero aquella medida tuvo una consecuencia
inmediata: el crecimiento exponencial de las deudas
contraídas en dólares por los países en desarrollo.
Sólo en 1979 la deuda externa de los países en
desarrollo se multiplicó por dos, del 8% al 15% y en
1987 estaba ya en el 39% de la producción (Duménil y
Lévy, 2004).
En un contexto de crisis estructural internacional,
que redujo la demanda mundial de alimentos y por lo
tanto también los precios de las materias primas,
los países en desarrollo se vieron en una trampa de
difícil salida. El FMI salió en su ayuda
condicionando la asistencia financiera -préstamos- a
la aplicación de unos duros programas de ajuste
inspirados en la ideología neoliberal.
Los Planes de Ajuste Estructural (PAE) giraban en
torno a cinco ejes claramente delimitados: el ajuste
fiscal, haciendo más regresivos los sistemas
impositivos mediante aumentos de la base imponible o
reducción de tipos; la liberalización comercial,
reduciendo las barreras comerciales; las reformas
del sector financiero, liberalizando y
desreglamentando; las privatizaciones, transfiriendo
empresas y servicios de naturaleza pública a manos
privadas; y la desregulación laboral, flexibilizando
las normas de contratación y posibilitando nuevas
formas de relaciones entre empresarios y
trabajadores (Álvarez et al., 2009). De forma
directa o indirecta todas esas medidas tenían como
objetivo recuperar la rentabilidad privada del
capital, para lo cual era requisito indispensable
reducir los costes y de entre ellos el más
importante de todos: el salario.
Las reformas neoliberales llevaron a un pobre
crecimiento económico, la expansión de la pobreza y
la marginalidad, el incremento de la desigualdad,
mayor volatilidad, más crisis financieras y la
desaparición de la mayoría de los mecanismos para
luchar contra esos fenómenos adversos -debido a la
pérdida de poder de los Estados. Tal fue el
transcurrir de los acontecimientos que al final la
mayoría de los países latinoamericanos tuvieron que
cambiar radicalmente su concepción de las políticas
económicas, abandonando en mayor o menor medida el
neoliberalismo.
En 2008 y en los inicios de la crisis financiera
internacional los países europeos respondieron con
medidas de estímulo económico y de índole
keynesiana. El objetivo era reactivar la economía a
través del gasto público, pero se hacía desde las
instancias nacionales (el presupuesto de la UE es de
un muy reducido 2%) y con la camisa de fuerza del
Pacto de Estabilidad y Crecimiento que prohíbe a los
países miembros superar la frontera del 3% bajo
riesgo de penalizaciones económicas. Las medidas no
se mantuvieron suficiente tiempo y el entramado
económico-político de la Unión Europea pasó a la
primera fase de sus planes de ajuste. Las medidas de
estímulo económico y la caída de los ingresos como
consecuencia de la crisis bancaria habían provocado
el crecimiento de los déficits y del endeudamiento
público, y ahora acabar con esos dos fenómenos
económicos se iba a convertir en la tarea de la UE.
La UE asumía el papel que el FMI había tenido en
América Latina en la década de los ochenta (Molero,
2010).
En efecto, la UE y el FMI -que participa también en
los fondos de rescate europeos- condicionan la
asistencia financiera a unos duros planes de ajuste
que son también de inspiración neoliberal y resultan
ser prácticamente calcados de los aplicados en
América Latina. Privatizaciones, rebajas salariales,
retroceso del poder del Estado y un interés concreto
en “ganar competitividad”. Y aunque los economistas
convencionales parecen estar encantados con estos
planes de ajuste que están aplicando tanto gobiernos
de derechas como de izquierdas, los economistas
críticos han y hemos dado la señal de alerta.
Incluso J. Stiglitz, que además de premio nobel fue
economista jefe del Banco Mundial, ha reconocido que
este camino lleva al desastre.
No cabe ninguna duda de que los planes de ajuste
conducirán a un nuevo escenario de regresión social
en los que se incrementará la pobreza, la
desigualdad, la inseguridad laboral y también la
ciudadana -como ocurrió en América Latina-. Pero
además también es seguro que serán otro fracaso en
sus objetivos formales, puesto que el problema
último no es de deuda pública sino de desequilibrios
comerciales y de distribución del ingreso. En
definitiva, tal y como hemos explicado en el
artículo (Torres y Garzón, 2011) que explica el
pacto que sintetiza la siguiente fase del plan de
ajuste, el llamado Pacto por el Euro, lo que hace
falta es más coordinación europea, más regulación
laboral y financiera -con banca pública-, un
estímulo por la vía de la demanda (mayor
distribución del ingreso y gasto público), reformas
fiscales progresivas y un programa amplio de
planificación económica que aspire a corregir los
desequilibrios y a cambiar el modelo económico en su
conjunto.
Sin embargo, mucho me temo que aún no hay base
social suficiente para exigir salir del camino del
desastre. Y por lo tanto esa es la necesidad.
Bibliografía:
Álvarez et al. (2009): Ajuste y Salario. Las
consecuencias del neoliberalismo en América Latina y
Estados Unidos. Fondo de Cultura Económica, Madrid.
Duménil, G. y Lévy, D. (2004): Crisis y Salida de la
Crisis. Fondo de Cultura Económica, Madrid.
Molero, R. (2010): “¿Se va a convertir la UE en el
nuevo FMI?”, Economía Crítica y Crítica de la
Economía. Disponible en
http://www.economiacritica.net/?p=134
Torres, J. y Garzón, A. (2011): “19-J: Contra el
Pacto del Euro. Democracia Real en Europa ¡ya!”.
Disponible en
http://www.agarzon.net/?p=885
Stiglitz, J. (2003): “El rumbo de las reformas.
Hacia una nueva Agenda para América Latina”, Revista
de la CEPAL. nº80, pp. 7-40.
http://www.agarzon.net/?p=888
Rebelión ha
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