El imperialismo
contemporáneo
Por Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)
Este
artículo forma parte de un libro de próxima
aparición sobre las teorías actuales del
imperialismo.[15.06.2011]-Actualizado
8:30 pm Cuba
Resumen
Al
concluir la segunda guerra mundial el escenario del
imperialismo clásico quedó transformado por la nueva
etapa de prosperidad y desaparición de las
confrontaciones bélicas entre potencias. Estados
Unidos logró una supremacía militar inédita y
subordinó a sus rivales, en lugar de demolerlos. La
confrontación con la URSS no se equiparó con los
viejos choques inter-imperiales, dado el carácter no
capitalista del sistema vigente en ese país.
El
contexto económico quedó igualmente transformado por
la nueva asociación internacional de capitales, la
irrupción de compañías multinacionales, la
disminución del proteccionismo, la recuperación del
protagonismo industrial y la reorientación de la
inversión externa hacia las económicas
desarrolladas.
La
actualización de la teoría del imperialismo estuvo
bloqueada por una actitud ritualista hacia el
enfoque clásico, que asignaba vigencia perdurable a
un periodo específico del siglo XX. Esta postura
impedía comprender el nuevo marco de solidaridad
miliar occidental y asociación multinacional.
Tres interpretaciones de los años 70 reabrieron la
investigación, al resaltar el papel superimperial de
Estados Unidos, el entrelazamiento ultra-imperial de
las firmas y el carácter acotado de la concurrencia
inter-imperialista. Plantearon acertadamente nuevos
problemas, que no lograron resolver.
La
mundialización neoliberal ha introducido una nueva
etapa, que universaliza el capitalismo. Hay
transformaciones cualitativas en todas las áreas. La
inestabilidad del modelo y la indefinición de la
tónica de crecimiento, no desmienten el cierre del
esquema de posguerra. Las características del nuevo
período no se clarifican dirimiendo la presencia o
ausencia de una onda larga. Se ha consumado un giro
comparable al observado a fin del siglo XIX y a
mediados de la centuria pasada, que genera novedosos
desequilibrios financieros, productivos y
comerciales.
En
esta etapa se expande el radio de acción imperial a
todo el planeta, con mayores entrelazamientos
económicos globales que afectan a los pueblos y
regiones desfavorecidas. El imperialismo neoliberal
acentúa las diferencias con la era clásica y
profundiza las tendencias de posguerra.
Al
concluir la segunda guerra mundial el escenario del
imperialismo quedó totalmente transformado. El
sostenido crecimiento y la mejora del nivel de vida
inauguraron un período de significativa prosperidad
en los países centrales. La reducción del desempleo
creó situaciones próximas al pleno empleo, que
facilitaron el aumento del consumo y la
generalización de un sistema protección social.
Los
principales teóricos marxistas bautizaron la nueva
etapa de posguerra con distintas denominaciones
("capitalismo tardío", "capitalismo de estado",
"capitalismo monopolista de estado"). Muchos
estudios destacaron la sustitución de las formas de
acumulación extensiva por mecanismos intensivos y el
reemplazo del trabajo taylorista por esquemas
fordistas. Otras investigaciones señalaron el nuevo
gigantismo de las empresas y la inédita intervención
estatal en la economía. Estos cambios modificaron el
perfil del imperialismo, recreando un marco de
estabilidad, en torno a nuevos equilibrios
geopolíticos.
El contexto político-militar
La
principal singularidad de período fue la ausencia de
guerras inter-imperiales. A diferencia de la etapa
clásica, los conflictos armados no desembocaron en
conflagraciones generalizadas. Persistieron los
enfrentamientos, pero ya no hubo confrontaciones
directas por el reparto del mundo. Las rivalidades
sólo generaron escaramuzas geopolíticas, que no se
proyectaron a la esfera miliar.
La
vieja identificación del imperialismo con el choque
entre potencias capitalistas quedó desactualizada y
este cambio transformó el paisaje europeo. En lugar
de rivalizar por las posesiones coloniales, las
competidores del Viejo Continente iniciaron un
proceso de unificación regional.
El
predominio estadounidense determinó el viraje de la
etapa. Ningún conflicto anterior se había zanjado
con semejante preeminencia. La abrumadora
superioridad norteamericana quedó consagrada con la
formación de una alianza atlántica (OTAN), bajo el
mando del Pentágono. Estados Unidos ejerció una
dominación explícita y reafirmó su autoridad con la
disuasión nuclear. Impuso la localización de las
Naciones Unidas en Nueva York y estableció en el
Consejo de Seguridad un sistema de consultas para
supervisar todos los acontecimientos mundiales.
Este reinado se asentaba también en la aplastante
superioridad económica. Estados Unidos manejaba el
50% de la producción industrial, acumulaba
monumentales acreencias y adaptaba el sistema
monetario mundial a sus necesidades, mediante la
hegemonía del dólar (acuerdos de Bretton Woods).
Pero lo más novedoso fue la estrategia que eligieron
las elites norteamericanas para consolidar su
supremacía. En lugar de demoler a los rivales
derrotados, auspiciaron la reconstrucción económica
y el sometimiento político-militar de sus
adversarios. El auxilio multimillonario concedido a
Europa y Japón fue la contracara de la actitud
asumida por Gran Bretaña y Francia (frente a
Alemania) al concluir la primera guerra mundial. En
lugar del tratado de Versalles se introdujo un Plan
Marshall.
Mediante esta combinación de reconstrucción
económica, subordinación política y protección
militar, Estados Unidos consolidó el sistema de
alianzas subalternas, que posteriormente utilizó
para contrarrestar el resurgimiento de sus rivales.
Cuando en los años 60 Alemania y Japón recuperaron
competitividad, el gendarme norteamericano hizo
valer su primacía. Recurrió a drásticas medidas
comerciales, tecnológicas y monetarias, para
preservar sus ventajas y reformuló los términos de
la convivencia con sus subordinados. Pero estas
tensiones no recrearon en ningún momento, el viejo
escenario de rivalidades destructivas.
Alemania y Japón aprovecharon la exención de gastos
armamentistas para recuperar terreno en la
producción y el comercio, pero no proyectaron estos
avances al terreno militar. Tampoco contemplaron la
preparación de una revancha. Aceptaron el rol
protector ofrecido por Estados Unidos, avalando el
"imperialismo por invitación" que les ofreció la
primera potencia. Todos los conflictos que suscitó
la unipolaridad estadounidense se procesaron sin
alterar este dato geopolítico.
Ha
sido muy frecuente relativizar la novedad de este
cuadro, afirmando que el antagonismo entre
superpotencias persistió durante posguerra, a través
de un conflicto entre Estados Unidos y la Unión
Soviética. Se considera que esa confrontación fue
análoga a todas las batallas precedentes por la
hegemonía imperial.
Pero estas pugnas entre Occidente y el denominado
"bloque socialista" incluyeron una diferencia
esencial con todos los choques inter-imperiales
precedentes: el carácter no capitalista del sistema
vigente en la ex URSS. Existen numerosas
caracterizaciones sobre este régimen social, pero
nadie ha podido demostrar que estuvo gobernado por
una clase dominante, propietaria de los medios de
producción y guiada por la meta de acumular capital.
La
burocracia que manejaba ese sistema, buscaba ampliar
su influencia global y mantuvo fuertes disputas con
Estados Unidos por el control de territorios
estratégicos. En esas tensiones sostuvo parcialmente
a los movimientos de liberación nacional, que
resistían el poder estadounidense. Pero en la
mayoría de los casos estas acciones eran repuestas
defensivas, tendientes a preservar una coexistencia
pacífica con el coloso norteamericano. (1)
El
carácter no capitalista de la URSS invalida su
presentación como otro actor imperial de batallas
por el reparto del mundo. La capa dirigente de ese
país tenía ambiciones expansionistas y reforzaba su
presencia global, chocando con Estados Unidos en el
manejo de las áreas de influencia. También
intercalaba esas pugnas con la revisión periódica de
los acuerdos de equilibrio territorial establecidos
al concluir la guerra (tratado de Yalta). Pero esas
pretensiones de mayor poder regional no convertían
al régimen de la Unión Soviética en una variante
"social-imperialista" de la expansión colonial. El
uso contemporáneo del término imperialismo sólo
tiene sentido para aquellas potencias que actúan
bajo el mandato del capital. No se aplica a
situaciones ajenas a ese principio.
Transformaciones económicas
Los
cambios económicos de posguerra tuvieron el mismo
alcance que las modificaciones geopolíticas, a
partir del significativo avance registrado en la
asociación internacional de los capitales. Se
consumó un entrelazamiento financiero, comercial e
industrial sin precedentes. Esta amalgama alteró
radicalmente la concurrencia inter-imperial que
prevaleció durante la época de Lenin.
El
creciente gigantismo de las empresas que subrayaba
el líder bolchevique volvió a cobrar importancia con
la expansión de los oligopolios, en desmedro de las
pequeñas compañías. La necesidad de ampliar
mercados, reducir costos y aumentar la productividad
acentuó la preeminencia de las corporaciones frente
a las empresas de pequeño porte.
Pero a diferencia del período precedente, las
alianzas entre grandes firmas no quedaron
restringidas a compañías del mismo origen nacional.
Irrumpió un nuevo tipo de empresa multinacional, que
asoció a los capitalistas norteamericanos, japoneses
y europeos, alterado la vieja divisoria entre
bloques de competidores nacionales.
En
este marco, el proteccionismo perdió peso frente a
las presiones librecambistas desplegadas por las
empresas mundializadas. Estas compañías requirieron
mayor movilidad del capital y creciente flexibilidad
comercial, para actuar en todos los rincones del
planeta. El cerrojo arancelario era congruente con
los bloques belicistas del imperialismo clásico,
pero obstruía los negocios internacionalizados de
posguerra.
Este viraje de las tarifas hacia la liberalización
repitió un giro ya consumado en otras oportunidades.
El capitalismo nunca se atuvo a una modalidad
comercial invariable. El pasaje del libre-cambio a
la protección -que los teóricos clásicos observaban
como un giro definitivo del sistema- constituyó en
realidad, sólo un eslabón de incontables virajes.
Tampoco la primacía financiera mantuvo la
irreversible hegemonía que imaginaban los analistas
de la etapa precedente. Al compás del fuerte
crecimiento de posguerra, los industriales
recuperaron terreno y retomaron su protagonismo en
la generación de plusvalía. Este resurgimiento fue
en gran medida determinado por la
internacionalización de las firmas norteamericanas,
que implantaron filiales en Europa y Oriente
Durante este período la exportación de capital
recobró un papel significativo, pero tuvo un alcance
más limitado en las inversiones metropolitanas en la
periferia. Las principales corrientes de colocación
de fondos foráneos se consumaron entre las propias
economías desarrolladas. Los capitales
norteamericanos afluyeron con mayor intensidad al
viejo continente que a los países dependientes y la
misma dirección tuvieron las inversiones externas
posteriores de Europa y Japón. Esta tendencia apuntó
a reforzar una gestión internacionalizada de los
negocios, en torno a las empresas multinacionales.
Pero este proceso incluyó también un aumento de las
ventas mundiales y una creciente confiscación de los
recursos de la periferia. El comercio entre las
economías desarrolladas se intensificó, junto a la
depredación de las riquezas del Tercer Mundo.
Los
tres mecanismos de apropiación externa del
imperialismo volvieron a coexistir, sin nítidas
primacías de uno sobre otro. La remisión de
utilidades por inversiones externas operó junto al
comercio inequitativo y el sometimiento de las
economías subdesarrolladas. La magnitud de todos
estos cambios tornó impostergable la revisión de la
teoría del imperialismo.
Primeras actualizaciones
El
texto de Lenin mantuvo su influencia durante la
posguerra, a través de numerosas reediciones y
traducciones. Este apetito de lectura sintonizaba
con la expectativa de extensión del socialismo por
todo el mundo. El reconocimiento logrado por el
libro convalidaba sus aciertos políticos en el
debate sobre la guerra y premiaba la crítica a las
ingenuidades pacifistas.
La
tesis leninista brindaba, además, argumentos contra
las nuevas teorías socialdemócratas, que
identificaban la alianza transatlántica y la
descolonización con "el fin del imperialismo". Estas
concepciones omitían la persistencia de la violencia
imperial, especialmente en el Tercer Mundo.
Pero las lecturas más atentas del texto comenzaron a
percibir su falta de actualidad. El ensayo de Lenin
describía un contexto ya inexistente de guerra inter-imperialistas.
También la primacía de las rivalidades económicas
había quedado neutralizada por la interpenetración
mundial de los grandes capitales. La preeminencia
norteamericana contradecía, además, el escenario
clásico.
Estos contrastes no disminuyeron el lugar dominante
del texto bolchevique, en todos los estudios sobre
el imperialismo. El grueso de la producción teórica
marxista intentaba actualizar con las nuevas cifras,
las tendencias expuestas por Lenin. Se buscaba
especialmente corroborar la continuidad del
monopolio y del proteccionismo y demostrar la
centralidad de las exportaciones de capital y la
persistente hegemonía financiera.
Estos trabajos estaban afectados por una actitud
ritualista, que eludía el análisis de las tendencias
contrapuestas a la caracterización clásica. Los
manuales de economía política editados en la URSS y
otras elaboraciones dogmáticas expresaban esa
postura acrítica. (2)
Estos enfoques transformaban el escenario
inter-imperial de principio del siglo XX en un dato
inmutable de la historia. Le asignaban vigencia
perdurable al diagnóstico de una coyuntura. Al
congelar la etapa estudiada por Lenin como el único
período valedero sacralizaban el texto, olvidando la
función política que tuvo cuando fue elaborado. Esta
actitud cerraba todos los caminos para una
actualización fructífera de la teoría del
imperialismo.
Otras visiones intentaron -con muchas vacilaciones-
la revisión del problema. Buscaban demostrar, por un
lado, la vigencia de los rasgos clásicos, pero
reconocían por otra parte las insuficiencias de la
concepción tradicional. Mientras subrayaban la
continuidad del monopolio y la supremacía del
capital financiero, señalaban la ausencia de
conflictos bélicos inter-imperialistas y la
gravitación de Estados Unidos. Cuestionaban las
lecturas talmúdicas de Lenin, pero preservando su
visión del tema.
La
reconsideración del problema exigía ir más allá del
simple cómputo de los elementos vigentes y obsoletos
de la teoría clásica. Había que jerarquizar el
significado de las tendencias persistentes y de los
procesos ya agotados. Los enfoques acríticos diluían
dos datos claves de la nueva época: la ausencia de
guerras inter-imperiales y la mayor asociación
económica entre capitales de distinto origen.
El
diagnóstico de Lenin había quedado anacrónico por
estar referido a una etapa ya concluida del
desarrollo capitalista. Las tendencias de 1880-1914
no tenían vigencia en 1945-75 y por esta razón, las
principales reflexiones de posguerra giraban en
torno a otros problemas.
La
dificultad de muchos marxistas para aceptar este
cambio obedeció a una incomprensión del planteo de
Lenin. Desconocían que el enfoque estaba más
centrado en la crítica política al pacifismo
social-patriota, que en la evaluación económica del
capitalismo. La gran contribución aportada en el
primer terreno, no implicaba validez de las
caracterizaciones expuestas en el segundo terreno.
Esta confusión obstruyó el análisis y generó muchas
simplificaciones en la interpretación del
imperialismo, que no distinguían la existencia de
dos niveles autónomos de la reflexión sobre tema.
Los
mejores estudios sobre el imperialismo de los años
70 incorporaron de hecho estas distinciones.
Revisaron la teoría clásica, destacando la
existencia de múltiples interpretaciones marxistas (Brown)
y resaltaron el significado polisémico de la noción
de imperialismo (Owen). También pusieron de relieve
la ambigüedad de un concepto que incluye al mismo
tiempo definiciones de la etapa, caracterizaciones
de tensiones entre países centrales y evaluaciones
de las relaciones entre el centro y la periferia (Sutcliffe).
(3)
Con
estas miradas comenzó un rescate del significado
contemporáneo del imperialismo. Se retomó el método
de Lenin para interpretar una nueva realidad,
observando cómo el desarrollo desigual de
capitalismo genera desequilibrios, en la
reproducción jerarquizada y polarizada de este
sistema.
Tres modelos
En
los años 70 aparecieron tres interpretaciones para
caracterizar el nuevo escenario. Estos enfoques
resaltaron la gravitación de tendencias
superimperiales, ultra-imperiales e inter-imperiales.
La
primera variante -postulada por Sweezy, Magdoff o
Jalee- remarcó el papel dominante de Estados Unidos,
como coloso económico y gendarme mundial. Remarcó el
peso de sus corporaciones industriales y su
gravitación militar, mediante estudios que
subrayaron también la importancia de las
resistencias antiimperialistas del Tercer Mundo.
Esta tesis recogió elementos de muchas teorías sobre
el hegemonismo estadounidense de la época, que
reflejaban el apabullante liderazgo logrado por la
primera potencia. (4)
Pero las caracterizaciones superimperialistas no
evaluaron el alcance de esa primacía del gigante del
Norte y no llegaron a esclarecer el nuevo el tipo de
relaciones establecidas entre el poder
norteamericano y las restantes potencias.
La
segunda corriente puso el acento en los procesos de
asociación ultra-imperial, mediante importantes
trabajos de Hymer, Murray y Nicolaus. Indagaron la
formación de una nueva clase capitalista en torno a
las empresas multinacionales, a partir de estudios
del mercado del eurodólar y de distintos análisis
sobre la influencia decreciente de los estados
nacionales. También investigaron la forma en que
este proceso erosionaba las rivalidades entre
potencias y deterioraba las condiciones de trabajo.
(5)
Este enfoque inauguró el estudio contemporáneo de la
asociación internacional de capitales y comenzó a
registrar sus consecuencias sobre los estados
nacionales. Pero no logró evaluar el impacto de
estos cambios sobre la dinámica del imperialismo.
La
segunda vertiente fue a su vez enriquecida por los
trabajos de Poulantzas, que estudiaron cómo la
internacionalización de la economía incentivaba la
formación de fracciones capitalistas mundializadas,
al interior de los estados nacionales. Palloix
aportó, además, importantes investigaciones sobre la
forma en que la internacionalización de la economía
globaliza la reproducción del capital, en ciclos
mercantiles, monetarios y productivos. (6)
Todos estos enfoques que ponían de relieve la
preeminencia de cursos ultra-imperiales, suscitaron
la reacción de los defensores a ultranza de la tesis
clásica. Estas críticas destacaron el reducido
alcance de la actividad multinacional y el
continuado protagonismo de los estados nacionales.
Pero los objetores nunca lograron explicar por qué
razón habían perdido fuerza las tendencias bélicas y
económicas del período precedente.
Finalmente la tercera corriente encabezada por
Mandel destacó la continuidad parcial de las
rivalidades inter-imperiales. Cuestionó por un lado,
la tesis superimperial señalando que la hegemonía
norteamericana no evolucionaba hacia supremacías
económicas de largo plazo. Destacó que esa hegemonía
no transformaba la subordinación de las potencias
asociadas en formas de sujeción colonial.
Por
otra parte, objetó la perspectiva
ultra-imperialista, señalando el carácter improbable
de una fusión entre corporaciones de distinto origen
nacional y remarcó el continuado aumento de la
competencia económica, en un marco de distensión
militar. De esta tendencia dedujo un pronóstico de
acrecentamiento de la concurrencia intercontinental,
en un cuadro alejado de la confrontación bélica. (7)
Este modelo de tensiones inter-imperiales atenuadas
fue compartido por otros teóricos como Rowthorn, que
cuestionaron la exageración del poder
norteamericano, evaluando que el continuado
antagonismo económico entre las grandes potencias,
no tendría proyecciones militares. (8)
Este tercer enfoque sugirió acertadamente la
preeminencia de un avance del regionalismo, que
permanecería distanciado de los viejos bloques
belicistas del pasado. Pero no arribó a conclusiones
nítidas y tampoco elaboró conceptos representativos
de la nueva situación. Vaciló en la evaluación del
rol estadounidense y no logró dirimir el predominio
de tendencias a la asociación o a la competencia.
Todas las caracterizaciones en juego suscitaron
fuertes polémicas, acompañadas de los adjetivos y
etiquetas en boga durante esa época. Los
cuestionamientos a los "errores kautskianos"
convivieron con los elogios a los "aciertos
leninistas". Pero esta contraposición impedía
comprender lo que se intentaba indagar. La nueva
integración internacional de capitales no recreaba
el modelo concebido por el dirigente socialdemócrata
y la competencia en curso no resucitaba el esquema
postulado por el líder bolchevique.
Las
investigaciones de los años 70 crearon los
fundamentos para superar la obsolescencia del
enfoque clásico, pero no condujeron a conclusiones
satisfactorias. Su principal mérito fue incentivar
el estudio de la nueva realidad con modelos de
supremacía, integración y rivalidad imperial. Aunque
dieron lugar a una síntesis adecuada, abrieron una
discusión que puso de relieve los problemas a
resolver.
La
tesis superimperialista omitía la inexistencia de
relaciones de subordinación entre las economías
desarrolladas, equiparables a las vigentes en la
periferia. El enfoque transnacionalista desconocía
la continuidad de las rivalidades entre las
corporaciones, ahora mediadas por otra conformación
de clases y los estados. La visión de concurrencia
inter-imperialista minusvaloraba la ausencia de
confrontaciones bélicas y el avance registrado en la
integración de los capitales. (9)
La
complejidad del tema impulsó a buscar fórmulas
combinatorias de las concepciones en disputa, que se
mantuvieron posteriormente. Se resaltó especialmente
cómo la existencia de tendencias a la asociación,
genera tensiones que obligan a reforzar liderazgos,
para contener la concurrencia inter-imperialista.
Esta rivalidad socava la gravitación de la
superpotencia impidiendo la estabilización del
sistema. (10)
Esta misma idea de mayor entrecruzamiento de
capitales sin desemboques definidos ha sido señalada
también, para destacar la existencia de múltiples
desequilibrios. Estas tensiones son generadas por
una trama distante del imperialismo clásico y
carente de sustituto definido. (11) En este contexto
la irrupción del neoliberalismo abrió nuevas pistas
de indagación.
La nueva etapa
Desde la mitad de los años 80 la mundialización
neoliberal introdujo cambios de un alcance semejante
al registrado durante la posguerra. A partir de una
ofensiva general contra las conquistas populares,
estas modificaciones generaron una expansión del
capital hacia nuevos sectores (privatizaciones,
educación, salud, pensiones) y nuevos territorios
(ex países socialistas).
Este ataque patronal deterioró las condiciones de
trabajo en los países avanzados y empobreció a la
periferia, en un contexto de repliegue de los
sindicatos y reflujo de las ideas anticapitalistas.
Las grandes corporaciones aprovecharon las fuertes
diferencias internacionales de salarios, para
acrecentar sus lucros e introdujeron nuevas formas
de control patronal del proceso de trabajo. Esta
agresión se basó en amenazas de traslado de las
firmas hacia otros países.
Este cambio en las relaciones sociales de fuerza a
favor del capital desembocó, a su vez, en
incrementos sustanciales de la tasa explotación, que
ampliaron las desigualdades, recompusieron el nivel
de los beneficios y revitalizaron la acumulación.
Al
incentivar la competencia global con aumentos de la
productividad desgajados de las compensaciones
salariales, el nuevo modelo se distanció del
fordismo. La sistemática transferencia de
actividades fabriles hacia el continente asiático
potenció la concurrencia por incrementar la
producción, con menores costos y generar mayores
ganancias.
Esta mutación se ha sostenido en una revolución
informática que generaliza el uso de las
computadoras, en los procesos de fabricación y en la
gestión financiera o comercial de las empresas. Esta
innovación radical incrementó el nivel de
productividad, abarató el transporte y masificó las
comunicaciones.
Las
transformaciones de las últimas décadas ampliaron
también el consumo, no solo de las elites y los
sectores gerenciales. Un importante sector de las
clases medias ha sido incorporada un nuevo patrón de
adquisiciones basado en el endeudamiento creciente.
Esta modalidad reforzó la gravitación de los bancos,
que han cumplido un papel clave en la consolidación
del neoliberalismo. Restablecieron los mecanismos de
disciplina y auto-ajuste en las empresas y
recompusieron el circuito de la acumulación.
El
modelo actual introdujo un corte con la etapa
precedente y cerró el período de convulsiones, que
acompañó al agotamiento del boom de posguerra. La
nueva etapa revirtió la retracción de los mercados y
el deterioro de la tasa de ganancia, que predominó
durante las crisis de 1974-75 y 1981-82. Sobre estos
pilares se consumó la expansión de la inversión
hacia las regiones favorecidas por el nuevo esquema.
(12)
Este diagnóstico es frecuentemente objetado por las
caracterizaciones que destacan la vulnerabilidad
financiera del modelo neoliberal, su reducido aporte
al crecimiento o su dependencia de los vaivenes del
mercado. (13)
Pero ninguno de estos rasgos desmiente la existencia
de un nuevo período. Indican la presencia de áreas
de gran inestabilidad, sin refutar la vigencia de
una etapa diferenciada. Quiénes consideran que el
modelo actual es más inestable que su antecesor, no
cuestionan la preeminencia que ha logrado.
Cualquiera sean las controversias sobre el grado de
coherencia que rodea al neoliberalismo, es evidente
que este esquema introdujo un cambio radical en la
dinámica del capitalismo.
El
período actual no presenta un nítido escenario
global de prosperidad o estancamiento. Aquí se
evidencia una diferencia importante con los modelos
precedentes del siglo XX. Mientras que las
transformaciones cualitativas son incuestionables,
las tendencias del nivel de actividad mantienen un
alto grado de ambigüedad. Hay nuevas formas de
consumo segmentado, normas de producción
globalizada, tipos de comercio liberalizado,
finanzas des-reguladas y otra modalidad de
competencia entre las empresas transnacionales. Pero
estas transformaciones no definen un perfil de
intensidad o quietismo productivo.
El
período actual es muy singular, puesto que no repite
la tónica depresiva de 1914-1945, ni la pujanza de
1945-75. La economía mundial se ha distanciado del
comportamiento homogéneo que mantuvo en los períodos
precedentes. Coexisten situaciones variadas de
estancamiento en Europa, ascenso y recaída de Japón,
vaivenes de Estados Unidos, despliegues asiáticos y
mutaciones en la semi-periferria y regresiones de la
periferia.
Desequilibrios inéditos
El
nuevo contexto no se clarifica dirimiendo la
presencia o ausencia de una onda larga Kondratieff.
Algunos autores postulan la presencia de este ciclo,
resaltando la vigencia de tasas de crecimiento
elevadas en numerosas actividades y zonas
geográficas. Otros objetan la existencia de este
curso, subrayando el reducido promedio global de
ascenso del PBI. (14)
La
discusión es más conceptual que empírica, ya que no
existe un dato universalmente indicativo de la
tónica que asume un período. Un promedio de
crecimiento elevado no tiene la misma validez para
fines del siglo XIX, que para la mitad de la
centuria siguiente o el debut del siglo en curso. Lo
mismo rige para las distintas zonas. El incremento
del 5% anual del PBI que se considera elevado para
Estados Unidos es muy bajo para China.
En
realidad, la existencia de una nueva etapa del
capitalismo no requiere un correlato definido en la
fase del ciclo económico. La vigencia del periodo
neoliberal es parcialmente independiente de ese
ritmo de la producción. La era de posguerra ha sido
totalmente sustituida, sin dar lugar a otra onda de
pujanza económica general.
Lo
importante es reconocer que el patrón de acumulación
precedente (de consumo masivo y uniformidad de
producto) ha quedado reemplazado por un nuevo
esquema (de consumo más flexible y producción más
variada). Desde la irrupción del neoliberalismo en
1978-80, este modelo se asienta en el incremento del
desempleo, la feminización del trabajo, la
polarización de las calificaciones, la segmentación
del mercado laboral y el uso de las nuevas
tecnologías.
Algunos enfoques reconocen la magnitud de
transformaciones en curso en ciertos campos, como la
disminución del campesinado o la penetración del
capital en numerosos ámbitos de la vida social. Pero
cuestionan la existencia de rupturas significativas
en el campo económico, tecnológico o cultural. (15)
Pero la universalización geográfica y sectorial del
capitalismo que ha llevado a cabo el neoliberalismo,
no se restringe a una u otra esfera. Ha impactado
sobre el conjunto del sistema, produciendo un giro
comparable al observado a fin del siglo XIX y a
mediados del siglo XX.
Este viraje se verifica también en los
desequilibrios específicos que actualmente presenta
el sistema. Las crisis del neoliberalismo difieren
significativamente de las convulsiones que afloraron
en los años 60 o 70. Son contradicciones resultantes
de nuevos problemas y no arrastres del pasado. Las
tensiones que generaba el modelo keynesiano fueron
clausuradas por el ascenso neoliberal, que inauguró
otro tipo de desajustes.
La
hipertrofia financiera actual obedece a mecanismos
de titularización, derivados y apalancamientos,
gestados al cabo de dos décadas de
internacionalización de las finanzas, desregulación
bancaria y gestión bursátil de las grandes firmas.
La sobreproducción de mercancías presenta un inédito
alcance global, resultante de la competencia por
abaratar costos, localizando plantas en países con
bajos salarios y alta explotación de la fuerza de
trabajo. Las desproporcionalidades mundiales -que
han creado los desbalances comerciales y el
endeudamiento- se desenvuelven por carriles
impensables hace cuatro décadas.
El
neoliberalismo cambió el escenario económico. Redujo
los ingresos salariales, pero expandió el
consumismo, la riqueza patrimonial y el
endeudamiento familiar. Recompuso la tasa de
ganancia acentuando la explotación y desvalorizando
parcialmente los capitales obsoletos. Pero afectó
potencialmente el nivel de rentabilidad, con
aumentos de la productividad basados en tecnologías
capital-intensivas que expanden el desempleo.
El
nuevo modelo genera el tipo de crisis que salieron a
flote durante la burbuja japonesa (1993), la caída
del Sudeste Asiático (1997), el desplome de Rusia
(1998), el desmoronamiento de las Punto.Com (2000) y
el descalabro de Argentina (2001). La eclosión
financiera del 2008-09 constituye la manifestación
más aguda de estos estallidos y abrió una
posibilidad de ocaso del neoliberalismo, que hasta
ahora no se ha verificado.
El
desprestigio ideológico de este esquema no ha
impedido su persistencia. Pero el modelo restableció
formas descontroladas de funcionamiento capitalista
erosionó los diques que morigeraban los
desequilibrios del sistema. El capitalismo se ha
tornado más ingobernable y opera con niveles de
inestabilidad muy superiores al pasado.
El imperialismo neoliberal
¿Cuál son los efectos de esta nueva etapa neoliberal
sobre la dinámica imperial? El impacto más visible
es la extensión geográfica del capitalismo y el
consiguiente incremento de la escala, en que se
desenvuelven las acciones imperialistas. El sistema
dominante ha logrado un inédito nivel de expansión,
especialmente luego del colapso de la Unión
Soviética y la paulatina incorporación de China al
orden global. Esta ampliación de la esfera
capitalista facilitó, a su vez, la consolidación del
neoliberalismo.
Se
puede establecer cierto paralelo entre esta
expansión y la sucesión de conquistas de la
periferia que acompañaron al surgimiento del
imperialismo clásico. Al principio del siglo XX y al
concluir esa centuria, el modo de producción vigente
incorporó vastas regiones no capitalistas, a su
campo de acción.
Pero la ampliación de esa época absorbía zonas muy
atrasadas y de gran subdesarrollo. En cambio en las
últimas décadas el ensanchamiento se consumó en
regiones que habían comenzado procesos de
erradicación del capitalismo.
En
múltiples terrenos hay más semejanzas con la
posguerra, que con la era precedente. A diferencia
de lo ocurrido durante el período clásico, el
imperialismo contemporáneo refuerza la asociación
económica entre empresas de distinto origen
nacional. La mundialización neoliberal imprimió un
nuevo impulso a este proceso.
La
nueva etapa ha potenciado también la gestión
internacionalizada de los negocios que realizan las
grandes compañías, fragmentando los procesos de
fabricación y lucrando con las diferencias
nacionales de productividades y salarios.
Este curso multiplicó la movilidad de los capitales
y las mercancías, restringiendo al mismo tiempo el
tránsito de las personas. Los capitalistas favorecen
el traslado de trabajadores para potenciar la
competencia laboral, pero bloquean las corrientes
emigratorias que desestabilizan su control de la
vida política y social.
Las
distintas tendencias en juego tienden a reforzar la
asociación internacional de capitales. Esta
evolución consolida el principal rasgo económico que
diferenció al imperialismo de posguerra de su
precedente clásico. La mayor integración diluye las
posibilidades de choque entre bloques
proteccionistas y acentúa el distanciamiento del
periodo actual con la época de Lenin. Algunos
autores han introducido el término de "imperialismo
neoliberal" para describir el nuevo contexto. Esta
noción podría ser utilizada para ilustrar qué tipo
de articulación dominante genera a escala mundial,
una nueva etapa del capitalismo. (16)
También el rasgo geopolítico que más distinguió al
imperialismo de posguerra de su antecesor clásico se
ha reforzado en las últimas dos décadas. La ausencia
de conflictos bélicos directos entre las principales
potencias ha persistido sin modificaciones bajo el
neoliberalismo. El acompañamiento de Europa y Japón
a las principales agresiones del Pentágono se ha
mantenido como un dato clave del escenario
internacional.
En
las últimas tres décadas no se ha vislumbrado ningún
retorno a las tensiones bélicas de principios del
siglo XX. Los presagios de esta regresión que se
formularon con el resurgimiento de Japón, el fin de
la guerra fría o la unificación de Alemania fueron
desmentidos por el curso de los acontecimientos. No
existe ningún atisbo de reaparición de los bloques
militares antagónicos dentro de la tríada.
Las
disputas por los mercados y los abastecimientos de
la periferia persisten. Pero ninguna potencia está
dispuesta a poner en riesgo la continuidad del
capitalismo, con agresiones que fracturen el bloque
de las economías desarrolladas.
Los
conflictos posibles se delinean contra las nuevas
sub-potencias, que comienzan a emerger entre varios
países con grandes recursos militares, demográficos
y naturales o con cierta experiencia de dominación
militar a escala regional (China, Rusia, India,
Brasil, Sudáfrica). Estas naciones cuentan con
prósperas clases capitalistas locales, que buscan
ampliar su lugar en el escenario mundial y ya no
aceptan el trato periférico del pasado.
El
nuevo polo de acumulación asiática y la ausencia de
subordinación militar a Estados Unidos por parte de
Rusia y China (en contraposición a las restantes
clases dominantes del planeta), constituyen dos
novedades importantes, en comparación al
imperialismo de posguerra. Pero todavía es prematuro
evaluar cuál será el efecto de estas modificaciones,
en el marco de las tensiones económico-sociales que
generan la desigualdad, la exclusión y la
marginalidad del capitalismo neoliberal.
Estas tensiones se manifiestan en todos los campos,
pero son particularmente visibles en el plano
financiero. En los ciclos de prosperidad, el crédito
se expande aceleradamente a escala global, a través
de los mecanismos creados por la liberalización
bancaria. Pero en los períodos críticos, cualquier
caída de Wall Street se transmite velozmente a todas
las colocaciones especulativas del planeta. La
mundialización financiera reduce drásticamente la
capacidad que detentaban los estados, para afrontar
de manera autónoma esos vendavales. Los dispositivos
de contención que se utilizaban con instrumentos
cambiarios o monetarios o bancarios han quedado
seriamente afectados.
La
misma interacción se verifica en el plano comercial.
El grado de apertura de todas las economías se
amplió significativamente, a través de un ritmo
ascendente de las transacciones, que supera el nivel
de actividad productiva. Con argumentos de
especialización complementaria se generalizaron
convenios de libre comercio, que en las fases de
prosperidad benefician a las grandes empresas y en
los periodos recesivos acrecientan las dificultades
de colocación de las mercancías excedentes.
Por
otra parte, el avance de la internacionalización
productiva reestructura la división del trabajo y
acrecienta la presencia de las empresas
transnacionales en el comercio mundial. Pero esta
ampliación potencia también la velocidad de
transmisión de los desequilibrios mundiales,
especialmente en los cuellos de botella de la
inversión y en los trastornos para asegurar la
provisión de insumos estratégicos. El imperialismo
del siglo XXI está afectado por todos los
desequilibrios de la etapa neoliberal.
Este período consolida la modificación radical del
escenario clásico que se produjo en la posguerra,
con la desaparición de las confrontaciones bélicas
entre potencias. El análisis del imperialismo
contemporáneo requiere superar la simple repetición
de la teoría tradicional y la asignación de vigencia
infinita a una etapa específica de principio del
siglo XX. Una interpretación actual debe registrar
el impacto de la mundialización neoliberal, que ha
expandido el radio de acción imperial a todo el
planeta, reforzando el rol militar dominante de
Estados Unidos. La comprensión de este liderazgo
requiere un análisis más detallado.
Claudio Katz es economista, investigador, profesor.
Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
Ver
también:
-
"El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte
I): La teoría clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo.html
-
"El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte
II): La teoría clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo_18.html
-
"El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte
III): La teoría clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo_19.html
-
"El imperialismo del siglo XXI" (Capítulo I – Parte
IV): La teoría clásica del imperialismo
http://www.argenpress.info/2011/05/el-imperialismo-del-siglo-xxi-capitulo_20.html
Notas:
1)
Hemos desarrollado este tema en: Katz Claudio, El
porvenir del socialismo. Primera edición: Editorial.
Herramienta e Imago Mundi, Buenos Aires, 2004 (cap 2
)
2)
Ver por ejemplo: Afanásiev L y otros autores, Manual
de economía política del capitalismo, Editorial
Granica, Buenos Aires, 1974. También: Testa Víctor,
El Capital Imperialista, Editorial Fichas, Buenos
Aires 1975
3)
Brown Barrat Michael. "Una crítica de las teorías
marxistas del imperialismo", Owen Robert,
"Introducción", Sutcliffe Bob, "Conclusión", en Owen
Robert, Sutcliffe Bob. Estudios sobre la teoría del
imperialismo, Era, México, 1978.
4)
Sweezy Paul, Magdoff Harry, ¨The crisis of American
Capitalism¨.The deepening crisis of U.S. Capitalism,
Monthly Review Press, 1981. Jalee Pierre El Tercer
Mundo en la Economía Mundial, Siglo XXI,1976, Buenos
Aires
5)
Hymer Stephen. Empresas multinacionales e
internacionalización del capital. Ediciones
Periferia, Buenos Aires, 1972. Nicolaus Martín. "La
contradicción universal". El imperialismo hoy,
Ediciones Periferia, Buenos Aires, 1971. Murray,
Robin, "The Internationalization of Capital and the
Nation State", New Left Review 69, 1971.
6)
Poulantzas Nicos. "Internacionalización" Las clases
sociales en el capitalismo actual, Siglo XXI, Madrid
1981. Palloix Christian, La firmas multinacionales y
el proceso de internacionalización, México, Siglo
XXI. Ver también: Leucate Christian.
Internacionalización del capital e imperialismo,
Fontamara, Barcelona 1978.
7)
Mandel, Ernest. El capitalismo tardío, ERA, México,
1978, (cap 10). Mandel Ernest, "Las leyes del
desarrollo desigual", Ensayos sobre el
neocapitalismo, Era, México, 1969.
8)
Rowthorn Bob, "El imperialismo en la década de
1970", en Capital monopolista y capital monopolista
europeo, Granica, Buenos Aires, 1971.
9)
Este balance planteamos en: Katz Claudio. "El
imperialismo del siglo XXI", ESECONOMIA, Instituto
Politécnico Nacional, número 7, año 2, verano 2004,
México
10)
Ver este debate en: Husson Michel. "Le fantasme du
marché mondial". Contretemps, n 2, septembre 2001.
11)
Ver: Ramírez Roberto, "El imperialismo en el nuevo
siglo", Socialismo o Barbarie Nº 13, noviembre 2002.
12)
Hemos desarrollados estas caracterizaciones en: Katz
Claudio, "Las tres dimensiones de la crisis", Número
37/38 de la revista Ciclos en la historia, la
economía y la sociedad, Año XX, Vol. XIX, 2010. Katz
Claudio, "Capitalismo contemporáneo: etapa, fase y
crisis", Ensayos de Economía, Facultad de Ciencias
Humanas y Económicas, vol 13, n 22, septiembre 2003,
Medellín. Katz Claudio, "Mito y realidad de la
revolución informática", Eseconomía. Instituto
Politécnico Nacional, número 6, año 2, invierno
2003-04, México. Katz Claudio, "Crisis global: las
tendencias de la etapa", Aquelarre, Revista de
Centro de la Universidad de Tolima, Colombia, vol 9,
n 18, 2010.
13)
Por ejemplo: O´Hara Phillip, "A new financial social
structure of accumulation in the US for long wave
upswing?", Review of radical political economy, vol
34, n 3, summer 2002. O´Hara Phillip, "A new
transnational corporate social structure of
accumulation for long wave upswing in the world
economy?", Review of Radical Political Economics,
vol 36, n 3, summer 2004. Kotz David, "Neoliberalism
and the Social Structure of Accumulation", Review of
Radical Political Economics, vol 35, n 3, summer
2003.
14)
En el primer caso: Martins Carlos Eduardo, "Los
impasses de la hegemonía de Estados Unidos", Crisis
de hegemonía de Estados Unidos, CLACSO Siglo XXI
2007. En el segundo Wallerstein Immanuel,
Capitalismo histórico y movimientos anti-sistémicos:
un análisis de sistemas -mundo, 2004, Akal, Madrid,
(cap 28).
15)
Por ejemplo: Wood Ellen Meiksins, "Modernity,
posmodernity or capitalism?, Monthly Review, vol 48,
n 3, July-August 1996.-Wood, Ellen Meiksins. "What
is postmodern agenda?" Monthly Review, vol 47, n 3,
july-august 1995, New York.
16)
Dumenil Gerard, Ley Dominique. El imperialismo en la
era neoliberal, Revista de Economía crítica n 3,
2005.
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