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Barack Obama: el
cambio que no fue
Por Eric Toussaint y Daniel Munevar - Rebelión
[30.07.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
Con el anuncio del lanzamiento de la
candidatura de Barack Obama para las elecciones
presidenciales de los Estados Unidos de 2012, se ha
abierto oficialmente la campaña electoral en este
país. Al contrario de lo que se hubiera podido
esperar hace 2 años, Obama enfrenta un difícil
panorama y su reelección no parece estar
garantizada. A pesar de la estabilización del
sistema financiero, lograda a través de la entrega
masiva de recursos públicos por medio de mecanismos
opacos a los mismos responsables de generar la
crisis, la economía real aún continúa esperando la
llegada de una verdadera recuperación económica.
Mientras que el 89 % de los beneficios del
crecimiento económico de los Estados Unidos durante
la administración Obama han ido a parar al sector
corporativo, los ciudadanos comunes continúan
enfrentando una dura realidad caracterizada por
altos niveles de desempleo, salarios a la baja y
números record de desalojos de hogares. Es
precisamente la incapacidad de esta administración
de proveer respuestas y soluciones a los acuciantes
problemas de la población que pone en entredicho su
capacidad para obtener la reelección, a pesar de
poseer una maquinaria publicitaria con más de 1.000
millones de dólares disponibles para este fin.
Sin
embargo, esta situación no es sorpresiva, si se
tienen en cuenta las opciones que Obama tomó desde
el principio de su administración. Mientras algunos
esperaban que éste nombrara un equipo económico
profundamente renovado para poder poner en marcha un
New Deal, con miras a cambiar el capitalismo, aunque
no abolirlo, y a instaurar una nueva era de
regulación de la economía, la realidad fue
diferente. Obama eligió a los más conservadores
entre los consejeros demócratas, los mismos que
organizaron una desreglamentación desbocada durante
la presidencia de Bill Clinton, a finales de los
noventa. Cuando nos detenemos en tres nombres
emblemáticos, la coherencia de su elección es
reveladora.
El
primero de dichos consejeros es Robert Rubin,
secretario del Tesoro entre 1995 y 1999. Desde que
llegó al Tesoro tuvo que enfrentarse con la crisis
financiera de México, primer gran fracaso del modelo
neoliberal en los años noventa. Luego impuso, junto
con el FMI, un tratamiento de choque que agravó las
crisis producidas en el sureste asiático en los años
1997-1998, y después en Rusia y Latinoamérica en
1999. R. Rubin no dudó nunca de los beneficios de la
liberalización y contribuyó decididamente a imponer
a la población de los países emergentes políticas
que degradaron sus condiciones de vida y aumentaron
las desigualdades. En Estados Unidos, ejerció su
potente influencia para conseguir la abrogación de
la Glass Steagall Act, o Banking Act, vigente desde
1933, y que, en especial, declaraba la
incompatibilidad de los bancos de depósitos con los
bancos de inversiones. De este modo, la puerta quedó
abierta para toda suerte de excesos de los
financieros ávidos del máximo beneficio, lo que
posibilitó la crisis internacional actual. Para
rizar el rizo, la derogación de la Banking Act
permitió la fusión de Citicorp con Travelers Group
para formar el gigante bancario Citigroup. En el año
2000, Robert Rubin se incorporó a la dirección del
Citigroup, que el gobierno estadounidense tuvo que
salvar, con urgencia, en noviembre de 2008,
¡garantizándole más de 300.000 millones de dólares
de activos! Hay que decir que los servicios
prestados por Rubin como presidente del comité
ejecutivo del Citigroup fueron generosamente
retribuidos. Según el Financial Times, Rubin
percibió más de 118 millones de dólares en concepto
de salario más bonos y acciones entre 1999 y 2008.
[2] Pues bien, fue precisamente en el curso de su
mandato cuando el Citigroup se lanzó a una política
financiera cada vez más aventurada que condujo al
fiasco que conocemos, que costó al Tesoro público
estadounidense la astronómica suma de 45.000
millones de dólares. [3] A pesar de ello, Robert
Rubin es uno de los principales asesores externos de
Barack Obama.
La
segunda personalidad en escena es Lawrence Summers,
heredado del puesto de director del Consejo
Económico Nacional de la Casa Blanca. Sin embargo,
su carrera contiene cierto número de manchas que
deberían ser indelebles. En diciembre de 1991,
mientras era economista jefe del Banco Mundial,
Summers osó escribir en una nota interna: «Los
países con escasa población de África tienen una
bajísima contaminación. La calidad del aire es de un
nivel inútilmente mayor que la de Los Ángeles o de
México. Es necesario alentar el desplazamiento de
las industrias contaminantes hacia los países menos
avanzados. Debe existir cierto grado de
contaminación en los países en los que los salarios
son más bajos. Pienso que la lógica económica que
dice que los residuos tóxicos deben volcarse allí
donde los salarios son los más bajos es imparable.
[...] La inquietud [a propósito de los agentes
tóxicos] será evidentemente mayor en un país donde
la gente vive bastantes años como para enfermar de
cáncer, que en un país donde la mortalidad infantil
en menores de cinco años es del 200 por mil.» [4]
Con Summers en los mandos, el capitalismo
productivista gozará de un espléndido porvenir.
Habiendo sido nombrado secretario del Tesoro durante
el gobierno de Clinton, en 1999, Summers presionó al
presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, para
que se sacara de encima a Joseph Stiglitz, que lo
había sucedido en el puesto de economista jefe y que
era muy crítico con las orientaciones neoliberales
que Summers y Rubin ponían en marcha en todas las
partes del mundo donde estallaban incendios
financieros. Después de la llegada de George W. Bush,
Summers continuó su carrera convirtiéndose en
presidente de la universidad de Harvard en 2001,
pero se destacó particularmente en febrero de 2005,
cuando logró la enemistad de toda la comunidad
universitaria después de una discusión en la Oficina
Nacional de Investigación Económica (NBER, sus
siglas en inglés). [5] Preguntándose sobre las
razones por las que hay escasas mujeres en los
puestos elevados en el ámbito científico, afirmó que
las mujeres están menos dotadas que los hombres para
las ciencias, descartando cualquier otra explicación
posible como el origen social y familiar, o una
voluntad de discriminación. Esto provocó una gran
polémica [6] , tanto en el interior como en el
exterior de la universidad. A pesar de sus excusas,
las protestas de una mayoría de profesores y
estudiantes de Harvard lo obligaron a dimitir en
2006.
Si
bien su responsabilidad en la situación actual
todavía no está demostrada, su biografía, que se
puede consultar en el sitio internet de la
universidad de Harvard de la época de su
presidencia, confirma que «ha dirigido el esfuerzo
de la puesta en marcha de la más importante
desreglamentación financiera de estos últimos 60
años». ¡No se podría ser más claro! Lawrence Summers
renunció en septiembre 2010 del Consejo Económico
Nacional de la Casa Blanca.
La
tercera personalidad del equipo de economistas es
Paul Volcker, quien, como presidente de la Reserva
Federal, había aumentado drásticamente, en octubre
de 1979, los tipos de interés en Estados Unidos.
Esto constituyó, por un efecto de contagio
internacional, el principal detonante de la crisis
de la deuda pública, tanto en el Sur [7] como en el
Norte del planeta, a principios de los años 80.
La
cuarta personalidad elegida por Obama, Timothy
Geithner, ha sido nombrado secretario del Tesoro.
Justo antes de su designación era presidente del
Banco Central de Nueva York. Había sido
subsecretario del Tesoro encargado de las relaciones
internacionales entre 1998 y 2001, adjunto
sucesivamente de Rubin y de Summers, y activo, en
particular, en Brasil, México, Indonesia, Corea del
Sur y Tailandia, todos símbolos de los desastres del
neoliberalismo, que sufrieron graves crisis durante
ese período. Las medidas promovidas por este
cuarteto infernal hicieron recaer el coste de la
crisis sobre las poblaciones de estos países. Rubin
y Summers son los mentores de Geithner. En febrero
de 2009, Geithner estuvo a punto de no ser nombrado
porque la prensa reveló que había defraudado al
fisco ocultando una remuneración percibida del FMI.
El lucro cesante del Tesoro público se elevaba a
34.000 dólares [8] . Finalmente, para obtener su
puesto, reembolsó su deuda al Tesoro. Con Obama,
Geithner continúa defendiendo las grandes
instituciones financieras privadas, sordo a los
derechos humanos fundamentales, ridiculizado en
Estados Unidos y en cualquier lado debido a las
políticas económicas que defiende con vehemencia.
La
decisión de Barack Obama no era trivial, habría
podido cambiar la propuesta, designando a consejeros
que mantienen una orientación keynesiana.
Economistas como Joseph Stiglitz, Paul Krugman,
Nouriel Roubini y James K. Galbraith estaban de
acuerdo en aceptar esta responsabilidad. Pero Obama
optó por unos economistas responsables de la
desreglamentación bancaria de los años 90, en otras
palabras, amigos o agentes de Wall Street.
La
política económica que Barack Obama y su equipo han
puesto en práctica en 2009 está muy lejos de la
desarrollada en 1933 por Franklin D. Roosevelt en
los primeros 100 días de su primer mandato.
El
cambio que no fue
A
pesar de ser elegido sobre la premisa de cambio,
tras 2 años en el poder Obama ha demostrado que está
más que satisfecho en cumplir un rol de mero
guardián del status quo actual. En contra de las
expectativas de ciertos sectores, la administración
Obama sostuvo el rumbo fijado por la administración
Bush en temas claves de la agenda de política
exterior y económica. La diferencia entre ambos
gobiernos ha sido entonces más una cuestión de
estilo que de fondo.
La
falta de acciones concretas que hagan frente a la
crisis social originada en el colapso económico y
financiero de 2008, ha erosionado la base de apoyo
de la administración Obama. A la fecha, 14.4
millones de familias han perdido sus hogares desde
el inicio de la crisis y cerca de 25 millones de
personas se encuentran desempleadas o en condiciones
precarias de empleo. Las políticas implementadas
hasta el momento, antes que atender a las urgentes
necesidades de este vasto segmento de la población
norteamericana, han sido dirigidas a apoyar y
asegurar la supervivencia de las instituciones
financieras responsables de la crisis económica.
Teniendo en cuenta la composición del equipo
económico de la administración Obama conformado,
como se ha señalado, por miembros de los equipos
económicos de Clinton y Bush, el camino seguido no
ha debido representar ninguna sorpresa. Personas
directamente responsables por los excesos de
instituciones financieras en su calidad de
reguladores de las mismas, como Timothy Geithner o
Ben Bernanke, enfrentaron desde el principio serios
conflictos de intereses. Su interés personal recae
claramente sobre encubrir su responsabilidad más que
sobre la implementación de medidas que busquen
superar la crisis económica. Perder de vista este
elemento de responsabilidad, no solamente política
sino también judicial, impediría comprender cómo,
ante las denuncias de abusos por parte de
instituciones financieras en el desalojo de familias
de sus hogares o de especulación con los fondos de
rescate provistos por el gobierno, la Casa Blanca ha
defendido los intereses de Wall Street una y otra
vez.
Sin
embargo, está claro que la claudicación más
importante tuvo lugar con la Ley de Reforma
Financiera Frank-Dodd. Desaprovechando la
oportunidad real que se presentó durante la crisis
de poner en cintura al sector financiero, la
administración Obama llevó adelante la
implementación de una supuesta reforma que falla por
completo en imponer controles en las áreas críticas
de operación de dicho sector. Aprobada en 2010,
dicha Ley no sólo no condena el uso de dudosas
prácticas contables que permiten esconder las
pérdidas en las hojas de balance, sino que también
fortalece las prerrogativas de las instituciones
“Demasiado Grandes para quebrar”, y deja
completamente de lado la regulación de los mercados
de derivados financieros. Esta actitud permisiva
hacia el sector financiero por parte de la
administración Obama es la que permite explicar que
ningún ejecutivo de este sector haya sido procesado
judicialmente tras una crisis que el FBI, ya en
2004, había caracterizado como una epidemia de
fraudes.
Ante
esta situación no es sorpresivo que el pueblo
norteamericano haya dado la espalda al Partido
Demócrata en las elecciones del Congreso y Senado
que tuvieron lugar en noviembre de 2010. Con un
discurso ultraconservador, y aprovechándose de la
incertidumbre y ansiedad que caracterizan un entorno
de crisis económica, el Partido Republicano retomó
el control sobre el Congreso y amenaza con tomar el
control del Senado en 2012. Como respuesta a la
pérdida del Congreso, Obama dispuso algunos cambios
en su equipo económico, con la salida de miembros
prominentes del mismo, como Lawrence Summers,
Cristina Roehmer y Paul Volcker. Sin embargo, los
reemplazos indican que los cambios sólo tienen un
carácter cosmético. Estos incluyen a Gene Sperling,
antiguo miembro de la administración Clinton y
fuerte defensor de los recortes impositivos, Jeffrey
Inmelt, previamente director de la multinacional
General Electric, y William Daley, previamente alto
ejecutivo de JP Morgan.
El
nuevo escenario que ha tenido lugar desde noviembre
de 2010 le ha permitido al Partido Republicano
bloquear completamente a la administración Obama,
dadas las prerrogativas del Congreso sobre el
presupuesto del gobierno y el nivel de la deuda
publica. La estrategia de bloquear de los
Republicanos de bloquear sistemáticamente al
gobierno, para así disminuir las posibilidades de
una reelección, ha llegado a su mas clara expresión
en la actual batalla para elevar el limite de la
deuda Federal. Esta prerrogativa del Congreso de los
Estados Unidos fija un monto máximo de deuda que
puede ser emitida por el Gobierno Federal y fue
creada como un mecanismo para ejercer control por
parte del poder legislativo sobre el poder
ejecutivo. Históricamente el elevar el limite de la
deuda federal ha sido una operación política llevada
a cabo sin mayores contratiempos. Sin embargo en el
contexto actual, y tal como ocurrió en 1995, el
partido republicano esta utilizando su control del
Congreso para forzar al gobierno a realizar recortes
en el gasto social a riesgo de negarse a elevar el
limite de la deuda. Esa vez el limite no fue elevado
por un tiempo y se presentaron algunas disrupciones
menores en los mercados financieros. Sin embargo
esto ocurrió en un contexto de fuerte expansión de
la economía norteamericana. En la situación actual,
una cesación parcial de pagos podría volver a poner
al sistema económico y financiero de los Estados
Unidos en una situación de fragilidad e
inestabilidad.
Si es
posible aprender de la historia reciente, los mas
afectados por una nueva recaída económica serán los
despojados y desempleados de la sociedad
norteamericana, mientras que los banqueros y
especuladores continuaran siendo protegidos por la
administración Obama. Este definitivamente no fue el
cambio por el cual el pueblo norteamericano voto
lleno de esperanza en el 2008.
Notas:
[1]
Eric Toussaint , doctor en Ciencias Políticas por
las Universidades de Lieja y de París VIII,
presidente del CADTM Bélgica, es autor de Una mirada
al retrovisor, Icaria, 2010; La crisis global, El
Viejo Topo, 2010; 60 preguntas/60 respuestas sobre
la deuda, el FMI y el Banco Mundial, Icaria 2009.
Daniel Munevar, economista, CADTM Colombia, es
miembro de la coordinadora del CADTM Abya-Yala
Nuestra America (CADTM AYNA).
[2] «Mr.
Rubin, que permaneció como uno de los directores del
Citi, había recibido más de 118 millones de dólares
(unos 80 millones de euros) de salario, bonos y una
compensación de base desde que se unió a los
servicios financieros en Estados Unidos, en 1999,
como presidente del comité ejecutivo. Financial
Times, 26 de agosto de 2008.
[3] El
Tesoro público aportó 45.000 millones de dólares al
Citigroup en 2008. A ello se añade una garantía del
Estado hasta 306.000 millones de dólares. Una suma
que nunca se había alcanzado. Véase
http://www.nytimes.com/2009/01/04/opinion/04lewiseinhornb.html?pagewanted=print
Debido
a este «rescate» el Estado estadounidense es
accionista del Citigroup (34 %).
[4]
Han sido publicados extractos en The Economist, (8
de febrero de 1992), así como en Financial Times (10
de febrero de 1992) con el título «Preservad al
planeta de los economistas».
[5] .
Financial Times , 26-27 de febrero de 2005.
[6]
La polémica también estuvo alimentada por la
desaprobación del ataque lanzado por Summers contra
Cornel West, un universitario negro y progresista,
profesor de Religión y de Estudios afroamericanos en
la universidad de Princeton. Summers, pro sionista,
denunció a West por antisemita porque éste sostenía
la acción de los estudiantes que exigían un boicot a
Israel mientras el gobierno israelí no respetara los
derechos de los palestinos. Véase el Financial Times
del 26-27 de febrero de 2005. Actualmente Cornel
West, que ha apoyado a Obama con entusiasmo, se
asombra de que se haya rodeado de Summers y Rubin.
Véase
www.democracynow.org/2008/11/19/cornel_west_on_the_election_of
[7] En
el caso de la crisis de la deuda de los países en
desarrollo que estalló en 1982, hay que sumar un
segundo detonante: la brusca caída del precio de los
productos primarios que originó una drástica
reducción de los ingresos por exportaciones, a los
que los gobiernos pueden recurrir para pagar la
deuda externa pública.
[8]
Véase
http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=99319593
y
http://www.npr.org/documents/2009/jan/geithner.pdf
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso
de los autores mediante una licencia de Creative
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