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Obama y el gran
chantaje de la deuda
Por Alejandro Nadal - La Jornada
[30.07.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
La
coerción es el arma política preferida en
Washington. Frente a la necesidad legal de
incrementar el techo del endeudamiento del gobierno
federal, el partido republicano y todas las fuerzas
de la derecha conservadora han amenazado al titular
del ejecutivo: o se encara realmente el problema del
déficit con fuertes recortes en el gasto público, o
se negará la autorización para elevar el techo de
endeudamiento.
La
derecha en Estados Unidos ha logrado ya entronizar
como verdad absoluta la idea falaz de que la mayoría
de la población quiere "meter en cintura" los gastos
excesivos de un gobierno dispendioso. Obama se ha
prestado a este triunfo y ha entregado su
presidencia a los conservadores en bandeja de
plata.
En
realidad, la Casa Blanca capituló hace tiempo. Sabía
que el estímulo fiscal aprobado al principio de la
administración era insuficiente y su duración
demasiado corta. Al renunciar a lanzar un nuevo
paquete fiscal, Obama se echó la soga al cuello.
Cuando el efecto del primer estímulo se agotó, Obama
fue blanco de las críticas por el fracaso de su
plan. De pronto, por arte de magia, la crisis fue
percibida como estando más relacionada con los malos
manejos de la economía bajo Obama que con 20 años de
desregulación y abusos en el sector financiero. Y la
discusión pasó de la necesidad de meter en cintura
al sector financiero a la urgencia de recortar el
déficit.
La
realidad es que es absurdo tratar de resolver el
problema del déficit fiscal en medio de una
recesión. Hay en la actualidad un altísimo nivel de
desempleo en Estados Unidos (alrededor de 20
millones de personas con desempleo total o parcial)
y los salarios se encuentran deprimidos. Lo que en
su momento permitió a los consumidores mantener su
demanda fue el valor de sus casas, pero ahora el
precio de esos activos sigue cayendo. La demanda
agregada se ha desplomado y las empresas no están
contratando más trabajadores, lo que conduce a un
círculo vicioso que sólo se puede cerrar con un
estímulo fiscal. Eso permitiría incrementar la
recaudación fiscal y reducir el déficit. El congreso
y Obama han escogido otro camino: de lo único que se
habla en Washington es de reducir el gasto para
abatir el déficit.
En
realidad, un gobierno puede reducir el déficit de
dos maneras: puede aumentar sus ingresos fiscales o
puede reducir el gasto público. Las encuestas
revelan que la mayoría de los estadunidenses están
en favor de aumentar los impuestos a los estratos
más ricos, los que se han beneficiado del modelo
neoliberal durante décadas. Pero la clase política
en Washington (es decir, ambos partidos) ya ha
aceptado que incrementar la recaudación no es el
camino para reducir el déficit. Aquí ha demostrado
quién detenta el poder real en la democracia
estadounidense. En cambio, los políticos en
Washington prefieren reducir el gasto público, lo
que necesariamente traerá consigo una mayor
contracción de la economía de ese país. A los
conservadores no parece importarles mucho porque el
desgaste político será para Barack Obama.
En
lugar de presentar opciones con liderazgo, Obama
prefirió acomodarse a las prioridades de los
conservadores. En vez de enfrentar con otras
opciones el problema de las finanzas públicas,
escogió doblegarse. La verdad es que no es necesario
incrementar el endeudamiento porque existen muchas
alternativas. Además de aumentar la recaudación, un
recorte en el gasto militar es una opción evidente,
pero el presupuesto del Pentágono se ha incrementado
todos los años bajo la administración Obama.
Lo más
importante hubiera sido una verdadera reforma en el
sistema de salud. Hoy en día ese sistema está
integrado por la seguridad social y los programas
Medicare y Medicaid. El gasto en estos componentes
es el factor más importante en el crecimiento del
déficit. Pero el costo del sistema de salud se debe
al control de los monopolios en la industria
farmacéutica y en la de las aseguradoras. Los datos
de la OECD revelan que el gasto en el sistema social
de salud en Estados Unidos es superior al de países
como Alemania o Suiza. Pero en términos de calidad,
el servicio en los establecimientos estadounidenses
está muy por debajo de esos países. La realidad es
que el complejo farmacéutico-asegurador es tanto o
más poderoso que el complejo militar-industrial
cuando consideramos su impacto en la cuenta pública.
La propuesta en Washington para reducir el gasto en
el sistema de salud pública no pasa por controlar a
los oligopolios. La reducción se llevará a cabo
recortando el número de personas elegibles para
estos servicios y empeorando la calidad de los
mismos.
El
chantaje ha funcionado. Se dice que si no se acepta
el plan de los conservadores (en ambos partidos),
sobrevendría una hecatombe. Eso habría que
analizarlo con cuidado. Por el momento la clase
política en Washington se encuentra bien con esta
argumentación porque lo que le interesa es
desmantelar los últimos vestigios del estado de
bienestar en Estados Unidos.
Fuente:
http://www.jornada.unam.mx/2011/07/27/opinion/030a1eco
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