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La
crisis ideológica del capitalismo occidental
Por
Joseph Stiglitz
[30.07.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
Tan
sólo unos años atrás, una poderosa ideología –la
creencia en los mercados libres y sin restricciones–
llevó al mundo al borde de la ruina. Incluso en sus
días de apogeo, desde principios de los años ochenta
hasta el año 2007, el capitalismo desregulado al
estilo estadounidense trajo mayor bienestar material
sólo para los más ricos en el país más rico del
mundo. De hecho, a lo largo de los 30 años de
ascenso de esta ideología, la mayoría de los
estadounidenses vieron que sus ingresos declinaban o
se estancaban año tras año.
Es
más, el crecimiento de la producción en los Estados
Unidos no fue económicamente sostenible. Con tanto
del ingreso nacional de los EE.UU. yendo destinado
para tan pocos, el crecimiento sólo podía continuar
a través del consumo financiado por una creciente
acumulación de la deuda.
Yo
estaba entre aquellos que esperaban que, de alguna
manera, la crisis financiera pudiera enseñar a los
estadounidenses (y a otros) una lección acerca de la
necesidad de mayor igualdad, una regulación más
fuerte y mejor equilibrio entre el mercado y el
gobierno.
Desgraciadamente, ese no ha sido el caso. Al
contrario, un resurgimiento de la economía de la
derecha, impulsado, como siempre, por ideología e
intereses especiales, una vez más amenaza a la
economía mundial – o al menos a las economías de
Europa y América, donde estas ideas continúan
floreciendo.
En los
EE.UU., este resurgimiento de la derecha, cuyos
partidarios, evidentemente, pretenden derogar las
leyes básicas de las matemáticas y la economía,
amenaza con obligar a una moratoria de la deuda
nacional. Si el Congreso ordena gastos que superan a
los ingresos, habrá un déficit, y ese déficit debe
ser financiado. En vez de equilibrar cuidadosamente
los beneficios de cada programa de gasto público con
los costos de aumentar los impuestos para financiar
dichos beneficios, la derecha busca utilizar un
pesado martillo – no permitir que la deuda nacional
se incremente, lo que fuerza a los gastos a
limitarse a los impuestos.
Esto
deja abierta la interrogante sobre qué gastos
obtienen prioridad – y si los gastos para pagar
intereses sobre la deuda nacional no la obtienen,
una moratoria es inevitable. Además, recortar los
gastos ahora, en medio de una crisis en curso
provocada por la ideología de libre mercado, simple
e inevitablemente sólo prolongaría la recesión.
Hace
una década, en medio de un auge económico, los EE.UU.
enfrentaba un superávit tan grande que amenazó con
eliminar la deuda nacional.
Incosteables reducciones de impuestos y guerras, una
recesión importante y crecientes costos de atención
de salud –impulsados en parte por el compromiso de
la administración de George W. Bush de otorgar a las
compañías farmacéuticas rienda suelta en la fijación
de precios, incluso con dinero del gobierno en
juego– rápidamente transformaron un enorme superávit
en déficits récord en tiempos de paz.
Los
remedios para el déficit de EE.UU. surgen
inmediatamente de este diagnóstico: se debe poner a
los Estados Unidos a trabajar mediante el estímulo
de la economía; se debe poner fin a las guerras sin
sentido; controlar los costos militares y de drogas;
y aumentar impuestos, al menos a los más ricos.
Pero, la derecha no quiere saber nada de esto, y en
su lugar de ello, está presionando para obtener aún
más reducciones de impuestos para las corporaciones
y los ricos, junto con los recortes de gastos en
inversiones y protección social que ponen el futuro
de la economía de los EE.UU. en peligro y que
destruyen lo que queda del contrato social. Mientras
tanto, el sector financiero de EE.UU. ha estado
presionando fuertemente para liberarse de las
regulaciones, de modo que pueda volver a sus
anteriores formas desastrosas y despreocupadas de
proceder.
Pero
las cosas están un poco mejor en Europa. Mientras
Grecia y otros países enfrentan crisis, la medicina
en boga consiste simplemente en paquetes de
austeridad y privatización desgastados por el
tiempo, los cuales meramente dejarán a los países
que los adoptan más pobres y vulnerables. Esta
medicina fracasó en el Este de Asia, América Latina,
y en otros lugares, y fracasará también en Europa en
esta ronda. De hecho, ya ha fracasado en Irlanda,
Letonia y Grecia.
Hay
una alternativa: una estrategia de crecimiento
económico apoyada por la Unión Europea y el Fondo
Monetario Internacional. El crecimiento restauraría
la confianza de que Grecia podría reembolsar sus
deudas, haciendo que las tasas de interés bajen y
dejando más espacio fiscal para más inversiones que
propicien el crecimiento. El crecimiento por sí
mismo aumenta los ingresos por impuestos y reduce la
necesidad de gastos sociales, como ser las
prestaciones de desempleo. Además, la confianza que
esto engendra conduce aún a más crecimiento.
Lamentablemente, los mercados financieros y los
economistas de derecha han entendido el problema
exactamente al revés: ellos creen que la austeridad
produce confianza, y que la confianza produce
crecimiento.
Pero
la austeridad socava el crecimiento, empeorando la
situación fiscal del gobierno, o al menos
produciendo menos mejoras que las prometidas por los
promotores de la austeridad. En ambos casos, se
socava la confianza y una espiral descendente se
pone en marcha.
¿Realmente necesitamos otro experimento costoso con
ideas que han fracasado repetidamente? No
deberíamos, y sin embargo, parece cada vez más que
vamos a tener que soportar otro. Un fracaso en
Europa o en Estados Unidos para volver al
crecimiento sólido sería malo para la economía
mundial. Un fracaso en ambos lugares sería
desastroso – incluso si los principales países
emergentes hubieran logrado un crecimiento
auto-sostenible. Lamentablemente, a menos que
prevalezcan las mentes sabias, este es el camino al
cual el mundo se dirige.
Joseph
Stiglitz fue Premio Nobel de Economía en 2001
(Tomado de Revista SIN PERMISO 07,11) |