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Debates intelectuales en Brasil
Por Julio C. Gambina

[01.07.2011]-Actualizado 11:30 pm Cuba

Estamos protagonizando una serie de discusiones muy interesantes en
Brasil. Primero, entre el 22 y 24 de junio en la Universidad de
Uberlandia, en el Estado de Minas Gerais. Somos unos 600 participantes
para discutir 300 ponencias en el 16º Encuentro de la Sociedad de
Economía Política (SEP), entidad donde se agrupan economistas críticos
de una izquierda plural que reúne desde marxistas a quienes
discutieron tempranamente el enfoque de la corriente principal,
neoliberal, en los 80´ y 90´. En sí mismo es un acontecimiento
novedoso y que expresan los nuevos tiempos que corren.

Muchas veces se piensa en tiempos de derrota, sin embargo, la magnitud
de jóvenes de pensamiento reflexionando críticamente sobre nuestro
tiempo habilita expectativas esperanzadas.

Junto a ese cónclave se organizó el coloquio de la SEPLA, Sociedad
Latinoamericana de Economía Política, con 50 representantes de varios
países de la región (Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador,
Uruguay), e incluso de Europa.

La cita siguiente fue en Guararema, cercano a San Pablo, en la Escuela
Florestán Fernández del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra de
Brasil, donde 70 participantes de 16 países de la región participaban
de un curso de formación política. Allí pudimos presentar nuestros
puntos de vista y discutirlos con un activo militante con práctica
social y territorial de muy diversa experiencia, con los matices
propios de la fragmentación en nuestro tiempo, sea para abundar en
argumentos favorables o críticos a cada una de las situaciones que
definen el cambio político en la región.

De especial interés fue el encuentro con parte de la dirección del MST
y su Escuela, con los integrantes de la SEPLA y del ESNA, el Encuentro
Sindical Nuestra América. Gran cantidad de protagonistas en todas las
iniciativas, con una agenda de discusión muy amplia, que incluyen
principalmente, los debates sobre la crisis capitalista en curso, la
situación latinoamericana y obviamente las realidades nacionales,
especialmente de Brasil. Una cuestión de interés sobre la crisis
remitió a los alcances e impactos de la misma.

Evaluación sobre la crisis capitalista

Se llamó la atención sobre un discurso generalizado (en gobiernos y en
cierta parte de la izquierda) que coloca a nuestra región por afuera
de la crisis, motivado en los datos de la evolución macroeconómica,
con registros por encima del promedio mundial durante el desempeño de
la crisis desde 2007. La réplica transita el argumento de la
funcionalidad de la economía regional a la demanda mundial de materias
primas producidas bajo la dominación de las transnacionales de la
alimentación, la biotecnología o la minería.

De alguna manera, las mismas razones del “éxito macroeconómico” en
nuestros países, explican elementos esenciales de la crisis mundial.
El alza de los precios del petróleo, que mejora los indicadores de los
países productores de hidrocarburos; o la evolución de los precios de
oleaginosas, granos o carnes respecto de los productores de alimentos;
o del oro, cobre u otros minerales, explican las bonanzas de las
cuentas nacionales de esos países, tanto como el incremento de la
factura energética, o alimentaria de los países importadores. La
realidad remite a una crisis diversa e integral donde los precios de
los bienes primarios están asociados al modelo productivo y de
desarrollo dominado por las transnacionales.

No se trata de reiterar diagnósticos de la crisis según experiencias
anteriores, sean en el Siglo XX ó el XIX. En rigor, las crisis son del
orden económico, y este es social, con lo cual existe el aprendizaje
de los sectores dominantes, que en tiempo presente ponen en juego lo
aprendido en crisis anteriores, y por ello no alcanza con diagnóstico
de procesos de crisis previas. Las clases subalternas también
necesitan aprender de experiencias anteriores y entender que de cada
crisis surgen variaciones en el orden explotador o posibilidades de
organizar un nuevo orden, máxime cuando además de las resistencias y
acumulaciones populares en nuestramérica, ocurren las rebeliones en
los pueblos árabes y europeos. Son expresiones de una dinámica de
resistencia que conviene considerar, tanto como la debacle de
organizaciones sociales propias de otra época que se encuentran
rebasadas por la iniciativa de la nueva organicidad popular.

Las causas de la crisis aluden a múltiples causas, y tienen que ver
con la producción y circulación de bienes, servicios y capital en
conjunto. Esa es la razón para pensar que el alza de los precios de
las materias primas está asociada a la especulación, sí, pero sobre
todo a la forma dominante de la producción primaria, dominada por las
corporaciones transnacionales. Es el orden productivo el que domina la
acumulación y resuelve la dominación, y por ello cuando se discute la
crisis, el centro de la crítica debe concentrarse en el orden
productivo, o modelo de producción.

La concepción del desarrollo y la cuestión nacional

Es por eso que unos de los debates principales se asociaron a la
discusión del modelo productivo o de desarrollo. No puede pensarse en
la crisis presente sin considerarse las formas que asume el desarrollo
económico contemporáneo.

Es más, al discutirse el crecimiento de la economía latinoamericana en
el presente se puso en evidencia las características de ese proceso,
cuyas respuestas centrales se vinculan al creciente proceso de
primarización de nuestras economías, lo que permite importantes
excedentes comerciales y fiscales. Son políticas que permiten contener
el conflicto social con políticas sociales compensatorias. Son medidas
que no modifican estructuralmente a nuestras sociedades pero que
satisfaciendo ciertas necesidades de consumo popular contienen la
protesta y conflictividad del orden social y político.

Un interrogante se vincula a si el modelo productivo en curso puede
resolver las demandas sociales, o si por el contrario exacerba las
condiciones actuales de crisis. El tema se puede considerar observando
el comportamiento del sector primario y el industrial. Para el primer
caso se observa un orden productivo dominado por las transnacionales
de la agricultura y el sector exportador de bienes primarios, sean
alimentos o minerales, cuyo destino es el abastecimiento de las
necesidades del mercado mundial, sea para agro negocios, la
especulación, o la energía en base de productos primarios. En materia
de desarrollo industrial, el eje de las decisiones continúa siendo
impulsado desde las casas matrices de las empresas transnacionales, y
desde los principales Estados capitalistas.

La ocasión de la reunión de la SEPLA fue propicia para celebrar 40
años de la teoría de la dependencia, especialmente a aquellos, caso de
Theotonio dos Santos, que desde el marxismo discutieron la posibilidad
del desarrollo capitalista bajo la dependencia. La polémica tiene
actualidad, pues existe una tesis que alude al desarrollo
contemporáneo subordinado a las tendencias del mercado mundial. Allí
no se puede pensar en términos de políticas alternativas, y menos aún,
de instrumentos diversos puestos al servicio del gobierno y del
pueblo.

No resulta menor discutir el modelo productivo, ya que de esa
discusión depende el orden social a proponer por el capitalismo. ¿Cuál
es el agro a desollar y promover? ¿Es la extensión de cultivos, como
la soja? ¿Puede penarse en una promoción productiva autónoma de las
líneas establecidas por la cúpula académica y política? Pretender
instalar una lógica productiva alternativa supone discutir la
subordinación de los sectores empobrecidos al ritmo que imponen el
capital. La memoria del pensamiento crítico de los 60´ acudió a las
reflexiones colectivas para pensar en la vigencia y actualidad de un
pensamiento crítico que apunte a resolver los dilemas del presente.

Con esa base de pensamiento se reflexionó sobre la evolución de la
economía de la región latinoamericana, especialmente el papel de
Brasil. Según varios pensadores del país vecino, la concepción de
“economía potencia” retornó al debate académico y político. En ese
sentido se vuelve a utilizar la categoría de “subimperialismo”
(instalada por Rui Mauro Marini) para designar el papel de Brasil en
la promoción de sus experiencias de origen, sean empresas estatales o
privadas. El BNDES del Brasil es un gran instrumento para viabilizar
ese proceder, pues con una gigantesca cartera de créditos, estimula la
presencia de empresas brasileñas en los mercados de los países vecinos
y con ello disputa la ampliación y la consideración del sistema
capitalista para su reconocimiento.

Conclusiones

La discusión de fondo pasa por la articulación de actores sociales y
políticos que protestan contra variantes del proceso de acumulación.
Para ello hace falta un proceso de investigación y de formación
integral, con participación de los intelectuales como orgánicos del
movimiento popular, una cuestión delicada por ambas partes. Es un dato
que los movimientos utilizan los “servicios” profesionales del saber
específico, con límites para integrarlos orgánicamente al movimiento,
incluso a sus esferas de decisión. Tanto como que los intelectuales
asumen un papel del saber sobre la praxis de la militancia social,
auto asignándose una misión de transferencia unilateral y vertical del
conocimiento.

Unos y otros necesitan ganar en confianza mutua para interactuar en la
búsqueda de nuevas síntesis conceptuales que mejor permitan conocer la
realidad para transformarla. Contribuir al debate intelectual y de la
práctica cotidiana es fundamental para adicionar consenso consciente
al proceso trasformador. La teoría del cambio y la revolución demanda
de nuevos sujetos asumidos en la transformación social, dotados de un
programa o rumbo tendiente a la desmercantilización y contra la
explotación. Un proceso que requiere el ensayo de nuevas formas de
organización de la respuesta de los sectores populares hoy
fragmentados.

La renovación del pensamiento en la praxis compartida del saber
específico y el saber popular es parte del camino a recorrer para
hacer realidad la materialidad del cambio social.

(Tomado de ARGENPRESS.info)

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