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Ni un solo país ha
mejorado con las políticas de austeridad del FMI
Por
Susan George, Nick Buxton
[21.08.2011]-Actualizado
11:30 am Cuba
La
gran causa de la crisis de la deuda: los gobiernos
han asumido las deudas de bancos privados, que
estallaron con la crisis financiera.
La
entrevista fue realizada en julio, antes de que los
especuladores se cebasen sobre el Estado español e
Italia, por lo que las preguntas se centran en el
caso griego. No obstante, las palabras de George
tienen plena vigencia y explican el contexto en el
que se da la crisis de la deuda en Europa y, sobre
todo, su raíces.
Usted
se dio a conocer por su trabajo sobre la crisis de
la deuda en los años ochenta y noventa. La de
entonces era una crisis de los llamados países en
desarrollo, pero ahora parece que está afectando
principalmente a los países desarrollados. ¿Cómo lo
explica?
Las
causas de la crisis de la deuda en los países del
Tercer Mundo no eran las mismas que las de ahora. En
los años setenta, gran parte del dinero de los
préstamos se destinó a armamento, al gasto de las
clases medias y altas en importaciones de productos
de lujo, al creciente precio del petróleo y a
proyectos de desarrollo mastodónticos; es decir, fue
un gasto improductivo. Además, los Estados Unidos
aumentaron de repente los tipos de interés, de forma
totalmente unilateral, en 1981.
John
Perkins, en su libro «Confesiones de un gángster
económico», afirma que se desplegó una política
deliberada para endeudar y controlar a las economías
en desarrollo. Se trata de su testimonio personal,
que se debería corroborar con otras evidencias, pero
sabemos sin duda que los países más ricos utilizaron
la deuda para conseguir precisamente eso: imponer
las condiciones de los Estados Unidos y de otros
países acreedores, por las que se obligó a los
países en desarrollo a entrar en la economía mundial
en términos muy desfavorables.
La
gran causa de la actual crisis de la deuda europea
es que los gobiernos han asumido las deudas de
bancos privados, que estallaron con la crisis
financiera. El caso más evidente es el de Irlanda,
que asumió la responsabilidad de todo lo que debían
sus bancos, pero lo mismo sucede con todos los
países que están ahora en dificultades.
De
hecho, la deuda de la mayoría de países europeos es
bastante modesta. A principios de este año, España
sólo debía el 55% de su PIB. Incluso el estricto
Tratado de Maastricht dice que un 60% está bien.
Italia y Bélgica, por ejemplo, están muy por encima
del 100%. Pero muchos países donde se está
predicando el mensaje de la austeridad, como
Francia, no tienen ningún problema.
La
gente tiende a pensar -y es lo que los medios le
dicen que piense- que la deuda de un hogar es lo
mismo que la deuda de un país. Pero no es así. Una
familia no puede vivir mucho tiempo por encima de
sus medios, pero los países, especialmente en la era
moderna, siempre lo han hecho. Los Estados Unidos no
han estado libres de deuda desde el siglo XIX. La
idea de cero deuda nacional es una total fantasía.
Evidentemente, lo mejor es que, si pides un
préstamo, lo inviertas de forma productiva. Y si
tienes demasiada deuda, acabas pagando demasiados
intereses a los prestamistas. Pero la «deuda
soberana», como se llama, no debería de ser un
problema.
¿Cuáles cree que serán las consecuencias de estas
políticas?
Las
políticas europeas hasta la fecha están siendo
desastrosas. Están aplicando los llamados «remedios»
que se impusieron a los países en desarrollo en los
años ochenta, en lo que ahora se conoce como «la
década perdida del desarrollo». Los programas de
austeridad que se están imponiendo a Grecia, Irlanda
o Portugal están directamente sacados del manual
neoliberal de los programas de ajuste estructural,
punto por punto y coma por coma.
El
resultado es una feroz contracción de esas
economías, hasta un punto sin precedentes. Cuando se
impusieron medidas como las privatizaciones, los
recortes salariales y la eliminación del gasto
social en países realmente pobres como Níger, éstas
se tradujeron en una hambruna y en muchísimas
muertes. En Europa, tenemos algo más de margen,
contamos con algunos cojines. Pero la economía
griega ya se ha reducido en más de un 5% este año,
el desempleo se ha disparado, los pequeños comercios
se están hundiendo y se está privatizando
absolutamente todo.
Es una
política criminal concebida para empujar a los
trabajadores al siglo XIX, para deshacerse de los
beneficios sociales por los que la gente luchó
durante muchas generaciones. Como siempre, los ricos
se escaparán y el capital internacional vivirá días
de gloria con las oportunidades que ofrecen las
privatizaciones. La gente corriente está pagando el
doble por la crisis financiera: primero para
rescatar a los bancos y, ahora, para sacrificar y
arruinar a sus propios países y medios de vida.
¿Qué
respondería a aquellos que dicen que la culpa es de
Grecia y de su incapacidad para controlar las
finanzas públicas?
La
gente dice que los griegos no pagan impuestos. Y así
es en el caso de los ricos, que tienen mucho dinero
en Chipre, un paraíso fiscal muy conveniente. Según
los datos de una sociedad financiera suiza, sólo el
1% del dinero griego depositado en bancos suizos se
declara en Grecia, y sólo el 3% en el caso de
Francia. Los griegos no están jugando en solitario.
Grecia también ha mantenido un presupuesto militar
relativamente alto. Incluso cuando Turquía
-supuestamente, el enemigo- propuso una reducción
conjunta del gasto militar, los griegos se mostraron
en contra.
La
Iglesia ortodoxa griega, principal propietaria de
tierras y bienes inmuebles del país, paga cero
impuestos, lo cual no tiene ningún sentido. Hay
también una gran economía sumergida. Y cuando el
partido PASOK llegó al poder, se encontró con que
sus predecesores habían amañado las cuentas y
minimizado todo lo que debía el país.
A
pesar de eso, deberíamos recordar que Grecia
representa un mero 2% de la economía europea. No da
para justificar esta increíble crisis o drama.
Alemania y el Banco Central Europeo (BCE) no están
tratando el tema como una cuestión económica de
endeudamiento e impago, sino como una obra moral en
la que hay que castigar a los griegos.
Incluso si incluimos a Portugal e Irlanda, estamos
hablando de una pequeña parte de la economía de la
eurozona. Con España, las cosas empiezan a ponerse
más serias, ya que representa en torno al 11% de la
economía europea. E Italia... bueno, nadie quiere
siquiera plantearlo.
Lógicamente, la austeridad sólo empeorará las
dificultades económicas: menos ingresos fiscales,
más desempleo, bajas inversiones, una mayor economía
sumergida, etcétera. Además de un tremendo
sufrimiento humano y un posible derrumbe del euro.
No ha habido ni un solo caso en que un país mejorara
su situación con las políticas de austeridad del
FMI.
Los
economistas neoliberales han conseguido eliminar
toda la memoria histórica de los años treinta,
cuando se utilizaron políticas keynesianistas para
luchar contra la Gran Depresión. En lugar de ello,
nos vemos enfrentados a un enconado problema de
deuda, a una economía estrangulada por la austeridad
y a ninguna esperanza de recuperación.
¿Cree
que Grecia debería haberse declarado en quiebra?
¿Qué alternativas debería de haber seguido Grecia?
Los
griegos no pueden pagar y entrarán en quiebra. Ya lo
han hecho, pero nadie lo está llamando así. Después
de llevar al país al borde del precipicio, se
utilizará algún apaño para disfrazar la realidad.
Si yo
hubiera sido [el primer ministro griego] Papandreou,
habría dicho: «No podemos pagar y no pagaremos».
Después, habría calculado qué porcentaje de esa
deuda es «odiosa», un concepto jurídico que equivale
a ilegítima, y qué podría afrontar razonablemente el
país con el tiempo.
Después, habría declarado que Grecia no pagaría un
X% -digamos la mitad, el 50%- de la deuda, y
propondría negociar con todos los bancos privados
para determinar con qué condiciones se pagaría el
resto: con plazos de vencimiento más largos, menos
tasas de interés, etcétera. Los bancos deberían
elegir entre no recibir nada o recibir el 50 por
ciento de algo. Y recordemos que no tienen un
Ejército, así que no van a invadir Grecia. Y Grecia
ni siquiera tendría que salir de la zona euro porque
los tratados no prevén disposiciones para obligar a
un país a abandonarla.
Está
claro que las medidas provisionales no funcionarán
en Irlanda ni en Grecia. Ni siquiera estoy segura de
que esa sea la idea. En los países en desarrollo, y
ahora en Europa, la deuda permite a los acreedores
ejercer una especie de colonialismo sin necesidad de
recurrir a un Ejército o a una administración
imperial. No es ninguna casualidad que los
latinoamericanos priorizaran devolver el dinero al
FMI en cuanto se lo pudieron permitir. Era la única
forma que tenían para poder retomar el control de
sus economías.
Deberíamos recordar lo que escribió Keynes en los
años veinte en su «Consecuencias económicas de la
paz». Keynes advertía que Alemania no podría pagar
sus deudas de la posguerra y que eso se pagaría,
nunca mejor dicho, con el infierno. Y así fue, pero
Alemania obtuvo un acuerdo para la deuda totalmente
distinto después de la Segunda Guerra Mundial, por
el que se limitaba el servicio de la deuda y el pago
de los intereses tremendamente; unas condiciones que
ahora no están dispuestos a ofrecer a Grecia.
¿Quién
cree que es responsable de la crisis?
Son el
sector financiero, los políticos nacionales y
locales, los políticos europeos y, por supuesto, el
Tratado de Lisboa y las estructuras del Banco
Central Europeo, que mantienen a la eurozona en una
camisa de fuerza económica.
Nadie
obligó a los bancos franceses y alemanes a comprar
tanta deuda griega. Los mercados financieros
asumieron, sencillamente, que los bonos griegos eran
igual que los alemanes; pero ahora se han dado
cuenta de que los bonos griegos son griegos, y están
decididos a recuperar tanto dinero como sea posible
a los tipos de interés más altos que puedan, y sin
tener en cuenta los costos sociales.
Y
muchos gobiernos europeos gobiernan claramente en
nombre de su sector financiero. Pero están jugando
con fuego, y aún pueden hacer saltar por los aires
la eurozona, con lo que se abriría un panorama
incierto.
¿Cuáles son los problemas estructurales del euro que
han contribuido a la crisis?
Yo soy
una ferviente europea, por lo que me gustaría que el
euro durara, pero ahora mismo no tenemos la
maquinaria económica y social para seguir con él.
Tenemos una divisa común, pero no tenemos políticas
fiscales, económicas ni sociales comunes. En lugar
de aumentar los impuestos, los gobiernos están
compitiendo para reducirlos, como en Irlanda, que
tiene un impuesto de sociedades del 12,5 por
ciento.
Tenemos un presupuesto europeo ridículo, ningún
impuesto paneuropeo y ningún impuesto sobre las
transacciones financieras. Las transacciones
mundiales, sólo sobre los mercados de divisas, se
sitúan ahora en la astronómica cifra de
4.000.000.000.000 dólares al día. Incluso aunque
sólo le impusieran un gravamen de 1/10.000, se
recaudarían unos 400 millones de dólares al día. Y
con ese dinero se podrían solucionar muchos
problemas.
El
obstáculo es el Banco Central Europeo, no el euro en
sí. El Banco Central Europeo no presta a los
gobiernos, sino a los bancos, al 1% o menos. Y
después, los bancos prestan a los gobiernos. La
deuda a corto plazo de Grecia e Irlanda tiene un
estatus de «basura», y ahora tiene un precio del
20%.
El
BCE, a diferencia de otros bancos centrales, no
emite eurobonos o títulos europeos. De forma que los
que gobiernan en realidad son los bancos y las
agencias de calificación de riesgos. Necesitamos
eurobonos, no sólo para desincentivar la
especulación desenfrenada contra países concretos,
sino también para que Europa puede invertir en
grandes proyectos medioambientales y de
infraestructuras que ningún país puede afrontar en
solitario.
¿Hay
otros problemas de la gobernanza económica europea
que hayan contribuido a la crisis?
Uno de
los motivos por los que luchamos tan duramente
contra el Tratado de Lisboa en Francia es que
consagra la política económica neoliberal en el
corazón de Europa, y establece el marco para el tipo
de crisis a las que debemos hacer frente hoy día.
Ahora, la Comisión Europea quiere examinar los
presupuestos nacionales de cada país antes de que
los voten sus respectivos parlamentos para
asegurarse de que cumplen con determinadas normas.
Se trata de un ataque directo a la democracia.
En la
Comisión Europea todo se juzga en función de la
«competitividad», que lleva, entre otras cosas, a
una competición suicida entre los propios países
europeos. No todo el mundo puede ser Alemania. En la
eurozona, el gasto público se sitúa aún en torno al
50% del PIB, pero las grandes empresas y el capital
quieren hacerse con el control de todo lo que
puedan. De nuevo, se nos está arrastrando poco a
poco al siglo XIX.
¿Cómo
deberían responder los movimientos sociales a la
crisis? ¿Qué alternativas podemos poner sobre la
mesa?
Para
empezar, someter a control al sector financiero,
gravar las transacciones financieras, y obligar a
los gobiernos europeos, especialmente a los de la
eurozona, a actuar de forma solidaria entre sí.
Realizar auditorías de la deuda para determinar qué
parte de ella es «odiosa» o ilegítima.
Desarrollar un mecanismo para solventar la deuda que
no esté totalmente sesgado a favor de los
acreedores.
Necesitamos eurobonos y una nueva carta para Europa,
en que el BCE sea algo más parecido a la Reserva
Federal estadounidense.
Usar
el bancor de Keynes [el «bancor» es una unidad
monetaria internacional propuesta por J.M. Keynes a
las negociaciones que establecieron los Acuerdos de
Bretton Woods, en 1944] como divisa para el
comercio. Pero para hablar de eso, ¡necesitaríamos
otra entrevista!
Mientras tanto, estaría más que contenta con que las
agencias de calificación de riesgos fueran
organismos públicos y sin ánimo de lucro, y que sean
los gobiernos, no los bancos, los que gobiernen para
los ciudadanos y las ciudadanas.
Texto
original en:
www.tni.org/es/interview/aca...
http://www.gara.net/paperezkoa/2011...
Ver en
línea :
http://www.tni.org/es/interview/aca...
P.-S.
Susan
George es Investigadora del Transnational Institute,
una red mundial de investigadores y activistas con
sede en Amsterdam. Susan George (Akron, Ohio, 1934)
es presidenta de su junta y también ejerce como
presidenta honoraria de Attac-Francia, donde reside
desde hace tiempo, hasta el punto de haber adoptado
la ciudadanía francesa. Es una de las más reputadas
expertas sobre la deuda, especialmente la que asoló
a los países en desarrollo en el siglo pasado. GARA
publica esta entrevista con el permiso del TNI. |