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Lujo, hambre y furia
Por David Brook
[21.08.2011]-Actualizado
11:30 am Cuba
La
demanda de artículos de lujo -desde zapatos de 800
dólares y cremas cosméticas de mil 300 hasta
Mercedes Benz de 200 mil- disfruta un auge, mientras
casi 46 millones de estadunidenses dependen más que
nunca de la asistencia federal para comprar
alimentos básicos y evitar el hambre. Eso resume a
Estados Unidos hoy día.
El
mercado de artículos de lujo ha registrado 10 meses
seguidos de incremento en ventas, reportó el New
York Times. Las cifras de ventas de la joyería
Tiffany’s, Givenchy, Louis Vuitton, Gucci, BMW,
Porsche y Mercedes Benz, entre otros, han registrado
fuertes incrementos.
Por
otro lado, el gobierno federal informó que casi 15
por ciento de la población depende de asistencia
alimentaria, esto es, 45.8 millones de personas, el
nivel más alto registrado, 12 por ciento más que
hace un año y 34 por ciento más que hace dos. Para
obtener asistencia alimentaria federal (food stamps),
el ingreso de un individuo debe ser mayor de mil 174
dólares al mes (más o menos lo que algunos ricos
gastan en un par de zapatos Louis Vuitton).
La
desigualdad económica no se oculta. El economista
premio Nobel Joseph Stiglitz indica que sólo en los
últimos 10 años, el ingreso del uno por ciento más
rico se elevó 18 por ciento, mientras el de los
trabajadores industriales se desplomó 12 por ciento.
Según un análisis del Instituto de Política
Económica (EPI), la riqueza es aún más concentrada
en el sector más rico: más de un tercio de la
riqueza nacional es concentrada por ese uno por
ciento; 20 por ciento de los hogares en el medio de
la escala económica sólo contaban con 4 por ciento
de la riqueza nacional en 2007, y perdieron parte de
eso en la última recesión. De hecho, en 2009, el uno
por ciento más rico de los hogares tenía un valor
neto 225 veces mayor que el del hogar típico: una
desigualdad jamás vista.
Mientras tanto, los ricos pagan menos impuestos que
en cualquier periodo del último medio siglo,
reconoció el propio Barack Obama. Un nuevo informe
del Center for American Progress descubrió que los
millonarios pagan 25 por ciento menos impuestos hoy
que a mediados de los 90, y mil 400 millonarios no
pagaron ni un centavo de impuestos en 2009. Mucho de
esto gracias a las reducciones fiscales impulsadas
por el gobierno de George W. Bush y prolongadas por
el de Obama.
La ira
popular contra los representantes del pueblo en
Washington sigue ardiendo, según las encuestas,
precisamente porque se les culpa de aplicar
políticas que benefician a unos cuantos a costa de
casi todos los demás. Un 82 por ciento de
estadunidenses desaprueba el desempeño del Congreso:
el nivel más alto registrado por la encuesta de CBS
News/New York Times; una de CNN descubrió casi lo
mismo. Más de 4 de cada 5 opinaron que el debate
sobre la deuda tenía que ver más con maniobras
políticas que con la búsqueda de lo mejor para el
país.
Las
encuestas también demuestran que Washington hace
exactamente lo opuesto a lo que desea el pueblo. Por
más de dos contra uno, los estadunidenses afirman
que la generación de empleo debería ser una
prioridad más alta que la reducción del gasto
federal. Un 63 por ciento favorece elevar impuestos
a los más ricos.
Pero,
más allá de reprobar a sus líderes, ¿habrá
consecuencias políticas? Algunos dicen que todos los
políticos electos enfrentarán la ira popular en
2012. Sin embargo, otros creen que Obama, aunque ha
generado enorme desilusión entre sus bases, no
tendrá graves problemas, por un simple y cínico
cálculo. Como lo dijo un estratega demócrata al
Washington Post: el hecho es que los liberales y
progresistas no tienen adónde ir más que a votar por
Obama y su partido. Igual, un encuestador demócrata
comentó al New York Times que, en el caso de Obama,
a pesar de críticas de sus bases liberales a una u
otra de sus iniciativas, en el terreno electoral al
final de cuentas están seguros de una cosa: van a
odiar a los candidatos republicanos. Entonces,
sinceramente no me preocupa mucho una base sólida o
entusiasta. O sea, el cálculo es que para las bases
progresistas, no hay alternativas en el terreno
electoral.
Necesitamos una plaza Tahrir no violenta, opina el
ex vicepresidente Al Gore. Frente al acuerdo para
recortar billones en el gasto, demandado por los
republicanos, y ante las necesidades sociales se
requiere una primavera estadunidense (en referencia
a la primavera árabe) para rescatar al país de los
derechistas, dijo en su televisora Current TV. Pero
para ello, dijo su entrevistador, primero tiene que
haber furia.
“Yo
creo que el público sí está furioso, pero también
deprimido por la falta de liderazgo y la ausencia de
un sentir de que puede ganar. Los llamados populares
a que Wall Street rinda cuentas no han llevado a
ningún lugar, mientras el dinero de Wall Street
mantiene disciplinados a los políticos y los
activistas se tuitean entre sí hasta la distracción.
Los activistas condenan on lineal presidente, pero
hacen poco para enfrentarlo y demandar otro tipo de
acción”, consideró el veterano periodista Danny
Schechter en su columna en Reader Supported News.
La
imagen de la clase política en manos de los más
ricos es documentada por todas partes, con donantes
millonarios que financian a candidatos de ambos
partidos. De hecho, un nuevo informe del Center for
Responsive Politics demuestra que Obama recibe aún
más de Wall Street para su relección que lo obtenido
en 2008.
Para
algunos, las políticas económicas de Obama hasta el
momento no son tan diferentes de las de su
antecesor, como tampoco su continuación de las dos
guerras lanzadas por él, y la omisión en exigir
cuentas a los financieros y empresarios que llevaron
a esta crisis.
Tal
vez por ello no sorprende tanto que Obama baile al
compás de la misma música que su antecesor,
literalmente. Mark Knoller de CBS News reportó que
la campaña electoral de Obama está usando la canción
Sólo en América de Brooks y Dunn, en sus actos.
George W. Bush la usó mucho en su campaña de
relección en 2004.
(Tomado de La Jornada, de México) |