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Estados Unidos:
¿crisis de la deuda o crisis del sistema?
Por Dr. José Luis Rodríguez - Asesor del CIEM
[10.09.2011]-Actualizado
10:30 pm Cuba
Este
verano ha sido convulso para la economía
norteamericana.
Durante las últimas semanas del mes de julio
pareció como si las finanzas de Estados Unidos se
mecieran al borde del precipicio producto del
posible impago de su deuda pública, cuyo techo,
fijado por el Congreso, amenazaba con desplomarse
sobre la cabeza de los acreedores.
Sin
embargo, tras el escándalo mediático lo que en
verdad se dirimía era el costo de las vergonzosas
concesiones de Obama a Wall Street de cara a las
elecciones del 2012 frente a las que sacaban
provecho las grandes corporaciones norteamericanas,
gracias a la redistribución de recursos públicos que
obtendrían a cambio de aprobar un nuevo techo para
endeudar el país
Los
límites al endeudamiento público se establecieron
por el Congreso desde 1917, pero esto no impidió que
esos límites se elevaran cada vez que hizo falta. De
tal modo solamente desde 1962 crecieron en más de 74
ocasiones, siendo la aprobación más reciente de una
fecha tan cercana como febrero 12 del 2010, la cual
–curiosamente- transcurrió de forma intrascendente.
En el
lenguaje de los políticos se atribuía un crecimiento
desmedido de la deuda a los “excesos” de la actual
administración en los gastos, especialmente
referidos a los costos de los programas Medicare y
Medicaid, basados en el incremento de los precios de
las medicinas y de las tarifas del seguro médico. En
efecto, a partir de la desregulación del mercado
farmacéutico los costos de los servicios médicos
pasaron de 714 mil millones de dólares en 1990 a 2,3
billones en el 2008, lo que representa un gasto por
habitante de 7,681 dólares, el más alto del mundo y
–al mismo tiempo- uno de los servicios de peor
calidad entre los países desarrollados.
Con mucha razón varios especialistas han llamado la
atención de que los gastos por seguridad social ya
se financiaron por impuestos sobre la renta del
15,4%, por lo que se impugna la rebaja de estos
gastos a partir de la Enmienda 14 de la Constitución
norteamericana que explícitamente plantea su
carácter incuestionable.
En
realidad el déficit fiscal ha venido creciendo
fuertemente en los últimos años como consecuencia en
primer lugar del incremento de los gastos militares,
que alcanzaron los 698 mil millones en el 2010,
cifra que rebasa el 5% del PIB. No debe pasarse por
alto que el cómputo de estos gastos en el
presupuesto norteamericano no incluye el pago de las
pensiones a veteranos, los pagos por concepto de
deudas incurridas en conflictos bélicos anteriores y
tampoco las erogaciones extraordinarias de los
conflictos en Afganistán e Irak. Si esas partidas se
incluyeran en el cálculo, el total de gastos
militares rebasaría el billón de dólares anuales.
Igualmente, los paquetes de rescate financiero
otorgados por el gobierno para enfrentar la crisis y
las exenciones tributarias aprobadas por Bush a los
más ricos, que fueron extendidas por Obama en
diciembre del 2010, resultaron factores decisivos en
que el déficit público se acerque al 11% del PIB en
este año.
Desde
luego que tampoco puede pasarse por alto la
posibilidad que tiene el gobierno de Estados Unidos
de cubrir ese déficit mediante la emisión monetaria,
haciendo uso del privilegio que se le otorga al
dólar como dinero mundial, tomando en cuenta que más
del 65% de las reservas internacionales de divisa se
acumulan en esa moneda.
Adicionalmente para enfrentar esa situación lo que
ha hecho el gobierno es cubrir el exceso de gastos
con una deuda pública también creciente, que ya
llegaba a los 14 billones 460 mil millones en junio
30, equivalente al 98,6% del PIB norteamericano,
cifra que casi duplica el monto de los adeudos por
7,9 billones que se acumulaban hasta el 2005 cuando
representaban el 64,6% del PIB.
Sin
embargo, en esta ocasión la respuesta del Congreso a
la solicitud de elevación del techo de la deuda se
utilizó por la mayoría republicana en la Cámara de
Representantes para obtener beneficios políticos
adicionales y presionar sobre Obama con el objetivo
de presentarlo –de cara a las elecciones del 2012-
como presunto responsable de la situación de
endeudamiento presente.
La
posición del gobernante, que había previsto una
rebaja de gastos pero también un incremento de
impuestos para negociar el nuevo techo de la deuda,
cedió ante la coyuntura electoral y aceptó una
rebaja de gastos concentrada en el 15% de las
erogaciones del presupuesto en derechos de la red
social y gastos discrecionales no militares, lo que
se traduce en rebajas en educación, salud, vivienda,
transporte, medio ambiente, ciencias, energía,
desarrollo comunitario y otros gastos sociales.
El
programa acordado por demócratas y republicanos y
avalado por Obama para aprobar la elevación del
límite de la deuda norteamericana, contempla de
inmediato una rebaja en gastos por 917 mil millones
de dólares en diez años. De ellos inmediatamente se
rebajan 400 mil millones hasta septiembre. De esa
fecha al 23 de diciembre se reducen otros 500 mil
millones, básicamente en gastos domésticos
discrecionales que son los que aprueba el Congreso.
Por
otra parte, el 23 de diciembre tiene que haberse
acordado una rebaja de entre 1,2 y 1,5 billones de
dólares la que debe ser propuesta por una comisión
de ambas cámaras del Congreso. Curiosamente, si esta
comisión no emite una propuesta aceptable, se
recortarían automáticamente gastos por 1,2 billones
de la defensa y gastos domésticos a partes iguales,
cosa poco probable que ocurra, pero donde se
anticipa una intensa batalla política entre
republicanos y demócratas para llegar a un acuerdo.
Con
las rebajas acordadas se prevé elevar el techo de
la deuda en un monto suficiente como para cubrir los
pagos hasta las elecciones del 2012, aunque no se
alcanza lo que un grupo de especialistas consideran
indispensable para hacer manejable el tema.
Queda
así claramente expresada la victoria de los
conservadores que consiguieron obstruir cualquier
incremento de impuestos al tiempo que siguen
disfrutando de los beneficios compensatorios de la
crisis, que por alrededor de 4,2 billones de dólares
el gobierno ha otorgado a los grandes negocios desde
el 2008.
Finalmente cabría preguntarse si realmente existió
la crisis de la deuda, teniendo en cuenta que lo que
el gobierno debe a otras entidades del propio sector
público representa el 41,2% del total de la misma y
que si se compensaran estos saldos se rebajaría la
deuda pública en 5,9 billones de dólares sin gastar
un centavo.
A esto
habría que añadir los escandalosos resultados de una
auditoría realizada a la FED que se dio a conocer en
mayo de este año y que pone en entredicho la
legitimidad del manejo financiero de la misma.
Resulta sorprendente –además- que en relación a este
tema prácticamente no haya trascendido nada a los
medios, que sí se han regodeado en tema de la deuda.
Lo que
sin dudas es un hecho es que la rebaja de gastos
públicos tiene un efecto multiplicador negativo en
el resto de la economía, por lo que las reducciones
previstas tendrán un efecto recesivo sobre el
crecimiento norteamericano.
Adicionalmente, la rebaja en la calificación de
riesgo de la deuda pública norteamericana que con
posterioridad a este debate produjo la firma
Standard and Poor’s, introdujo una mayor
inestabilidad e incertidumbre en el mercado. No
obstante, lejos de profundizarse en la esencia del
problema, la respuesta del gobierno ha sido abrir
una investigación sobre el papel de S&P en la
calificación del riesgo de los préstamos
hipotecarios en el estallido de la crisis.
Más
allá del discurso de los políticos, el estancamiento
de la economía norteamericana se continúa expresando
en los bajos crecimientos registrados por los
Estados Unidos este año y que se limitan a un 0,8%
en el primer trimestre y alrededor de un 1% en el
segundo, acompañados con un desempleo que no cede al
9,1%, con lo cual la meta de incremento del PIB
fijada en un modesto 2,5% para el 2011 no se
alcanzará.
Seguimos en presencia de una economía que no sólo no
rebasa el impacto de la crisis que se inició tres
años atrás, sino que se aboca peligrosamente a otra
recaída en el futuro inmediato.
Agosto, 2011 |