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Destrucción del enlace
salarios y demanda agregada
Por
Alejandro Nadal
[10.09.2011]-Actualizado
10:30 pm Cuba
La
gran ironía del neoliberalismo es que su versión del
capitalismo condujo a desarticular el vínculo entre
salarios, ingresos y demanda agregada. De esta
forma, terminó por socavar las bases de la economía
capitalista a nivel mundial. La globalización
neoliberal no es más que una cara de este proceso
que hoy se expresa en una crisis de proporciones
históricas y anuncia una prolongada temporada de
estancamiento. La secuela de desempleo, desigualdad
y pobreza sólo traerá malas noticias en la vida
política de las naciones.
Para
entender cómo se rompió ese vínculo y sus
consecuencias, es necesario trazar un esbozo de las
causas de la globalización. La narrativa dominante
durante muchos años presentó a la globalización como
muestra del éxito imparable del capitalismo moderno.
El colapso de la Unión Soviética sirvió para
presentar a la globalización como el triunfo del
libre mercado. Pero la realidad siempre es terca y
no puede moldearse como si fuera plastilina.
La
globalización está vinculada a la caída en la tasa
de ganancia experimentada en las principales
economías capitalistas en los años setenta. Eso
empujó a la inversión capitalista a buscar dos
salidas: una a través de salarios bajos y otra en la
especulación financiera. La ofensiva en contra de
los derechos laborales cuyo reconocimiento había
sido alcanzado después de décadas de luchas
dolorosas fue la manifestación de la primera vía. La
expansión del sector financiero (y especulativo) a
escala mundial es la expresión de la segunda.
La
crisis que explota en el otoño del 2007 se nos
presenta antes que nada como una debacle financiera.
Pero sus raíces están en el comportamiento de la
tasa de ganancia y en la reducción de los costos
laborales. La globalización es una forma de
organizar la competencia entre trabajadores del
mundo entero para presionar los salarios a la baja.
Esto es ejemplo de lo que Gunnar Myrdal denominaba
proceso de causación circular acumulativa.
El
estancamiento en el crecimiento de los salarios
reales en economías avanzadas condujo a una
contracción de la demanda agregada. Eso sólo podía
contrarrestarse con el sobrendeudamiento de las
capas medias y trabajadoras de la población. El
crédito fluyó para hipotecas, autos, educación,
electrodomésticos y, a través de la tarjeta de
crédito, hasta para bienes de consumo no duradero.
La bursatilización de todo tipo de instrumentos fue
un mecanismo nefasto para mantener en movimiento
este proceso. Los préstamos basados en la
apreciación de activos residenciales (loshome equity
loans) completaron el cuadro con la ilusión de una
riqueza artificial para las capas medias.
La
política monetaria estuvo al servicio de este
proceso con prioridades sometidas a las necesidades
del sector financiero. Las burbujas (en especial en
el sector de bienes raíces y en el mercado bursátil)
fueron la manera de mantener el proceso de
crecimiento en las economías avanzadas. Algo
parecido, pero con distorsiones más serias, sucedió
en las economías subdesarrolladas y en los muy mal
llamados mercados emergentes.
La
crisis estalló en el eslabón más visible de la
cadena. El sector financiero se había desarrollado a
través de mecanismos e instrumentos que no podían
sostenerse más allá de unos cuantos años. Al
explotar el sector financiero, se destruyó el
mecanismo que había estado sosteniendo la demanda
agregada.
En la
evolución del capitalismo mundial, el último tercio
del siglo XX fue testigo del rompimiento del enlace
fundamental entre salarios y demanda agregada. La
idea de mantener el crecimiento a través de las
exportaciones se ha revelado como una salida falsa
o, si se prefiere, como una especie de boomerang.
Los países importadores que enfrentaron un déficit
crónico, sufrieron la destrucción de su base
productiva y de generación de empleo. Los flujos de
capital permiten durante un cierto tiempo financiar
artificialmente el déficit (como en México), pero a
la larga, la crisis en esos países subordinados no
puede evitarse.
A
nivel macroeconómico, el vínculo entre productividad
y salarios, y entre éstos y demanda agregada ha sido
desmantelado por décadas de una ofensiva en contra
de todo lo que se relaciona con el mundo laboral. El
resultado es que el crecimiento ha tenido que
sostenerse con una sucesión continua de burbujas que
al reventar conducen a un periodo más o menos largo
de des-endeudamiento.
Cuando
se produce un colapso de la demanda agregada, la
inversión se detiene y, con ella, se frena la
generación de empleo. Eso conduce a una más intensa
caída de la demanda agregada y así, en un círculo
vicioso, se llega a la depresión. La demanda puede
apoyarse en el gasto público, pero hoy la reacción
neoliberal impide utilizar este instrumento. Y en el
des-endeudamiento, la política monetaria tiene muy
poco que contribuir. El mismo establishment que nos
regaló la globalización neoliberal se esfuerza hoy
en obsequiarnos una década de crisis mundial.
Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de
SinPermiso
(Tomado de Sin Permiso) |