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Consejo Suramericano de Economía y Finanzas
Por Julio C. Gambina
[02.09.2011]-Actualizado
10:30 pm Cuba
Pensada para junio pasado, finalmente se realizó el
viernes 12 de agosto en Buenos Aires la reunión de
los ministros de economía y presidentes de bancos
centrales de la UNASUR. Surgió allí el Consejo
Suramericano de Economía y Finanzas para pensar, en
la coyuntura, estrategias comunes de la región ante
las "turbulencias" de la crisis mundial, según
relató el anfitrión, el ministro argentino y
candidato a vicepresidente por el oficialismo.
La
reunión ocurre en una semana de recrudecimiento de
la crisis, principalmente entre los principales
países del capitalismo. En principio, vale mencionar
que era hora que se asumiera entre los gobiernos de
la región que la crisis es "mundial" y que por lo
tanto, pese a los datos del crecimiento, superior al
registro mundial, el problema es "global" y puede
tener impacto en nuestros países. Es un cambio en el
discurso, supone una modificación en el diagnóstico
y el ámbito del análisis compartido, pese a las
evidentes diferencias de políticas nacionales,
excluye a la potencia hegemónica del continente y el
mundo, nada menos que EEUU, epicentro de la crisis.
Entre
las medidas que empiezan a diseñarse se destacan el
fondo latinoamericano de reservas; el uso de monedas
locales en el intercambio regional para
des-dolarizar; la aceleración y extensión del Banco
del Sur y la discusión sobre la banca de desarrollo
regional (Corporación Andina de Fomento, CAF, y el
Banco Interamericano de Desarrollo, BID). Todo para
discutirse en los próximos meses y a considerar su
instrumentación de cara a las próximas cumbres
presidenciales.
El
conjunto de medidas apunta a consolidar un
"blindaje" regional para reducir la vulnerabilidad
externa de los países integrantes del bloque ante la
profundidad de la crisis. Las alusiones a la no
resolución de la "crisis del 2008" remiten a las
preocupaciones latentes ante una recidiva de la
recesión mundial ocurrida durante el 2009 y que se
espera en el corto plazo, con las regresivas
consecuencias sobre el empleo y la calidad de vida
de la población empobrecida.
Las
finanzas y el comercio en el centro de preocupación
Lo
publicitado son medidas en el campo de las finanzas
que ponen en discusión el destino de cuantiosas
reservas internacionales, donde solo Brasil acumula
350.000 millones de dólares y la Argentina algo más
de 50.000 millones de la moneda estadounidense. Son
recursos que hoy abonan las dificultades financieras
de los países en crisis y los planes de expansión
del déficit que sostienen cuantiosos gastos
militares y de subsidios y "salvatajes" a empresas
en crisis.
Parte
de la discusión se concentra en fortalecer el
existente Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR),
integrado por Bolivia, Colombia, Costa Rica,
Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela, que fuera
constituido en 1978 y cuya sede está en Bogotá, o en
crear uno nuevo. Es una decisión a discutir
principalmente en Brasil y Argentina, por ahora
afuera del FLAR.
El
fondo existente (o a crear) interviene en la
captación de recursos en el mercado de capitales,
emitiendo títulos de deuda, para asistir a países
que pudieran verse afectados por situaciones
críticas. La combinación de ese fondo con la
propuesta de aceleración y extensión en la creación
del Banco del Sur se orienta a satisfacer urgencias
financieras con una orientación del crédito de
desarrollo en el mediano plazo. El debate no solo se
concentró en el nuevo banco, sino en la utilidad de
los bancos de desarrollo en funcionamiento, sea el
BID controlado por las principales potencias, o la
CAF funcional a la acumulación transnacional de
capitales.
Pero
también constituyen medidas que pretenden actuar en
el campo del comercio regional, impulsando los
mecanismos de compensación de intercambios con
monedas locales, extendiendo las experiencias del
Sistema Único de Compensación Regional (S.U.C.RE),
desarrollado entre los países integrantes del ALBA
y/o el Sistema de Pagos en Monedas Locales (SML),
entre Brasil y Argentina. Hay que destacar esta
experimentación des-dolarizadora, al tiempo que debe
señalarse la escasa incidencia de actores económicos
y operaciones de comercio exterior involucrada en
ambos sistemas, lo que evidencia la subordinación a
la compensación en divisas de quienes definen el
comercio internacional en nuestros países, sean
empresarios o burocracias estatales.
Con
los anuncios, se evidenció la ausencia en la
discusión sobre articulaciones productivas para
hacer realidad un desarrollo compartido que afirme
las soberanías alimentarias o energéticas, con un
modelo de desarrollo en defensa de los bienes
comunes, el cuidado de la naturaleza y la promoción
del "buen vivir" de la totalidad de la población.
La
conciencia compartida incluye medidas defensivas en
lo financiero y lo comercial, constituyendo una
asignatura pendiente el debate sobre el "modelo
productivo y de desarrollo" que en definitiva
condiciona la circulación, o sea, el comercio y las
finanzas; y más aún, pasar de medidas defensivas a
una concepción de ofensiva, lo que supone discutir
el orden mundial capitalista en crisis. Y claro,
quizá ello sea demasiado pedir a un conglomerado de
países, que aún excluyendo a EEUU, contienen en su
seno proyectos de promoción del socialismo con
defensores y promotores del capitalismo.
La
participación popular ausente en la gestión de la
crisis
Vale
también mencionar, entre otras cuestiones, que un
centenar de representativas organizaciones sociales
y personalidades de nuestra América, entre los que
resalta Adolfo Pérez Esquivel, el Premio Nobel de la
Paz 1980, cuestionaron el carácter de "reunión a
puertas cerradas" del cónclave económico.
El
reclamo parte por no haber sido recibidos para un
encuentro de debate de los movimientos con los
funcionarios para discutir opiniones sobre el qué
hacer ante la crisis. Es que los movimientos tienen
sus propias reivindicaciones, estudios y propuestas,
que volcaron por escrito y presentaron sus
reflexiones y demandas ante el flamante Consejo
Económico de UNASUR.
En el
petitorio suscripto por las organizaciones se
considera el desafío que supone la integración
regional en la perspectiva de la defensa de los
derechos de la población y el cuidado de la
naturaleza, contra el accionar depredador y la
especulación del sistema capitalista.
La
demanda apunta a considerar la opinión de los
pueblos, más allá de la discusión entre los
representantes de los gobiernos. La cuestión es que
no se trata solamente de generar instrumentos
defensivos para limitar el impacto de la crisis,
sino de involucrar a la sociedad mediante mecanismos
participativos en la toma de decisiones sobre los
usos de los recursos públicos, sean en los fondos de
reservas o en la banca de desarrollo.
Es que
muchas buenas intenciones de políticas económicas o
sociales terminan gestionadas burocráticamente para
reproducir modelos de gestión que afirman la
situación que pretende resolverse. Así, la
operatoria de la banca de desarrollo tradicional,
sea el Banco Mundial, el BID u otros similares
fortalecen el modelo productivo que origina la
actual crisis alimentaria, medioambiental,
energética, financiera y económica. Por ello la
exigencia de protagonizar con participación popular
las instancias de decisión en el Banco del Sur, o
habilitar la contribución ciudadana en la
instrumentación de auditorías de las deudas
públicas, tal como resulta de la experiencia
ecuatoriana, especialmente cuando el tema del
endeudamiento de los principales Estados
capitalistas vuelve a la escena mundial, nada menos
que impulsando ajustes sociales que deterioran la
vida de millones de personas.
Resulta auspiciosa la constitución de un ámbito de
discusión sobre asuntos económicos en la región
sudamericana, claro que debe reconocerse la
diversidad y antagonismo de los procesos nacionales
en curso en los diferentes países. La voz y el
interés de los pueblos debe resonar en la nueva
institucionalidad para interponer un criterio que
pueda ir más allá de un escudo defensivo ante la
amenaza externa y pueda expresarse una voluntad
comprometida con otro mundo posible y necesario.
Julio
C. Gambina es Presidente de la Fundación de
Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.
(Tomado de ARGENPRESS.info) |