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Plan Estratégico
Agroalimentario, asignación universal y Banco del
Sur
Por Julio C. Gambina
[22.09.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
La característica de política económica en la región
latinoamericana pasa por la explotación de los
recursos naturales y una política social
compensadora.
Es el
petróleo y el gas en Venezuela, Bolivia o Ecuador, y
ahora en Brasil; el cobre en Chile y el agua y la
tierra en los países especializados en producción
agraria. Decimos agua y tierra porque cada árbol ó
tonelada de grano se lleva nutrientes de la tierra y
líquido elemento en cantidades inmensas. Y en
materia de política social se llama Bolsa Familia en
Brasil, Juancito Pinto en Bolivia, Chile Solidario
en el país vecino, Familias en Acción en Colombia,
Juntos en Perú, Oportunidades en México, o las
misiones en Venezuela y en Argentina la Asignación
Universal por hijo. En todos los casos son programas
de transferencia de renta, masivos aunque no
universales.
Son
países con distinta orientación ideológica o
programática y sin embargo en todos, el eje de la
acumulación, del modelo productivo es la explotación
de los recursos naturales. Es un modelo que requiere
compensaciones para aminorar las desigualdades por
ingresos y por eso la política social compensatoria.
Ese es
el marco para analizar anuncios y decisiones
económicas esta semana, tal como el Plan Estratégico
Agroalimentario (PEA), la actualización de la
asignación universal por hijo (AUH) y la aprobación
parlamentaria del Banco del Sur (BS).
Plan
agropecuario
Respecto del PEA se conocieron los objetivos hacia
el 2020 con una ampliación de la frontera agrícola y
una superación de la producción agropecuaria desde
los 100 millones de toneladas hacia las 160
millones, con una capacidad de abastecer a 400
millones de personas, o aún a más, según informó la
Jefa del Estado. Es una confirmación del modelo
productivo agrario que satisface la demanda de
industrializar el campo y que preocupa al sector de
la agricultura familiar, a las comunidades
campesinas y de pueblos originarios, a los pueblos
fumigados y a los defensores del medio ambiente que
temen por la destrucción medio ambiental, la pérdida
de bosques a mano de la agricultura industrial para
la exportación.
El
anuncio se realizó ante parte importante de la
cúpula empresarial y es parte de la confirmación de
un bloque social que otorga sustento y consenso a
una política plebiscitada en las recientes
elecciones primarias y que son parte de la
previsible confirmación en las presidenciales de
octubre. Es una situación verificada en oportunidad
de obtener el acuerdo de salario mínimo, asociando a
la cúpula empresarial y sindical. Del mismo modo que
se puso de manifiesto en el día de la industria. Son
señales de construcción de un bloque para el pacto
social, que como tal legitima el “modelo” hacia el
conjunto de la sociedad.
Actualización de la asignación
El
ajuste de la AUH, necesario para los receptores
confirma la tendencia a compensar en sectores
empobrecidos con asistencia estatal, lo que el
modelo de desarrollo no facilita por medio del
empleo y la actividad productiva.
Estudios de la CEPAL confirman el papel de los
programas de transferencia de renta, generalizados
en la región, como necesarios para sostener en el
gobierno a los proyectos políticos actuantes en la
región, más allá de sus diferenciados signos
ideológicos.
Es por
eso que junto al crecimiento productivo y para
sellar el pacto social, se imponen políticas
compensatorias para los pobres.
Estatus parlamentario para el Banco del Sur
Vale
mencionar la importancia que significa el aval de
Diputados a la media sanción de la Cámara de
Senadores sobre el Banco del Sur, porque acerca su
funcionamiento operativo, puesto que ahora son
Venezuela, Ecuador, Bolivia y la Argentina los
países que le otorgan acuerdo parlamentario a la
iniciativa.
Claro
que para que la medida se haga operativa resta que
otros países avancen en el mismo sentido, y esa no
parece ser la voluntad, especialmente en Brasil,
Paraguay, o Uruguay. Ya pasaron 4 años desde que la
iniciativa se lanzó al ruedo, en un lapso de
despliegue de la crisis mundial del capitalismo. Es
cierto que ahora, para constituir el Consejo
Económico Financiero de la Unasur se menciona la
profundidad y continuidad de la crisis, pero si
ahora es necesario un banco de desarrollo regional,
mucho más lo hubiese sido en momentos críticos como
los transcurridos.
También deben incluirse en el comentario las
demandas del movimiento popular que reclama una
ampliación del escaso capital que se piensa para la
entidad (solo 10.000 millones de dólares), cuando
solo entre Argentina y Brasil se suman 400.000
millones de reservas internacionales. Son reclamos
que se extienden a los mecanismos de resolución de
la gestión financiera, solicitando la participación
social en la política crediticia y en el modelo
productivo a impulsar.
Campaña electoral sustentada en 10 millones de votos
En
síntesis, el consenso político logrado el 14 de
agosto, con 10 millones de votos, merece lecturas a
dos puntas. El poder económico cierra filas detrás
de la conducción del sistema de acumulación tal y
como hoy se presenta, verificado en cuantiosas
ganancias. Desde el gobierno, se entendió a la
masividad del respaldo en las urnas como oportunidad
para avanzar en campaña electoral con anuncios que
consolidan el rumbo y con pretensión de ratificar la
votación para un nuevo mandato presidencial a fines
de octubre.
No
resulta menor comprender la suma del consenso
electoral con un bloque social articulado detrás del
proyecto del gobierno, en situación de crisis de la
economía mundial. Es lo que permite mostrar al país
en el mundo como el modelo de la buena política,
especialmente en economía, por los éxitos del
crecimiento. La Argentina empieza a ser señalada
como ejemplo de lo que debe hacerse en política
económica. Se le sugiere a Grecia, por ejemplo. El
modelo tiene en origen el “no pago de la deuda”
(claro que transitorio), y la salida del euro para
“devaluar y buscar competitividad”. Es bueno
interrogarse al respecto, sobre beneficiarios y
perjudicados en el ciclo (la década), y
especialmente sobre la estructura económico social
que emerge de la “solución nacional” a la crisis del
2001.
Los
cambios estructurales y regresivos de los 90´ se
consolidaron. De allí la sojización, la mega minería
a cielo abierto y la industrialización subordinada y
de ensamble. Todo ello conducido por el capital
transnacional. El consenso político de los 90´
estalló ante la revuelta popular. El objetivo de
reconstruir el poder del gobierno Duhalde (2002)
empezó a materializarse con las elecciones del 2003
y más aún con la renovación presidencial del 2007,
despojado ya de las influencias políticas del líder
del peronismo federal. Las tensiones en el seno del
poder entre 2008 y 2009 parecen haberse cerrado con
los datos de la política en proceso entre agosto y
octubre del 2011.
Es un
desafío intelectual y político reconstituir
subjetivad para el cambio político, para organizar
la respuesta necesaria para otro modelo económico,
que articule una alianza social y política
sustentada en un programa de soberanías (alimentaria,
energética, medioambiental, financiera, económica)
que empuje una construcción regional de otro mundo
posible. Es que la crisis capitalista continúa y no
son variantes de capitalismo las que permiten
avizorar soluciones para los trabajadores, ya que la
etapa en curso se constituye en el mundo como una
gigantesca ofensiva del capital contra el trabajo,
con desempleo y precariedad.
Se
trata de pensar en otra sociedad ante la crisis, que
no reproduzca la histórica funcionalidad primaria
exportadora de nuestra región, más allá de
compensaciones de renta a pobres, y que elimine la
ofensiva y la sociedad de la explotación.
(Tomado del Blog de Julio C. Gambina) |