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ACUERDO DE LIBRE COMERCIO DE AMÉRICA DEL NORTE
Negados a la herencia
Por
Néstor Núñez
[22.09.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
Es de
suponer que el inglés Adam Smith, padre de la
liberalización económica capitalista en pleno siglo
dieciocho, sería uno de los primeros en descalificar
a los herederos de los fundadores de las Trece
Colonias de América del Norte.
Porque
lo cierto es que las políticas oficiales
norteamericanas, mientras hablan de puertas abiertas
y oportunidades plenas de mover mercancías, no hacen
otra cosa que cerrar sus propias murallas y crear
ventajas artificiales a sus productores.
Es,
sin dudas, lo contrario del legado del venerado
Smith, quien en tiempos de la existencia de miles de
productores libres, proclamó el mercado como el fin
último de esa labor creadora de bienes y servicios,
ensalzó el "poder regulador" de la competencia sin
trabas, y colocó a la mercancía junto a Dios.
Desde
luego, los poderosos de hoy no actúan como
insensatos. El catecismo liberal bien puede valer,
sobre todo si se trata de invadir mercados vírgenes
y rebosarlos de bienes y servicios Made in USA sin
salida.
Pregúntese en América Latina y sus casi tres décadas
de experiencias neoliberales, que llevaron a que el
mercado interno fuese copado por las grandes
transnacionales imperiales en detrimento de la débil
industria local; a que renglones enteros fuesen
soliviantados por las mercaderías externas muchas
veces subvencionadas oficialmente; a que el estado
se desligara de sus funciones económicas; y a que
las riquezas nacionales fuesen subastadas al por
mayor.
¿Un
ejemplo realmente trágico? México, la cuna de la
civilización mesoamericana del maíz, depende hoy en
buena medida de las compras de ese cereal en los
Estados Unidos, a cuenta de su entrada de panza en
el llamado Acuerdo de Libre Comercio de América del
Norte. Un grano subsidiado en el gran vecino,
desplazó a los agricultores nacionales de toda
competencia.
Únanse
a ello las discusiones con China y otros países por
medidas proteccionistas norteamericanas frente a la
entrada en su mercado interno de aceros o textiles
foráneos con precios más asequibles que los
propios.
Pero
en fin, el asunto es que la nación que siempre
receta a otras, pero nunca a si misma, no
escarmienta.
Así,
una reciente información mostraba las quejas de
Karel De Gucht, Comisario de Comercio de la Unión
Europea, UE, quien acusó al socio mayor de dar la
espalda a la agenda de libre comercio mundial debido
a "equivocados temores políticos a nivel interno."
En
pocas palabras, el gobierno de Barack Obama está
colocando obstáculos a las conversaciones globales
sobre comercio, porque la prioridad del ocupante de
la Casa Blanca es enfrentar el tema del desempleo
nacional a las puertas de los comicios
presidenciales de 2012, donde aspira a ser
reelegido.
Con la
consigna de "empleos en América (EE.UU.)", la Casa
Blanca hace resistencia a la posibilidad de abrirse
mucho más al mercado global y que sus industrias
pierdan mayor terreno frente a economías más
competitivas.
"Los
Estados Unidos no siguen una agenda comercial",
sentenció un malhumorado De Gucht.
Al
final, no es sorpresa. Quien a estas alturas no esté
acostumbrado a las maniobras e inconsecuencias
gringas, sencillamente no vive en este mundo, o
carece de las neuronas mínimas. |