|
Cuba
no era un paraíso ni una excepción
Por Manuel E. Yepe
[06.09.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
Hace
más de medio siglo que, en Miami, ciertos sectores
de la inmigración cubana -cada vez más reducidos
respecto al conjunto de ésta- hablan de su país
natal como de un "paraíso perdido". La propaganda
contra la revolución cubana presenta la quinta
década del pasado siglo como un período de gran
prosperidad para "demostrar" las ventajas del
capitalismo para la Isla.
Aunque
entre los llamados "líderes del exilio cubano"
(algunos de los cuales devenidos congresistas en
Washington) haya unos pocos extremistas que llegan
hasta el elogio de la contribución de Batista al
desarrollo económico y social de Cuba, la mayor
parte de los economistas de origen cubano radicados
en Estados Unidos presentan a la década de 1950 como
un período de prosperidad para Cuba, lamentablemente
afectado por los desmanes de la sangrienta tiranía
impuesta mediante el golpe de Estado de 1952.
Para
ellos, lo deseable habría sido suprimir esa
execrable dictadura y restablecer el orden
constitucional y la democracia representativa, sin
que fueran necesarios más cambios en la vida
política, la economía y la sociedad.
Para
argumentar esa supuesta prosperidad, estos
economistas comparan algunos indicadores económicos
de Cuba en aquellos tiempos que son superiores a los
de otros países de América Latina y el Caribe y
excluyen de la comparación a otros indicadores que
demuestran lo contrario.
Esa
homologación estadística manipulada, en una región
caracterizada por las mayores desigualdades
económicas y sociales del planeta, les permite
inferir que la Isla tenía un notable progreso
económico y social, cuando ello debía servir como
denuncia de la dolorosa situación por la que
atravesaban las naciones de América Latina, con
indicadores de desarrollo peores aún que los pésimos
de Cuba.
Algunos de los indicadores estadísticos superiores
que exhibía Cuba entonces no eran sinónimos de
desarrollo, sino de la mayor dependencia de un país
considerado de gran importancia para la seguridad
nacional de Estados Unidos que constituía, por ello,
escenario privilegiado para determinadas inversiones
por la garantía que derivaba de su alto grado de
subordinación al imperio.
A
mediados de la década de 1950, Cuba se convirtió en
uno de los principales mercados y rutas del tráfico
de estupefacientes hacia Estados Unidos con la
consiguiente inyección de considerables cantidades
de dinero en proceso de lavado.
Bajo
la conducción de líderes de la mafia estadounidense
como Meyer Lansky y Santos Traficantti,
estrechamente relacionados con en el dictador
Batista, La Habana vivió un proceso de conversión de
la ciudad en Las Vegas de América Latina. Ello trajo
un notable incremento del turismo y de la vida
nocturna: los ricos, las cúpulas militares y los
políticos corruptos integrados con la dictadura
vivían bien, pero la inmensa mayoría de la población
no disfrutaba ese bienestar.
La
imagen idílica de Cuba en los cincuenta la
conformaban nuevos hoteles, casinos, cabarets,
tiendas departamentales y grandes y lujosos
edificios de apartamentos que cambiaron la fachada
de la capital cubana a base del dinero lavado por la
mafia y la malversación de los fondos públicos que
creció a extremos mayores aún que en los de los
igualmente corruptos gobiernos anteriores a la
tiranía de Batista. Pero lo cierto es que el telón
de fondo que tenían los crímenes de la tiranía y la
lucha armada insurreccional contra ella, era bien
distinta de esa imagen idílica que le han pretendido
adjudicar, a la distancia de los años, a la Cuba de
los 50: Oleadas de niños en busca de su sustento en
la mendicidad, limpiando parabrisas de autos,
lustrando zapatos o vendiendo periódicos, tanto en
calles y plazas de ciudades como en los campos,
donde la miseria era extrema; ancianos y
discapacitados viviendo de la caridad pública;
largas filas de hombres en busca de trabajo y
extendida angustia de miles de mujeres gestionando
empleo como sirvientas, o como prostitutas en
burdeles o ambulantes. Proliferaban bares y garitos
con juegos de apuestas para pobres que se encargaban
de extraer de la población humilde hasta el último
centavo, abusando de su desesperanza ante las
realidades cotidianas.
Cuba
no era en la época inmediata anterior a la victoria
sobre la tiranía batistiana, ni un paraíso ni una
excepción respecto a los demás países de América
Latina.
Hoy sí
es una excepción por sus asombrosos resultados en el
ejercicio de la independencia plena y la práctica de
justicia social, objetivos que el bloqueo y la
hostilidad permanente del imperio no han podido
impedir, aunque hayan entorpecido y retrasado el
logro de otros propósitos irrenunciables del
proyecto revolucionario como un mayor desarrollo
económico y una democracia más plena.
(Tomado de ARGENPRESS.info) |