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"Los
bancos programan la crisis para ganar con ella"
Por Raúl Dellatorre - Página 12
Entrevista a Pedro Páez, principal impulsor de la
Nueva Arquitectura Financiera Regional en América
Latina
[06.09.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
Economista ecuatoriano, nombrado por Rafael Correa
para impulsar el Banco del Sur y la moneda única
para la región, señala los intereses ocultos tras la
crisis, provocada por los mismos que hoy definen las
políticas de ajuste.
El
gobierno de Ecuador fue uno de los precursores en la
necesidad de construir una nueva arquitectura
financiera para la región. Pedro Páez Pérez,
economista ecuatoriano, estrechamente ligado a
Rafael Correa, participó activamente en esa
construcción, primero desde los cargos que ocupó en
el gobierno de Quito y ahora como titular de la
comisión presidencial ecuatoriana para una Nueva
Arquitectura Financiera. Participó en Buenos Aires
en diversos seminarios y conversó con Página/12,
planteando un durísimo enfoque sobre las causas de
la crisis financiera y quienes la impulsan para
beneficiarse con ella.
–Por
experiencia, ya sabemos cómo terminan las políticas
de ajuste. ¿A usted no le sorprende este error de
diagnóstico de los líderes europeos entre lo que se
busca y lo que resultará de estos ajustes?
–No se
trata de un error de diagnóstico. Las crisis están
programadas para ganar con ellas. Los mismos que
arman los ataques especulativos son los que están al
mando de estas políticas. Pasó en Estados Unidos,
con la crisis de la deuda. No había ninguna razón
objetiva para pensar que podía ir al default. No
había ninguna cuestión económica que le impidiera
pagar una deuda en dólares, cuando es el país emisor
de los dólares. No había ninguna cuestión técnica
que le impidiera seguir endeudándose. Y sin embargo
se armó una ficción política de un techo al
endeudamiento cuyo propósito era justificar el
ajuste que luego se vino, obligando a la población a
pagarlo. Ahora sucede lo mismo en Europa, que empezó
por Grecia: Goldman Sachs armó el maquillaje para
endeudar al país, y ahora la respuesta es más ajuste
y privatizaciones. Que no resuelve el problema de
los bancos acreedores, pero sí va a ser un gran
negocio para los que se beneficien con las
privatizaciones. Y además va a servir para dejar
caer la cotización del euro.
–¿En
contra del dólar? ¿Es una lucha de Europa contra
Estados Unidos?
–Es
una guerra entre facciones, que no necesariamente se
definen por límites geográficos. Hay una línea de
bancos estadounidenses y británicos de un lado, que
disputan negocios contra los mayores bancos europeos
del otro. Pero a su vez hay algún gran banco francés
más ligado a los capitales angloestadounidenses, y
otros norteamericanos vinculados con el capital
europeo. Por ejemplo, Lehman Brothers. No es casual
que cuando cae, en 2008, inmediatamente sube el
dólar.
–¿Quiere
decir que golpeó más a Europa que a Estados Unidos?
–A
Estados Unidos le sirvió para justificar la enorme
inyección de fondos a favor de la banca. Sin la
crisis de Lehman Brothers, era inpracticable. Fondos
que fueron a los mismos bancos que provocaron la
crisis de las subprimes, fondos que fueron a inflar
nuevas burbujas. Incluso ahora se reconoce que los
recursos que aportó el sector público, por diversos
mecanismos, fue diez veces lo que en su momento se
reconoció. Llegó a 16 billones de dólares, una cifra
equivalente al PIB estadounidense. Y fue a los
bancos. El poder político no va a permitir una
solución por vía de créditos al sector productivo,
porque desnudaría la responsabilidad de los bancos y
los llevaría a pagar los costos.
–Y
de ahí el epicentro de la crisis se mudó a Europa...
–Que
responde con más ajuste, más inyección de fondos a
favor de los bancos. Empezaron con Grecia, pero
tienen que seguir con otros países para mantener
esta disputa entre facciones. Y otra vez se
comprueba, como en el caso de Estados Unidos, que no
hay cuestiones objetivas en la justificación de las
políticas de ajuste, sino necesidades políticas de
los grupos financieros que dominan la escena. En el
caso de España, por ejemplo, hasta la crisis se
observa que tuvo un mejor comportamiento fiscal que
Alemania, con menos déficit, hasta que tuvo que
socorrer a los bancos. Entonces no fue culpa del
Estado, sino de los bancos. Y sin embargo la
respuesta fue aplicar un duro ajuste. Ahora es el
turno de Italia, donde se está desarrollando un
fuerte proceso de desestabilización. Hasta lo de
Libia es parte de la guerra entre facciones, en una
lucha por el control del principal abastecedor de
petróleo y gas para la Europa mediterránea.
–No
le voy a pedir que me cuente cómo termina esta
guerra, pero sí que hablemos de qué tipo de
prevenciones debería tomar Latinoamérica ante este
cuadro.
–No
sabemos exactamente cómo termina, pero sí podemos
percibir que estamos viviendo un proceso de
creciente desigualdad y desequilibrio. Y a
diferencia de otras crisis, que superado el episodio
vuelven a restablecerse ciertas condiciones de
equilibrio, ahora lo que se ve es que la distorsión
en los precios relativos, de las materias primas, de
los metales, no va a volver necesariamente a su
curso. Porque están inflados por la especulación,
medidos en monedas que también tienen un valor
ficticio. Estamos viviendo un estado de fuerte
desequilibrio en el que los capitales especulativos
siguen teniendo el control. Estamos en una situación
gravísima. Lo bueno es que la región tiene las
herramientas para salir por sí misma de esta crisis.
Tiene la solución en sus manos, no depende de nadie.
Pero tiene que haber decisión política para
aplicarla.
–Sintéticamente,
¿en qué consiste esa solución?
–Lo
fundamental es desarrollar los instrumentos que
estamos proponiendo para lograr desconectarse de los
mecanismos de impacto inmediato de la crisis.
Empezar a desarrollar el intercambio comercial con
una moneda propia, distinta del dólar, para lo cual
el sucre es una experiencia interesante. Crear
nuestros propios organismos financieros de respaldo,
como el Fondo del Sur. Y nuestras propias
herramientas de financiamiento del desarrollo, como
el Banco del Sur. Además, las economías de
Latinoamérica son de las pocas que hoy están
creciendo genuinamente en el mundo, y todavía con
una enorme necesidad de obras de infraestructura
para hacer sustentable en el tiempo ese crecimiento.
Pensemos nomás en las obras que faltan en materia de
energía, o en transporte para ligar todo el
continente. Se necesitan sumas enormes, pero es una
inversión de rendimiento seguro en el tiempo. Justo
lo que necesitan hoy los mercados financieros de los
países centrales: encontrar inversiones de largo
plazo rentables y seguras, que sean más atractivas
que la especulación de corto plazo. Hay que tener en
cuenta que ésta es una crisis de abundancia de
capitales financieros que no encuentran atractivos
en la economía real. Hoy los bancos europeos ya
ofrecen tasas negativas, es decir que les cobran a
las instituciones o países depositantes por
guardarles el dinero. Y a Latinoamérica lo que le
sobran son proyectos de inversión rentables en el
tiempo.
–¿Hasta
qué punto han logrado avanzar los países de la
Unasur en acordar criterios de financiación e
impulso a este tipo de proyectos?
–Ahora
mismo hay un debate acerca de si el BID, que está
pidiendo participar, debe intervenir o no. Yo creo
que no hay problemas en que intervenga, siempre que
la agenda sea la que proponga el Consejo de
Ministros de la Unasur. Ya sabemos bien cómo son las
propuestas del BID y los límites que plantea, por
ejemplo, a la financiación de proyectos de
desarrollo. Si hablamos de energía, no tienen ningún
problema en financiar la investigación en energías
alternativas, como la eólica. Pero si queremos
desarrollar en Latinoamérica una investigación sobre
petróleo, ya sea para generar formas más eficientes
de búsqueda o explotación, o para mejorar el medio
ambiente, no hay recursos del BID. Lo mismo ocurre
con los proyectos hidroeléctricos, a los que niegan
el financiamiento. Entonces, hay una lógica de que
los proyectos más rentables y el uso de recursos
naturales ya conocidos deben quedar para el capital
privado, preferentemente extranjero. Y los
desarrollos más caros, menos rentables, para los
Estados. Lo mismo sucede con la educación. Si se
revisan los proyectos que financia el BID, se verá
que siguen el modelo chileno, el de la educación
arancelada en las universidades, por ejemplo. ¿Por
qué tenemos que seguir esta lógica, que profundiza
la dependencia?
–Lo
curioso es que, además, el BID tenga esta política
de restringir los recursos no porque no los tenga,
sino cuando hay abundancia de liquidez en los
mercados financieros.
–Hay
algo más grave que eso: el BID ha perdido un cuarto
de su capital social en tres años como consecuencia
de haber invertido fondos en activos tóxicos en
Estados Unidos. ¿Qué necesidad tenía de estar
especulando con recursos que debían ser para el
desarrollo y la integración regional? Además, lo
hizo después de 2007, cuando ya la curva de
rendimientos de estos activos indicaba que algo raro
estaba pasando e iba a pasar en los mercados
especulativos. Y lo siguió haciendo hasta 2010.
Claro, mientras tanto maquillaba los balances para
que no trascendiera. Pero recientemente un
legislador estadounidense, Richard Lugar, los obligó
a reconocer en una comisión del Senado que habían
mentido. Y no es un senador de izquierda, es uno de
los líderes del partido republicano.
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-178038-2011-10-02.html |