|
HAITÍ
País ocupado
Por
Eduardo Galeano - Brecha
[06.09.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
Consulte usted cualquier enciclopedia. Pregunte cuál
fue el primer país libre en América. Recibirá
siempre la misma respuesta: Estados Unidos. Pero
Estados Unidos declaró su independencia cuando era
una nación con 650 mil esclavos, que siguieron
siendo esclavos durante un siglo, y en su primera
Constitución estableció que un negro equivalía a las
tres quintas partes de una persona.
Y si a
cualquier enciclopedia pregunta usted cuál fue el
primer país que abolió la esclavitud, recibirá
siempre la misma respuesta: Inglaterra. Pero el
primer país que abolió la esclavitud no fue
Inglaterra sino Haití, que todavía sigue expiando el
pecado de su dignidad.
Los
negros esclavos de Haití habían derrotado al
glorioso ejército de Napoleón Bonaparte, y Europa
nunca perdonó esa humillación. Haití pagó a Francia,
durante un siglo y medio, una indemnización
gigantesca, por ser culpable de su libertad, pero ni
eso alcanzó. Aquella insolencia negra sigue doliendo
a los blancos amos del mundo.
***
De
todo eso sabemos poco o nada.
Haití
es un país invisible.
Sólo
cobró fama cuando el terremoto del año 2010 mató más
de 200 mil haitianos.
La
tragedia hizo que el país ocupara, fugazmente, el
primer plano de los medios de comunicación.
Haití
no se conoce por el talento de sus artistas, magos
de la chatarra capaces de convertir la basura en
hermosura, ni por sus hazañas históricas en la
guerra contra la esclavitud y la opresión colonial.
Vale
la pena repetirlo una vez más, para que los sordos
escuchen: Haití fue el país fundador de la
independencia de América y el primero que derrotó a
la esclavitud en el mundo.
Merece
mucho más que la notoriedad nacida de sus
desgracias.
***
Actualmente, los ejércitos de varios países,
incluyendo el mío, continúan ocupando Haití. ¿Cómo
se justifica esta invasión militar? Pues alegando
que Haití pone en peligro la seguridad
internacional.
Nada
de nuevo.
Todo a
lo largo del siglo xix , el ejemplo de Haití
constituyó una amenaza para la seguridad de los
países que continuaban practicando la esclavitud. Ya
lo había dicho Thomas Jefferson: de Haití provenía
la peste de la rebelión. En Carolina del Sur, por
ejemplo, la ley permitía encarcelar a cualquier
marinero negro, mientras su barco estuviera en
puerto, por el riesgo de que pudiera contagiar la
peste antiesclavista. Y en Brasil, esa peste se
llamaba "haitianismo".
Ya en
el siglo xx, Haití fue invadido por los marines, por
ser un país "inseguro para sus acreedores
extranjeros". Los invasores empezaron por apoderarse
de las aduanas y entregaron el Banco Nacional al
City Bank de Nueva York. Y ya que estaban, se
quedaron diecinueve años.
***
El
cruce de la frontera entre la República Dominicana y
Haití se llama "El mal paso".
Quizás
el nombre es una señal de alarma: está usted
entrando en el mundo negro, la magia negra, la
brujería...
El
vudú, la religión que los esclavos trajeron de
África y se nacionalizó en Haití, no merece llamarse
religión. Desde el punto de vista de los
propietarios de la civilización, el vudú es cosa de
negros, ignorancia, atraso, pura superstición. La
Iglesia Católica, donde no faltan fieles capaces de
vender uñas de los santos y plumas del arcángel
Gabriel, logró que esta superstición fuera
oficialmente prohibida en 1845, 1860, 1896, 1915 y
1942, sin que el pueblo se diera por enterado.
Pero
desde hace ya algunos años las sectas evangélicas se
encargan de la guerra contra la superstición en
Haití. Esas sectas vienen de Estados Unidos, un país
que no tiene piso 13 en sus edificios, ni fila 13 en
sus aviones, habitado por civilizados cristianos que
creen que Dios hizo el mundo en una semana.
En ese
país, el predicador evangélico Pat Robertson explicó
en la televisión el terremoto del año 2010. Este
pastor de almas reveló que los negros haitianos
habían conquistado la independencia de Francia a
partir de una ceremonia vudú, invocando la ayuda del
Diablo desde lo hondo de la selva haitiana. El
Diablo, que les dio la libertad, envió al terremoto
para pasarles la cuenta.
***
¿Hasta
cuándo seguirán los soldados extranjeros en Haití?
Ellos llegaron para estabilizar y ayudar, pero
llevan siete años desayudando y desestabilizando a
este país que no los quiere.
La
ocupación militar de Haití está costando a las
Naciones Unidas más de 800 millones de dólares por
año.
Si las
Naciones Unidas destinaran esos fondos a la
cooperación técnica y la solidaridad social, Haití
podría recibir un buen impulso al desarrollo de su
energía creadora. Y así se salvaría de sus
salvadores armados, que tienen cierta tendencia a
violar, matar y regalar enfermedades fatales.
Haití
no necesita que nadie venga a multiplicar sus
calamidades. Tampoco necesita la caridad de nadie.
Como bien dice un antiguo proverbio africano, la
mano que da está siempre arriba de la mano que
recibe.
Pero
Haití sí necesita solidaridad, médicos, escuelas,
hospitales, y una colaboración verdadera que haga
posible el renacimiento de su soberanía alimentaria,
asesinada por el Fondo Monetario Internacional, el
Banco Mundial y otras sociedades filantrópicas.
Para
nosotros, latinoamericanos, esa solidaridad es un
deber de gratitud: será la mejor manera de decir
gracias a esta pequeña gran nación que en 1804 nos
abrió, con su contagioso ejemplo, las puertas de la
libertad.
(Este
artículo está dedicado a Guillermo Chifflet, que fue
obligado a renunciar a la Cámara de diputados cuando
votó contra el envío de soldados uruguayos a Haití.)
Fuente:
http://www.brecha.com.uy/inicio/item/9182-haiti-pais-ocupado |