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El
nuevo "sistema-mundo"
Por Ignacio Ramonet - Le Monde Diplomatique
[06.09.2011]-Actualizado
11:30 pm Cuba
Cuando
se acaban de cumplir diez años desde los atentados
del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra
del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las
características del nuevo "sistema-mundo"? La norma
actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos
financieros y bursátiles, seísmos energéticos y
alimentarios, seísmos comunicacionales y
tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos
como los que causan las insurrecciones de la
"Primavera árabe"…
Hay
una falta de visibilidad general. Acontecimientos
imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o
casi nadie, los vea venir. Si gobernar es prever,
vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los
dirigentes actuales no consiguen prever nada. La
política se revela impotente. El Estado que protegía
a los ciudadanos ha dejado de existir. Hay una
crisis de la democracia representativa: "No nos
representan", dicen con razón los "indignados". La
gente constata el derrumbe de la autoridad política
y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor
de la sociedad por ser la única que dispone de la
legitimidad democrática. Se insiste en la necesidad
de que el poder político le ponga coto al poder
económico y financiero. Otra constatación: una
carencia de liderazgo político a escala
internacional. Los líderes actuales no están a la
altura de los desafios.
Los
países ricos (América del Norte, Europa y Japón)
padecen el mayor terremoto económico-financiero
desde la crisis de 1929. Por primera vez, la Unión
Europea ve amenazada su cohesión y su existencia. Y
el riesgo de una gran recesión económica debilita el
liderazgo internacional de Norteamérica, amenazado
además por el surgimiento de nuevos polos de poderío
(China, la India, Brasil) a escala internacional.
En un
discurso reciente, el Presidente de Estados Unidos
anunció que daba por terminadas "las guerras del 11
de septiembre", o sea las de Iraq, de Afganistán y
contra el "terrorismo internacional" que marcaron
militarmente esta década. Barack Obama recordó que
"cinco millones de Americanos han vestido el
uniforme en el curso de los últimos diez años". A
pesar de lo cual no resulta evidente que Washington
haya salido vencedor de esos conflictos. Las
"guerras del 11 de septiembre" le costaron al
presupuesto estadounidense entre 1 billón (un millón
de millones) y 2,5 billones de dólares. Carga
financiera astronómica que ha tenido repercusiones
en el endeudamiento de Estados Unidos y, en
consecuencia, en la degradación de su situación
económica.
Esas
guerras han resultado pírricas. En cierta medida,
finalmente, Al Qaeda se ha comportado con Washington
de igual modo que Reagan lo hizo con respecto a
Moscú cuando, en los años 1980, le impuso a la URSS
una extenuante carrera armamentística que acabó
agotando al imperio soviético y provocando su
implosión. El "desclasamiento estratégico" de
Estados Unidos ha empezado.
En la
diplomacia internacional, la década ha confirmado la
emergencia de nuevos actores y de nuevos polos de
poder sobre todo en Asia y en América Latina. El
mundo se "desoccidentaliza" y es cada vez más
multipolar. Destaca el rol de China que aparece, en
principio, como la gran potencia en ciernes del
siglo XXI. Aunque la estabilidad del Imperio del
Medio no está garantizada pues coexisten en su seno
el capitalismo más salvaje y el comunismo más
autoritario. La tensión entre esas dos fuerzas
causará, tarde o temprano, una fractura. Pero, por
el momento, mientras declina el poderío de Estados
Unidos, el ascenso de China se confirma. Ya es la
segunda potencia economica del mundo (por delante de
Japón y Alemania). Además, por la parte importante
de la deuda estadouninese que posee, Pekín tiene en
sus manos el destino del dólar…
El
grupo de Estados gigantes reunidos en el BRICS
(Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) ya no
obedece automáticamente a las consignas de las
grandes potencias tradicionales occidentales
(Estados Unidos, Reino Unido, Francia) aunque éstas
se sigan autodesignando como "comunidad
internacional". Los BRICS lo han demostrado
recientemente en las crisis de Libia y de Siria
oponiéndose a las decisiones de las potencias de la
OTAN y en el seno de la ONU.
Decimos que hay crisis cuando, en cualquier sector,
algún mecanismo deja de pronto de funcionar, empieza
a ceder y acaba por romperse. Esa ruptura impide que
el conjunto de la maquinaria siga funcionando. Es lo
que está ocurriendo en la economía desde que estalló
la crisis de las sub-primes en 2007.
Las
repercusiones sociales del cataclismo económico son
de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en
la Unión Europea y más de 80 millones de pobres… Los
jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por
eso, de Madrid a Tel Aviv, pasando por Santiago de
Chile, Atenas y Londres, una ola de indignación
levanta a la juventud del mundo.
Pero
las clases medias también están asustadas porque el
modelo neoliberal de crecimiento las abandona al
borde del camino. En Israel, una parte de ellas se
unió a los jóvenes para rechazar el integrismo
ultraliberal del Gobierno de Benjamín Netanyahu.
El
poder financiero (los "mercados") se ha impuesto al
poder político, y eso desconcierta a los ciudadanos.
La democracia no funciona. Nadie entiende la inercia
de los gobiernos frente a la crisis económica. La
gente exige que la política asuma su función e
intervenga para enderezar los entuertos. No resulta
fácil; la velocidad de la economía es hoy la del
relámpago, mientras que la velocidad de la política
es la del caracol. Resulta cada vez más dificil
conciliar tiempo económico y tiempo político. Y
también crisis globales y gobiernos nacionales.
Los
mercados financieros sobrerreaccionan ante cualquier
información, mientras que los organismos financieros
globales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.) son
incapaces de determinar lo que va a ocurrir. Todo
esto provoca, en los ciudadanos, frustración y
angustia. La crisis global produce perdedores y
ganadores. Los ganadores se encuentran,
esencialmente, en Asia y en los países emergentes,
que no tienen una visión tan pesimista de la
situación como la de los europeos. También hay
muchos ganadores en el interior mismo de los países
occidentales cuyas sociedades se hallan fracturadas
por las desigualdades entre ricos cada vez más ricos
y pobres cada vez más pobres.
En
realidad, no estamos soportando una crisis, sino un
haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan
intimamente unas con otras que no conseguimos
distinguir entre causas y efectos. Porque los
efectos de unas son las causas de otras, y asi hasta
formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos
a una crisis sistémica del mundo occidental que
afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la
política, la democracia, la guerra, la geopolítica,
el clima, el medio ambiente, la cultura, los
valores, la familia, la educación, la juventud, etc.
Vivimos un tiempo de "rupturas estratégicas" cuyo
significado no comprendemos. Hoy, Internet es el
vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las
crisis recientes tienen alguna relación con las
nuevas tecnologías de la comunicación y de la
información. Los mercados financieros, por ejemplo,
no serían tan poderosos si las órdenes de compra y
venta no circulasen a la velocidad de la luz por las
autopistas de la comunicación que Internet ha puesto
a su disposición. Más que una tecnología, Internet
es pues un actor de las crisis. Basta con recordar
el rol de WikiLeaks, Facebook, Twitter en las
recientes revoluciones democráticas en el mundo
árabe.
Desde
el punto de vista antropológico, estas crisis se
están traduciendo por un aumento del miedo y del
resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y
de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante
amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida
del empleo, los choques tecnológicos, las
biotecnologías, las catástrofes naturales, la
inseguridad generalizada… Todo ello constituye un
desafio para las democracias. Porque ese terror se
transforma a veces en odio y en repudio. En varios
países europeos, ese odio se dirige hoy contra el
extranjero, el inmigrante, el diferente. Está
subiendo el rechazo hacia todos los "otros"
(musulmanes, gitanos, subsaharianos, "sin papeles",
etc.) y crecen los partidos xenófobos.
Otra
grave preocupación planetaria: la crisis climática.
La conciencia del peligro que representa el
calentamiento general se ha extendido. Los problemas
ligados al medio ambiente se están volviendo
altamente estratégicos. La próxima Cumbre mundial
del clima, que tendrá lugar en Rio de Janeiro en
2012, constatarà que el número de grandes
catástrofes naturales ha aumentado así como su
carácter espectacular. El reciente accidente nuclear
de Fukushima ha aterrorizado al mundo. Varios
gobiernos ya han dado marcha atrás en materia de
energía nuclear y apuestan ahora -en un contexto
marcado por el fin próximo del petróleo- por las
energías renovables.
El
curso de la globalización parece como suspendido. Se
habla cada vez más de desglobalización, de
descrecimiento… El péndulo había ido demasiado lejos
en la dirección neoliberal y ahora prodría ir en la
dirección contraria. Ya no es tabú hablar de
proteccionismo para limitar los excesos del libre
comercio, y poner fin a las deslocalizaciones y a la
desindustrialización de los Estados desarrollados.
Ha llegado la hora de reinventar la política y de
reencantar el mundo.
(Tomado de
CUBADEBATE) |