|
CRASH DE DEXIA
¿Ya está en camino un efecto dominó en la UE?
Por Eric Toussaint - Rebelión
[06.09.2011]-Actualizado 11:30 pm Cuba
En estos días de comienzos de octubre de 2011, la
quiebra virtual del banco franco-belga Dexia es un
signo más de la amplitud de la crisis que lleva a
los gobiernos a ponerse completamente al servicio de
los intereses privados, abusando de las finanzas
públicas. Esta quiebra de Dexia muestra que el
eslabón más débil de la cadena de la crisis de la
deuda está constituido por los bancos privados
mientras que los gobiernos y los medios dominantes
ponen el acento sobre la crisis de la deuda pública.
[3]
En septiembre de 2011, ante la amplitud de las
amenazas que se cernían sobre el conjunto del sector
financiero privado confrontado a los efectos de su
arriesgada política, los Bancos Centrales de Europa
occidental (Banco Central Europeo, Banco de
Inglaterra y Banco de Suiza) y la Reserva Federal de
Estados Unidos tomaron una medida de excepcional
importancia: ponen a disposición de los bancos
privados toda la liquidez necesaria en dólares y en
euros por un período superior a tres meses con el
fin de permitir a los organismos financieros pasar
el fin de año de 2011. O sea, hasta qué punto los
gobernantes y los grandes financieros públicos
tienen miedo de lo que puede llegar a pasar durante
el cuarto trimestre de 2011. Los bancos europeos que
conseguían dinero prestado a corto plazo en los
money market funds estadounidenses vieron cómo se
les cerraba el grifo. Fue necesario su relevo por
los Bancos Centrales, pues en caso contrario se
podría asistir al posible derrumbe bancario de
entidades como BNP Paribas, Dexia, Société Générale,
Crédit Agricole, Natixis, citando sólo a algunos
bancos franceses y belgas. Este nuevo crash de Dexia
[4] demuestra que esta medida no es suficiente para
resolver un problema, que, erróneamente, se supone
de simple liquidez. Dexia es la primera ficha de
dominó que cae en este cuarto trimestre de 2011.
El poder público actúa como el prestamista
principal en primera y en última instancia
Se asiste una vez más a esta hermosa
demostración: en la UE, los Bancos Centrales de los
países miembros y el Banco Central Europeo (BCE) no
pueden prestar dinero a los poderes públicos, que,
por lo tanto, deben financiarse a través de los
bancos y otros inversores institucionales privados.
Por consiguiente se supone que el sector privado es
capaz de financiar, por sí sólo y sin apoyo estatal,
las necesidades de los poderes públicos, de las
empresas y de las personas particulares. Sin embargo
vemos que los Bancos Centrales, es decir los poderes
públicos, aparecen crecientemente como el
prestamista principal en primera y en última
instancia. Los bancos privados europeos se financian
de cinco maneras:
1.- Piden préstamos a los otros bancos en el
mercado interbancario;
2.- toman prestado de los particulares que
depositan en el banco su dinero en efectivo:
salarios y ahorros;
3.- piden prestado a empresas no financieras;
4.- piden prestado dólares a los money market
funds de Estados Unidos (que a su vez reciben dinero
en préstamo de la Reserva federal);
5.-piden prestado a los Bancos Centrales.
Ahora bien, el mercado interbancario se ha
encogido tanto al dudar los bancos unos de otros,
debido a la cantidad de activos tóxicos que tienen
en sus balances; los depósitos de la población, en
período de crisis, también se encogen y, más grave
aún, si se pierde confianza en uno o en varios
bancos, éstos corren el riego de ver ante sus
ventanillas una cola de gente para retirar su dinero
e intentar ponerlo a salvo —lo que provoca el pánico
de los banqueros, de los Bancos Centrales y de los
gobiernos que, como en Francia, limitaron la
retirada de fondos por particulares—; empresas no
financieras retiran sus fondos de los bancos (en
septiembre, el FinancialTimes reveló que la
transnacional Siemens había retirado 500 millones de
euros del banco francés Société Générale para
depositarlos en el BCE), [5] los money market funds
cortaron el flujo de créditos a partir de junio de
2011. De golpe, los bancos privados han comenzado a
financiarse esencialmente a través de los Bancos
Centrales.
El BCE compra masivamente deuda en el mercado
secundario
Y no es todo. El BCE prosiguió su política de
compra masiva de la deuda, en el mercado secundario,
títulos italianos, españoles, griegos, portugueses e
irlandeses. Entre el 8 de agosto de 2011 y el 12 de
septiembre de 2011, el BCE compró deuda por 77.000
millones de euros, de los cuales 40.000 millones
correspondían a títulos italianos. [6] Esto tiene
dos objetivos: el primero, tratar de eliminar el
lastre que constituye para los bancos privados de
Europa occidental los títulos de países que
actualmente se consideran de alto riesgo y que
compraron a manos llenas hasta 2010; el segundo es
tratar de evitar que Italia y España no terminen en
la misma situación que Grecia, Irlanda y Portugal,
los que, a causa de unos tipos de interés
incrementados descomunalmente, no pueden pedir más
créditos en los mercados con plazos mayores de un
año. Si Italia y España también debían renunciar a
pedir dinero en los mercados financieros por unos
tipos de interés demasiado altos, el Fondo Europeo
de Estabilidad Financiera (FEEF) no dispondría de
medios suficientes para responder a las necesidades
de financiación de estos dos países. No hay que
olvidar que también tendrá que seguir comprando
títulos griegos, portugueses, irlandeses, y puede
ser que de otros países miembros de la zona euro…
[7] Además, el FEEF es un instrumento muy poco
práctico, creado por los países de la zona euro en
mayo de 2010 para responder a la tormenta que
envolvía a Grecia. Una prueba de la poca
flexibilidad del FEEF es que la decisión tomada por
los gobiernos europeos, la Comisión Europea y el BCE
el 21de julio de 2011, de aumentar el volumen de
intervención y permitirle comprar títulos en el
mercado secundario, o inyectar capital en los bancos
desfallecientes, debe ser ratificada por cada uno de
los 17 parlamentos de la eurozona. Diez semanas más
tarde, todavía no ha terminado el proceso de
ratificación por los parlamentos.
Desde el 21 de julio, la crisis se va acentuando
cada vez más: las bolsas continuaron con una gran
inestabilidad, con una fuerte tendencia a la baja,
en particular por la capitalización de los bancos.
El crecimiento económico ha aflojado en todos lados,
incluso en Alemania que hasta junio de 2011 podía
publicar resultados superiores a la media europea.
La caída de la producción y del consumo en Grecia se
ha agravado. El desempleo aumenta y los ingresos
fiscales bajan en casi todos los países, lo que
reduce los recursos de los Estados para reembolsar
la deuda. La posibilidad de nuevas quiebras de
instituciones financieras privadas está en la mente
de todos.
Los gobiernos europeos han caído en su propia
trampa
Los gobiernos europeos han caído en su propia
trampa: cuando se creó la UE y el BCE, los gobiernos
decidieron que el Banco Central Europeo y los Bancos
Centrales de los Estados miembros de la UE no
tuvieran el derecho de prestar directamente a los
Estados. Éstos deben remitirse a las instituciones
financieras privadas (bancos, compañías de seguros,
fondos de pensiones…) para poder financiarse. Si el
BCE y los Bancos Centrales de los Estados miembros
pudieran prestar a los poderes públicos, como hace
la Reserva Federal de Estados Unidos, la crisis de
la UE estaría atenuada. Sin tomar a Estados Unidos
como modelo, lejos de eso, hay que señalar que la
FED compró al Tesoro títulos de la deuda pública
(Treasury bonds) por un poco más de 1,7 billones de
dólares, de los que 900.000 millones lo fueron
después de la quiebra de Lehman Brothers, en
septiembre de 2008. [8]
Otras características de la UE refuerzan la
crisis. El presupuesto de la Unión es minúsculo y
las transferencias fiscales a favor de las economías
más débiles son muy limitadas. Como comparación, si
Estados Unidos estuviera regido por el mismo sistema
coercitivo y que las transferencias del presupuesto
federal estadounidense hacia sus estados miembros
fuera tan bajo como el de la UE, una decena de
estados se encontrarían en la misma situación que
Grecia o Portugal: Virginia, Maryland, Nuevo México,
Florida…
Las economías débiles de la zona euro que acusan
un déficit comercial respecto a los países más
fuertes (Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica,
Austria…) no tienen la posibilidad de apoyarse en
una variación de los tipos de cambio con el objetivo
de aumentar sus exportaciones. La pertenencia a la
zona euro se ha transformado en una camisa de
fuerza. Y es a causa de esta situación que la
eventualidad de un abandono del euro es parte del
debate sobre la salida de la crisis, tanto en la
izquierda como en la derecha del campo político.
La crisis de la zona euro y, más allá, la de la
UE es patente. Es bien conocido el dicho, el pescado
se pudre comenzando por la cabeza. La crisis inunda
todas las instancias de centralización de la UE y de
la eurozona y los gobiernos de los distintos países
no se ponen de acuerdo en las políticas a seguir.
Nicolas Sarkozy y Angela Merkel no se entienden
sobre las mediadas a tomar. El gobierno alemán es
favorable a una mayor reducción del valor de los
títulos griegos en los balances de los bancos
privados tenedores de estos títulos, mientras que el
gobierno francés hace presión para que se respete la
reducción del 21 %, aceptada el 21 de julio, a
propuesta del Instituto Internacional de las
Finanzas (IIF), el cartel de los principales bancos
acreedores de Grecia. En clara oposición con su
gobierno, Josef Ackermann, presidente de dicho
cartel y director ejecutivo del Deutsche Bank,
afirmó en la reunión anual del Banco Mundial y del
FMI, mantenida en Washington a fines de septiembre
2011, que se oponía a cualquier revisión del acuerdo
que fijaba la reducción en el 21 %. Insistió: «Si
comenzamos a reabrir esa caja de Pandora, perderemos
mucho tiempo…». [9] Por lo tanto, hay un
malentendido franco-alemán sobre ese tema en el
nivel gubernamental, [10] mientras que el frente
formado por los banqueros goza de buena salud. De
esta forma, la crisis de la UE y de la eurozona
repercute también directamente en las instituciones:
Jurgen Stara, administrador alemán del BCE, dimitió
en forma notoria en septiembre de 2011 y expresó
públicamente su desacuerdo con la política seguida
por la institución conducida por Jean-Claude
Trichet. Denunció la compra de títulos griegos,
italianos… por el BCE.
Por su lado, el gobierno británico mantiene sus
posiciones autónomas. Muy contento de no estar en la
zona euro, los británicos pueden hacer variar el
tipo de cambio de la libra esterlina. A pesar de que
la deuda pública inglesa es mucho mayor que la de
España, el gobierno británico, gracias a la libra
esterlina, dispone de un margen de maniobra mucho
más amplio que el español. El gobierno británico se
opone a la mayoría de sus colegas europeos en lo que
concierne a la propuesta de un impuesto sobre las
transacciones financieras. Si algún día éste se
creara, es probable que sólo sea aplicado por los
Estados miembros de la zona euro. [11] La
resistencia del gobierno británico no para allí:
¡piensa seriamente en llevar ante los tribunales al
BCE por trabar la libre circulación de capitales!
Efectivamente, el BCE quiere que las empresas
financieras por las que pasan importantes
transacciones en euros (especialmente en productos
derivados como el CDS) estén domiciliadas en la zona
euro, lo que va en contra de los intereses de uno de
los paraísos fiscales británicos: La City de
Londres. [12]
Desde los gobiernos de los países miembros de la
eurozona, algunos como Eslovaquia y Finlandia, han
manifestado sus dudas respecto a las decisiones del
21 de julio, lo que genera un clima de incertidumbre
en cuanto a la ratificación del acuerdo por sus
parlamentos.
La crisis de la deuda en la zona euro produjo, en
julio de 2011, una nueva víctima de la que la gran
prensa internacional y los dirigentes de la UE han
hablado muy poco. Se trata de Chipre, cuyos bancos
están directamente afectados por la crisis griega.
Una importante razón para este silencio es que el
gobierno de Chipre, escaldado por las políticas de
austeridad impuestas a Grecia, Irlanda y Portugal,
intenta pasar de la ayuda de la troica (Comisión
Europea, BCE y FMI) y está en negociaciones con
Rusia por un préstamo de 2.000 millones de euros. El
gobierno italiano busca también evitar pasar por la
humillación de postrarse ante la troica: las
autoridades de Roma le hacen la corte a China para
que aumente sus compras de títulos italianos.
La experiencia de 2007-2008 no llevó, en
absoluto, a los gobiernos a imponer unas reglas
prudenciales estrictas. En cambio, tendrían que
haber tomado medidas para impedir que las
instituciones financieras, los bancos, las compañías
de seguros y otros hedge funds, continúen su tarea
devastadora. Es necesario llevar ante los tribunales
de justicia a las autoridades públicas y a los
dueños de las empresas responsables directos o
cómplices activos de los derrumbes bursátiles y
bancarios. En el interés de una aplastante mayoría
de la población, es urgente expropiar los bancos y
ponerlos al servicio del bien común,
nacionalizándolos y colocándolos bajo el control de
los trabajadores y de los ciudadanos. No sólo hay
que rechazar de plano cualquier tipo de
indemnización a los grandes accionistas, sino que
conviene además recuperar sobre su patrimonio global
el coste del saneamiento del sistema financiero. Se
trata también de repudiar las acreencias ilegítimas
que los bancos privados reclaman a los poderes
públicos. Por supuesto que se deben adoptar una
serie de medidas complementarias: control del
movimiento de capitales, prohibición de la
especulación, prohibición de las transacciones con
los paraísos fiscales y judiciales, implantación de
una fiscalidad que tenga como objetivo el
establecimiento de la justicia social… En el caso de
la Unión Europea, conviene derogar diferentes
tratados, entre ellos el de Maastricht y el de
Lisboa. También se tendrá que modificar radicalmente
el estatuto del Banco Central Europeo. Mientras que
la crisis todavía no llegó a su apogeo, es el
momento de generar un cambio radical en la situación
con el fin de dar una salida anticapitalista a las
convulsiones bancarias y bursátiles.
Traducido por Raúl Quiroz y Griselda Pinero.
[1] Este artículo completa la serie «En el ojo
del huracán: la crisis de la deuda en la Unión
Europea» publicado en siete partes en
www.cadtm.org.
[2] Éric Toussaint, doctor en ciencias políticas
por las universidades de Lieja y de París VIII,
presidente del CADTM Bélgica, miembro de la Comisión
presidencial de una auditoria integral de la deuda (CAIC)
del Ecuador y del Consejo científico de ATTAC
Francia. Dirigió con Damien Millet el libro
colectivo La deuda o la Vida, Icaria Editorial,
Barcelona, 2011. Participó en el libro de ATTAC: Le
piège de la dette publique. Comment s'en sortir
,Ediciones Les liens qui libèrent, Paris, 2011.
[3] Por supuesto que la crisis de la deuda
pública es muy grave y necesita de soluciones
radicales pero es importante insistir en la crisis
de los bancos privados que no es el resultado de la
crisis de la deuda pública de los Estados, ya que lo
contrario es precisamente lo cierto.
[4] Dexia, que a comienzos de octubre de 2008
estaba en quiebra, fue reflotada por la acción
conjunta de los gobiernos francés, luxemburgués y
belga. Ese rescate, costoso para los Estados y las
colectividades locales, dejó intacta la estructura
de dirección y funcionamiento de este banco
privatizado durante los años noventa del siglo
pasado.
[5]
http://www.lepoint.fr/economie/banque-siemens-a-retire-500-millions-d-euros-de-la-societe-generale-20-09-2011-1375288_28.php
[6] Véase Financial Times, «Central banks walk a
monetary tightrope», 23 de septiembre de 2011; véase
también en la misma edición «Italy: Fight for
credibility continues». El monto total de las
compras efectuadas por el BCE entre mayo de 2010
—comienzo de las compras de títulos griegos en el
mercado secundario—, y el 12 de septiembre 2011, se
eleva a 143.000 millones de euros. Entre mayo de
2010 y marzo de 2011, el BCE había comprado títulos
griegos por 66.000 millones de euros. Luego, no pudo
continuar la compra hasta el 8 de agosto, según sus
propias declaraciones. Véase sobre esto: Éric
Toussaint «El BCE, fiel servidor de los intereses
privados»
http://www.cadtm.org/El-BCE-fiel-servidor-de
[7] En septiembre de 2011, cerca de la mitad de
la deuda pública de la eurozona (que totaliza 6,5
billones de euros o sea 6 500 000 000 000 €) pasó a
la categoría de riesgo elevado. La novedad es que la
deuda pública de Bélgica es desde ahora considerada
por los mercados financieros como de riesgo elevado.
La deuda pública belga representa el 5 % de la deuda
pública de la eurozona, la de Grecia el 4 %, de
Portugal el 2 %, de Irlanda el 1 %, de España el 9 %
y ¡de Italia el 26 %! (Véase Martin Wolf, «Fear and
loathing in the eurozone», Financial Times, 28 de
septiembre de 2011).
[8] Financial Times, «Central banks walk a
monetary tightrope», del 23 de septiembre de 2011.
Uno de los grandes fallos de la FED fue de haber
comprado activos tóxicos (ligados al mercado de las
subprime) a las instituciones financieras privadas
por una suma de 1,25 billones de dólares y de haber
prestado sumas astronómicas a esas mismas
instituciones con el fin de mantenerlas a flote
mientras que el Estado debería haberlas expropiado.
[9] Véase el Financial Times «IMF/World bank
meeting: Debt talks fail to agree solution» del 26
de septiembre de 2011.
[10] Véase el Financial Times « Splits over Greek
bail-out », del 28 de septiembre de 2011 .
[11] Que, sin embargo, representa una masa
crítica suficiente. El defecto de este impuesto es
su timidez.
[12] Véase el Financial Times del 14 de
septiembre de 2011.
Rebelión ha publicado este artículo con el
permiso del autor mediante una licencia de Creative
Commons, respetando su libertad para publicarlo en
otras fuentes. |