[16.09.2011]-Actualizado 10:20 pm Cuba
Todo parece ir
muy en serio, porque la convocatoria que pudiera ser
heraldo de una transformación planetaria extendió su
respuesta indignada este sábado 15 de octubre,
ocupando plazas y calles cercanas a los centros de
poder financieros, en más de 951 ciudades de 82
países —por cierto, capitalistas y buena parte de
ellos en crisis— para exigir «una democracia real»
globalizada, en una jornada de protesta contra la
avaricia de los banqueros.

De una
punta a la otra del planeta millones de
personas en más de
80 países demostraron su hartazgo con
las élites políticas y los
poderes financieros, en una jornada
mundial sin precedentes.
Foto: AP |
Hubo
multitudinarios oídos receptivos, lo mismo en
Washington que en Nueva York, en Madrid o Barcelona,
en París y Londres, en Tel Aviv y en El Cairo, en
Hong Kong y en Atenas, en Haifa y en San Francisco,
en Roma…
El 15-O que
inicio con la 9na. Sinfonía de Beethoven, podría
tener el impacto de un 11-S en la conciencia del
mundo, aunque sus organizadores desde las redes
sociales de Twitter o Facebook sostienen claramente
que no es cuestión de un día, sino de un trabajo
político constante que le abra los ojos a cientos de
millones en los cinco continentes para que
comprendan que «somos el 99 por ciento» de la
población mundial y no podemos dejarnos mangonear
por ese uno por ciento de la codicia, la mezquindad,
el egoísmo y la usura. Ya es hora de que se les
rompa el saco.
Las razones de
esta ola —que comenzó el 5 de mayo junto a la Puerta
del Sol, en Madrid, y que tomó presencia más
tangible y globalizada cuando en Nueva York el 17 de
septiembre iniciaron la protesta Occupy Wall Street—
estaban en el reclamo de la manifestación: «Los
poderes trabajan para el beneficio de unos pocos,
ignorando el deseo de la gran mayoría y el precio
que, tanto los seres humanos como el medio ambiente,
tenemos que pagar»…
Si bien la
gran prensa, cómplice y parte de esos poderes del
uno por ciento de los explotadores, intentó darle la
espalda a este movimiento, ocultarlo o manipularlo,
la ira de los más salió a la luz por su propia
fuerza, aunque para muchos todavía no estén claros
los propósitos y parezca estar bajo el control del
caos o la anarquía.
Sin embargo,
las acusaciones sí tienen sentados en el banquillo a
los banqueros y a los políticos que los representan,
por eso constituyen un peligro latente para quienes
traen en sus alforjas bimillonarias la corrupción,
la opulencia para ellos y el hambre para millones,
las guerras y los peores de los crímenes contra la
humanidad, la ignorancia, la división en países muy
ricos y otros sumidos en la miseria total, el abismo
interno entre Citigroup, Bank of America, Goldman
Sachs, las petroleras contaminantes y los 62
millones de estadounidenses que no tienen ni
siquiera un dólar en esos bancos.
Una vez más se
despierta el espíritu de los oprimidos, como lo hizo
en Chicago en el siglo XIX y en Seattle en 1999. El
reto es mantener esta lucha, darle raíces que
alimenten su tronco y ramas, hacerla florecer de la
espontaneidad al cultivo cuidadoso y coherente,
aunque sea violenta la represión y las provocaciones
para cercenar esta fuerza popular, opuesta a un
sistema expoliador que está haciendo tambalearse a
la economía global en crisis, y cuya codicia impide
a los poderosos comprender que además están matando
al planeta.
Algunos con
los pies bien puestos sobre la tierra están llamando
a esas masas indignadas a tomar conciencia, a
mantenerse en movimiento, a impedir que sean
distraídos o divididos, a apuntar a lo esencial: una
sociedad y un sistema injusto deben ser demolidos y
sobre sus ruinas construir un mundo incluyente, de
justicia y oportunidad de vida para todos.
Las metas no
pueden ser pequeñas mordidas a la bestia del
capital, se trata de una batalla desde la razón y
por lo razonable, nada fácil de ganar, pero sí
posible y que es necesario emprender, no importa lo
largo del camino. Todo consiste en mantenerse unidos
y en movimiento permanente, así se hace la
Revolución contra el capitalismo, y este 15 de
octubre pudiera haberse sembrado la semilla.