[06.09.2011]-Actualizado 11:30 pm Cuba
El Premio
Nobel de Economía recayó ayer sobre Thomas Sargent y
Christopher Sims, ambos estadounidenses de 68 años,
y estudiosos de la macroeconomía y de sus mecanismos
de actuación. Sargent es uno de los padres de la
teoría de las expectativas racionales, un modelo
económico fuertemente criticado a raíz de la crisis.
Según esta teoría, los ciudadanos y los mercados
disponen de una información perfecta que les lleva a
anticipar su toma de decisiones a las medidas que
puedan hacer los gobiernos y bancos centrales.
Una
explicación muy simple de la teoría viene a decir
que los individuos (la suma de las decisiones de
todos ellos es la economía) se adelantan a, por
ejemplo, una subida de tipos de interés o una subida
de impuestos de forma que cuando esta ocurre, ya no
surte efecto porque está neutralizada.
Sargent, que
trabaja como profesor en la New York University, es
conocido por ser de la corriente de "agua dulce".
Esto es, de las Escuelas de Chicago y Minnesota se
les llama así porque estos campus se encuentran
alrededor de lagos de agua dulce que a su vez beben
de la tesis del "equilibrio general dinámico", lo
que algunos ven como una inspiración para los
neoliberales, aunque no tienen una adscripción
ideológica concreta. En España, por ejemplo, el
grupo de los cien estaría próximo a este
pensamiento. Por su parte, Sims es más "agua
salada", como corresponde a su actual Universidad,
Princeton, que está en el estado de Nueva Jersey.
Uno de los precursores de esta corriente es el
también Nobel Paul Krugman.
Ambos son
extremadamente conocidos en su gremio porque la
aportación que hicieron a la forma de estudiar la
macroeconomía en los setenta se consideró una
revolución, ya que proporcionaron modelos para medir
la efectividad de la política monetaria y la acción
de Gobierno. El propio Sims reconoció ayer en rueda
de prensa que sus estudios pretenden "encontrar la
salida para este lío en el que estamos metidos", en
referencia a la crisis. Con todo, ayer se elevaban
algunas críticas porque la parte más pura de su
teoría, la de la racionalidad y la información
perfecta, ha sido puesta en cuestión en la crisis.
Así, estos modelos no introducen el factor de la
banca para su estudio. Con todo, la Academia sueca
ha resaltado que es su aplicación práctica
lamerecedora del premio.
El catedrático
de la Universidad de Granada, Santiago Carbó asegura
que sus estudios se pueden leer también como una
llamada a ser "más imaginativos. Tomar decisiones
que generen una sorpresa y que nos altere las
expectativas".
Por su parte,
Juan Torres, catedrático de Economía Aplicada de la
Universidad de Sevilla, cree que los premiados son
"dos grandes economistas, pero es sorprendente que
premien ahora la política de las expectativas
racionales con el fracaso de la actuación de los
bancos centrales". Según Torres, la política
monetaria que se ha seguido durante la crisis encaja
con lo propugnado por las expectativas racionales,
lo que la deslegitima. "El premio es justo porque es
una aportación importante, pero ha dado pie a creer
que cualquier intervención es innecesaria y ha sido
caldo para la ortodoxia", concluye.
Alberto
Montero, profesor de la Universidad de Málaga, es
más radical y cree que "no tiene ningún sentido que
le concedan el premio porque lograron un avance
importante pero alejado de la realidad". En su
opinión, "es una aportación intelectual que ha sido
sobredimensionada dentro de la corriente dominante
en la economía", que se liga a la ortodoxa.