¡Ocupad Wall Street!
Por Naomi
Klein - The Nation/ICH
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
Lo más importante del mundo es nuestro movimiento
[06.09.2011]-Actualizado 11:30 pm Cuba
Tuve
el honor deque me invitaran a hablar en Ocupad Wall
Street el jueves por la noche. Ya que la megafonía
está (lamentablemente) prohibida y todo lo que dije
tuvieron que repetirlo cientos de personas para que
otros lo pudieran oír (es decir "un micrófono
humano"), lo que realmente dije en la Plaza de la
Libertad tuvo que ser muy breve. Por ello, lo que
sigue, es una versión más larga, completa, del
discurso.
Os
amo.
Y no
lo dije solo para que cientos de vosotros griten "te
amamos" de vuelta, aunque obviamente es una
posibilidad adicional del micrófono humano. Decid a
los demás lo que quieres que te digan a ti, solo que
más fuerte.
Ayer,
uno de los oradores en el mitin de los trabajadores
dijo: "Nos encontramos los unos a los otros". Ese
sentimiento captura la belleza de lo que se está
creando aquí. Un espacio totalmente abierto (así
como una idea tan grande que no se puede contener en
ningún espacio) para toda la gente que quiere un
mundo mejor para encontrarse los unos con los otros.
Estamos tan agradecidos.
Si
hay una cosa que yo sé es que el 1% adora las
crisis. Cuando la gente se deja llevar por el
pánico, está desesperada y nadie parece saber qué
hacer, es el momento ideal para que las
corporaciones impongan su lista de deseos de
políticas favorables: privatizar la educación y la
seguridad social, recortar los servicios públicos,
librarse de las últimas restricciones al poder
corporativo. En medio de la crisis económica, es lo
que está pasando en todo el mundo.
Y
sólo hay una cosa que puede bloquear esta táctica, y
por suerte, es algo muy grande: El 99%. Y ese 99%
está saliendo a las calles, de Madison a Madrid,
para decir "No. No pagaremos vuestra crisis".
La
consigna comenzó en Italia en 2008. Repercutió en
Grecia, Francia e Irlanda y finalmente ha llegado al
kilómetro cuadrado en el que comenzó la crisis.
"¿Por
qué están protestando?" preguntan los eruditos
perplejos en la televisión. Mientras tanto el resto
del mundo pregunta: "¿Qué hizo que tardaran tanto?"
"Nos hemos estado preguntando cuándo ibais a mostrar
la cara". Y sobre todo: "Bienvenidos".
Mucha
gente ha hecho paralelos entre ¡Ocupad Wall Street!
y las llamadas protestas contra la globalización que
atrajeron la atención del mundo en Seattle en 1999.
Fue la última vez que un movimiento descentralizado,
global, encabezado por la juventud, apuntó
directamente al poder corporativo. Y estoy orgullosa
de haber formado parte de lo que llamamos "el
movimiento de movimientos".
Pero
también hay diferencias importantes. Por ejemplo,
escogimos cumbres como nuestros objetivos: la
Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario
Internacional, el G8. Las cumbres son pasajeras por
naturaleza, solo duran una semana. Eso también nos
hizo ser pasajeros. Aparecíamos, llegábamos a los
titulares del mundo y luego desaparecíamos. Y en el
frenesí de hiperpatriotismo y militarismo que
vinieron después de los ataques del 11-S, fue fácil
hacernos desaparecer completamente, por lo menos en
Estados Unidos.
¡Ocupad Wall Street!, por otra parte, ha elegido un
objetivo fijo. Y no habéis fijado una fecha final a
vuestra presencia aquí. Es sabio. Solo si os quedáis
podéis echar raíces. Es crucial. Es un hecho de la
edad de la información que demasiados movimientos
aparecen como hermosas flores pero mueren
rápidamente. Es porque no tienen raíces. Y no tienen
planes a largo plazo de cómo se van a mantener. Por
lo tanto, cuando llegan las tormentas, son
arrastrados por la corriente.
Ser
horizontal y profundamente democrático es
maravilloso. Pero esos principios son compatibles
con la dura tarea de construir estructuras e
instituciones suficientemente robustas para resistir
las tormentas del futuro. Tengo mucha fe en que esto
ocurra.
Otra
cosa que este movimiento hace bien: Os habéis
comprometido con la no violencia. Os habéis negado a
regalar a los medios las imágenes de ventanas rotas
y luchas callejeras que ansían con tanta
desesperación. Y esa tremenda disciplina ha
significado que, una y otra vez, la historia ha sido
la escandalosa y no provocada brutalidad policial.
De la que vimos aún más anoche. Mientras tanto, el
apoyo a este movimiento crece cada vez más. Más
sabiduría.
Pero
la mayor diferencia con hace una década es que en
1999 enfrentábamos al capitalismo en el clímax de un
frenético auge económico. El desempleo era bajo, los
portafolios de acciones se inflaban. Los medios
estaban ebrios de dinero fácil. En aquel entonces
todo tenía que ver con puestas en marcha, no con
cierres.
Señalamos que la desregulación detrás del frenesí
tenía un precio. Era dañina para los estándares
laborales. Era dañina para los estándares
medioambientales. Las corporaciones se convertían en
más poderosas que los gobiernos y eso es dañino para
nuestras democracias. Pero, para ser honesta,
durante la buena racha era difícil enfrentarse a un
sistema económico basado en la codicia, por lo menos
en los países ricos.
Diez
años después, parece que ya no hay países ricos.
Solo un montón de gente rica. Gente que se
enriqueció saqueando la riqueza pública y agotando
los recursos naturales de todo el mundo.
Lo
importante es que hoy todos pueden ver que el
sistema es profundamente injusto y que pierde el
control. La codicia ilimitada ha arruinado la
economía global. Y también está arruinando el mundo
natural. Estamos agotando las reservas de pesca,
contaminando el agua con fracturación y
perforaciones en aguas profundas, volviéndonos hacia
las formas más sucias de energía del planeta, como
las arenas petroleras de Alberta. Y la atmósfera no
puede absorber la cantidad de carbono que estamos
descargando, creando un calentamiento peligroso. La
nueva norma son los desastres en serie: económicos y
ecológicos.
Son
los hechos sobre el terreno. Son tan flagrantes, tan
obvios, que es mucho más fácil encontrar una
conexión con el público de lo que era en 1999;
construir rápidamente el movimiento.
Todos
sabemos, o por lo menos sentimos, que el mundo está
cabeza abajo: actuamos como si no hubiera fin para
lo que realmente es finito, combustibles fósiles y
el espacio atmosférico para absorber sus emisiones.
Y actuamos como si existieran límites estrictos e
inconmovibles para lo que en realidad existe en
abundancia, los recursos financieros para construir
el tipo de sociedad que necesitamos.
La
tarea de nuestros tiempos es invertir esta
tendencia: cuestionar esa falsa escasez. Insistir en
que podemos permitirnos la construcción de una
sociedad decente, inclusiva, mientras al mismo
tiempo respetamos los límites reales de lo que puede
aguantar la tierra.
Lo
que significa el cambio climático es que tenemos un
plazo. Esta vez nuestro movimiento no se puede
distraer, dividirse, apagarse o dejarse barrer por
los eventos. Esta vez tenemos que tener éxito. Y no
hablo de regular los bancos o aumentar los impuestos
a los ricos, aunque es importante.
Hablo
de cambiar los valores subyacentes que gobiernan
nuestra sociedad. Es difícil de ajustar a una sola
demanda fácil para los medios, y también cuesta
imaginar cómo hacerlo. Pero no es menos urgente por
que sea difícil.
Es lo
que veo que sucede en esta plaza. En la forma en que
os alimentáis, en cómo os animáis unos a otros
compartiendo libremente la información y
suministrando atención sanitaria, clases de
meditación y capacitación en empoderamiento. Mi
letrero favorito de este lugar dice "Eres
importante". En una cultura que entrena a la gente
para que evite la mirada del otro, para decir "que
se mueran", es una declaración profundamente
radical.
Unos
pocos pensamientos para terminar. En esta gran
lucha, hay algunas cosas que no importan:
* Lo
que llevamos puesto.
* Si
alzamos nuestros puños o hacemos señales por la paz.
* Si
podemos ajustar nuestros sueños de un mundo mejor a
una señal de audio.
Y hay
algunas cosas que importan:
*
Nuestra valentía.
*
Nuestra actitud moral.
*
Cómo nos tratamos unos a otros.
Hemos
buscado el enfrentamiento con las fuerzas económicas
y políticas más poderosas del planeta. Da miedo. Y a
medida que este movimiento crezca cada vez más
fuerte, se hará más temible. Siempre hay que ser
consciente de que existirá una tentación de pasar a
objetivos más pequeños, como, digamos, la persona
sentada junto a ti en esta reunión. Después de todo,
es una batalla que es más fácil de ganar.
No
hay que ceder a la tentación. No digo que no podamos
hablar sobre nuestras debilidades personales. Pero
esta vez tratémonos como si tuviéramos la intención
de trabajar codo con codo en la lucha durante
muchos, muchos años. Porque la tarea que tenemos por
delante no exigirá nada menos.
Tratemos este hermoso movimiento como la cosa más
importante del mundo. Porque lo es. Realmente lo es.
Nota
del editor: El discurso de Naomi también apareció en
el Wall Street Journal Ocupado.
Naomi
Klein es una periodista galardonada, columnista
publicada en numerosos periódicos y autora del éxito
de ventas internacional del New York Times, La
doctrina del shock: El auge del capitalismo del
desastre (septiembre de 2007); y de un éxito de
ventas internacional anterior: No logo: El poder de
las marcas; y de la colección: Vallas y Ventanas:
Despachos desde las trincheras del debate sobre la
globalización (2002). Lea más en Naomiklein.org. La
puede seguir en Twitter: @naomiaklein
Fuente:
http://www.informationclearinghouse.info/article29332.htm