Dadme una palanca y
hundiré al mundo
Por Alejandro Nadal - La Jornada
[04.11.2011]-Actualizado 10:30 pm Cuba
En
los dramas de Eurípides y Sófocles las figuras
heroicas frecuentemente se suicidan para liberarse
de situaciones en las que se saben perdidos de
antemano. Para el héroe no hay salida y camina
inexorablemente hacia su propia destrucción. Los
profetas en la tragedia griega poseen información y
la utilizan para encauzar al héroe hacia su
destrucción, presentándola a través de adivinanzas
indescifrables o herméticos enigmas.
La
tradición se mantiene viva en Europa, pues hace unos
días, en la cumbre de líderes europeos para dar la
solución definitiva a la crisis del euro, se hizo
alarde de los mismos impulsos suicidas y se sentaron
las bases de la destrucción inexorable de la moneda
común.
La
cumbre anunció una rasurada de 50 por ciento sobre
el principal de la deuda griega. Se dice que es un
recorte voluntario para no desencadenar un "evento
crediticio". Pero ¿qué es un "evento crediticio"?
Ese eufemismo alude veladamente al cataclismo
financiero que se produciría si se cumplen las
condiciones de los seguros de deuda que los bancos
europeos han contratado con sus contrapartes
estadunidenses para cubrirse en caso de impago por
parte de algún gobierno de la eurozona. Para que los
bancos acepten, se les ha presionado, chantajeado y
corrompido con un paquete de "incentivos" de 30 mil
millones de euros.
Luego
vino el plato fuerte: el anuncio de la ampliación
del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF)
hasta un billón de euros. Y si usted se pregunta de
dónde sacaron ese dinero, la respuesta es que no lo
tienen. El anuncio es un engaño: el Fondo no ha sido
dotado de un céntimo de recursos frescos.
Esto
demanda una explicación. Se podría haber utilizado
al Banco Central Europeo para imprimir unos 700 mil
millones para aumentar el poder del Fondo. Pero los
alemanes están en contra. Así que se espera que el
sector privado en Europa pueda proporcionar una
parte de este monto. Pero con las perspectivas a la
baja, esa aportación no rebasaría unos cuantos
millones de euros. Entonces, ¿de dónde piensan los
líderes europeos sacar el resto?
La
respuesta: de China. Sí, ahora le toca a esa pieza
mitológica llamada "mercados emergentes" rescatar a
la vieja Europa. Claro, el comunicado también habla
de Brasil e India, pero no hay que engañarse. Esos
dos no podrían entrarle a una aventura de este
calibre. Por eso lo primero que hizo Sarkozy
saliendo de la reunión fue llamar a Hu Jintao para
darle la "buena" nueva. El presidente chino recibió
el mensaje con frialdad.
El
plan es absurdo. La mayoría de los países europeos
(salvo Alemania e Irlanda) mantiene un déficit
comercial importante con Pekín. Así que pedirle
recursos a China para apuntalar el FEEF equivale a
pedirle dinero prestado para seguir comprando sus
exportaciones. Las relaciones comerciales y
financieras entre China y Estados Unidos han estado
basadas en el mismo principio, lo que condujo a los
desequilibrios globales que han marcado la economía
mundial en las últimas décadas.
Los
chinos exigirían condiciones para entrar en un
arreglo de este tipo. Demandarían un mejor acceso a
los mercados europeos, lo que ayudaría a deteriorar
todavía más la balanza comercial y el empleo en
Europa. Luego vendría el tema delicado de la paridad
cambiaria. Ya un miembro del comité de política
monetaria del banco central chino ha declarado que a
cambio de invertir en el FEEF, Pekín apremiaría a
los europeos para que no se quejen de la
manipulación cambiaria que mantiene el renminbi
subvaluado.
China
tienen sus problemas: una gigantesca burbuja
inmobiliaria, bancos con estados financieros de
dudosa transparencia y una fuerte sobre-inversión en
varias industrias fundamentales. Tendría que
enfrentarles antes de comenzar a jugar al fortachón
del barrio que arregla problemas ajenos.
Este
enredo esconde una profunda distorsión del Fondo
europeo de estabilidad financiera: ahora el
apalancamiento se ha convertido en una de sus
características esenciales. Apalancar significa
utilizar una pequeña cantidad de dinero para
conseguir más recursos y poder invertir (y
especular). Y eso es precisamente lo que Sarkozy y
la Merkel pretenden que se haga con el FEEF. El
anuncio de la cumbre europea hasta ofreció la
creación de un vehículo especial para atraer
inversionistas, no muy diferente de los CDO (collaterized
debt obligations) que desempeñaron un papel nefasto
como detonantes de la crisis financiera. Resulta
paradójico que el apalancamiento, práctica tan
apetecida de los especuladores, se haya insertado en
el corazón del instrumento que se suponía podía
dominar los excesos de la especulación financiera.
Arquímedes habría observado que con esta palanca no
se necesita un punto de apoyo para hundir la
economía mundial.
Al
igual que los personajes trágicos, los líderes
europeos muestran total incapacidad para aprender y
leer las señales. Creyendo dominarlas, abrazan con
gusto las fuerzas de su propia destrucción. Keynes,
quien conocía bien a los clásicos, les hubiera dicho
que el futuro es incierto.
http://www.jornada.unam.mx/2011/11/02/opinion/026a1eco