En las puertas de la CELAC
Por Juan Manuel Karg - Rebelión
[01.12.2011]-Actualizado 7:30 pm Cuba
Los próximos viernes
y sábado, en Caracas, se conformará la Comunidad de
Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). El
hecho tiene dimensiones inobjetables: el organismo
reunirá, por primera vez, a 33 países que conforman
una población global de unos 550 millones de
habitantes y cuya extensión territorial supera los
20 millones de kilómetros cuadrados, sin ningún tipo
de tutelaje por parte de EEUU.
Una lucha
histórica: integración contra dependencia
Para comprender la
relevancia histórica del momento sirven las palabras
que el Comandante Chávez -anfitrión de la cumbre de
la CELAC y uno de los principales impulsores de la
defensa de la soberanía de nuestro continente frente
a los embates del imperialismo- pronunció días
atrás, presentando los objetivos generales de la
incipiente Comunidad de Estados:
"Va a nacer un
nuevo organismo, esto es histórico de verdad. Como
unidad de Estados, Latinoamericanos y Caribeños.
Cuántos años en esta lucha. Es un primer paso, no es
la victoria. No. Pero es un primer paso. Porque
desde 1820 comenzó la puja en este continente.
Después de los 300 años de conquista, dominación, de
genocidio de parte de los imperios europeos,
entonces se nos vino encima la amenaza del imperio
naciente. Y Bolívar lo previó, lo presintió, lo vio.
Lo enfrentó. Y Bolívar por eso planteaba la unión,
en el Congreso Anfictiónico de Panamá. Pero al final
se impuso el monroísmo: América para los americanos.
Y al bolivarianismo lo enterraron".
Es que la
importancia política de la CELAC -aún antes de su
propio nacimiento- tiene también que ver con la
propia caducidad de la OEA, y con el frondoso
prontuario de esta última contra aquellos países que
intentaron diversas vías de transformación en
nuestro continente. Así, la mal llamada Organización
de Estados Americanos fue (y aún hoy es) tristemente
célebre por haber legitimado invasiones, golpes de
Estado, e incluso magnicidios, al punto de llegar a
ser "condenada por su larga historia como dócil
instrumento del imperialismo", tal como afirma el
politólogo argentino Atilio Borón.
El momento de
apogeo máximo de la OEA en cuanto a dependencia de
los mandatos de Washington se constituyó con la
expulsión de Cuba en 1962 por el peligro que la isla
constituía en "la ofensiva subversiva de gobiernos
comunistas, sus agentes y las organizaciones
controladas por ellos". Con el mismo pretexto, desde
ese momento todos los gobiernos estadounidenses
aplicaron un criminal bloqueo comercial sobre Cuba
que aún persiste, y que ha constituido una pérdida
cuantiosa para la heroica isla, calculada en unos
975.000 millones de dólares.
El punto de "no
retorno" en Nuestra América
Resulta
interesante retomar una breve argumentación que se
ha realizado hace pocos días en el periódico
"Juventud Rebelde" de Cuba sobre el cónclave de
Caracas. Allí se caracterizó el nacimiento de la
CELAC como "un hito" que, si bien "no estará exento
de tropiezos, zancadillas y de construcciones",
constituye un "punto de no retorno" para nuestros
países respecto a la injerencia estadounidense.
Acordamos a todas
luces con dicho enfoque, pero a su vez nos parece
preciso visualizar un hito anterior sin el cual
sería impensable este actual: hace unas semanas se
cumplió el sexto aniversario de la Cumbre de los
Pueblos en Mar del Plata, que significó la derrota
del proyecto del ALCA y del proyecto expansionista
de George Bush sobre América Latina. En aquel 2005,
diversos movimientos sociales y políticos de la
Argentina expresaron, en pleno Estadio Mundialista,
su explícito rechazo a la injerencia estadounidense
en nuestros países, en un acto que contó con la
presencia de Hugo Chávez y Evo Morales -cuando este
último aún no había sido elegido- como "maestros de
ceremonia", y con Diego Maradona como invitado de
honor.
Ese hecho ("El
ALCA, al carajo", en palabras de Chávez), y la
posterior profundización de los procesos abiertos en
Venezuela, Bolivia y Ecuador significaron el
andamiaje cotidiano que dio sustento al ALBA -la
Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra
América-. Fue dicho bloque -integrado además por
Cuba y Nicaragua, entre otros- el que antepuso la
sigla TCP (Tratado de Comercio entre los Pueblos) a
la formula clásica del "sometimiento" en los 90, al
Tratado de Libre Comercio (TLC).
Este breve
recorrido pretende mostrar que la CELAC no surge de
un repollo, sino que tiene precedentes en la
"memoria larga" -de allí el bolivarianismo al que
aludía Chávez y la impronta de nuestros
Libertadores-; y de la "memoria mediana" -la
resistencia al neoliberalismo, el Caracazo, etc-. La
"memoria corta" estaría conformada por aquellos
procesos de integración de avanzada, como el ALBA,
con una fuerte impronta en cooperación social,
humanitaria y despojada del afán de lucro; y con
otros que, aún con mayores matices -como UNASUR- han
permitido respuestas eficaces en momentos de
tensión, tal como sucedió frente al intento de golpe
de Estado en Bolivia en 2008.
La CELAC deberá,
en medio de la crisis del capital, demostrar que
América Latina puede -y debe- superar instancias
ajenas -como la OEA- a sus desarrollos, ritmos e
intensidades. El desafío de los países que proyectan
horizontes de verdadera transformación social será
el de liderar el bloque para que el "punto de no
retorno" se acentúe cada vez más. A juzgar por el
papel de Venezuela y Cuba en el próximo cónclave de
Caracas, la situación resulta muy favorable.
Juan Manuel Karg
es licenciado en Ciencia Política UBA
Rebelión ha
publicado este artículo con el permiso del autor
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respetando su libertad para publicarlo en otras
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