Los peligros del
mundo y las ciencias prohibidas
Por Pablo González Casanova
[09.12.2011]-Actualizado 7:30 pm Cuba
No
hay duda que vivimos en un mundo injusto y
peligroso. La "opción racional" que orienta a las
ciencias sociales hegemónicas se está convirtiendo,
paradójicamente, en opción irracional. El "control
de riesgos" nos está llevando a riesgos
descontrolados. Modelos y formalizaciones muestran
aquí y allá signos entrópicos amenazadores.
Las
falsas "leyes del mercado libre que por sí sólo se
reequilibra", y cuyas políticas siempre han derivado
en graves crisis, nuevamente se ven "disconfirmadas",
y quienes anunciaron que pronto habría de superase
la crisis que nos abruma, a poco se vieron obligados
a reconocer que la actual crisis es más grave de lo
que pensaron y de mayor duración.
La
disminución de riesgos y la optimización de
utilidades de las mega-empresas y complejos
hegemónicos parecen asociarse a la maximización de
riesgos y de pérdidas en "el conjunto" de que forman
parte. Que esa asociación, correlación o
coincidencia muestran una relación de causa a efecto
es algo que no puede descartarse. Y sin embargo la
relación de causa a efecto entre los intereses y
valores de las grandes corporaciones y los graves
peligros y problemas del mundo es generalmente
descalificada por el pensar científico, y relegada
al mundo de la negación o rechazo, que Freud
descubrió entre las características del
inconsciente, y que también parece darse en el
inconsciente de las colectividades científicas y de
los complejos militares-empresariales-y-políticos,
todos ciegos ante las causas de los peligros del
mundo y sordos ante las tragedias humanas, a que se
refieren como si fuesen fenómenos naturales en cuya
solución están haciendo todo lo que se puede y en
que dan por entendido que no se puede hacer más.
La
negación o descalificación, consciente o
inconsciente, de la relación de causa a efecto
aparece incluso en los análisis, modelaciones y
formalizaciones de los sistemas complejos. Su
concepción más generalizada de la complejidad no
registra la paradoja entre la opción racional de las
corporaciones que buscan disminuir riesgos y
optimizar utilidades, y la irracionalidad y los
riesgos que en forma "monstruosa" para las
matemáticas de entonces aparecieron en las
iteraciones algebraicas de Poincaré, y que con las
modelaciones de ahora derivan en esa "Edad de los
monstruos" a que se refirió Gramsci, y que
corresponde a la maximización de pérdidas y riesgos
para la inmensa mayoría de la humanidad y para el
ecosistema.
Al
mismo tiempo, el concepto prevaleciente de sistemas
complejos –como ha observado Casti—incluye múltiples
relaciones interactivas de manera "muy superficial".
Con plena razón, Casti define y formaliza el
concepto de sistema complejo como dos o más sistemas
complejos interactivos entre sí y en su propio
interior. Un solo sistema complejo empobrece y hasta
anula la dinámica de sistemas no lineales e
interactivos. Su pensamiento sobre las
características generales de la complejidad alcanza
una profundidad de que pocos se percatan.
Incluso los especialistas que incluyen en sus
investigaciones dos o más sistemas complejos que
interactúan, cuando se refieren al concepto de
complejidad sólo destacan la complejidad de "un"
sistema complejo".
Esta
ruptura epistemológica parece obedecer a un
preconcepto con fuertes tradiciones en el
pensamiento científico, en el filosófico y en el
religioso. Empecemos por éstas últimas. Muchos de
los que abandonan la lógica religiosa del
monoteísmo, no abandonan la lógica laica de lo
"uno". Definen y formalizan la complejidad de "un"
sistema. Si lo "uno" predomina en la cibernética
también se da en los modelos econométricos
neoclásicos y neoliberales. En el discurso
científico acostumbrado o "normal" se habla del
universo como "un" universo en el que pueden darse
planetas, átomos y múltiples agentes que interactúan
en modelos de competencia y colaboración. Incluso se
trabaja con sistemas interactivos sinérgicos,
cooperativos, aliados o "tributarios" (Axelrod) y
opuestos, enemigos, contrarios y rebeldes: Y todas
esas posibilidades cognitivas de sistemas
interactivos se dan en función de "un" sistema, el
sistema del observador.
La
ruptura epistemológica subsiste incluso cuando se
avanza en la concepción de los sistemas biológicos
"autorregulados, auto-adaptables y creadores", o en
los sistemas en fase de transición al caos, o en los
que emergen de una situación caótica y, entre
bifurcaciones y atractores, van configurando
formaciones parecidas a escalas distintas hasta
integrar el nuevo sistema con otra complejidad y
otra dinámica.
Todas
estas investigaciones sobre la dinámica de varios
sistemas no acaban con la lógica de lo Uno. Casi sin
pensar sus autores, automáticamente, definen la
"complejidad" como "un" sistema complejo o en
relación a "un" sistema complejo. No hay sistema
alternativo.
Otro
sistema no es posible.
Y aun
ahí no queda todo. La ruptura entre las
investigaciones específicas y las concepciones
generales es todavía más impresionante cuando sus
autores trabajan en investigaciones sobre sistemas
complejos interactivos como los sistemas
auto-inmunológicos. En ese tipo de sistemas
claramente aparecen los anticuerpos negativos y
positivos que luchan entre sí, en que los
anticuerpos negativos no sólo ganan las batallas
destruyendo directamente a los positivos, sino
confundiendo al sistema encargado de la defensa del
organismo y haciéndole perder su capacidad de
identificar a amigos y enemigos. El sistema
defensivo del organismo pierde al dar la bienvenida
a sus atacantes y al destruir a sus defensores. Los
sistemas en lucha tienen como referente a la víctima
final de la batalla. Su dinámica se interpreta como
lucha entre anticuerpos, y como ataque y destrucción
de un subsistema que defiende a "un" organismo –al
sistema-- y que al ser derrotado muere con el
organismo, muere con el sistema de que es parte y
cuya vida no alcanzó a defender.
Los
juegos de guerra y las estrategias de guerra
contrainsurgente o antiterrorista presentan
obstáculos parecidos. Obedecen al mismo presupuesto
epistemológico. Es "uno" quien juega a la guerra o
quien hace la guerra, así tenga asociados o
subordinados. El que juega, o el que manda, mueve a
los luchadores virtuales y hasta a los soldados no
convencionales, así como a los enemigos espiados,
seducidos, sometidos o cooptados. Mueve al propio
jugador del videojuego o del juego virtual que ha
hecho real. La sofisticación del conocimiento del
Gran Jugador y de los científicos que son sus
"asesores financieros" o sus "think tanks"
político-militares provoca un notable conocimiento
de la manipulación y esclavización de los demás.
También empuja a un extraño "desconocimiento" de las
amenazas que pesan sobre todos los jugadores y de
las que también será víctima el gran jugador.
Los
escenarios de guerra pueden incluir fenómenos de
inteligencia distribuida, de díadas, de simbiosis,
dendritas, nodos y redes, con notables y numerosas
interacciones que siempre serán analizadas en
función del actor cognitivo, y del sistema al que
pertenece, considerado como constante en la defensa
y promoción de sus valores e intereses, y
naturalmente interesado en ganar la lucha, pero
obcecado en creer que es eterno, ignorante de
aquello que todos sabemos y de que habló el viejo
Hegel cuando dijo que "toda cosa natural es mortal y
efímera".
El
sistema no piensa en su propia muerte o la pospone a
un futuro milenario sin historia. Desconoce,
descalifica, debilita, confunde, enajena a su
opositor. Lo anula como sistema. Y así como los
sabios del rey por buena educación no hablan al Rey
de su muerte y menos de la muerte de la casa real,
así los científicos al servicio de un sistema de
dominación y acumulación que se encuentra en
situación terminal y que coloca en situación
terminal a todos sus vasallos, ni pensar pueden en
esa posibilidad y a su silencio se suman las fiestas
y fanfarrias de quienes anuncian que el sistema
tiene asegurada la vida, al menos, por un milenio.
La
afirmación de Fukuyama de que vivimos el fin de la
historia, fue recibida como bálsamo divino. Quien
juega con los jugadores estimula el des-conocimiento
y la descalificación de la evolución pasada y actual
de las luchas sistémicas y anti-sistémicas. No sabe
ni quiere saber cuál es y será la historia del
sistema dominante o del emergente. Rechaza la sola
idea de que puede morir a manos del otro y causar su
propia muerte y la del otro. E insiste en seguir
reinando mientras muestra todos los signos de
estarse muriendo, hecho que ocurre en el escenario
mundial, como el rey que se muere en el escenario
teatral de Ionesco.
Hoy
mismo, en sus modelos de conflicto y consenso, el
sistema en estado terminal, impone la negociación
para la rendición, y en el mundo realmente existente
aumenta sus exigencias y extiende el campo de "lo no
negociable". Lo "no negociable" crece y prolifera no
sólo en la periferias sino en el centro del mundo,
encabezado por Estados Unidos y la Unión Europea.
La
preconcepción del sistema como UNO predomina en las
ciencias económicas "normales" de que Kuhn hablaba.
Predomina en todo análisis que usa como categorías
las de "el sistema" y "el contexto" en que aquél
insume energía y al que arroja deshechos. Se trata
de actos neguentrópicos que ya no cumplen esa
función y que el investigador, supuestamente
funcional al sistema, tampoco ve. Uno y otro se
vuelven parte de la entropía que a ambos amenaza y
que puede dar nacimiento a la configuración de otro
sistema tras una fase de transición al caos y de
transición del caos, para ellos inconcebibles, o
"negados" cuando los llegan a intuir.
Hoy
el sistema dominado por la lógica del capital, -una
lógica de disminución de riesgos e incremento de
utilidades para las corporaciones tanto en la
economía como en la guerra- enfrenta conflictos
internos y externos con medidas de retroalimentación
negativa o positiva. Las relaciones interactivas de
ocupación, depredación, parasitismo, cooperación,
corrupción, persuasión virtual y subliminal, terror
colectivo, eliminación de resistencias y de
formaciones defensivas, aparecen en las simulaciones
y escenarios de "guerra de espectro amplio", pero
aparecen a medias. La realidad histórica que vivimos
es mucho más compleja de lo que sus autores imaginan
o son capaces de concebir con las informaciones y
computaciones que los "decision makers" les piden
para mejorar su capacidad de decidir en función de
sus intereses y valores.
El
inmenso conocimiento que se ha adquirido sobre el
papel del azar y de la organización y reorganización
del sistema ha permitido superar la teoría de la
selección natural aunque se le use en lo que es
útil.
Cuando es útil se vuelve a las viejas teorías del
darwinismo colonialista que invoca las políticas de
la eliminación de los más débiles, así conduzcan en
menos de cuatro décadas a un genocidio de más de
2,000 millones de habitantes que ("otros factores
iguales"), se van a añadir a los 7,000 millones que
hay y en los que la población "excluida" y
"desechable", ya llega más de 3,000 millones.
El
"sistema" y muchos de sus científicos atribuyen al
excesivo crecimiento de la población los problemas
ecológicos que vivimos, y si ese sistema de
dominación y acumulación mundial se considera como
una constante, la población que debe morir o
desaparecer, será del orden de más o menos 5,050
millones, según predicciones demográficas
relativamente confiables.
Y
aquí surge el gran engaño y autoengaño en medio del
gran conocimiento. Como esa aberración hay varias
más que caen en el orden de la psicopatología pero
que corresponden a la "opción racional" de las
empresas y sus accionistas mayoritarios y
minoritarios. Entre ellos destaca el creer que se
puede seguir jugando con las amenazas de guerra
nuclear sin que se produzca la guerra de la locura,
esto es "MAD", siglas que en inglés, claramente se
refieren a una guerra de destrucción mutua asegurada
Y existen otros ocultamientos y rechazos que llevan
a no hacer nada frente a evidentes y acalladas
amenazas, como el cambio climático. Me detengo en
este para aclarar una disertación que parece
catastrofista y no lo es como mostraré más tarde.
En
los últimos meses del 2009 y primeros del 2010, es
decir, en torno a la Reunión de Jefes de Estado
sobre el cambio climático, se desató una feroz
campaña contra los científicos de las antes llamadas
"ciencias duras". No sólo fue descalificado el
informe que presentaron en 2007 sobre ese problema
los integrantes de una comisión gubernamental de
investigadores, sino fueron descalificados los más
de mil científicos que, reunidos en París,
confirmaron la validez del informe y añadieron algo
más: que había un error en sus predicciones pues
habían subestimado la rapidez y gravedad del cambio
climático.
El
futuro resultó más grave de lo calculado.
El
motivo principal de la campaña y la cólera que
levantaron los científicos, no se debieron tanto a
las predicciones sobre los crecientes daños a la
tierra y a la vida, sino a la tesis ratificada por
la comunidad científica internacional de que los
cambios climáticos son de origen humano; atropógenos
fue la palabra que usaron. Decir sólo eso, y que los
propios científicos intergubernamentales lo dijeran,
resultó inaceptable para los complejos
empresariales-militares—políticos-y- mediáticos que
dominan el mundo. Representados por sus Jefes de
Estado en una reunión que tuvo lugar en Copenhague,
destinada a tomar "acuerdos vinculantes", los
"acuerdos" fueron dictados por un pequeño grupo de
jefes de estado. El grupo se reunió a escondidas a
primeras horas de la madrugada y sin más consulta
los "acuerdos" fueron leídos por el presidente Obama
minutos antes de tomar el avión de regreso.
En
Copenhague no hubo "acuerdos vinculantes". Incluso
los pobres compromisos que se habían tomado en
Kioto, desaparecieron. La antropología de políticos
y científicos no quedó allí. La maquinaria de los
ricos y los poderosos se movió para desprestigiar y
castigar a los científicos que habían osado decir
una verdad que debió alertar a aquéllos sobre las
amenazas a su propia vida y que sólo indirectamente
los inculpaba al apuntar que ellos y sus
megaempresas eran causantes de los peligros que
corre la especie humana Los "medios" y los
publicistas llegaron a tratar a todos los
científicos de las ciencias naturales, con las
descalificaciones a que estamos acostumbrados los de
las ciencias "blandas", digamos "humanas" o
sociales. Abusando de atrevidos artificios retóricos
llegaron a sostener que las ciencias duras ya no son
ciencias, y con prepotencias de ignorantes llegaron
a decir que los propios científicos reconocen que
los domina ¡el principio de incertidumbre!, del que
por supuesto no tenían ni la menor idea de lo que
es. El mundo de la ciencia respondió de una manera
realmente ejemplar. Le dio un impresionante apoyo a
sus colegas En los primeros meses del año las más
famosas revistas científicas y de difusión
científica publicaron artículos que defendían las
mismas tesis de los científicos estigmatizados.
Entre ellas Scientific American y Nature. No se
ablandaron. Un gran número de científicos asumió su
responsabilidad científica. Lejos de dejarse dominar
por sus genes egoístas se vieron más y más atraídos
a sostener las verdades sobre medidas que son
necesarias para la supervivencia de la especie
humana.
Un
paso no dieron sin embargo que es necesario dar si
no se quiere ser copartícipe de la negación más
profunda y grave para las ciencias de la materia, de
la vida y de la humanidad. Y para la humanidad. El
paso que no se dio y que se necesita dar con la
mayor seriedad consiste en incluir la categoría del
capitalismo como un riguroso concepto científico, no
sólo asociado a la ley del valor, sino a la ley de
la producción y reproducción de la vida.
La
ciencias de la complejidad que investigan el mundo
actual no serán ciencias ni investigarán la
complejidad del mundo actual y sus escenarios de
futuro si no incluyen el capitalismo, una de sus
categorías más profundas, cuyo sólo nombre suele ser
rechazado instintivamente por no pertenecer al
lenguaje políticamente correcto de las ciencias
hegemónicas.
Pocas
hipótesis tienen tantas posibilidades de ser
confirmadas como ésta: La solución a los problemas
sociales como problemas científicos y como problemas
reales es imposible con el actual sistema de
dominación y acumulación capitalista y con la lógica
que en él impera.
En
relación al mismo ya no sólo se plantean las
alternativas anteriores de reforma o revolución Hay
otra más que surge tanto de los nuevos movimientos
sociales como de los modelos matemáticos sobre
sistemas en transición al caos y en transición del
caos a un orden llamado emergente o alternativo.
Tanto en los movimientos como en los modelos
aparecen lo que en estos últimos se llaman
atractores y bifurcaciones en que parecería optarse
por uno de ellos, así como fractales y formaciones
parecidas que se forjan a las más distintas escalas.
La atención a la construcción de alternativas en los
movimientos sociales y en los modelos de sistemas
habrá de dar cabida a las nuevas estructuraciones de
la libertad, la democracia, y la justicia social.
Con unas y otras será fundamental estudiar cuáles
son las alternativas que no sólo permitan construir
el "buen vivir" sino preservar la vida.
En
los nuevos movimientos sociales y en los modelos de
desarrollo autosustentable destacan por su mayor
posibilidad de alcanzar esas metas los modelos de
cooperación, de inteligencia distribuida, de control
descentralizado, que se articulan con otros de
control centralizado y jerárquico sin que se de en
forma metafísica la vieja oposición entre el
autoritarismo y la anarquía.
Desde
ejemplos como "Los caracoles" de los pueblos mayas
de Chiapas, por un lado, y por otro, desde
investigaciones pioneras y recientes como las de
Axelrod y muchos científicos más estamos hoy en
condiciones de construir una utopía a la vez
convalidada por la praxis de los pueblos y por los
escenarios de las computadoras, esa que Emmanuel
Wallernstein bautizó como "utopística" y que definió
como "la ponderación seria de las alternativas
históricas, la evaluación serena, racional y
realista de los sistemas sociales humanos, de sus
limitaciones y posibilidades". Vale la pena pensar
en ella y luchar por ella.
-
Pablo González Casanova es Ex rector de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
(Tomado de ALAI.AMLATINA)