RAZONES PARA INDIGNARSE Y MOVILIZARSE
Impacto de la crisis y la austeridad sobre las
mujeres
Por Christiane Marty - CADTM
Traducido para Rebelión por Caty R.
[09.12.2011]-Actualizado 7:30 pm Cuba
La
crisis financiera, económica y social tiene efectos
muy negativos en el conjunto de la sociedad, pero
repercute de forma especialmente perjudicial en las
mujeres, tanto en el mercado laboral como en la vida
privada. En las líneas que siguen veremos que, en
efecto, por todas partes las mujeres están más
expuestas a la precariedad laboral, al despido y a
la pobreza, y menos cubiertas por los sistemas de
protección social. En los períodos de recesión, las
personas que ya estaban amenazadas por la pobreza,
mayoritariamente las mujeres, se vuelven todavía más
vulnerables, en particular las que se enfrentan a
diversas discriminaciones: madres solteras, jóvenes,
mayores, inmigrantes, minorías étnicas…
Las
políticas de austeridad implementadas en Europa
obligan a pagar la crisis a los trabajadores,
jubilados, parados, etc., y protegen a los
auténticos responsables que son los grandes bancos y
el sistema financiero. Para mayor injusticia esas
políticas, al ignorar cualquier análisis
diferenciado de los efectos de la crisis sobre los
hombres o las mujeres no solo no hacen nada para
corregirlos, sino que además los agravan. Los
recortes de los presupuestos públicos tienen el
efecto de acrecentar las desigualdades, el desempleo
femenino, la feminización de la pobreza, la
precarización laboral, en particular para las
mujeres, su trabajo invisible en la esfera
doméstica. Así, a la ineficacia de las medidas
gubernamentales se añade su carácter doblemente
injusto.
Este
texto pretende explicar los elementos precedentes,
en particular en los países europeos y con una
aclaración particular respecto a Francia. Se trata
de un primer trabajo de encuadramiento que no
pretende ser exhaustivo y requerirá una ampliación.
Los efectos de la austeridad en ciertos ámbitos se
tratan de una forma más elaborada, otros se
describen de forma genérica por la escasez de datos
sobre los sexos. Es imprescindible dar a conocer
este hecho, no para presentar a las mujeres como
víctimas, sino porque demuestra muy sólidamente la
injusticia de las políticas que afectan más
severamente a las poblaciones que ya están en
situación de desigualdad. El potencial de
movilización de las mujeres, y también el del los
hombres, será tanto más fuerte cuanto más se
analicen y se conozcan por todos los planes de
austeridad y sus efectos sobre los distintos sexos.
Las mujeres son protagonistas insoslayables en los
movimientos sociales y en la construcción de
alternativas a las políticas actuales. Ellas deben
ocupar su lugar para que se tengan en cuenta sus
puntos de vista y sus propuestas.
Decir
que las mujeres deben hacer que se tengan en cuenta
sus puntos de vista y sus propuestas, lejos de
reenviar a una posición existencialista lo que hace
es afirmar una realidad: el hecho de asumir las
funciones de la responsabilidad familiar, hacerse
cargo de los niños y de las personas dependientes, y
más generalmente de la economía de la asistencia,
lleva a medir directamente las carencias o las
regresiones en el terreno de los servicios públicos,
de la protección social y de la cobertura de las
necesidades sociales básicas. Si, recuperando una
máxima conocida, la existencia determina la
conciencia, las mujeres pueden tener un ángulo de
visión y de las prioridades distinto en las
respuestas en la situación actual, en las opciones
del contenido de la producción, la forma de
organizar la asistencia, la seguridad social, el
bienestar colectivo y la participación democrática
de la ciudadanía en las decisiones.
Frente a la amplitud persistencia de las
desigualdades entre los sexos, frente al gran
impacto negativo de la crisis y sus efectos sobre
las desigualdades, y teniendo en cuenta la
ineficacia de las políticas implementadas, las
alternativas a construir se dirigen a garantizar la
justicia económica y social y la igualdad entre los
sexos… que es una de las mejores medidas del grado
de progreso alcanzado por una sociedad.
La
crisis afecta más especialmente a las mujeres
En
Francia, como en todas partes, los hombres y las
mujeres no ocupan el mismo lugar en el mercado
laboral ni en el ámbito privado, debido a las
desigualdades entre los sexos: hay una
«superrepresentación» femenina en los empleos
informales, precarios y de bajos salarios y una
«subrepresentación» en todos los niveles del proceso
de toma de decisiones en el terreno económico.
Debido a esta diferencia de situaciones, la crisis
afecta de forma diferente a los hombres y a las
mujeres.
A las
mujeres les afecta más directamente de diversas
maneras: es una constatación elaborada por
organismos internacionales como la Confederación
Sindical Internacional (CSI), europeos como la
Confederación Europea de Sindicatos (CES), el
Instituto Europeo para la Igualdad de Género, y por
el Parlamento Europeo, por no citar más que unos
pocos. La crisis «no ha hecho más que agravar la
tradicional posición desfavorecida de las mujeres»,
observa el CSI en un informe de marzo de 2011 (1)
«Vivir en la inseguridad económica: las mujeres y el
trabajo precario», que presenta un sombrío panorama
de la situación de las mujeres en el contexto de la
crisis. La CSI recuerda que la primera etapa de la
crisis, que dejó 27 millones de personas
desempleadas, está bien señalada, pero insiste en la
existencia de una segunda oleada de repercusiones
sobre el empleo, que afecta en particular a las
mujeres, y que sin embargo se refleja poco en las
estadísticas oficiales y en las políticas
gubernamentales. «El impacto de la crisis en el
empleo femenino tiende a infravalorarse y nunca
ocupa las primeras planas de los periódicos. Sin
embargo, de una manera general, las mujeres son las
primeras afectadas por la inseguridad y la
precariedad laborales en aumento». El informe
también llama la atención sobre el hecho de que los
estándares y los datos utilizados para medir la
evolución de los mercados laborales no llegan a
abarcar la amplitud del aumento de la inseguridad
económica que afecta a las mujeres, y que los datos
específicos respecto a la situación femenina a
menudo son escasos.
La
propia Comisión Europea, casi paradójicamente,
señala en términos sutiles que «la crisis actual
hace temer que los progresos conseguidos en materia
de igualdad entre las mujeres y los hombres corren
peligro y que los efectos de la crisis amenazan con
afectar en particular a las mujeres».
Consecuencias de la crisis sobre el empleo
Aunque la situación varía según los países y los
sectores de actividad, el impacto de la crisis sobre
el empleo presenta grandes tendencias a nivel
mundial: aumento de las tasas de desempleo, gran
desarrollo del empleo precario e informal, así como
numerosos trabajadores pobres, limitación mundial de
la progresión salarial, e incluso rebaja de los
sueldos. Examinemos esas tendencias y sus
dimensiones de género.
Desempleo y subempleo
A
nivel mundial, según la Organización Internacional
del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo de los
hombres creció 0,8 puntos entre 2007 y 2009, pasando
del 5,5% al 6,3%, y el de las mujeres creció un
punto, pasando del 6% al 7%. En 2010, los niveles de
desempleo se aproximaron, con una tasa del 6,5% para
las mujeres y el 6% para los hombres. La CSI señala
que las estadísticas del desempleo indican
globalmente que el impacto de la crisis sobre el
empleo fue un poco más negativo para los hombres que
para las mujeres, pero que «la débil tasa de empleo
de las mujeres, su concentración en los trabajos
poco remunerados, informales o vulnerables y la
insuficiencia de su protección social hacen que
ellas estén más expuestas a las crisis que los
hombres».
En
los países industrializados, los sectores donde los
hombres son mayoritarios son los primeros a los que
afectó la crisis más severamente: la construcción,
la industria automovilística, los transportes.
(También hay que subrayar que en los sectores
laborales de predominio masculino es donde se han
concentrado los planes de relanzamiento de la
economía). Así, la progresión de las tasas de
desempleo entre 2007 y 2010 en promedio fue más
fuerte para los hombres y su tasa de desempleo
superó incluso la de las mujeres. Efectivamente,
pasó del 5,5% al 9,3%, es decir, un aumento de 3,8
puntos, y el de las mujeres del 6% al 8,2%, o sea,
2,2 puntos (cifras de la Organización Internacional
del Trabajo, OIT).
En
esos países, las trabajadoras a tiempo parcial han
sufrido reducciones de la jornada laboral y del
sueldo. Pero las estadísticas que se publican sobre
el desempleo no tienen en cuenta esa tendencia,
porque definen como demandantes de empleo a las
personas sin empleo que buscan uno (categoría A).
Las personas subempleadas (categorías B y C: «en
actividad reducida», personas que desearían trabajar
más), mayoritariamente mujeres, por lo tanto no
aparecen en las cifras oficiales del desempleo. Por
otra parte se ha comprobado que en algunos países
las mujeres se retiran de la población activa como
reacción a la falta de empleo. Lo que también
contribuye a una subvaloración de los efectos de la
crisis en el empleo femenino.
En la
Unión Europea (UE) de los 27, las tasas de desempleo
de las mujeres y de los hombres se igualaron en
2009: la distancia entre ambas tasas, que en el año
2000 era de 3 puntos desfavorable para las mujeres,
decreció, se anuló en 2009 y permaneció nulo en
2010: el nivel de desempleo se situaba en el 9,6%
tanto para los hombres como para las mujeres. Pero
esos promedios referidos a la UE ocultan situaciones
variadas: el desempleo femenino todavía es superior
al de los hombres en países como Grecia donde la
diferencia entre las tasas llega a los 6 puntos,
Italia y Portugal (2 puntos), Francia, España o
Bélgica (1 punto). A la primera etapa de la crisis,
que conoció un gran deterioro del empleo masculino,
siguió una segunda etapa en la que han sido los
sectores de predominio femenino los más afectados:
el sector público, el sector servicios, la sanidad,
la educación…
En lo
que se refiere a Francia, las tasas de desempleo de
los hombres y las mujeres también se igualaron en
2009, pero desde 2010 la tasa de desempleo femenino
de nuevo se ha vuelto superior a la de los hombres,
según la OIT y el INSEE (gráfico siguiente):

Francia: evolución de las tasas de desempleo de los
hombres y las mujeres, diferencias entre ambas.
Elaborado a partir de los datos del INSEE (2011,
segundo trimestre)
La
evolución del desempleo o del número de solicitantes
de empleo, los resultados son similares. En
septiembre de 2011, el número de solicitantes de
empleo de la categoría A (sin empleo) aumentó en un
año el 0,9% para los hombres frente al 5,4% para las
mujeres. Para las categorías A, B y C (acumulados
sin empleo y actividad reducida) el aumento en un
año fue del 6,4% para las mujeres frente al 2,7%
para los hombres.
Como
analizó Françoise Milewski, el desempleo de los
hombres aumentó antes y más rápidamente que el de
las mujeres al principio de la crisis, pero hubo una
recuperación en 2009-2010. Y sobre todo no basta con
observar la evolución del desempleo oponiéndolo al
empleo, porque se oculta la evolución del tiempo
parcial que corresponde al desempleo parcial. Las
mujeres se han visto menos afectadas por las
pérdidas de empleos que por el aumento del subempleo
a través del empleo a tiempo parcial. La tasa de
desempleo de las mujeres a tiempo parcial ha
aumentado, al mismo tiempo que aumentaba fuertemente
el desempleo femenino en jornada reducida
(categorías B y C de las estadísticas del
desempleo). F. Milewski señala que la crisis
refuerza las anteriores tendencias del mercado
laboral y el tiempo parcial ha desempeñado un papel
amortiguador para las mujeres.
De
paso hay que subrayar que incluso la Comisión
Europea habla ahora de tiempo parcial en sus
comunicaciones. Lo que es muy significativo pero a
la vez paradójico cuando conocemos el papel de las
instituciones europeas en el desarrollo del empleo a
tiempo parcial concebido como una forma de empleo
que respondería a las necesidades de las mujeres. En
su informe de 2010 sobre la igualdad entre las
mujeres y los hombres, la comisión señala: «es
importante prestar una atención especial a la
evolución de las tasas de desempleo durante la
recesión, pero no debemos perder de vista otras
tendencias, menos visibles, como la
sobrerrepresentación de las mujeres entre los
desempleados a tiempo parcial (es decir, los
trabajadores a tiempo parcial que querrían aumentar
su jornada laboral), que no están registrados
necesariamente como desempleados». Bien dicho, pero
de momento sólo es una declaración.
Además del aumento del empleo a tiempo parcial, en
Europa la crisis ha acarreado la multiplicación de
contratos precarios, con horarios cortos y salarios
muy bajos que afectan mayoritariamente a las
mujeres. Respecto a la indemnización por desempleo,
el desempleo parcial de hombres y mujeres no se
trata de la misma manera. En Francia, en la
industria automovilística, los hombres que sufrieron
una reducción de su actividad se beneficiaron de
medidas indemnizatorias. Pero no se ha previsto nada
para amortiguar los efectos de la reducción de la
jornada laboral a tiempo parcial de las mujeres. Eso
recuerda la persistencia de la idea según la cual el
desempleo masculino es más grave que el femenino.
Por otra parte, los datos muestran que en general se
indemniza a los hombres en mayor proporción que a
las mujeres. A finales de 2009, según Pôle Emploi,
el 64,1% de los hombres desempleados recibieron
indemnizaciones frente al 56,9% de las mujeres.
Salarios
La
crisis económica y financiera también ha afectado a
las personas que conservan sus empleos: globalmente,
la OIT señala en su Informe Anual sobre los salarios
(3) que el aumento de los salarios se ha dividido
por dos durante los años 2008 y 2009, lo que ha
erosionado fuertemente el poder adquisitivo de los
trabajadores. Obviamente las consecuencias son más
graves para los trabajadores con salarios bajos que
pueden caer fácilmente en la pobreza… Ya que, como
recuerda el informe, la sobrerrepresentación
femenina en los empleos con bajos salarios es una
característica universal de los mercados laborales.
Las mujeres constituyen incluso en absoluto la
mayoría de los empleados con bajos salarios en la
mayoría de los países, mientras que su tasa de
participación en el mercado laboral generalmente es
más baja.
Desarrollo del empleo precario e informal
El
recurso al trabajo precario (4) e informal ha
aumentado considerablemente debido a la crisis
prácticamente en todos los países del mundo. No se
trata simplemente de una respuesta a corto plazo a
los problemas económicos coyunturales, sino más bien
de la aceleración de una tendencia de fondo que ha
convertido el proceso «de informalización» del
trabajo en la característica principal de todos los
mercados laborales. Claramente esta tendencia afecta
más a las mujeres de todo el mundo, y en particular
a las emigrantes. La OIT alerta del hecho de que las
mujeres son mayoritarias en el sector informal, en
el empleo vulnerable, en el trabajo a tiempo parcial
y también que en promedio ellas están peor
remuneradas que los hombres por un trabajo del mismo
valor y tienen un acceso más limitado a las
prestaciones sociales.
A
pesar de la escasez de datos por sexos a escala
mundial con respecto a las personas con trabajo
precario, los análisis sobre el terreno que se han
llevado a cabo en diversos países o los testimonios
de organizaciones internacionales de trabajadores
convergen para indicar la sobrerrepresentación
femenina en esta forma de trabajo. La CSI subraya
(5) que esta sobrerrepresentación de las mujeres:
«socava sus derechos, perpetúa las desigualdades
entre los sexos en la sociedad y limita las
perspectivas de un progreso económico durable». La
Federación Internacional de las Organizaciones de
Trabajadores de la Metalurgia (FIOM) y la Unión
Internacional de los Trabajadores de la
Alimentación, la Agricultura, y la Hostelería y
Restauración (UITA) señalan que en las empresas de
sus sectores, los empleos ocupados por las mujeres
son más precarios en general, con una menor
seguridad, salarios más bajos, menos prestaciones y
una menor protección social que los hombres. Indican
que el trabajo precario «rápidamente se convierte en
el principal obstáculo de los derechos de los
trabajadores, y en particular de las mujeres»
Obstáculo de los derechos de los trabajadores, el
empleo precario también se identifica, en un estudio
(6) de Global Union Research Network (GURN) como «un
factor clave de las diferencias salariales entre
mujeres y hombres»: para luchar contra la
precarización, los responsables políticos deben
concentrarse en el género.
También el Parlamento Europeo retoma este análisis
en dos resoluciones (7) votadas en junio y en
octubre de 2010. Desea llamar la atención del
Consejo Europeo, de la Comisión y de los Estados
miembros sobre el hecho de que hasta ahora la
situación no ha recibido la atención que merece: «la
crisis financiera y económica en Europa tiene
repercusiones particularmente negativas en las
mujeres, más expuestas a la precariedad del empleo y
al despido y menos cubiertas por los sistemas de
protección social». Es lamentable que estas
resoluciones no hayan producido ningún efecto, lo
que nos hace preguntarnos sobre el poder real del
Parlamento Europeo.
El
informe de la CES de junio de 2011 también hace una
constatación alarmante sobre la evolución de las
condiciones laborales de las mujeres en Europa, en
términos de jornadas laborales, salarios y
contratos, Señala que los empleos femeninos se
siguen precarizando. Asistimos a un desarrollo del
trabajo en «negro». En Turquía, por ejemplo, el 58%
de las mujeres y el 38% de los hombres ejercen una
profesión sin declarar y por lo tanto no se
benefician de ninguna cobertura por enfermedad ni de
un seguro de accidentes. De forma general, por todas
partes hay un aumento de la carga laboral, de la
presión y el estrés, de acoso moral y psicológico.
El número de trabajadores no declarados ha crecido
significativamente, en particular en el sector
doméstico.
La
sobrerrepresentación femenina en el empleo precario
se debe a un conjunto de razones cuya enumeración no
entra en el marco de este documento. Pero una de
esas razones es el hecho de que las mujeres siempre
asumen lo esencial de las cargas domésticas y
familiares, la asistencia a las personas
dependientes. Eso las conduce a tener menos
miramientos respecto al empleo, a aceptar un trabajo
a tiempo parcial o poco remunerado. Cuando los
recortes de los gastos públicos, como veremos más
adelante, se aplican a los servicios de guardería
infantil, servicios a las personas o servicios de
sanidad, las limitaciones que pesan sobre las
mujeres no hacen más que ampliarse.
Aumento de la pobreza
El
aumento de la pobreza también afecta a las personas
que tienen un empleo. Según la OIT, el número de
trabajadores pobres (8) globalmente «ha crecido en
40 millones con respecto a las previsiones de antes
de la crisis, y en 2009 el desglose por sexos para
la categoría «empleos vulnerables» muestra que el
48,9% de los hombres y el 51,8% de las mujeres han
tenido que enfrentarse al tremendo desafío de la
precariedad».
Por
todas partes son los más pobres, y por lo tanto las
mujeres, los afectados más duramente. «Aunque la
crisis económica ha comenzado en los países
desarrollados, son las poblaciones pobres y
vulnerables de los países en vías de desarrollo, en
particular las mujeres, quienes sufren el impacto y
las consecuencias de la crisis» (OIT 2011). «La
crisis ha originado un encarecimiento de los
alimentos que ya había afectado a las mujeres y a
sus hijos en los países pobres. Las mujeres y las
niñas se vuelven muy vulnerables a los efectos de la
crisis debido al bajo nivel de educación».
El
Parlamento Europeo constata que «la pobreza femenina
sigue oculta en las estadísticas y en los regímenes
de seguridad social». Según el informe anual de 2010
de la Comisión sobre la igualdad entre las mujeres y
los hombres, la pobreza es uno de los ámbitos donde
las diferencias entre hombres y mujeres persisten:
las mujeres están más expuestas al riesgo de pobreza
y sufren de forma diferente la exclusión social, en
particular las mujeres mayores, cuyo riesgo de
pobreza se elevaba en 2008 al 22% frente al 16% para
los hombres mayores; para las madres solteras el
riesgo de pobreza es del 35% así como para otras
categorías de mujeres como las discapacitadas o las
que pertenecen a minorías étnicas.

Riesgo de pobreza relativa de los hombres y de las
mujeres por tramos de edad, media OCDE, mediados de
los años 2000
Nota:
El riesgo de pobreza relativa es la tasa de pobreza
específica en la edad de los hombres y de las
mujeres relacionada con la tasa de pobreza del
conjunto de la población y multiplicada por 100.
En
Francia, las organizaciones humanitarias señalan una
parte creciente de mujeres en las personas en
situación de pobreza desde 2009, en su informe
anual, el «Secours Catholique» muestra una
feminización de la pobreza y de la precariedad y
llama la atención sobre la situación de las jóvenes
madres solteras con empleos precarios.
Frente a la crisis, políticas de austeridad
ineficaces e injustas
Las
deudas públicas de los Estados han estallado bajo el
efecto de los planes de salvamento masivos del mundo
financiero llevadas a cabo por los gobiernos, de la
recesión provocada por la crisis y de las rebajas de
los ingresos fiscales en Francia y en numerosos
países europeos (debido especialmente a los regalos
fiscales concedidos a los más ricos y a las
empresas). Bajo la presión de los mercados
financieros que quieren asegurarse la capacidad de
los gobiernos de reembolsar sus deudas, estos
últimos han establecido planes de austeridad
drásticos. Aplicadas de forma simultánea y masiva en
el conjunto de los países europeos, esas políticas
sólo pueden llevar a una recesión más grave que
conducirá a reducir todavía más los ingresos
fiscales. Los déficit públicos aumentarán, al
contrario de los objetivos que se pretenden. Además
de ser incoherentes desde el punto de vista
económico, esas políticas son inaceptables desde el
punto de vista social. Van a acentuar la gravedad de
los efectos de la crisis sobre las poblaciones.
Además, al ignorar cualquier análisis de los efectos
diferenciados de la crisis sobre los hombres y las
mujeres, amenazan con agravar todavía más las
desigualdades.
Los
principales resortes accionados por los diversos
planes de austeridad en Europa conciernen a la
disminución de los gastos del Estado, de la función
pública y de la protección social y el aumento de
los ingresos a través de la fiscalidad. A
continuación presentamos de forma genérica los
efectos producidos, o que se producirán, debido a
las diversas líneas de recortes presupuestarios en
Europa, con algunas especificaciones para Francia.
Recortes de los gastos públicos
Mientras que los países que tienen un mayor nivel de
protección social y de servicios públicos absorben
mejor el impacto de la crisis, resisten mejor a la
recesión y al aumento de la pobreza vinculada al
crecimiento del desempleo y del subempleo, ¡son
precisamente esos fundamentos del Estado social los
objetivos de las restricciones presupuestarias! El
sector público sufre la reducción de numerosos
puestos de trabajo y la rebaja del sueldo de los
funcionarios. A las mujeres les afecta por partida
doble: en primer lugar como principales empleadas
del sector público y después como principales
beneficiarias de los servicios públicos.
Recorte de trabajadores y de salarios en el sector
público
Más
de una quincena de países de la UE han implementado
medidas semejantes. En octubre de 2010, el
Parlamento Europeo llamó la atención sobre el hecho
de que «el desempleo femenino puede aumentar de
forma desproporcionada debido a los recortes
presupuestarios anunciados en el sector público,
teniendo en cuenta que las mujeres son empleadas de
forma particularmente importante en la educación, la
sanidad y los servicios sociales».
En
efecto, la función pública es ampliamente femenina
en la mayoría de los países. En el Reino Unido las
mujeres representan el 65% de los empleados del
sector público… y ellas soportarán la mayoría de las
400.000 supresiones de puestos de trabajo anunciadas
para los cuatro próximos años. La British Fawcett
Society (10) revela que la diferencia de salarios
entre los sexos es dos veces mayor en el sector
privado (20,8%) que en el sector público (11,6%),
las medidas gubernamentales contribuirán a aumentar
todavía más esa diferencia. Se ha hecho una
evaluación que estima que de los 8.000 millones de
libras esterlinas que se ahorrarán sobre la
fiscalidad y la protección social, el 70% saldrá del
bolsillo de las mujeres (11).
En
Francia se aplica la regla de no reemplazar a un
jubilado de cada dos (regla «uno sobre dos»). Así,
en el conjunto del período 2008-2012, el Estado
suprimirá casi 150.000 empleos de jornada completa
en la función pública del Estado, lo que se traduce
en menos contrataciones. La educación nacional o la
acción social habitualmente contrataban a muchas
jóvenes diplomadas. Ya se ha comprobado un fuerte
aumento de la tasa de desempleo de mujeres jóvenes
(menores de 25 años) cuya evolución se diferencia
sensiblemente de la de los hombres jóvenes: entre
principios de 2008 y principios de 2011, un aumento
de 7,2 puntos de la tasa de desempleo para las
mujeres frente a 4,5 puntos para los hombres. Las
mujeres jóvenes, sin embargo, teóricamente deberían
beneficiarse de la ventaja de una mejor formación
para su inserción profesional, pero en la realidad
no es el caso en absoluto.
Además de la congelación o la rebaja de muchos
empleos en el sector público, algunos Estados han
aplicado rebajas salariales a los funcionarios (12):
bajada del 5% en España y Dinamarca, 10% en la
República Checa, 12% en Lituania, del 5% al 15% en
irlanda, 20% en Letonia y hasta un 25% en Rumania,
Portugal y Grecia. En Francia los sueldos de los
funcionarios se han congelado.
Recorte de la protección social y de los servicios
sociales: las mujeres, principales afectadas
Casi
por toda Europa los gastos de protección social
sufren reducciones drásticas, asociadas a la opción
de las disminuciones de los importes o las
duraciones de las prestaciones por desempleo, las
ayudas a las familias, las prestaciones por
maternidad y las ayudas a personas dependientes o
incapacitadas. De la misma forma, las reducciones
afectan a los servicios esenciales como las
guarderías infantiles, los servicios sociales y los
servicios sanitarios. En Francia también han
desaparecido las clases de maternidad, las
maternidades y han cerrado las clínicas de
interrupción del embarazo. Mientras aumenta el
número de personas dependientes, los presupuestos
dedicados a ellas en el mejor de los casos se
congelan o incluso se eliminan.
En
Francia el gobierno de Sarkozy convirtió la
dependencia en la obra magna de 2011. Pero a
mediados de este año el Primer Ministro anunció la
postergación de la reforma a 2012, oficialmente en
el marco de la reducción del déficit, y
probablemente por consideraciones electoralistas.
Esa información no se puede considerar una buena
noticia a la vista de una nueva regresión
inevitable. La situación actual, en efecto, es
insostenible desde muchos puntos de vista pero en
particular para los cuidadores familiares de las
personas dependientes –cuidadores de los que dos
tercios son mujeres- y que asumen una carga muy
pesada (13). Esta carga no está suficientemente
reconocida ni se tiene debidamente en cuenta.
Penaliza a las mujeres en sus empleos –debido al
frecuente paso a tiempo parcial o incluso el
abandono del empleo-, su salud (las asociaciones del
sector llaman la atención sobre el agotamiento de
las cuidadoras), su nivel de vida y más ampliamente
su autonomía. Muchas personas dependientes se
encuentran en situación de pobreza. No solo no se ha
tomado ninguna medida positiva, sino que además el
Primer Ministro decidió en noviembre de 2011 una
rebaja relativa de las prestaciones sociales, entre
ellas a las personas dependientes, suprimiendo su
actualización según la inflación.
Los
recortes presupuestarios en la protección social
conciernen más particularmente a las mujeres, en la
medida en que ellas asumen siempre el papel de
responsables principales de la familia. Debido a su
situación, a menudo característica, se las ve en
empleos precarios con bajos salarios. Las
reducciones en los servicios públicos o en el
importe de las ayudas limitan otro tanto sus
capacidades para alimentar, educar y velar por el
bienestar de sus hijos y sus próximos, donde se
ocupan de personas dependientes o inválidas de las
que la colectividad se desentiende. La ausencia o la
escasez de políticas de asistencia conduce al
aumento del empleo de mujeres inmigrantes a
domicilio, sin acceso a una protección social
adecuada e incluso trabajando en la clandestinidad.
Se
pueden prever fácilmente los efectos de semejantes
políticas de austeridad porque son similares a las
que impuso el FMI en los años 80 en los países en
desarrollo para garantizar su capacidad de
reembolsar sus deudas. Las consecuencias fueron muy
negativas para las mujeres: obligadas a garantizar
los servicios de los que el Estado y la colectividad
no se hacían cargo, ellas vieron que su jornada
laboral en la esfera privada se ampliaba
enormemente, a menudo en detrimento de un empleo
remunerado.
Los
efectos también repercuten en la esfera profesional.
El European Institute for Gender Equality (EIGE)
constata que los recortes presupuestarios en los
servicios de asistencia, las prestaciones
familiares, los permisos por maternidad y los
permisos parentales dificultan a las mujeres la
famosa «conciliación de la vida familiar y
profesional» (se trata más bien de acumulación que
de conciliación), con una carga acrecentada del
trabajo no remunerado que refuerza las desigualdades
de género en el mercado del trabajo y en las
costumbres.
Ataques a las pensiones
Las
medidas con respecto a las pensiones vienen a
completar la panoplia del perfecto plan de
austeridad. Casi todos los países europeos han
iniciado recientemente «reformas» en sus sistemas de
jubilación. La tendencia general es a una
privatización de las pensiones favorecida por la
retirada del Estado social, y un fortalecimiento del
vínculo entre el importe de las cotizaciones
entregadas y el importe de la pensión. Ese
fortalecimiento desemboca en el retroceso de los
mecanismos correctores (como las bonificaciones
vinculadas al cuidado de los niños o las pensiones
mínimas…) que tenían una función de redistribución
de las pensiones y atenuaban los efectos negativos
sobre las pensiones de las mujeres del tiempo
dedicado al cuidado de los niños. En efecto en todas
partes, como promedio, las mujeres tienen pensiones
inferiores a las de los hombres, y a menudo muy
débiles debido a las carreras interrumpidas,
períodos de trabajo parcial y salarios bajos. Los
mecanismos correctores, imprescindibles, son
notoriamente insuficientes puesto que las
desigualdades medias entre hombres y mujeres se
amplifican cuando se pasa de los salarios a las
pensiones (en Francia la pensión media de las
mujeres, con todo incluido, no representa más que el
62% de la de los hombres (14), mientras que el
salario medio femenino es el 80% del masculino…) ¡Y
se tiende a reducir esos mecanismos!
El
reforzamiento del vínculo entre las cotizaciones
entregadas y el importe de la pensión significa una
penalización global a las mujeres: el importe de su
pensión solo podrá bajar, lo que tendrá como
consecuencia exponer todavía más a las mujeres a la
pobreza. La Comisión Europea señala por otra parte
que «el empobrecimiento amenaza a los jubilados y
que las mujeres mayores constituyen uno de los
grupos más expuestos al riesgo de la pobreza». Ese
riesgo, elevado para los mayores de 65 años, es
significativamente más fuerte para las mujeres que
para los hombre (22% frente al 16%). ¡La Comisión ha
demostrado su capacidad para dictar la doctrina al
mismo tiempo que parece lamentar sus consecuencias!
La
tendencia de las diferentes reformas de las
jubilaciones también tiende a igualar la edad de
jubilación de las mujeres con la de los hombres en
los países donde son diferentes. Es el caso de
Portugal e Italia, donde se pasa de 62 a 67 años la
edad de jubilación de las mujeres. En Gran Bretaña
la diferencia entre las mujeres (60 años) y los
hombres (65), se suprimirá en 2020, así como en
Grecia, Lituania, Polonia, Rumanía, etc. Según los
países, los importes de las pensiones se congelan o
se rebajan y la duración del tiempo de cotización se
alarga, lo que implica mayores dificultades para las
mujeres, porque muchas ya no llegarán a reunir el
tiempo mínimo necesario.
La
«reforma» llevada a cabo en Francia en 2010, en la
misma línea que las precedentes, prolonga y amplía
la regresión (15). Las medidas de alargamiento de la
duración de la cotización significan una rebaja de
las pensiones para todos, pero afectan de manera
desproporcionada a las mujeres: así, una mayor
proporción de mujeres que de hombres deberá
jubilarse más tarde (con las dificultades notorias
del acceso al empleo de las personas mayores), es
decir, sufrirán un quebranto mayor porque en
promedio ellas están más lejos que los hombres del
tiempo de cotización exigido. También el retraso de
la edad de 65 a 67 años afecta en primer lugar a las
personas cuyas cotizaciones mínimas son
insuficientes y que a menudo llegan a los 65 años
para no sufrir una rebaja de su pensión muy gravosa.
De esas personas la mayoría son mujeres.
Las
dificultades que se avecinan son muy preocupantes.
Según un estudio llevado a cabo por el grupo
bancario HSBC sobre 17.000 personas en 17 países,
las mujeres europeas están más preocupadas por su
jubilación que los hombres, en particular las
francesas. Entre las quincuagenarias, el 58% asocia
la jubilación al término «dificultades económicas»
frente a solo el 36% de los hombres. Una encuesta de
la Asociación de Mujeres y Calidad de Vida a nivel
europeo señala las preocupaciones de las mujeres
respecto a la crisis económica y sus consecuencias
en términos de poder adquisitivo, de falta de
estructuras de guarderías y estructuras de
asistencia, la usencia de ayudas sociales a las
familias y la precariedad de su empleo, a menudo no
declarado. Preocupaciones por desgracia muy
fundamentadas…
Finalmente, otro recorte presupuestario amputado
debido a la austeridad es el de las políticas de
igualdad entre las mujeres y los hombres, que han
sido las primeras sacrificadas en diversos Estados,
como lo señala el Parlamento Europeo. En Francia,
numerosas asociaciones femeninas han visto bajar sus
subvenciones entre un 10% y un 20% en tres años, a
veces incluso el 30%. Esas reducciones tienen
efectos muy graves porque conciernen a las
asociaciones de alojamiento de urgencia o ayuda
alimentaria.
Conclusión
Esta
aclaración respecto a los efectos particulares de la
crisis sobre las mujeres, aunque parcial, conlleva
ciertas enseñanzas… y reactiva algunos imperativos.
En primer lugar, la evidencia de que ninguna
política debe decidirse a nivel nacional, regional o
internacional sin un análisis previo de su efectos
sobre los distintos sexos. Es un compromiso de los
Estados en la Cuarta Conferencia Mundial de las
Mujeres en Pekín en 1955, que debería aplicarse en
todos los ámbitos, económico, social, etc., pero
sigue siendo papel mojado.
Asimismo, los programas de los partidos políticos y
las propuestas de las organizaciones del movimiento
social sistemáticamente deben integrar la dimensión
de género y el objetivo de igualdad entre las
mujeres y los hombres en la elaboración y la
construcción de alternativas. No solamente porque es
una exigencia de justicia social, que ya sería
suficiente, sino porque además las políticas
igualitarias forman parte de la solución para salir
de la crisis.
Ir al
origen de los mecanismos que conducen a las
desigualdades de género permite, en efecto, tomar
conciencia de la importancia de todo un sector de la
actividad humana, garantizada esencialmente por las
mujeres, que concierne a la economía de la
asistencia y la cohesión social: trabajo invisible y
gratuito realizado en la esfera privada, y trabajo
subvalorado en la esfera pública. Analizar el
impacto de la austeridad en las mujeres y en los
grupos más desfavorecidos recuerda –cruelmente- la
importancia para el bienestar colectivo de la
existencia de una protección social de alto nivel y
de servicios públicos de calidad. Y mientras éstos
necesitan desarrollarse (en particular las
guarderías infantiles y la asistencia a personas
discapacitadas), son precisamente los que reciben
ataques en todas partes. Esos sectores, además de su
carácter esencial, representan un potencial enorme
para un crecimiento vuelto hacia las necesidades
sociales.
La
austeridad no es inevitable, existen otras
soluciones (16). Las limitaciones priorizadas por
los gobiernos –presiones de los mercados
financieros, funcionamiento de la Unión Europea,
Pacto de Estabilidad…- para justificar sus políticas
regresivas, ciertamente son reales. Pero no son
leyes naturales, sino la expresión de una camisa de
fuerza creada por los sucesivos gobiernos que
progresivamente se entregan a la dictadura de las
finanzas. Pero lo que se ha construido se puede
destruir. Los gobiernos de nuestros países los
elegimos los pueblos y se supone que tienen que
respetar nuestra voluntad. Los mercados financieros
temen la expresión de la voluntad de los pueblos, no
hay más que ver su pánico cuando se anunció que se
iba a consultar a los griegos en un referéndum. Si
se oye mucho a los mercados financieros es porque no
se escucha lo suficiente la voz de los pueblos.
En el
contexto actual, por lo tanto, la movilización
popular es imprescindible. La crisis debe ser una
ocasión de cambiar radicalmente de orientación,
redefinir el modelo de sociedad y transformar
profundamente las formas de producción y de consumo.
Se trata de implementar políticas que respondan en
primer lugar a las necesidades sociales y
medioambientales y supeditar la economía a este
objetivo. Las necesidades diarias, la economía de la
asistencia, la cohesión social, porque cada vez
están más amenazadas debido a la crisis, recuperan
una importancia olvidada. Tenemos una auténtica
oportunidad de que estas preocupaciones –que todavía
hoy siguen siendo mayoritariamente de las mujeres
pero deben ser de todos- se conviertan en una razón
principal de movilización. Influir más que los
mercados sobre la base de exigencias insoslayables
con la creación de una dinámica que abarque a todas
las poblaciones europeas es el desafío actual.
Notas:
(1)
Informe de la CSI «Vivir en la inseguridad
económica: las mujeres y el trabajo precario», marzo
de 2011.
(2)
Chômage et emploi des femmes dans la crise en
France, Françoise Milewski, Carta de la OFCE (mayo
de 2010).
http://www.ofce.sciences-po.fr/pdf/lettres/318.pdf.
(3)
OIT- Informe Mundial sobre los Salarios, 2010
(4)
Por empleo precario la CSI entiende las formas de
trabajo no permanentes, temporales, ocasionales,
inciertas y aleatorias. Los trabajadores afectados
no se benefician de la protección que ofrecen la
legislación laboral y la seguridad social. Las
trabajadoras precarias a menudo están privadas de
las disposiciones relativas a la protección durante
el embarazo y el permiso por maternidad, así como de
otras formas básicas de protección social
(5)
Informe citado.
(6)
Moving from Precarious Employment to Decent Work ,
John Evans y Euan Gibb, 2009.
(7)
Parlamento Europeo, Resolución del 11 de junio de
2010 sobre los aspectos relativos a la igualdad
entre las mujeres y los hombres en el contexto de la
recesión económica y la crisis financiera, y
Resolución del 19 de octubre de 2010 sobre los
trabajadores en situación de empleo precario.
(8)
La noción de pobreza es objeto de numerosos debates.
El umbral de la pobreza desde el punto de vista
monetario se define en general en el 60% de la renta
media. Los trabajadores pobres se definen por el
hecho de que trabajan y pertenecen a hogares pobres.
(9)
Ver especialmente el dossier del IRES de noviembre
de 2010, «El Estado social en la prueba de la
austeridad».
(10)
Una de las organizaciones británicas más antiguas
para los derechos de las mujeres.
(11)
Informe de la CSI, marzo de 2011.
(12)
Esos datos son parciales en la fecha de finales de
2010.
(13)
«Hacerse cargo de la dependencia: un doble reto para
las mujeres», mayo de 2011, Christiane Marty,
http://gesd.free.fr/enjeu2f.pdf
(14)
Cifras de 2004.
(15)
Ver en particular «Retraites, l’heure de vérité»
Syllepse, 2010. Coordinado por JM. Harribey, P.
Khalfa, C. Marty.
(16)
Ver Le piège de la dette de la dette publique, Attac,
Éditions Les liens qui libèrent, abril de 2011. O Le
manifeste d’économistes atterrés, Les liens qui
libèrent, 2010.
Referencias
-
AWID. «L’impact de la crise financiare sur les
femmes en Europe de l’Ouest», Wendi Harcourt.
-
OIT, «Tendances mundiales de l’emploi des femmes»,
2009.
- CSI
«Vivre Dans l’insecurité économique: les femmes et
le travail précaire», marzo de 2011.
-
EIGE (European Institute for Gender Equality), «Report
Reconciliation of Work and Family Life as a
Condition of Equal Participation in the Labour
Market».
-
Ivosevic Vanja, «Les réformes des pensions en Europe
et leur impact sur les femmes», septiembre 2009.
-
OCDE, «Rapport sur l’initiative de l’OCEDE pour la
parité: l’égalité entre hommes et femmes en matière
d’éducation, d’emploi et d’ entrepreneuriat», mayo
2011.
-
Parlamento Europeo, Resolución del 17 de junio de
2010 sobre los aspectos relativos a la igualdad
entre las mujeres y los hombres en el contexto de la
recesión económica y de la crisis financiera
(2009/2204 INI)
-
Parlamento Europeo, Resolución del 19 de octubre de
2010 sobre los trabajadores en situación de trabajo
precario (2010/2018 INI)
- S.
Seguino, «The global economic crisis, its gender and
ethnic implications, and policy responses» Gender &
Development, vol. 18, julio de 2010.
Fuente:
http://www.cadtm.org/IMG/pdf/impact_austerit-_sur_les_femmes.pdf