|
Molinetes del modelo
económico
Por
Ariel Terrero
[19.12.2011]-Actualizado 1:00 pm Cuba
Cuba
ha apretado el acelerador de las transformaciones
económicas en la recta final del año, después de la
tregua que siguió al VI Congreso del PCC. Antes del
2011, el país había dado pasos importantes, sobre
todo en la política laboral y en el sector
agropecuario. Perseguía objetivos estratégicos, aún
pendientes, como fortalecer la producción nacional
de alimentos. Pero, tras definir el cónclave
partidista en abril las reglas del juego para
actualizar el modelo económico, se ralentizó el
ritmo de la renovación, mucha gente se impacientó y
hasta temí que los primeros cambios no avanzaran
mucho por la pausa.
Sin
embargo, a juzgar por el número y valor de medidas
recién introducidas, la tregua era engañosa, fecunda
quizás, aunque es pronto para equiparaciones con la
historia. Evidentemente, las autoridades y la
Comisión de Implementación de los Lineamientos han
estado cocinando en ese lapso movimientos complejos,
que implican modificaciones de la legislación y la
preparación de condiciones, para evitar fracasos a
cuenta de apuros, como alertó el Presidente, Raúl
Castro, a mediados de año.
Las
nuevas decisiones tendrán impacto de rango diverso.
Unas dan respuestas a viejas deudas y demandas de la
población, como las liberaciones sucesivas de la
compra-venta de autos y de viviendas entre personas.
Aunque la segunda debe tener mayor alcance, ambas
solo enderezan un intercambio mal regido por el
Estado. Otras medidas prometen un efecto económico
más hondo: inician una necesaria renovación del
sistema financiero insular y buscan apuntalar
transformaciones anteriores.
A
partir del 20 de diciembre, tres bancos cubanos
–Metropolitano, de Crédito y Comercio y Popular de
Ahorro- abrirán sus ventanillos para otorgar
créditos a personas naturales interesadas en
financiar inversiones d el trabajo por cuenta
propia, la actividad agropecuaria y la construcción
y reparación de viviendas.
En mi
opinión, este puede convertirse en uno de los lances
más importantes en la actualización del modelo
económico cubano. La ampliación de la actividad
crediticia, que veo apenas en ciernes con este paso,
plantea retos duros a la banca cubana, usualmente
lastrada por la pesadez de sus servicios. El sistema
bancario se inserta ahora de manera directa en la
pelea por desarrollar formas de gestión no estatal,
que librarán al Estado de la administración de
cuanto negocio de pequeña escala existe en el país.
Necesarios en cualquier economía, los microcréditos
ofrecen respaldo a la compra de instrumentos de
trabajo y otros recursos por los agricultores que
han recibido tierras en usufructo; a las inversiones
de trabajadores por cuenta propia, opción expandida
desde el año pasado como alternativa para un
esperado reordenamiento laboral; y a la reparación y
construcción de viviendas. Además del sostén que
aportan a medidas precedentes, los préstamos
bancarios y otras transformaciones adjuntas serán
imprescindibles para cambios por venir, como el
despliegue de cooperativas en escenarios no
agropecuarios.
El
desarrollo de la actividad crediticia pone en manos
del Banco Central de Cuba (BCC), además, una valiosa
herramienta a la hora de regular la liquidez y
ordenar el sistema monetario del país.
Las
decisiones adoptadas en estos meses también se
proponen romper ataduras o frenos en las relaciones
entre entidades del Estado y trabajadores no
estatales.
En
respuesta a Lineamientos de la Política Económica y
a una demanda de la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños, a los productores agrícolas
se les autorizó la venta directa de frutas,
hortalizas, viandas, arroz y otros productos a
entidades hoteleras y gastronómicas del turismo.
Desde el primero de diciembre, no es obligatorio el
carril de las empresas a copiadoras. En muchos
casos, el vínculo directo puede aportar eficiencia y
agilidad comercial al abastecimiento de la industria
del ocio.
En una
cuerda parecida, el Gobierno flexibilizó el pago de
las entidades estatales a los trabajadores por
cuenta propia. La retribución límite de 100 pesos
quedó eliminada. La medida beneficia a ambas partes.
A las empresas les ofrece una alternativa más
racional y de menos costo que la contratación de
personal fijo para resolver trabajos puntuales o
secundarios.
Ninguna de esas disposiciones es mágica. Hacen falta
otras, como los subsidios a las personas y el
reordenamiento laboral, para expandir la producción,
el comercio y los ingresos salariales. Pero dos
razones comunes les otorgan miras de largo alcance
ya a los pasos recientes: promueven nexos
contractuales para ordenar el funcionamiento
económico del país y privilegian las relaciones en
pesos cubanos, a fin de fortalecer las bases de la
moneda nacional y, por extensión, de esta economía
en que navegamos juntos.
Tomado
de
www.cubaprofunda.org |