"Los que quieren
profundizar el modelo, ¿se refieren a esta fábrica
de desigualdad"?
Por Carlos
Saglul (ACTA)
Entrevista a
Atilio Boron, quien afirma que un sistema económico
y social que se construye a partir de la
consideración de hombres, mujeres y naturaleza como
simples mercancías capaces de producir más riqueza
es absolutamente imposible de humanizar.
[26.11.2011]-Actualizado 4:30 pm Cuba
Ex
secretario del Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales, Atilio Boron recibió en Cuba el Premio
Internacional de la UNESCO José Martí 2009 por su
infatigable contribución a la unidad e integración
de los países de América Latina y el Caribe. Es
profesor de Teoría Política de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires
e investigador del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Se
desempeña como director del Programa Latinoamericano
de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED)
del Centro Cultural de la Cooperación "Floreal
Gorini". También es miembro del Comité Científico
del Programa de Investigación Comparada sobre la
Pobreza (CROP), que tiene su sede en Bergen
(Noruega).
A
través de sus artículos en diversos medios del
continente, sus apariciones en la televisión de
Cuba, Venezuela y todo el continente, Boron se
transformó en un referente de amplios sectores,
fundamentalmente juveniles, que lo siguen a través
de sus blogs, sus direcciones en facebook y se
comunican con él a través de los miles de correos
electrónicos que recibe cada día. Defensor del
reformismo a la manera de Rosa Luxemburgo, al que
sabe diferenciar de lo que denomina "modernización
conservadora", Boron dio pie a una verdadera
polémica cuando se preguntó, ¿de qué hablan quienes
propician profundizar este modelo?
Humanizar al capitalismo parece cosa difícil si uno
mira alrededor. De cualquier manera, si se analizan
el discurso del oficialismo pareciera que "el
modelo" es eso. ¿Qué es para usted "el modelo"?
Humanizar al capitalismo es más difícil que hallar
la cuadratura del círculo. Un sistema económico y
social que se construye a partir de la consideración
de hombres, mujeres y naturaleza como simples
mercancías capaces de producir más riqueza es
absolutamente imposible de humanizar. Por otra
parte, quienes hablan de "profundizar el modelo",
¿quieren "profundizar" también la Ley de Entidades
Financieras de Videla y Martínez de Hoz; o la Carta
Orgánica (ultraneoliberal) del Banco Central
pergeñada por Domingo Cavallo, o la escandalosamente
regresiva estructura tributaria que recauda
impuestos a las "ganancias" entre los asalariados o
castiga con un IVA brutal a los consumidores de
bajos recursos mientras exime de imposiciones
tributarias a la renta financiera o a la
transferencia de activos de sociedades anónimas
mientras subsidia a las grandes empresas y a los
consumidores adinerados? ¿Quieren profundizar los
efectos de esta incontenible fábrica de pobreza que
es el "modelo" y la irritante desigualdad económica
pese a elevadísimas tasas de crecimiento económico;
o el trabajo "en negro" que afecta al 40 % de los
trabajadores, incluso dentro del propio sector
público; o la indiferencia ante los reclamos en
contra de la minería a cielo abierto (¡y su
escandalosa regalía del 3 % a boca de mina!), por la
preservación de los glaciares y los bosques nativos,
o por la devolución de las tierras a los pueblos
originarios (caso Qom, en estos días)? ¿De verdad
quieren profundizar todo esto, porque esto es el
"modelo"?
De lo
que se trata no es de profundizar el modelo sino de
cambiarlo de una buena vez, sin arrojar por la borda
todo lo actuado, preservando algunos aciertos (aún
cuando insuficientes, como la asignación universal
por hijo y la extensión de los beneficios
jubilatorios) pero avanzando aceleradamente en una
nueva dirección congruente con los imperativos de
justicia y equidad sin los cuales cualquier
democracia se convierte en una farsa y deviene en
una plutocracia disfrazada.
¿Cuál es la línea que separa al reformismo de un
sistema que, a la postre, no afecta la matriz
neoliberal, por el contrario trata de perpetuarla
maquillando sus efectos?
Yo
creo que el reformismo es una política
anticapitalista. Si algo se llama por ese nombre y
fortalece al capitalismo, lo eficientiza o lo hace
más digerible para las masas eso no es reformismo
sino una modernización conservadora. No olvidar que
como lo manifestara Rosa Luxemburgo tantas veces,
hay un lazo entre reformas sociales y revolución. Lo
que ocurre es que a las modernizaciones
conservadoras se las llama reformistas, pero eso es
un error. Las revoluciones no son acontecimientos
que ocurren de la noche a la mañana. Suelen casi
invariablemente comenzar como un proceso de reformas
que, al calor de la lucha de clases, se radicaliza
hasta desembocar en una verdadera revolución. El
Movimiento 26 de Julio en Cuba siguió exactamente
esa trayectoria. Y la revolución socialista en Rusia
comenzó como un programa claramente reformista:
"pan, tierra, paz", que nada tenía que ver con el
socialismo. Pero puso en marcha un proceso
dialéctico que luego no se pudo detener y que
culminó en la creación del primer Estado Obrero en
la historia de la humanidad, más allá de las
deformaciones que, lamentablemente, frustrarían su
destino histórico en las décadas sucesivas.
Un
dirigente social del interior nos preguntaba días
atrás: "Los desocupados que reciben dos mil pesos
por construir viviendas, los uniforman y deben ir
puntualmente a todos los actos de la organización
política que les dio trabajo y de esa forma dejan de
figurar para el Ministerio de Trabajo como
desocupados, ¿dejaron de ser pobres? ¿O son nuevos
pobres? ¿Cómo lo caracteriza usted?
Siguen siendo pobres, y para colmo, atrapados en una
red clientelística que impide su emancipación
económica y social. Su ocupación actual es inestable
y transitoria. Para atacar el problema de raíz
tendrían que ser capacitados en las nuevas
tecnologías que hoy imperan en el mundo de la
producción y, por otro lado, formular y ejecutar un
plan nacional de desarrollo en donde a partir del
papel rector del Estado se establezcan prioridades
en materia de inversión con miras puestas en la
creación de empleos. No debe olvidarse que la
dinámica propia del capitalismo actual tiende a la
expulsión de la fuerza de trabajo. Si por el capital
fuera una parte apreciable de la población mundial
sería redundante, y la única política social válida
sería practicar la "eutanasia de los pobres". Por lo
tanto, si el Estado no interviene con múltiples
políticas activas, y lo hace eficientemente, esta
tendencia profunda del capitalismo hará que se
perpetúen la desocupación y la pobreza.
UNASUR y el ALBA son complementarios pero
diferentes, especialmente cuando se habla de
estrategia. ¿Cuáles son para usted los puntos en
común de los dos líderes de los bloques Brasil y
Venezuela?
Brasil todavía no se piensa como un líder de un
bloque regional sino que lo hace en términos
exclusivamente nacionales, procurando afianzar su
propia proyección en América Latina y, en la medida
de lo posible, en la arena internacional. Ni Lula ni
Dilma parecen dispuestos a hacer lo que todo líder
debe hacer: sacrificar en parte sus intereses
egoístas para, a cambio, beneficiarse con la
conducción de un bloque de países que potenciaría la
gravitación internacional de Brasil y de América del
Sur. Para esto se requiere una clara visión
estratégica global y Brasil no la tiene. Por eso,
por ejemplo, se niega a renegociar el leonino
convenio brasileño-paraguayo de la represa de Itaipú
(pese a un leve retoque hecho por Lula en los
momentos finales de su mandato) o impone absurdas
restricciones a la exportación uruguaya de arroz al
Brasil (¿puede Uruguay exportar tanto arroz como
para provocar esa reacción?). Venezuela, bajo el
liderazgo de Chávez, tiene una visión acertada de la
inserción de América Latina en el sistema mundial
pero carece de las formidables potencialidades que
tiene Brasil. Por eso el ingreso de Venezuela al
Mercosur podría acercarnos a la síntesis que hace
tanto tiempo estamos necesitando: la potencia y el
empuje brasileños y la clarividencia estratégica de
Chávez. Este, a diferencia de Brasil, no se equivoca
en lo esencial: la caracterización del imperio y el
papel de América Latina.
Venezuela tiene petróleo y según los norteamericanos
también un "dictador". Si no hay descontento popular
real, cámaras y unos pocos extras logran milagros en
estos tiempos. ¿Hay riesgo de un desembarco militar
estadounidense directo en el continente?
Es
una opción que Washington tiene en carpeta. Van a
esperar la evolución de la enfermedad de Chávez y el
veredicto popular en las próximas elecciones del
2012. Pero si ambas cosas se mueven en una dirección
contraria a los intereses norteamericanos: si Chávez
se cura del cáncer y gana las elecciones una
aventura militar como la perpetrada en estos días en
Libia no debería ser descartada. De hecho David
Cameron, el premier británico, dijo recientemente
que esa operación podría ser el modelo de futuras
intervenciones militares destinadas a construir un
mundo más seguro y confiable. Por eso la
satanización de Chávez, acusado miserablemente de
ser un protector de terroristas y narcotraficantes
por el propio Departamento de Estado en sus informes
anuales, debe ser entendida como el primer paso
–preparatorio de la opinión pública- de una eventual
operación militar destinada a remover por la fuerza
el principal obstáculo que Estados Unidos encuentra
en la región a la hora de recuperar su pérdida
ascendencia.
Irán, Afganistán, Libia. La debilidad del
capitalismo no calma su voracidad por el petróleo y
el expansionismo militar. Menos poder económico, más
impunidad, ¿es contradictorio?
No es
contradictorio en absoluto. De hecho, la impunidad
es requerida por -y refuerza al- poder económico. A
medida que la gravitación económica de Estados
Unidos se fue debilitando el proceso de
militarización de la política exterior y el
creciente control autoritario dentro del país
(denunciado por infinidad de grupos y asociaciones
norteamericanas preocupadas por esta involución en
materia de derechos civiles y libertades
fundamentales, especialmente luego del 11-S) creció
inconteniblemente. El presupuesto militar de Estados
Unidos, que hace apenas quince años equivalía al de
los doce países que le seguían en ese rubro, hoy
equivale al de la totalidad de las naciones del
planeta. Se llegó a niveles monstruosos, porque al
considerar todos los componentes del gasto militar
(incluyendo la Administración de Veteranos, que se
encarga de la atención médica y rehabilitación de
los heridos) y los proyectos de "reconstrucción" de
zonas destruidas por el poder militar yanky estamos
hablando de una cifra que supera al millón de
millones de dólares, algo considerado como una
barrera infranqueable apenas cinco años atrás. En
otras palabras: se pretende contrarrestar la
declinación económica con un fenomenal
fortalecimiento del poderío militar. Eso puede
funcionar hasta cierto punto pero, ¿por cuánto
tiempo?
El
rol de Moreno Ocampo
En un
momento de la entrevista le recordamos a Atilio
Boron que durante el siglo pasado, una revista de
actualidad traía la sección "Argentinos que triunfan
por el mundo". Y le apuntamos que de existir en
estos días lo hubiera incluido al doctor Luis Moreno
Ocampo quien ha tenido un papel activo en el
Tribunal Penal Internacional.
¿Opina lo mismo?
Si,
muy activo. Ahora quiere abrir una investigación
sobre Kadafi y sus crímenes de guerra y sus
violaciones a los derechos humanos. Pero habrá que
ver si tiene la integridad moral y las agallas para
hacer lo propio con los socios, cómplices y
partícipes necesarios de los crímenes de Gadafi:
George W. Bush y Tony Blair, tal cual surge de los
documentos hallados en varias oficinas abandonadas
del gobierno de Gadafi. Esos gobernantes conocían
muy bien las atrocidades que cometía el líder libio
y le enviaban prisioneros sospechosos de actividades
terroristas para que los torturaran en Libia para
arrancarles informaciones en su cruzada
antiterrorista. Espero que Moreno Ocampo actúe en
consecuencia e incluya en su investigación el
siniestro papel de estos otros criminales, a quienes
la prensa presenta como grandes defensores de la
democracia, la libertad y los derechos humanos.
Artículo publicado en el Periódico de la CTA N° 81,
correspondiente al mes de octubre de 2011.