El ajedrez global de
la crisis
Por Claudio Katz - Rebelión
[23.12.2011]-Actualizado 10:30 pm Cuba
Una
nueva fase recesiva de la crisis iniciada en el 2007
se vislumbra en las economías desarrolladas. El
rebote logrado con desembolsos estatales se está
agotando y la próxima recaída incluirá un alto piso
de desempleo. Sólo para retomar el nivel de
ocupación vigente al comienzo del temblor se
necesitarían crear en el mundo 17 millones de
puestos de trabajo y las tesorerías están exhaustas
por el socorro brindado a los bancos.
En el
debut de la convulsión hubo dos interpretaciones
económicas predominantes. Los neoliberales
subrayaron la culpabilidad de los deudores, que
tomaron préstamos sin capacidad de repago y la
irresponsabilidad de los Estados, que asumieron
pasivos inmanejables. Los keynesianos remarcaron, en
cambio, la falta de regulación financiera y los
excesos de especulación. También subrayaron el
deterioro de la demanda solvente por el
estancamiento de los salarios y la polarización
social. Ambas corrientes enfatizaron distintos
desaciertos de la política económica que condujo al
colapso actual.
Pero
esta atención inicial en el origen de la crisis se
ha desplazado posteriormente hacia otro problema: el
impacto regional diferenciado de la convulsión y los
consiguientes cambios en el tablero geopolítico.
Esta mirada realza el viraje hacia la multipolaridad,
la pérdida de hegemonía estadounidense, al ascenso
de China y la gravitación de las economías
emergentes.
¿Cómo
se desenvuelve la crisis económica en cada región?
¿Cuáles son las estrategias en juego de las clases
dominantes? ¿Qué tipo escenarios están despuntando a
nivel global?
FRACTURA DE LA ECONOMIA ESTADOUNIDENSE
El
desplome inmobiliario desató la crisis en Estados
Unidos, cuando los deudores insolventes (subprime)
no pudieron afrontar el pago de sus cuotas. Los
bancos afrontaron un gran bache de cobranza frente a
11 millones de viviendas valuadas por debajo de sus
hipotecas y un quinto de los propietarios asfixiados
por créditos impagables.
Posteriormente salió a flote el mismo endeudamiento
en otros terrenos. Las familias soportan pasivos
equivalentes al 112% de sus ingresos y obligaciones
financieras 37% superiores a la década pasada. Toda
la cadena de financiación está afectada por una
morosidad que induce a los bancos a retacear los
préstamos y a crear un círculo vicioso de recesión y
mayor fragilidad financiera.
Los
economistas ortodoxos acusan a los deudores y sus
adversarios a los bancos. Pero ambos olvidan que la
bola de nieve de consumos financiados sin respaldo
se arrastra desde hace varias décadas, como
consecuencia de la reorganización capitalista que
impuso la mundialización neoliberal. Esta
transformación introdujo un deterioro en las
condiciones laborales (precarización, estancamiento
de los salarios, segmentación de las
calificaciones), que retrajo los ingresos populares
e impulsó a mantener el consumo con el auxilio
crediticio.
Con
grandes préstamos a las familias se sostuvo la
demanda frente a un desempleo que ya bordea los dos
dígitos, una pobreza que afecta al 15% de la
población, sueldos retraídos al nivel vigente hace
15 años y una concentración escandalosa de la
riqueza [2] .
La
reestructuración neoliberal también incluyó una
significativa deslocalización de las firmas, que
lucran en el exterior con menores costos salariales
acentuando la pérdida de puestos de trabajo. Las
empresas estadounidenses crean fuera del país, los
empleos que destruyen internamente y por esta razón,
la recesión local coexiste con el aumento de las
utilidades foráneas que obtienen las principales 500
firmas [3]
En
las últimas décadas el enorme consumo norteamericano
persistió sobre endebles cimientos de endeudamiento,
en un contexto de regresión industrial interna,
aumento de la explotación, déficit comercial y
emigración de firmas. Este crítico escenario fue un
resultado de la presión competitiva que impuso el
neoliberalismo.
Los
desequilibrios generados por esta remodelación
salieron a flote con el estallido de la deuda
hipotecaria. Pero la magnitud de los desajustes se
tornó visible a partir de la bancarrota de Lehman
Brothers (2008) y la erosión de todo el sistema
financiero (2009).
El
socorro posterior ha creado finalmente la actual
pesadilla de insolvencia fiscal y bancaria, que hace
temblar a los mercados. Las entidades permanecen en
terapia intensiva y la deuda estatal se elevó del 62
% (2007) al 100% del PBI (2011) [4]
El
gobierno gestiona el agujero fiscal sin ninguna
coherencia. Un día acepta la presión de los
republicanos para recortar el gasto y a la jornada
siguiente lanza un programa de inversión con grandes
recortes fiscales. Obama está paralizado entre la
presión de la derecha que copó el Congreso y un
electorado que sigue esperando el cumplimiento de
sus promesas.
REACCION EXTERNA NORTEAMERICANA
Estados Unidos ha intentado ordenar la gestión
global de la crisis, mediante la organización del G
20 y la intervención conjunta de los Bancos
Centrales. Pero desenvuelve, además, varias
estrategias utilizando sus principales instrumentos
económicos.
El
primer recurso es el dólar que concentra el 85% de
las transacciones en divisas, el 65% del comercio
global y un porcentaje semejante de las reservas
mundiales. Este signo nomina la mitad de la deuda
internacional y el grueso de las operaciones con
petróleo o materias primas.
El
dólar ha perdido el reinado indiscutible que tenía
en la posguerra, pero mantiene su primacía ante la
ausencia de reemplazo. El euro no logró la
influencia requerida para actuar como moneda global,
el yen ha perdido influencia y el yuan no se ha
internacionalizado como signo convertible.
Esta
carencia de sustituto le permite al dólar mantener
una intervención predominante, que podría anticipar
la futura convivencia de tres monedas (dólar, euro,
yuan), el retorno a los tipos de cambio fijo o la
negociación de una nueva canasta de varios signos
[5] .
En
cualquiera de estas alternativas el dólar podría
mantener la incidencia que ha conservado desde su
in-convertibilidad, en sucesivas etapas de
revalorización y desvalorización de su cotización.
El margen para administrar tipos de cambios altos
(que atraigan capitales) y bajos (que fomenten las
exportaciones) se ha estrechado, pero no ha
desaparecido.
La
influencia norteamericana es también significativa
en la reforma del sistema financiero mundial
(Basilea III). Este cambio se tramita para
incrementar el patrimonio de los bancos, mediante
negociaciones sobre el monto que deberían aportar
las entidades. También se discute como regular los
nuevos mecanismos de especulación (derivados, CDS,
Hedge Funds) y las operaciones financieras que las
empresas desenvuelven en forma directa.
La
internacionalización de las finanzas y la
interconexión de las Bolsas tornan imperioso este
ajuste normativo, que se procesa a través de una
reorganización previa de las entidades
norteamericanas. Un reconocido jefe del clan
bancario (Paul Volcker) está comandando esa
remodelación.
Wall
Street actúa en este terreno en estrecha sociedad
con la City Londinense. Ambas comparten el manejo de
las cúspides financieras y pretenden restringir
todas las regulaciones al mínimo compatible con sus
negocios.
Los
próceres del neoliberalismo (Greenspan y Bernanke)
se encuentran a la defensiva para comandar esta
reorganización. Ya no ponderan en público la
eficiencia suprema de los mercados para
auto-contener las burbujas. Pero sus oponentes
keynesianos (como William Dudley), tampoco logran
apoyo para implementar un mayor control previo de
las oleadas especulativas. En ambas variantes la
dirección de los cambios se define en Estados Unidos
[6] .
La
influencia norteamericana es también decisiva dentro
del FMI. A pesar de las crecientes atribuciones
obtenidas por los nuevos participantes del Fondo,
Washington marca la pauta del organismo. En los
últimos cónclaves del G 20 logró duplicar los fondos
de la entidad, otorgarle mayores facultades como
auditora y asignarle crecientes potestades de
intervención nacional.
El
FMI define actualmente en Europa las sanciones
contra cualquier obstrucción del apriete. Suspendió
créditos a Ucrania cuando se dispusieron aumentos
del salario mínimo, impuso la reducción de los
sueldos en Letonia, exigió privatizaciones en Grecia
y objetó el referéndum de Islandia contra los
acreedores. Ya no actúa sólo en las economías
menores, sino que supervisa el rescate de Italia [7]
.
Partiendo de estas acciones el establishment
norteamericano evalúa estrategias de salida de la
crisis, tanteando las opciones inflacionistas. Desde
el 2008 la Reserva Federal (FED) inyectó 2 billones
de dólares, mediante políticas ultra-expansivas
(conocidas como "relajamiento cuantitativo").
Instrumentó emisiones monetarias que inundan de
dólares el planeta y facilitan la exportación de los
desequilibrios estadounidenses. Esta política apunta
a licuar la deuda pública con inflación, repitiendo
un mecanismo ya utilizado por Estados Unidos para
achicar sus pasivos estatales, empapelando al resto
del mundo.
Pero
esta reiteración presenta mayores dificultades, no
sólo por la resistencia que oponen los economistas
ortodoxos. La reducción inflacionaria de la deuda se
consumó en el pasado en contextos de alto
crecimiento, que permitían achicar la proporción
total de esa carga en comparación al PBI. Nadie
avizora esos escenarios de prosperidad en los
próximos años [8] .
EL
DESCALABRO EUROPEO
Muchos analistas europeos caracterizaron
inicialmente la crisis del Viejo Continente como un
simple eco del temblor norteamericano. Pero esa
visión quedó desmentida por la impresionante
dimensión del tsunami europeo [9] .
La
magnitud de ese desplome se explica por los
desequilibrios específicos que generó la formación
de la Unión Europea (27 países) y la Eurozona (17
naciones). Ambas iniciativas buscaron amoldar la
región a las reglas neoliberales de la
competitividad global, sustituyendo la antigua
diversidad de economías por un bloque liderado por
la locomotora alemana y la diplomacia francesa.
El
comando económico germano se consolidó con la
anexión del territorio oriental (ex RDA). Las clases
dominantes utilizaron el poderío tecnológico y la
alta productividad de la industria, para reforzar la
disciplina salarial y transformar al país en la gran
potencia exportadora de la zona euro.
Pero
la crisis actual ha demostrado el carácter inacabado
de ese bloque. La moneda común fue introducida para
asegurar la colocación de los excedentes germanos,
mientras se posponía la organización del presupuesto
y la fiscalidad compartida. Esa carencia ha sido
letal. La ausencia de instituciones estatales
comunes para respaldar el signo monetario socavó la
cohesión del proyecto y potenció la heterogeneidad
de la comunidad. En lugar de consolidar la
estructura en gestación acrecentó la distancia que
separa a las economías pujantes de los países
rezagados.
Inicialmente se esperaba acortar esas brechas
mediante el desarrollo de un mercado compartido y la
instrumentación de transferencias hacia las zonas
relegadas. Pero terminó prevaleciendo un proceso
inverso, de sistemática pérdida de posiciones de los
países con mayores tasas inflación y menores índices
de productividad. Esta fractura condujo a
desequilibrios comerciales que fueron compensados
con endeudamiento. Al final, sobrevino el pase de
facturas de las economías excedentarias (Alemania,
Holanda, Austria) a los países deficitarios (Grecia,
Portugal, Irlanda) [10]
El
endeudamiento público y el quebranto de los bancos
acentuaron esta brecha entre el centro y la
periferia de la Eurozona. Primero colapsaron las
pequeñas economías agobiadas por el desbalance
comercial (Grecia), la inversión extranjera sesgada
(Irlanda) y la financiación foránea especulativa
(Islandia, Chipre). Luego el desplome fiscal se
expandió a Italia (tercer país la zona) y ahora
amenaza a España (que afronta una enorme morosidad
hipotecaria).
Todos
los bancos tienen repletas sus carteras de títulos
públicos insolventes. Las frágiles entidades de
Grecia, Irlanda o Islandia ya colapsaron y hay pavor
por la situación de grandes instituciones de
Francia, Alemania, Austria o Italia. Las
transacciones inter-bancarias se han encogido, crece
el temor por la toxicidad de los balances y hay
salidas de fondos hacia lugares más seguros [11] .
LA
ESTRATEGIA GERMANA
Alemania no puede intentar las respuestas globales
que tantea Estados Unidos. Carece de los recursos
imperiales que conserva la primera potencia y ha
optado por una estrategia deflacionaria defensiva,
que ese ubica en las antípodas de la opción
inflacionaria norteamericana. Mientras que la FED ha
impulsado reducciones sistemáticas de las tasas de
interés, el Banco Central Europeo (BCE) ha
encarecido el costo del dinero.
Frecuentemente se explica esta diferencia por un
cruce de tradiciones. La memoria de Weimar es
contrastada con el recuerdo del New Deal. Este
contrapunto entre temores europeos a la
hiperinflación y recuerdos norteamericanos de la
Gran Depresión ilustra la brecha de influencia que
existe entre ambos países, en la gestión
internacional de la crisis [12] .
Alemania actúa a nivel europeo con una política de
atropello para descargar sobre los trabajadores el
costo de la crisis. Esta embestida no implica un
ajuste más. Supone demoler el estado de bienestar
construido desde la posguerra y barrer con
conquistas sociales nunca alcanzadas por los
asalariados de otros continentes. Las tasas de
desempleo europeo ya promedian el 20 % y bajo el
impacto de la precarización laboral, la pobreza se
ha extendido a un cuarto de la población [13] .
El
otro cimiento de la política germana es el apriete
fiscal para sostener el euro. En los últimos meses
la continuidad de este signo quedó en la cornisa y
se ha especulado con su reorganización, fractura o
desaparición. Pero esa moneda ha sido la llave de un
dominio exportador alemán basado en la unificación
de los mercados y la eliminación de las barreras
proteccionistas.
Para
preservar el euro se impuso la suscripción del
reciente pacto fiscal. Se fija un plazo para
restaurar reglas de déficit y deuda pública, con
sanciones automáticas para los países que violen
esos límites. Tendrán que incorporar ese principio
presupuestario como una norma constitucional y
someterse al control de cortes supra-nacionales.
Estos poderes supervisarán el gasto, imponiendo
recortes en cualquier momento del año y colocando a
los pueblos entre la espada y la pared. Quienes
incumplan el cronograma serán automáticamente
excluidos de la Eurozona.
Este
endurecimiento es congruente con la estrategia
alemana de reforzar su patrón exportador sin emitir
dinero. Busca afianzar el rol de la periferia
europea como proveedora de insumos a costos
decrecientes. La poda de los salarios griegos, la
pulverización de la seguridad social irlandesa y el
generalizado aumento de la edad de jubilación
anticipan las consecuencias de esta reorganización
[14] .
Alemania impone esta estrategia deflacionaria,
vetando todas las iniciativas financieras que
amenazan su competitividad. Bloqueó la creación de
los Eurobonos y la mutualización de las deudas.
Obstruyó la ampliación del fondo de rescate bancario
(FEEF- MEE), impidió la compra de bonos en los
mercados secundarios y reforzó las prohibiciones de
financiamiento directo del BCE a los estados.
Este
rigor no implica abandonar a los bancos en quiebra.
Alemania aprueba el auxilio, pero buscando preservar
su potencial industrial. No renuncia a la
financiación futura de la Eurozona con los
mecanismos federales que rigen en Estados Unidos,
pero quiere garantizar su control fiscal previo.
Aceleró esta supervisión ante la vulnerabilidad de
los bancos y la imposibilidad de de repetir la
paulatina absorción de acreencias, que implementó
por ejemplo Estados Unidos hace dos décadas, frente
a las acreencias latinoamericanas [15] .
Pero
el nuevo cuadro fiscal abre otra gama de conflictos
en las cúpulas de la Unión Europea (UE). Gran
Bretaña rechazó el pacto franco-alemán y decidió
mantenerse al margen para proteger la autonomía de
la City. Objetó someter sus bancos a la supervisión
de Bruselas y no consiguió el poder de veto para
resguardar sus negocios. A los capitalistas ingleses
les interesa participar en el mercado continental,
pero preservando la internacionalización de sus
finanzas.
La
alianza Merkel-Sarkozy emergió como ganadora del
reciente round, pero sólo el tiempo permitirá
evaluar la consistencia de esa victoria. La crisis
devora los liderazgos políticos y cada elección
consagra algún castigo al gobernante de turno. Esta
sanción afecta por igual a los socialdemócratas
(Irlanda, Portugal, España) y a los conservadores
(Francia, Italia, Alemania) [16] .
INTERROGANTES SOBRE CHINA
El
continuado crecimiento de China a tasas del 9-10%
anual constituye una importante novedad de la crisis
en curso. En la última década las exportaciones del
gigante oriental se multiplicaron a un ritmo
desenfrenado. China captura recursos naturales en
África, afianza los intercambios comerciales con
América Latina y ya destronó a Japón como segunda
economía del mundo.
Este
avance confirma la profundidad de los cambios
registrados durante la etapa neoliberal. China se
integró a la mundialización utilizando la baratura
de su fuerza de trabajo, sin repetir la vieja
trayectoria de debut proteccionista, gestación de
una burguesía nacional y despliegue de rivalidades
internacionales. Se insertó directamente en la
acumulación global del capitalismo.
Al
comienzo de la crisis muchos economistas suponían
que el crecimiento chino contrarrestaría la
retracción de las economías avanzadas. En los hechos
se registró tan sólo un contrapeso parcial. El
gigante asiático ha sostenido financieramente a
Estados Unidos y a Europa en los picos de la crisis,
para asegurar la continuidad de sus ventas externas,
preservando la demanda interna y motorizando la
adquisición internacional de materias primas. Con
estas acciones frenó la depresión general y acotó el
alcance geográfico de la recesión, aunque sin
reemplazar a las locomotoras del mundo desarrollado.
¿Mantendrá este rol?
Quiénes apuestan a esa continuidad esperan un fuerte
auxilio del yuan al Viejo Continente, mediante
enormes adquisiciones de títulos públicos nominados
en euros. Pero China ya compró grandes sumas de la
deuda italiana, española o portuguesa y tiene un
cuarto de sus reservas en esa moneda. El incremento
de esas adquisiciones suscita divergencias en la
dirigencia oriental.
El
sector más asociado con negocios globales ("elite de
la costa") acepta participar en el nuevo rescate, a
cambio de fuertes contrapartidas. Busca aminorar las
sanciones por dumping, obtener el status de
"economía de mercado" e ingresar en la inversión de
la infraestructura europea.
Esta
fracción también intenta posicionar a China en el
futuro diseño de una moneda mundial. Por eso reclama
que una porción de cualquier auxilio quede nominado
en yuanes. Pero esa inserción monetaria también
valorizaría el tipo de cambio y deterioraría el
modelo exportador. China ha resistido numerosas
presiones para revaluar el yuan y no aceptó las
exigencias, que en la década pasada Estados Unidos
le impuso a Japón. Sin embargo, la propia
internacionalización del yuan podría generar ese
debilitamiento de la autonomía que mantiene la
principal economía asiática [17] .
Los
fondos de inversión chinos han participado
activamente en el sostén del dólar y los bonos del
tesoro. Compraron acciones de General Motors y
porciones del banco Morgan Stanley. Pero otra escala
de estas adquisiciones (especialmente en Europa)
introduciría al país en una riesgosa política
imperial. Para defender lo obtenido en el extranjero
se necesita una presencia geopolítica que la
dirigencia china rehúye.
Por
esta razón muchos sectores de la conducción ("elite
del interior"). Cuestionan el desmedido aumento de
las inversiones foráneas y destacan la necesidad de
incrementar primero la bajísima proporción del
consumo interno en el producto total. La oleada de
internautas que objetó el reciente financiamiento
del Viejo Continente refleja esta preocupación.
Conviene recordar que el ingreso per capita de los
chinos es aún 10 veces inferior al promedio de los
europeos.
El
dilema de sostener el modelo exportador o procesar
un giro hacia el consumo interno persiste sin
resolución. Existe una fuerte presión para apuntalar
el segundo curso, pero sin resultados
significativos. Este giro no se consuma, ante la
magnitud de los desequilibrios que podría desatar.
Para
aumentar sustancialmente el poder adquisitivo
interno habría que subir el salario e introducir
prestaciones sociales generalizadas. Estas medidas
chocarían con el costo laboral reducido que permitió
el ascenso capitalista del país. Un anticipo de este
problema se observa en las corrientes de inversión,
que fluyen hacia las economías asiáticas con sueldos
inferiores a China.
El
curso económico a seguir está sujeto a múltiples
tensiones. La burbuja inmobiliaria es el
desequilibrio más inmediato. En las 30 principales
ciudades los precios de las viviendas subieron 50%
en los últimos dos años, repitiendo el ciclo de
endeudamiento dudoso que afectó a Estados Unidos y
España. Como el 25% de la economía está vinculada a
la construcción, una brusca reversión de esa
valorización podría afectar al PBI.
También existen graves problemas financieros. Aunque
el estado mantiene el control del crédito se ha
gestado un enorme mercado de préstanos clandestinos,
que solventa el consumo de la clase media y la
oscura administración de los gobiernos locales.
Estos desajustes explican la inflación, que durante
la década pasada osciló en torno al 2% anual y
actualmente ha trepado al 6,2%.
La
inestabilidad de los negocios también obedece a la
magnitud de los beneficios acumulados por los
segmentos privilegiados. Los ingresos del 10% más
rico de la población son 23 veces más elevados que
el 10% más pobre y la crema de los ejecutivos
percibe salarios 128 veces superiores al promedio
general [18] .
Esta
fractura social coexiste con problemas estructurales
de sobre-inversión, que ya alcanzó una tasa anual
del 45% del PBI. Este ritmo de actividad exige abrir
nuevos mercados en un escenario internacional
recesivo, mientras se acrecientan los peligros de un
descontrol ecológico.
Nadie
sabe como impactará la recaída de la economía global
sobre China. Algunos economistas estiman que ese
efecto será digerible (Stiglitz) y otros pronostican
duras consecuencias (Roubini). Pero todos coinciden
en la centralidad de este dato para el devenir
inmediato de la coyuntura mundial [19] .
BRICS, EAGLES Y EMERGENTES
No
sólo China ha podido sustraerse de la crisis global.
También un grupo de economías intermedias
(denominadas emergentes, ascendentes o BRICS) ha
logrado capear el temporal. Este núcleo de países
conforma el conglomerado semiperiférico actual de la
estratificación mundial.
Este
sector mantuvo su crecimiento el año pasado,
incrementó significativamente la tasa de inversión y
aumentó su participación en el PBI global. Si estas
tendencias perduran, la localización de la
producción y el empleo sufrirá un importante
desplazamiento en el próximo período. Estos cambios
son congruentes con la nueva división internacional
del trabajo que privilegia la región asiática.
Las
economías ascendentes son las niñas mimadas del
capitalismo. Reciben elogios del FMI y fueron las
estrellas de los últimos foros empresarios de Davos.
Los nuevos multimillonarios de China, Rusia o India
se integran rápidamente al club de los poderosos.
Otro
indicador de las modificaciones en curso es la
distribución de las reservas mundiales. Estos
reaseguros suman 6,5 billones dólares en las
economías ascendentes y sólo 3,2 billones de los
países del Norte. El endeudamiento externo del
primer grupo ha caído y algunos integrantes de esa
membrecía ya son acreedores. En el otro polo ha
irrumpido la nueva categoría de "Países Ricos
Altamente Endeudados".
Pero
es muy frecuente extraer conclusiones engañosas de
estas mutaciones. La principal confusión surge de la
indiscriminada clasificación de todo el grupo
ascendente, en un mismo rubro de BRIC. Esta
denominación (Brasil, Rusia, India, China) fue
primero extendida a BRICS (con Sudáfrica) y luego a
BRIIC-K (con Indonesia y Corea). Otra ampliación
reciente habla de EAGLES (con México, Egipto, Taiwán
y Turquía) [20] .
Los
creadores de estas marcas son operadores bancarios
(Goldman Sachs, BBVA) que incluyen o excluyen a los
países de su lista, en función de las oportunidades
de inversión financiera. El carácter coyuntural de
esta evaluación salta a la vista. Pero su principal
inconveniente radica en equiparar bajo una misma
sombrilla, a un país que avanza hacia un status de
potencia central (China), con economías intermedias
de incierta evolución.
La
distancia que mantiene el gigante asiático con
cualquiera de sus seguidores es abismal en cualquier
terreno de la producción, las exportaciones o las
reservas. Esta brecha es particularmente visible
frente a otra economía de gran crecimiento reciente
(India) o en comparación a un vecino que precedió al
avance chino y se estancó frente a esa irrupción
(Corea del Sur) [21] .
Al
ubicar a todo el grupo en la misma canasta se olvida
que muchos países del pelotón han ascendido como
proveedores de los insumos básicos demandados por
China. Más que impulsar el crecimiento global, estas
economías han sido arrastradas por ese avance. Es
importante también notar la línea divisoria que
separa a los protagonistas de un desarrollo
industrial de los actores que se expanden por el
repunte de la renta petrolera (Rusia) o agrícola
(Brasil). Estas diferencias definen grados de
consistencia muy disímiles del crecimiento.
Las
distinciones entre los emergentes presentan
contornos más categóricos en el plano geopolítico.
La autonomía de las políticas imperiales que tienen
Rusia o China, no se extiende a la India, Brasil o
Sudáfrica. Estos países mantienen estrechos vínculos
de asociación o dependencia con las potencias que
regulan el orden mundial. Por esta razón, el propio
funcionamiento de los BRICS no ha incluido la
adopción de estrategias comunes.
Es
cierto que la mayor estabilidad política de todo el
grupo contrasta coyunturalmente con el generalizado
desarreglo que impera en las potencias centrales.
Pero tampoco este rasgo determina patrones de acción
internacional conjunta.
Las
nuevas alianzas Sur-Sur en desmedro de las viejas
conexiones con los centros metropolitanos presentan
un alcance limitado y no anticipan la "segunda
globalización" comandada por los emergentes que
pronostican algunos analistas. Hasta ahora el dato
más relevante ha sido la integración de los
emergentes al G 20, para ampliar el sostén del
capitalismo en crisis [22] .
LOS PADECIMIENTOS DE LA PERIFERIA
El
alivio de los países intermedios no se extiende al
resto de la periferia. La crisis golpea nuevamente
con mayor virulencia a las economías más
empobrecidas, reiterando una norma de las
convulsiones capitalistas. Este impacto se verifica
en cualquier terreno del empleo o los ingresos. Los
emigrantes enfrentan mayores obstáculos para
ingresar al Primer Mundo, las remesas se recortan y
las oleadas de refugiados se multiplican.
Mientras la prensa sólo habla de economías centrales
y emergentes, la inmensa mayoría de los países se
encuentra fuera del G 20, soportando el drama
cotidiano de la miseria. Allí se localizan los 2050
millones de personas sin acceso a la sanidad básica
y los 884 millones carentes de servicios de agua
potable.
Pero
lo más novedoso del tsunami actual es la
convergencia de estos sufrimientos con una tragedia
de hambre. El aumento de los precios de los
alimentos que precedió a la crisis no fue revertido
por la recesión y en muchas zonas se acentúa el
drama de la desnutrición. En Somalia, por ejemplo,
ya se observan todos los síntomas de una catástrofe
alimentaria.
La
cifra total de hambrientos se ubica en torno a los
1020 millones de personas, pero la amenaza se
extiende a los 2.500 millones que subsisten en
condiciones de pobreza. Este flagelo aumenta al
compás del encarecimiento de los cereales, que
obedece a la consolidación de un esquema neoliberal
de agricultura exportadora, que destruye la pequeña
propiedad, aniquila el abastecimiento local
tradicional, generaliza la desposesión de los
campesinos y multiplica la emigración rural.
Esta
reorganización capitalista del agro determina la
falta de comida que agobia a una sexta parte de la
humanidad, cuando la producción total alcanzaría
para satisfacer esa nutrición. El reinado de la
rentabilidad y el manejo oligopólico del comercio
agrícola por parte de un puñado de transnacionales
(ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus) potencian la
tragedia del hambre.
Las
expectativas de atenuar el problema por el efecto
deflacionario de la desaceleración económica global
no se están cumpliendo. El ascenso de los precios
alimenticios que comenzó en 2003 persiste sin
grandes modificaciones.
Muchos autores estiman que ese comportamiento
alcista obedece a la formación otra burbuja.
Especular con los precios a futuro de los cereales
se ha convertido en una operación muy redituable.
Permite canalizar los excedentes de liquidez que
genera la pérdida de oportunidades de inversión en
los países desarrollados [23] .
Otros
analistas consideran que el encarecimiento de los
alimentos es un problema más estructural y derivado
de la creciente demanda ejercida por los nuevos
consumidores asiáticos. También destacan la
presencia de costos crecientes de producción y
productividades declinantes en el sector agrícola
[24] .
Ambos
enfoques subrayan explicaciones complementarias (de
corto y largo plazo) del mismo fenómeno. Pero en
cualquier caso, las maniobras financieras y las
brechas estructurales entre la oferta y la demanda
presagian el agravamiento de la crisis alimentaria,
que auguran todos los expertos de la FAO.
Este
padecimiento se intensificará además por las
presiones d el agro-negocio, que bloquea en los
cónclaves del G 20 cualquier regulación
internacional de los precios. En ese ámbito actúan
los países que producen el 77% de los cereales y
manejan el 80% del comercio agrícola. El hambre de
los desamparados aporta un buen negocio para varios
integrantes de esa asociación.
MULTIPOLARIDAD Y HEGEMONÍA
La
diversidad de situaciones regionales que rodea a la
crisis actual ha generalizado las predicciones de un
viraje hacia la multipolaridad. Este contexto es
diferenciado de la bipolaridad de posguerra (Estados
Unidos versus la URSS) y de la unipolaridad de los
años 90 (supremacía norteamericana). La declinación
estadounidense es asociada al avance de China y los
emergentes. Algunos enfoques también resaltan el
agotamiento del neoliberalismo y pronostican un
crecimiento desarrollista de la periferia, asentado
en la intervención estatal y el intercambio entre
las economías del Sur [25] .
Pero
estas miradas omiten las significativas
continuidades que vinculan al actual período con su
precedente. La multipolaridad podría modificar las
relaciones de poder entre las potencias, pero no
altera los pilares de la mundialización neoliberal.
El protagonismo de las empresas transnacionales
persiste, junto a la competencia global por lucrar
con la explotación de la fuerza de trabajo .
Esta
internacionalización del capital determina, además,
la continuidad del libre comercio y los flujos
financieros transfronterizos. A diferencia de lo
ocurrido durante la entre-guerra, la multipolaridad
actual no anticipa el surgimiento de bloques
proteccionistas, dispuestos a batallar por la
conquista de los mercados a través de la guerra .
El
estancamiento del centro determina efectivamente una
mayor interacción entre las economías intermedias.
Pero estos enlaces se desenvuelven en estrecha
asociación con empresas del Primer Mundo. Esta
colaboración no es un imperativo tecnológico, ni
obedece a necesidades de financiación. Las
burguesías emergentes ampliaron su radio de acción
junto al capital extranjero y continúan reforzando
esos vínculos.
Sus
estrategias no incluyen propósitos antiimperialistas
o iniciativas de "No Alineados". Tampoco incentivan
planificaciones para-mercantiles del comercio
(Comecon) o proyectos de solidaridad (Bandung).
Actúan siguiendo criterios de rentabilidad, que
tienden a recrear los viejos desniveles de la
relación centro-periferia- semi-periferia.
La
mundialización ha modificado los patrones
geográficos de esos lazos. Ya no se requiere
cercanía territorial entre las economías dominantes
y sus abastecedores de insumos. Las relaciones de
dependencia comienzan a desbordar su radio
tradicional.
Resulta imposible predecir el ordenamiento final de
esta mutación, pero es evidente que no saldrán
airosos todos los jugadores. La acumulación exige
equilibrar los avances de un polo con las pérdidas
del segmento opuesto. Si una región prospera otra
debe decaer, para que el enriquecimiento de los
capitalistas ganadores sea solventado por la
población de las zonas perdedoras.
La
multipolaridad no altera este principio selectivo
del desarrollo burgués. El capitalismo excluye
crecimientos compartidos en el largo plazo o
eliminaciones progresivas de todas las desigualdades
socio-regionales. Los admiradores del nuevo
escenario ignoran esta extensión de brechas de
distinto signo.
Frecuentemente visualizan a la multipolaridad como
un cambio de hegemonía política a favor de China y
en desmedro de Estados Unidos. Pero nunca aclaran
qué significado le asignan al concepto de hegemonía.
Esta noción puede ser identificada con la supremacía
imperial o con formas de gestión consensuadas
opuestas a la coerción bélica. En el primer caso se
sugiere que el expansionismo chino reemplazaría al
dominador estadounidense. En la segunda variante se
supone que esa sustitución será pacífica y
resultante de una avasalladora primacía económica.
Los desaciertos de ambas hipótesis saltan a la vista
Desde
la posguerra Estados Unidos ha ejercido una
explícita dirección imperialista. Actúa como garante
militar de la reproducción de capital y brinda
protección a todas las clases dominantes, frente a
la insurgencia popular y la inestabilidad del
sistema. Los dirigentes chinos no se imaginan a sí
mismos cumpliendo ese rol, en ningún momento del
futuro.
Quiénes suponen que la sustitución coercitiva será
innecesaria por el simple efecto de la pujanza
económica oriental, no explican cómo funcionaría el
capitalismo global sin garantes militares de ninguna
especie. Esta visión olvida que un sistema de
competencia por beneficios surgidos de la
explotación, no puede desenvolverse sin el uso de la
fuerza.
La
identificación de la multipolaridad con el repliegue
bélico de Estados Unidos o sus socios europeos es
una hipótesis ingenua. En cualquier
"des-occidentalización" de la economía mundial, el
gendarme norteamericano continuará supervisando
invasiones, ocupaciones y matanzas. Ciertamente la
primera potencia ya no actúa con la omnipotencia de
los años 90, pero dirige la OTAN, concentra la mitad
del gasto bélico mundial y mantiene una estrecha
asociación con todos los países que alineó durante
la guerra fría.
Los
principales integrantes de esa alianza no suelen
quebrantar esta familiaridad cuando expanden su
poder económico. La invariable lealtad de las
burguesías petroleras del Golfo al liderazgo
norteamericano es un ejemplo de esa actitud. El
sometimiento de Japón es más sintomático, puesto que
no ha buscado caminos de autonomía político-militar
para contrarrestar su estancamiento. La regresión
económica nipona se profundiza con el endeudamiento
público más elevado del mundo desarrollado y con el
fracaso de los planes pos-terremoto de reactivación
[26] .
El
rol central de Estados Unidos se ha verificado
nuevamente en la ampliación del G 7, la cooptación
de los países intermedios y el resurgimiento de FMI
para preservar el orden imperial vigente . El
gendarme global utilizará también su poder para
intentar la recuperación del terreno que ha perdido.
Ya insinúa formas de presión sobre su rival chino
con maniobras navales en Corea del Sur, ejercicios
en Mongolia e instalaciones bélicas en Australia.
Incluso tantea la reacción de su oponente en los
litigios con Taiwán, las disputas con la India y la
resolución del status de Tíbet. Pero estas tensiones
no quebrantaron hasta ahora el marco asociativo
vigente con China desde hace varias décadas.
También el gigante asiático ha jerarquizado la
solidaridad capitalista. En lugar de propiciar la
caída de los bancos occidentales socorrió a los
quebrados. En el reciente desplome europeo reforzó
incluso su convergencia con el FMI y ha condicionado
los préstamos futuros a las auditorias del Fondo.
Esta integración refuerza la hostilidad de los
dirigentes chinos frente a cualquier protesta local
o internacional contra el neoliberalismo [27] .
NEOLIBERALES Y KEYNESIANOS
El
debate económico sobre la crisis continúa centrado
en la oposición entre visiones ortodoxas y
heterodoxas. Los neoliberales atribuyen la crisis a
la "irresponsabilidad fiscal" y despotrican contra
los gobiernos que despilfarraron dinero en gastos
improductivos. Pero omiten recordar que estos
desembolsos sostuvieron inicialmente la expansión de
las economías industrializadas y que el descontrol
posterior obedeció al rescate de los bancos. Antes
del 2007 había, por ejemplo, en Europa superávit
fiscal en la mayoría de los países.
El
discurso neoliberal oculta este auxilio y atribuye
el descalabro actual a "los pueblos que vivieron por
encima de sus posibilidades", como si fuera un
pecado mejorar el nivel de vida. Tampoco explica por
qué razón se exime a los acaudalados de cualquier
sacrificio. El carácter duradero de la crisis es
incluso utilizado para justificar los atropellos. Ya
nadie presenta la flexibilización laboral como un
pasaporte a la prosperidad. Hay que apretarse el
cinturón como una necesidad de supervivencia [28] .
En
Estados Unidos los mismos argumentos son esgrimidos
por los republicanos para exigir mayores reducciones
del gasto social, manteniendo los privilegios de los
banqueros, el gasto militar y las rebajas
impositivas a los ricos. Reclaman fijar un estricto
techo al endeudamiento supervisado por los popes del
establishment y eluden mencionar que el socorro
otorgado a los financistas contradice todos los
principios del libre-mercado.
Los
keynesianos estiman, en cambio, que la crisis
obedece a la persistencia de la desregulación
financiera y a la contracción de la demanda. Por eso
Krugman propone gravar a los acaudalados, relanzar
la inversión pública y recomponer los ingresos. En
la misma sintonía, Stiglitz convoca a condonar las
hipotecas y a penalizar a los bancos [29] .
Estos
autores ilustran acertadamente como el descontrol
del riesgo, los malabarismos contables, los títulos
empaquetados y las operaciones con derivados
desencadenaron el tsunami actual. Pero omiten
registrar que ese des-manejo irrumpió por la propia
competencia que impone el capitalismo en la gestión
del crédito. Lo mismo ocurre con el endeudamiento
familiar y la exclusión social, que no irrumpieron
sólo como consecuencia de errores en la política
económica.
Los
teóricos heterodoxos olvidan que la propia
acumulación genera divorcios entre el consumo y la
producción, junto a incrementos de la productividad
desgajados del poder compra. Estas contradicciones
fueron exacerbadas por la rivalidad que introdujo a
escala global la mundialización neoliberal.
Los
economistas keynesianos estiman que resulta
igualmente factible atenuar estos desequilibrios, a
través de un reparto equitativo de la crisis.
Proponen una distribución pareja de las pérdidas
financieras entre deudores y acreedores. Pero basta
observar la reacción que tuvieron los banqueros ante
una quita de las acreencias griegas, para notar cuán
dura sería esa batalla. Ese anuncio desató una
tormenta entre las calificadoras de riesgo y
precipitó el ajuste fiscal de la Unión Europea. La
misma virulencia tuvo la reacción precedente de los
financistas, ante iniciativas de suprimir los
paraísos bancarios, o anular las bonificaciones de
los ejecutivos.
Neutralizar esa resistencia de los banqueros
requeriría la adopción de medidas más contundentes,
como la suspensión del pago de la deuda, la
auditoría de los pasivos y la nacionalización del
sistema bancario. Lo mismo ocurre con el
relanzamiento del crecimiento y la creación de
empleos. El logro de estas metas exige cerrar la
canilla de pagos a los acreedores, controlar los
movimientos de capital e introducir drásticos
impuestos progresivos [30] .
En la
coyuntura actual se ha estrechado el espacio para
ejecutar reformas sociales sin acciones
anti-capitalistas. Hay un clima de sálvese quien
pueda, con escaso margen para políticas de
"capitalismo humanitario". Prevalece la presión para
procesar las quiebras bancarias, depurar las
empresas y desvalorizar la fuerza de trabajo.
Estas
tendencias no obedecen sólo a la ideología
derechista imperante o a la influencia preeminente
de los financistas. Todas las clases dominantes
sostienen el ajuste junto a los banqueros. Esta
coincidencia se refleja también en el comportamiento
de los socialdemócratas europeos. A la hora de
aplicar el torniquete no se han diferenciado de sus
adversarios derechistas y aceptan la verticalidad
autoritaria que imponen Merkel y Sarkozy. Esta
cúpula dispuso, por ejemplo, el desplazamiento de
Papendreu ante su atrevimiento de solicitar una
consulta popular y envió un contundente mensaje de
intervención neocolonial a Grecia [31] .
La
misma tendencia se verifica en la indiferencia del
gobierno estadounidense ante a las peticiones de los
liberales. Esta actitud contrasta con la
permeabilidad reformista que imperaba en los años 30
bajo el mandato de Roosvelt.
Muchos keynesianos reconocen la adversidad de estos
escenarios. Pero consideran viable generalizar a
escala internacional, las soluciones intermedias que
aplicó Argentina a partir del default y los canjes
de la deuda [32] .
Pero
omiten registrar las causas específicas que
permitieron esa experiencia. Argentina pudo
permanecer relativamente desconectada de la
financiación internacional, porque está inserta en
el comercio mundial como gran exportadora de
alimentos. Ha gozado de altos precios
internacionales y se convirtió en proveedora
privilegiada de las ascendentes economías asiáticas.
Utilizó, además, las enormes rentas de exportación
para reanimar la demanda interna, luego de una
brutal devaluación que depuró capitales, abarató
salarios y facilitó la recomposición cíclica de la
tasa de ganancia.
Es
evidente que el grueso de las economías dependientes
afectadas por la crisis no cuenta con los recursos y
las condiciones que permitieron esa recuperación.
Podrían efectivamente adoptar ciertas iniciativas de
Argentina, pero sólo como punto de partida de
medidas más radicales y audaces [33] .
La
intensidad de la crisis exige asumir un horizonte
anticapitalista, alejado de la atadura actual a
distintas variantes del mismo régimen social. El
pensamiento dominante impone esta restricción,
obligando a optar entre el modelo anglosajón, el
esquema alemán o la opción china [34] .
Ese
enfoque niega las raíces intrínsecamente
capitalistas de la crisis actual y oculta las
contradicciones, que el proceso de acumulación
genera en forma periódica y extiende de manera
itinerante. Un sistema basado en la rivalidad por la
apropiación de beneficios surgidos de la explotación
necesariamente produce el tipo de conmociones, que
se observa en la actualidad.
Si se
reconoce que el capitalismo no es el único, ni el
mejor sistema posible resulta factible concebir otra
gama de alternativas para resolver la crisis. Esta
apertura permite superar la resignación, consolidar
la voluntad de lucha e imaginar salidas provechosas
para la mayoría de la población.
RESISTENCIAS SOCIALES
El
devenir de la crisis puede ser abruptamente
transformado por las acciones populares que cobraron
impulso en los últimos meses. Los análisis que
omiten esta reacción razonan los procesos económicos
en un vacío social, que a lo sumo es ocupado por
funcionarios y financistas.
El
debut de la crisis provocó inicialmente un gran
desconcierto, entre poblaciones acostumbradas a
identificar los desastres económicos con el Tercer
Mundo. Ese estupor estuvo también signado por el
temor al desempleo. Pero a fin del 2010 los
levantamientos del mundo árabe introdujeron una
bisagra en esta conducta. Ilustraron como se pueden
conquistar grandes victorias democráticas.
Este
impulso profundizó la resistencia en Grecia, que se
ha transformado el principal bastión de la respuesta
popular. Hay un estado de sublevación entre los
manifestantes que ocupan plazas y cercan el
Parlamento. Estas protestas alentaron a su vez a los
indignados españoles, que cuestionan el socorro a
los banqueros y demandan "democracia de verdad".
Este movimiento ya conquistó legitimidad,
acompañamiento y presencia nacional.
Otro
tipo de reacciones sociales se verifican en
Inglaterra, tanto entre los jóvenes desempleados y
hostigados por la policía, como entre los
trabajadores sindicalizados. En Italia despuntan las
huelgas y en Portugal hay movilizaciones. Estas
luchas comienzan a extenderse junto al
desmoronamiento de la imagen benevolente que tenía
la Unión Europea. Una victoria impuesta desde abajo
permitiría actualizar el gran legado de rebeliones
que acumula el Viejo Continente
Pero
el dato más llamativo del año se registró al otro
costado de l Atlántico, con el surgimiento del
movimiento " Ocupar Wall Street". Esta organización
ya tiene alcance nacional, simpatía popular,
solidaridad intelectual y sostén sindical. Por
primera vez en décadas ha reintroducido las
manifestaciones masivas en el corazón del
capitalismo.
Menor
difusión internacional han logrado los movimientos
de lucha que conmueven a China. El año pasado se
registraron 180.000 protestas, en su mayoría
inspiradas en demandas contra la explotación fabril.
Una nueva generación de obreros –ya emancipada de la
migración rural- recuperó confianza y obtiene
conquistas en enfrentamientos directos con los
patrones [35] .
En
todos los continentes se verifica el mismo
protagonismo juvenil, en movimientos que utilizan
las redes sociales para informarse y organizarse. El
primer embrión de un empalme internacional se
produjo el 15 de octubre pasado, en la marcha global
que congregó multitudes en 950 ciudades de 80
países. Una acción coordinada de esta magnitud no se
registraba desde las movilizaciones contra la guerra
en Irak (2003).
Si la
convergencia regional e internacional de estas
resistencias se afianza, podría gestarse una
respuesta al intento burgués de enfrentar a los
trabajadores de distintas nacionalidades. Los
dominadores de Alemania encabezan esa estrategia,
divulgando la creencia que los obreros germanos "ya
hicieron su sacrificio" y no deben pagar la cuenta
de los ociosos del sur. Este mensaje busca oponer a
un asalariado contra otro, ocultando los beneficios
que obtienen los capitalistas de esa división. El
mismo propósito persiguen las campañas de la derecha
contra los inmigrantes [36] .
Una
salida progresista de la crisis exige contrarrestar
esta fractura entre hermanos de clase. Las tensiones
entre asalariados alemanes y griegos, estadounidense
y chinos o españoles y marroquíes conducen a
descargar todas las consecuencias del desastre
actual sobre los pueblos. Las respuestas
internacionalistas neutralizarían esa amenaza y
permitirían un reencuentro de la juventud con los
sectores de la clase obrera, que no se han
recompuesto de la andanada neoliberal. El año 2012
ofrece la oportunidad de cambiar el escenario de la
crisis a favor de los trabajadores.
RESUMEN:
Se
vislumbra una nueva fase recesiva con impactos
regionales muy diferenciados. En Estados Unidos se
expande el empobrecimiento con ajustes e inacción
del gobierno. Pero la primera potencia interviene
activamente a escala global a través del dólar, la
reforma bancaria y el FMI, tanteando una opción
inflacionaria.
En
Europa se destruyen conquistas sociales históricas
bajo el comando de Alemania, que amplió su dominio
exportador pero gestó un bloque inacabado. El pacto
fiscal intenta una centralización ultra-liberal,
para amoldar la periferia del Viejo Continente a la
competitividad germana. Los derechistas ya no
prometen prosperidad, sino tan sólo supervivencia.
Su reorganización regional abre grandes fisuras e
introduce políticas autoritarias.
El
crecimiento de China limita la recesión global, pero
fractura el ciclo mundial e ilustra las
transformaciones del período neoliberal. Múltiples
desequilibrios obstruyen la internacionalización del
yuan y el esperado viraje hacia el mercado interno.
Es erróneo clasificar a China junto a economías
semiperiféricas de incierta evolución. Las
diferencias de status geopolítico y el sustento
industrial o rentista determinan enormes diferencias
dentro de los BRICS. El encarecimiento de los
alimentos que agobia a la periferia empobrecida
persiste en la recesión, por maniobras financieras y
desequilibrios acentuados por la especialización
exportadora.
Las
tendencias a la multipolaridad alteran las
relaciones entre las potencias al interior de la
mundialización neoliberal. Las burguesías
ascendentes carecen de propósitos antiimperialistas
y los cambios de hegemonía no implican atenuación
del militarismo norteamericano. Los socialdemócratas
gestionan los atropellos demostrando la reducción
del espacio para políticas reformistas. Los
keynesianos soslayan la confrontación requerida para
frenar la agresión social y generalizan en forma
abusiva la experiencia argentina.
Una
salida progresista exige concebir horizontes
anticapitalistas. La resistencia social ha comenzado
después del estupor creado por un estallido en el
Primer Mundo. Las rebeliones árabes impulsaron esta
reacción, que afronta presiones de los dominadores
para oponer a los trabajadores de las distintas
nacionalidades.
Notas:
[1]
Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI
(Economistas de Izquierda). Su página web es:
www.lahaine.org/katz
[2]
El 1% más rico 1979 percibía el 9% de la renta
nacional en 1979y actualmente obtiene el 24%. Cuando
los ocupantes de Wall Street afirman que "somos el
99% de la ciudadanía", saben muy bien de que están
hablando. Roberts Paul Craig, "Las pérdidas de
puestos de trabajo en Estados Unidos son
permanentes", Rebelión, 9-10- 20.
[3]
Wall Street Journal, "La recuperación de EEUU es una
de las más decepcionantes", La Nación, 31-12-10.
[4]
Aunque alguno bancos mejoraron últimamente su
patrimonio y liquidez, el reciente desplome de la
octava firma de inversión (MF Global) es muy
ilustrativo de los peligros en ciernes. Se derrumbó
por su exposición con bonos de la deuda europea, que
se encuentran asegurados en grandes proporciones por
financistas norteamericanos. Montero Alberto,
"Cuando la democracia entra por la puerta",
Rebelión, 2-11-11.
[5]
Kennedy Paul, "Un mundo de tres monedas", Clarín,
8-6-11, Robert Mundell, "El futuro de las monedas de
reserva luego de la crisis", El País, 18-1-10,
Michel Crittenden, "Puede el dólar ser destronado",
online.wsj , 1.3-11. Ver también: Wallerstein
Inmanuel "Guerra de divisas, La Jornada, 6-11-10,
Eichengreen Barry, "El reinado del dólar llega a su
fin", La Nación, 2-3-11
[6]
Ocampo Emilio, "Brujas y burbujas", Ámbito
Financiero, 2-9-10. También La Nación, 13-9-10 y
30-8-10 y Financial Times, 20-9-10.
[7]
Estados Unidos también apostó muy fuerte para
neutralizar la crisis de legitimidad que afectaba al
Fondo y todavía se desconoce su rol en el escándalo
montado contra el ex directivo Dominique Strauss
Kahn. CADTM, "El FMI lamentable símbolo de un
sistema", www. cadtm .org/ 18-5-11.
[8]
Fiori José Luis, "Muy lejos del equilibrio", Sin
Permiso, 19-12-10, Cantelmi Marcelo, "El G 20 en las
puertas", Clarín, 23-10-10.
[9]
La mirada inicial en Pasquino Gianfranco, "La UE aún
representa el progreso", Clarín, 31-8-10.
[10]
Husson Michel, "Euro: en sortir ou pas", Inprecor
575-576, 7-8-9-2011. Samary Catherine, "The Eastern
periphery", www.attac , 31-10-11.
[11]
Desde la caída de la principal entidad belga (Deixa)
sobrevuelan muchas hipótesis de repetición de lo
ocurrido con Lehman Brothers. Las "pruebas de
resistencia" realizadas a los bancos europeos
dejaron muy intranquilos a los expertos, cuando las
entidades necesitan recapitalizarse y recaudar
dinero. Esta exigencia contrae, a su vez. el crédito
y agrava la recesión.
[12]
Llach Juan, "Pulseadas en el palacio global", La
Nación, 30-6-10.
[13]
La Nación, 16-1-10.
[14]
Husson Michel, "Una crisis sin fondo", www.vientosur
, 19-7-11 Louca Franciso, "La izquierda contra la
dictadura de la deuda", www.sinpermiso , 17-10-11
[15]
No hay tiempo suficiente para transferir los títulos
a los tenedores marginales , limpiar los balances o
crear mercados paralelos para los papeles
incobrables. La crisis actual golpea en una
coyuntura muy turbulenta, a economías entrelazadas y
localizadas en el centro del capitalismo . Arceo
Enrique, Página 12, 9-12. Toussaint Eric, "Crash do
Deixa", www.CDTM , 7-10-11
[16]
La reorganización de la eurozona prepara la
introducción de formas federativas en la UE, que
someterían las atribuciones locales a una mayor
centralización estatal. Este cambio introduce
enormes fisuras y puede potenciar el secesionismo en
los países con fracciones separatistas influyentes
(Bélgica, España o Italia). Estos sectores podrían
reforzar sus demandas de integración directa a la
Eurozona, puenteando las estructuras estatales
existentes para desembarazarse de las regiones
empobrecidas.
[17]
Shujie Yao, "Los límites del modelo China",
Cash-Pagina 12, 7-8-11. También Wall Street Journal,
La Nación,17-11-11)
[18]
La Nación, 5-6-10.
[19]
Roubini, Nouriel, "El boom de China tiene fecha de
vencimiento", La Nación, 24-4-11. Stigtiz Joseph,
www.elperiodico.com , 9-8-11
[20]
Bocco Arnaldo, "De los Brics a las Eagles" Página
12, 10-1-11. Abeledo Anahí, "El desafío para los
emergentes es tener crecimiento", Clarín, 10-7-11
[21]
Beckett Paul, "Pese al crecimiento, aumentan las
dudas sobre el milagro indio", La Nación, 30-3-11.
Nye Jospeh, "La carrera de fondo, Clarín, 2-2-11,
Ramstad Evan, "El milagro coreano", La Nación,
8-11-10.
[22]
Un cuestionable enfoque en: Kateb Alexander, "Los
países BRICS dan una lección", Página 12, 20-9-11
[23]
Halevi Jospeh "Se avecina una nueva crisis", Il
Manifesto 8-6-11.
[24]
Krugman Paul, "Las limitaciones que nos impone un
mundo finito", La Nación, 29-12-10. Blejer Mario,
"Argentina y la seguridad alimentaria" La Nación,
4-12-11.
[25]
Distintas visiones en De La Balze Felipe, "La crisis
acelera el curso de la historia", Clarín 27-11-11
Turzi Mariano, "La nueva divisoria global:
emergentes y declinantes", 18-8-11. Tokatlian
Gabriel, "El año de la encrucijada", La Nación,
11-1-11. Cufré David, "Con la vieja receta", Pagina
12, 26-6-10.
[26]
Belson K, Onishi N, "Una falta de liderazgo que
agudiza la crisis", La Nación, 17-2-11.
[27]
Hemos desarrollado los temas de este capítulo en
nuestro reciente libro , Katz Claudio, Bajo el
imperio del capital, Espacio Crítico Ediciones,
Bogotá 2011. Próxima edición Luxemburg, Buenos
Aires.
[28]
Estas visiones en: Gros Daniel, Eco "En defensa de
la austeridad para Europa", Clarín, 4-12-11, Pagni
Carlos, "La crisis del estatismo", La Nación,
19-7-10, Schauble Wolfang y MacFadden Daniel, Página
12, 28-8-2011.
[29]
Krugman Paul, Clarín, (11-7-10, 13-7-10, 22.5-10,
10-8-10, 6-11-2010, 28-8-2010, 14-8-10). Stigliz
Joseph, "Qué puede salvar el Euro", El País,
8-12-11, "El mercado hipotecario", Clarín, 6-11-201,
"La austeridad es camino suicida", Página 12,
7-12-11, "Un contagio de malas ideas", Sin Permiso,
14-8-11. También, Skidlesky Robert, "El mundo para
volver a leer a Keynes", Página 12, 2-8-11,
Mitchell. William, "Entrevista", Página 12,
10-10-11.
[30]
Wolff Rick "Krugman frustrado", Monthly Review
10-3-10 . Onaran Ozlem, " An internationalist
transitional program towards an anti-capitalist
Europe ", April 2011. www. international viewpoint .
Lapavitsas Costas " A Left Strategy for Europe ",
April 2011, www.internationalviewpoint. Albarracín
Daniel, "Sobre el debate del euro. Una estrategia",
www.economiacritica.net , 10-10-11
[31]
Esta reacción fue coronada con la instalación de un
gobierno directo de los banqueros (Papademos). La
misma sustitución se impuso en Italia (Berlusconi
por Monti) con tecnócratas que postulan una
ideología derechista para sortear al parlamento,
impugnando a los políticos y menospreciando a los
partidos. Stathis Kuvelakis, "Golpe de Estado
europeo frente al levantamiento popular",
www.vientosur 11-11-1. John Brown, "El capital
financiero castiga a sus devotos partidarios",
www.rebelion 23-11-11.
[32]
Stiglitz Joseph, "Europa no aprendió la lección de
Argentina" Página 12. 10-12-11.
[33]
Nuestra visión en: Claudio Katz, "Lecciones de
Argentina para Grecia" www. cadtm . org, 25-10-2011.
[34]
Es la visión de Rogoff Kenneth, "El capitalismo está
lejos de encontrar su sucesor", La Nación, 11-12-11.
[35]
Li Minqi, "El ascenso de la clase obrera y el futuro
de la revolución en China", www.rebelión , 14-7-11.
Bello Waldem, "O capital e um amante caprichoso"
www.outroladodanoticia.com.br , 22-7-11
[36]
Vicens Navarro, "Habermas y la sabiduría", www.sin
permiso, 13-6-10.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso
del autor mediante una licencia de Creative Commons,
respetando su libertad para publicarlo en otras
fuentes.