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Política: Ciencia, arte y coyuntura
Por Jorge Gómez Barata

[01.01.2012]-Actualizado 3:30 pm Cuba

Ciencia o arte la política se hace con ideas, se promueve con palabras y busca conquistar las mayorías aunque a veces imperan otras escalas; las vanguardias por ejemplo, son minorías que mueven multitudes formadas por millones.

En los años sesenta y setenta, como parte de la confrontación del movimiento de liberación nacional latinoamericano con las oligarquías nativas y el imperialismo, a la luz de la experiencia de la Revolución Cubana y de la teoría del "foco guerrillero", hubo intensos debates acerca de la dialéctica mediante la cual la masa y la vanguardia interactúan.

Entonces aquel debate tenía un significado inmediato que, según comprendí mientras estudiaba la experiencia bolchevique, trasciende la lucha. Ninguna revolución triunfante evade su destino: de alternativa se transforma en poder, de vanguardia en gobierno de toda la sociedad y, en lugar de retar lo establecido, pasa a defenderlo con uñas y dientes.

En la lucha las vanguardias conducen a las masas y al alcanzar el poder, destruir el viejo orden, liquidar a sus adversarios, establecer la paz social y poner fin a la provisionalidad, celebran elecciones e invierten la ecuación y en lugar de orientar a las masas, han de someterse a ellas. En ocasiones resulta difícil asimilar o adaptarse al cambio.

La idea de que adscribirse o conocer alguna doctrina, ya sea el liberalismo, la doctrina social de la iglesia o el marxismo, hace infalible a cualquier fuerza social y la habilita para conocer aquello que los pueblos demandan y necesitan, es profundamente errónea. En Cuba el presidente Raúl Castro llama a gobernar: "Con los pies y los oídos puestos en la tierra" y en Bolivia, Evo Morales insta a su gabinete: "A ejercer el poder obedeciendo al pueblo".

Con fina intuición y ante evidencias de la realidad social, en los años setenta, la dirección revolucionaria cubana encabezada por Fidel y Raúl Castro se percataron de que el período en el cual era legítima la actuación derivada del precepto jurídico de que: "La revolución es fuente de Derecho", había agotado el ciclo histórico en el cual tiene vigencia y era preciso poner fin a la provisionalidad revolucionaria, renunciar a la bien ganada potestad de gobernar por decreto, consultar al pueblo e institucionalizar el país.

Como parte de aquel proceso que no fue perfecto, 36 años atrás se diseñó la estructura del Estado basada en los órganos del Poder Popular, se elaboró la Constitución de la República y la ley electoral vigente y se efectuó uno de los dos referendos celebrados en 50 años.

Tal vez en ese punto la vanguardia política constituida por el Partido Comunista de Cuba y el Estado debieron separarse evitando así la suplantación de funciones y las confusiones institucionales, contra las cuales Fidel y Raúl luchan infructuosamente desde hace casi medio siglo.

Tal vez una parte del problema radique en que, mientras las mismas personas encabecen el Partido, el gobierno, el parlamento, incluso las organizaciones sociales y de masas, será difícil deslindar las funciones básicas de cada líder y entidad, desarrollar plenamente la identidad de las instituciones y encontrar la forma en que unas entidades sean contraparte de otras.

Mientras los procesos sociales son conducidos por la vanguardia política, forjada en las batallas por la revolución, las cosas funcionan de un modo diferente a cuando el tiempo y las circunstancias imponen su veredicto y toca a las instituciones garantizar la continuidad del proceso y evitar retrocesos. Se sabe que ese papel corresponde al Partido, pero el Partido no puede realizarlo por sí mismo ni en solitario; sino que para ello se precisa del sistema político en su conjunto.

Según consta en los pronunciamientos recientemente reiterados por el presidente Raúl Castro, la vanguardia política está consciente de ese fenómeno; falta lo más importante: convertirlo en acciones políticas, institucionales y jurídicas como las que ya se desarrollan en el ámbito económico. En esas necesidades se inspira la idea de la próxima Conferencia Nacional del Partido. Allá nos vemos.

(Tomado de ARGENPRESS)

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