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¿A
quién le importan las primarias de Iowa o las
elecciones en EE.UU.?
Por Atilio Borón - Rebelión
[15.01.2012]-Actualizado 11:30 pm Cuba
En los
últimos días aparecieron dos magníficas notas que
dan cuenta de lo que en trabajos anteriores habíamos
calificado como la "descomposición moral" del
imperio. En una de ellas, Juan G. Tokatlian (El
País, 2 de Enero de 2012) habla del acelerado e
irreversible avance de la "poslegalidad", vocablo
apto para referirse a la descarada apelación a
metodologías y formas de acción completamente
reñidas con la propia legalidad estadounidense por
parte de la Casa Blanca y, por supuesto, de la la
Carta de las Naciones Unidas que se firmara en Junio
de 1945 en San Francisco y todo el tan espeso como
inoperante andamiaje de la legalidad internacional.
Arrasando con estas molestas limitaciones el indigno
Nobel de la Paz que se sienta en la Oficina Oval de
la Casa Blanca ordena crímenes y asesinatos de
ciudadanos extranjeros y estadounidenses, envía
aviones no tripulados –"drones"- para masacrar
poblaciones indefensas sin pagar costo alguno ante
una opinión pública estupidizada por la industria
cultural del capitalismo mientras que, paso a paso,
va cercenando las libertades públicas establecidas
por la Constitución de los Estados Unidos pero que
desde Ronald Reagan para aquí se ha venido
convirtiendo en letra muerta. En esta misma línea
Juan Gelman publicó también en la edición del mismo
día pero en Página/12 una nota en donde demuestra
que el "progre" Barack Obama ya superó el triste
récord de su infausto predecesor en materia de
atropellos a los estándares de la justicia y
derechos humanos. Pese a sus encendidas promesas de
campaña no cerró Guantánamo; retiró parte de las
tropas estacionadas en Irak (si bien dejando un buen
número de "asesores" cuyas funciones efectivas poco
tienen que ver con ese nombre) pero siguió
guerreando en Afganistán y extendió las hostilidades
a Pakistán. Además, tras las raídas bambalinas de la
OTAN Washington fue el actor principal, según lo
reconoció el New York Times, de la masacre y los
crímenes perpetrados para "liberar" a Libia. Si G.
W. Bush pergeñó el rescate de los bancos su sucesor
profundizó esa política; si aquél había escrito el
borrador del Tratado EEUU-Colombia que autoriza la
utilización de bases militares (por ahora 7, pero se
puede aumentar esa cifra con una simple solicitud
del Departamento de Estado) en ese país
sudamericano, fue Obama quien ratificó el acuerdo
poniendo su firma al lado de un personaje siniestro
como Álvaro Uribe. Y en materia económica las
políticas de rescate de los delincuentes de cuello
blanco y elegantes trajes Armani que pululan en Wall
Street -rescate hecho a costa de los deudores
hipotecarios estadounidenses- prosiguieron su curso
triturando las ilusiones del American dream: ya son
dos millones de familias arrojadas a la calle, y se
espera que las víctimas de esta gigantesca estafa
sean unos cinco millones en los próximos dos o tres
años.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, ¿a quién
puede importar la primaria republicana de Iowa?
¿Cuáles son las razones por las que la prensa
mundial otorga tamaña trascendencia a un show
mediático como ese, despojado de toda sustancia
democrática? Basta leer las declaraciones de los
candidatos republicanos, a cual más retrógrado y
reaccionario, exaltando los valores tradicionales y
patrioteros de la derecha estadounidense, para
comprobar la profundidad abismal de la crisis
política de ese país. Va de suyo que las opiniones
de los candidatos demócratas, comenzando por el
propio presidente, no modifican en lo más mínimo
este diagnóstico. Tal vez lo empeoren. El disparate
de los candidatos republicanos, exhaustos luego del
ejercicio democrático llevado a cabo en Iowa, llegó
tan lejos como para que varios de ellos
-especialmente Michele Bachmann, la (frustrada)
esperanza del Tea Party que cosechó un número
irrisorio de votos- fulminaran con sus críticas a
Obama por… ¡sus políticas "socialistas"! Se nota que
esas gentes, aspirantes todos ellos a heredar el
trono imperial de la Casa Blanca, no tienen la menor
idea de lo que están hablando. En su majestuosa
mediocridad no se dan cuenta de que si hay algo que
impidió (¿o sería más preciso decir "postergó"?) el
hundimiento del capitalismo estadounidense fueron
las políticas del tandem Bush-Obama que
efectivamente pusieron en práctica un socialismo muy
del agrado de la burguesía: socializaron las
pérdidas de los grandes oligopolios financieros e
industriales y las redistribuyeron meticulosamente
al conjunto de la población. Mientras tanto, los
principales CEO de esas corporaciones afectadas por
el "socialismo" de Bush-Obama seguían ganando, una
vez pagados los impuestos, más de diez millones de
dólares anuales como recompensa por sus brillantes
negocios.
Reflexiones estas, en suma, acerca de la total
intrascendencia de estas primarias -y las que
seguirán en las semanas siguientes, incluyendo un
par de ridículos "super martes" que ya provocan la
estudiada excitación de la prensa estadounidense y
sus voceros de la periferia- que pueden extenderse
sin forzar ningún razonamiento a las elecciones
presidenciales de los Estados Unidos. Porque, como
dicen algunos de los (pocos) politólogos críticos
que hay en ese país, ¿a qué viene tanta cháchara con
elecciones en las cuales nada se elige y con
presidentes que nada presiden toda vez que el
"gobierno permanente" que realmente detenta las
riendas del poder en sus manos: el complejo
militar-industrial y sus aliados, no ha sido elegido
por nadie, no debe rendir cuentas ante nadie, ni
mucho menos podrá ser removido por el sufragio
popular? No importa lo que el pueblo elija, ni el
mandato que otorgue al candidato elegido, porque los
que verdaderamente mandan lo hacen en virtud de
realidades mucho más proteicas –los millonarios
negocios y negociados hechos bajo la complaciente
mirada del gobierno y de una dirigencia que depende
de los donativos de los oligopolios para financiar
sus ambiciones políticas- que las débiles señales
producidas por el proceso electoral. Además, a
diferencia del "populacho" desinformado e impotente
que en proporciones cada vez menores acude a las
urnas, la clase dominante imperial sabe lo que es
bueno para Estados Unidos y lo que hay que hacer en
cada momento. Parafraseando aquella vieja fórmula de
mediados del siglo pasado que decía que "lo que es
bueno para la General Motors es bueno para Estados
Unidos" sus personeros hoy saben que "lo que es
bueno para el complejo militar-industrial es bueno
para Estados Unidos", por lo menos para una
dirigencia que piensa exclusivamente en acrecentar
los beneficios y perpetuar los privilegios de ese
uno por ciento contra el cual se levantaron los
indignados de Ocupemos Wall Street. A esa clase
dominante del imperio el veredicto de las urnas, sea
en las primarias republicanas o demócratas, o en las
elecciones generales, le tiene absolutamente sin
cuidado. Su inserción en las articulaciones
decisivas del aparato estatal estadounidense no está
sujeto a escrutinio o control público alguno, y su
dominio sobre la clase política y los grandes medios
de comunicación la colocan a salvo de cualquier
contingencia surgida en el terreno electoral. Lo
único que le preocupa en relación con las primarias
y las elecciones es seguir alimentando la ilusión
popular de que el país es una democracia, evitando
que la masa de la población llegue a pensar que el
régimen político imperante no es una democracia sino
una abyecta plutocracia. Sabe que de persistir esa
creencia su dominio será poco menos que
inexpugnable. El problema es que la ilimitada
voracidad de esa burguesía y la super-explotación a
la que somete al propio pueblo estadounidense más
pronto que tarde podría romper el hechizo y dar
inicio a un proceso de movilización y radicalización
de imprevisibles consecuencias. Por eso hay que
presentar al anodino ejercicio que tuvo lugar el
pasado martes en Iowa como si fuera una vibrante
prueba de la salud democrática de Estados Unidos.
Una mentira, no piadosa, sino maléfica hasta el
tuétano.
* Una
versión abreviada de esta nota se publicó en el
diario Página/12 de Buenos Aires el día 5 de Enero
de 2012.
Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-184771-2012-01-05.html |