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REFLEXIÓN DEL COMPAÑERO FIDEL
La marcha hacia el abismo
[05.01.2012]-Actualizado 11:30 pm Cuba
No es
cuestión de optimismo o pesimismo, saber o ignorar
cosas elementales, ser responsables o no de los
acontecimientos. Los que pretenden considerarse
políticos debieran ser lanzados al basurero de la
historia cuando, como es norma, en esa actividad
ignoran todo o casi todo lo que se relaciona con
ella.
No
hablo por supuesto de los que a lo largo de varios
milenios convirtieron los asuntos públicos en
instrumentos de poder y riquezas para las clases
privilegiadas, actividad en la que verdaderos
récords de crueldad han sido impuestos durante los
últimos ocho o diez mil años sobre los que se tienen
vestigios ciertos de la conducta social de nuestra
especie, cuya existencia como seres pensantes, según
los científicos, apenas rebasa los 180 mil años.
No es
mi propósito enfrascarme en tales temas que
seguramente aburrirían a casi el ciento por ciento
de las personas continuamente bombardeadas con
noticias a través de medios, que van desde la
palabra escrita hasta las imágenes tridimensionales
que comienzan a exhibirse en costosos cines, y no
está lejano el día en que también predominen en la
ya de por sí fabulosas imágenes de la televisión. No
es casual que la llamada industria de la recreación
tenga su sede en el corazón del imperio que a todos
tiraniza.
Lo que
pretendo es situarme en el punto de partida actual
de nuestra especie para hablar de la marcha hacia el
abismo. Podría incluso hablar de una marcha
"inexorable" y estaría seguramente más cerca de la
realidad. La idea de un juicio final está implícita
en las doctrinas religiosas más extendidas entre los
habitantes del planeta, sin que nadie las califique
por ello de pesimistas. Considero, por el contrario,
deber elemental de todas las personas serias y
cuerdas, que son millones, luchar para posponer y,
tal vez impedir, ese dramático y cercano
acontecimiento en el mundo actual.
Numerosos peligros nos amenazan, pero dos de ellos,
la guerra nuclear y el cambio climático, son
decisivos y ambos están cada vez más lejos de
aproximarse a una solución.
La
palabrería demagógica, las declaraciones y los
discursos de la tiranía impuesta al mundo por
Estados Unidos y sus poderosos e incondicionales
aliados, en ambos temas, no admiten la menor duda al
respecto.
El
primero de enero de 2012, año nuevo occidental y
cristiano, coincide con el aniversario del triunfo
de la Revolución en Cuba y el año en que se cumple
el 50 Aniversario de la Crisis de Octubre de 1962,
que puso al mundo al borde de la guerra mundial
nuclear, lo que me obliga a escribir estas líneas.
Carecerían de sentido mis palabras si tuviesen como
objetivo imputar alguna culpa al pueblo
norteamericano, o al de cualquier otro país aliado
de Estados Unidos en la insólita aventura; ellos,
como los demás pueblos del mundo, serían las
víctimas inevitables de la tragedia. Hechos
recientes ocurridos en Europa y otros puntos
muestran las indignaciones masivas de aquellos a los
que el desempleo, la carestía, las reducciones de
sus ingresos, las deudas, la discriminación, las
mentiras y la politiquería, conducen a las protestas
y a las brutales represiones de los guardianes del
orden establecido.
Con
frecuencia creciente se habla de tecnologías
militares que afectan la totalidad del planeta,
único satélite habitable conocido a cientos de años
luz de otro que tal vez resulte adecuado si nos
movemos a la velocidad de la luz, trescientos mil
kilómetros por segundo.
No
debemos ignorar que si nuestra maravillosa especie
pensante desapareciera transcurrirían muchos
millones de años antes de que surja nuevamente otra
capaz de pensar, en virtud de los principios
naturales que rigen como consecuencia de la
evolución de las especies, descubierta por Darwin en
1859 y que hoy reconocen todos los científicos
serios, creyentes o no creyentes.
Ninguna otra época de la historia del hombre conoció
los actuales peligros que afronta la humanidad.
Personas como yo, con 85 años cumplidos, habíamos
arribado a los 18 con el título de bachiller antes
de que concluyera la elaboración de la primera bomba
atómica.
Hoy
los artefactos de ese carácter listos para su empleo
─incomparablemente más poderosos que los que
produjeron el calor del sol sobre las ciudades de
Hiroshima y Nagasaki─ suman miles.
Las
armas de ese tipo que se guardan adicionalmente en
los depósitos, añadidas a las ya desplegadas en
virtud de acuerdos, alcanzan cifras que superan los
veinte mil proyectiles nucleares.
El
empleo de apenas un centenar de esas armas sería
suficiente para crear un invierno nuclear que
provocaría una muerte espantosa en breve tiempo a
todos los seres humanos que habitan el planeta, como
ha explicado brillantemente y con datos
computarizados el científico norteamericano y
profesor de la Universidad de Rutgers, New Jersey,
Alan Robock.
Los
que acostumbran a leer las noticias y análisis
internacionales serios, conocen cómo los riesgos del
estallido de una guerra con empleo de armas
nucleares se incrementan a medida que la tensión
crece en el Cercano Oriente, donde en manos del
gobierno israelita se acumulan cientos de armas
nucleares en plena disposición combativa, y cuyo
carácter de fuerte potencia nuclear ni se admite ni
se niega. Crece igualmente la tensión en torno a
Rusia, país de incuestionable capacidad de
respuesta, amenazada por un supuesto escudo nuclear
europeo.
Mueve
a risas la afirmación yanki de que el escudo nuclear
europeo es para proteger también a Rusia de Irán y
Corea del Norte. Tan endeble es la posición yanqui
en este delicado asunto, que su aliado Israel ni
siquiera se toma la molestia de garantizar consultas
previas sobre medidas que puedan desatar la guerra.
La
humanidad, en cambio, no goza de garantía alguna. El
espacio cósmico, en las proximidades de nuestro
planeta, está saturado de satélites de Estados
Unidos destinados a espiar lo que ocurre hasta en
las azoteas de las viviendas de cualquier nación del
mundo. La vida y costumbres de cada persona o
familia pasó a ser objeto de espionaje; la escucha
de cientos de millones de celulares, y el tema de
las conversaciones que aborde cualquier usuario en
cualquier parte del mundo deja de ser privado para
convertirse en material de información para los
servicios secretos de Estados Unidos.
Ese es
el derecho que va quedando a los ciudadanos de
nuestro mundo en virtud de los actos de un gobierno
cuya constitución, aprobada en el Congreso de
Filadelfia en 1776, establecía que todavía los
hombres nacían libres e iguales y a todos les
concedía el Creador determinados derechos, de los
cuales no les quedan ya, ni a los propios
norteamericanos ni a ciudadano alguno del mundo
siquiera el de comunicar por teléfono a familiares y
amigos sus sentimientos más íntimos.
La
guerra, sin embargo, es una tragedia que puede
ocurrir, y es muy probable que ocurra; más, si la
humanidad fuese capaz de retrasarla un tiempo
indefinido, otro hecho igualmente dramático está
ocurriendo ya con creciente ritmo: el cambio
climático. Me limitaré a señalar lo que eminentes
científicos y expositores de relieve mundial han
explicado a través de documentos y filmes que nadie
cuestiona.
Es
bien conocido que el gobierno de Estados Unidos se
opuso a los acuerdos de Kyoto sobre el medio
ambiente, una línea de conducta que ni siquiera
concilió con sus más cercanos aliados, cuyos
territorios sufrirían tremendamente y algunos de los
cuales, como Holanda, desaparecerían casi por
entero.
El
planeta marcha hoy sin política sobre este grave
problema, mientras los niveles del mar se elevan,
las enormes capas de hielo que cubren la Antártida y
Groenlandia, donde se acumula más del 90% del agua
dulce del mundo, se derriten con creciente ritmo, y
ya la humanidad, el pasado 30 de noviembre de 2011,
alcanzó oficialmente la cifra de 7 mil millones de
habitantes que en las áreas más pobres del mundo
crece de forma sostenida e inevitable. ¿Es que acaso
los que se han dedicado a bombardear países y matar
millones de personas durante los últimos 50 años se
pueden preocupar por el destino de los demás
pueblos?
Estados Unidos es hoy no solo el promotor de esas
guerras, sino también el mayor productor y
exportador de armas en el mundo.
Como
es conocido, ese poderoso país ha suscrito un
convenio para suministrar 60 mil millones de dólares
en los próximos años al reino de Arabia Saudita,
donde las transnacionales de Estados Unidos y sus
aliados extraen cada día 10 millones de barriles de
petróleo ligero, es decir, mil millones de dólares
en combustible. ¿Qué será de ese país y de la región
cuando esas reservas de energía se agoten? No es
posible que nuestro mundo globalizado acepte sin
chistar el colosal derroche de recursos energéticos
que la naturaleza tardó cientos de millones de años
en crear, y cuya dilapidación encarece los costos
esenciales. No sería en absoluto digno del carácter
inteligente atribuido a nuestra especie.
En los
últimos 12 meses tal situación se agravó
considerablemente a partir de nuevos avances
tecnológicos que, lejos de aliviar la tragedia
proveniente del derroche de los combustibles
fósiles, la agrava considerablemente.
Científicos e investigadores de prestigio mundial
venían señalando las consecuencias dramáticas del
cambio climático.
En un
excelente documental fílmico del director francés
Yann Arthus-Bertrand, titulado Home, y elaborado con
la colaboración de prestigiosas y bien informadas
personalidades internacionales, publicado a mediados
del año 2009, este advirtió al mundo con datos
irrebatibles lo que estaba ocurriendo. Con sólidos
argumentos exponía las consecuencias nefastas de
consumir, en menos de dos siglos, los recursos
energéticos creados por la naturaleza en cientos de
millones de años; pero lo peor no era el colosal
derroche, sino las consecuencias suicidas que para
la especie humana tendría. Refiriéndose a la propia
existencia de la vida, le reprochaba a la especie
humana: "…Te beneficias de un fabuloso legado de 4
000 millones de años suministrado por la Tierra.
Solamente tienes 200 000 años, pero ya has cambiado
la faz del mundo."
No
culpaba ni podía culpar a nadie hasta ese minuto,
señalaba simplemente una realidad objetiva. Sin
embargo, hoy tenemos que culparnos todos de que lo
sepamos y nada hagamos por tratar de remediarlo.
En sus
imágenes y conceptos, los autores de esa obra
incluyen memorias, datos e ideas que estamos en el
deber de conocer y tomar en cuenta.
En
meses recientes, otro fabuloso material fílmico
exhibido fue Océanos, elaborado por dos realizadores
franceses, considerado el mejor film del año en
Cuba; tal vez, a mi juicio, el mejor de esta época.
Es un
material que asombra por la precisión y belleza de
las imágenes nunca antes filmadas por cámara alguna:
8 años y 50 millones de euros fueron invertidos en
ella. La humanidad tendrá que agradecer esa prueba
de la forma en que se expresan los principios de la
naturaleza adulterados por el hombre. Los actores no
son seres humanos: son los pobladores de los mares
del mundo. ¡Un Oscar para ellos!
Lo que
motivó para mí el deber de escribir estas líneas no
surgió de los hechos referidos hasta aquí, que de
una forma u otra he comentado anteriormente, sino de
otros que, manejados por intereses de las
transnacionales, han estado saliendo a la luz
dosificadamente en los últimos meses y sirven a mi
juicio como prueba definitiva de la confusión y el
caos político que impera en el mundo.
Hace
apenas unos meses leí por primera vez algunas
noticias sobre la existencia del gas de esquisto. Se
afirmaba que Estados Unidos disponía de reservas
para suplir sus necesidades de este combustible
durante 100 años. Como dispongo en la actualidad de
tiempo para indagar sobre temas políticos,
económicos y científicos que pueden ser realmente
útiles a nuestros pueblos, me comuniqué
discretamente con varias personas que residen en
Cuba o en el exterior de nuestro país. Curiosamente,
ninguna de ellas había escuchado una palabra sobre
el asunto. No era desde luego la primera vez que eso
sucedía. Uno se asombra de hechos importantes de por
sí que se ocultan en un verdadero mar de
informaciones, mezcladas con cientos o miles de
noticias que circulan por el planeta.
Persistí, no obstante, en mi interés sobre el tema.
Han transcurrido solo varios meses y el gas de
esquisto no es ya noticia. En vísperas del nuevo año
se conocían ya suficientes datos para ver con toda
claridad la marcha inexorable del mundo hacia el
abismo, amenazado por riesgos tan extremadamente
graves como la guerra nuclear y el cambio climático.
Del primero, ya hablé; del segundo, en aras de la
brevedad, me limitaré a exponer datos conocidos y
algunos por conocer que ningún cuadro político o
persona sensata debe ignorar.
No
vacilo en afirmar que observo ambos hechos con la
serenidad de los años vividos, en esta espectacular
fase de la historia humana, que han contribuido a la
educación de nuestro pueblo valiente y heroico.
El gas
se mide en TCF, los cuales pueden referirse a pies
cúbicos o metros cúbicos ─no siempre se explica si
se trata de uno o de otro─ depende del sistema de
medidas que se aplique en un determinado país. Por
otro lado, cuando se habla de billones suelen
referirse al billón español que significa un millón
de millones; tal cifra en inglés se califica como
trillón lo cual debe tenerse en cuenta cuando se
analizan las referidas al gas que suelen ser
voluminosas. Trataré de señalarlo cuando sea
necesario.
El
analista norteamericano Daniel Yergin, autor de un
voluminoso clásico de historia del petróleo afirmó,
según la agencia de noticias IPS, que ya un tercio
de todo el gas que se produce en Estados Unidos es
gas de esquisto.
"…la
explotación de una plataforma con seis pozos puede
consumir 170.000 metros cúbicos de agua e incluso
provocar efectos dañinos como influir en movimientos
sísmicos, contaminar aguas subterráneas y
superficiales, y afectar el paisaje."
El
grupo británico BP informa por su parte que "Las
reservas probadas de gas convencional o tradicional
en el planeta suman 6.608 billones ―millón de
millones― de pies cúbicos, unos 187 billones de
metros cúbicos, […] y los depósitos más grandes
están en Rusia (1.580 TCF), Irán (1.045), Qatar
(894), y Arabia Saudita y Turkmenistán, con 283 TCF
cada uno". Se trata del gas que se venía produciendo
y comercializando.
"Un
estudio de la EIA ―una agencia gubernamental de
Estados Unidos sobre energía― publicado en abril de
2011 encontró prácticamente el mismo volumen (6.620
TCF o 187,4 billones de metros cúbicos) de shale gas
recuperable en apenas 32 países, y los gigantes son:
China (1.275 TCF), Estados Unidos (862), Argentina
(774), México (681), Sudáfrica (485) y Australia
(396 TCF)". Shale gas es gas de esquisto. Obsérvese
que de acuerdo a lo que se conoce Argentina y México
poseen casi tanto como Estados Unidos. China, con
los mayores yacimientos, posee reservas que
equivalen a casi el doble de aquellos y un 40% más
que Estados Unidos.
"…países secularmente dependientes de proveedores
extranjeros contarían con una ingente base de
recursos en relación con su consumo, como Francia y
Polonia, que importan 98 y 64 por ciento,
respectivamente, del gas que consumen, y que
tendrían en rocas de esquistos o lutitas reservas
superiores a 180 TCF cada uno".
"Para
extraerlo de las lutitas ―señala IPS― se apela a un
método bautizado ‘fracking’ (fractura hidráulica),
con la inyección de grandes cantidades de agua más
arenas y aditivos químicos. La huella de carbono
(proporción de dióxido de carbono que libera a la
atmósfera) es mucho mayor que la generada con la
producción de gas convencional.
"Como
se trata de bombardear capas de la corteza terrestre
con agua y otras sustancias, se incrementa el riesgo
de dañar subsuelo, suelos, napas hídricas
subterráneas y superficiales, el paisaje y las vías
de comunicación si las instalaciones para extraer y
transportar la nueva riqueza presentan defectos o
errores de manejo."
Baste
señalar que entre las numerosas sustancias químicas
que se inyectan con el agua para extraer este gas se
encuentran el benceno y el tolueno, que son
sustancias terriblemente cancerígenas
La
experta Lourdes Melgar, del Instituto Tecnológico y
de Estudios Superiores de Monterrey, opina que:
"‘Es
una tecnología que genera mucho debate y son
recursos ubicados en zonas donde no hay agua’…".
"Las
lutitas gasíferas ―expresa IPS― son canteras de
hidrocarburos no convencionales, encalladas en rocas
que las guarecen, por lo que se aplica la fractura
hidráulica (conocida en inglés como ‘fracking’) para
liberarlas a gran escala."
"La
generación de gas shale involucra altos volúmenes de
agua y la excavación y fractura generan grandes
cantidades de residuos líquidos, que pueden contener
químicos disueltos y otros contaminantes que
requieren tratamiento antes de su desecho."
"La
producción de esquisto saltó de 11.037 millones de
metros cúbicos en 2000 a 135.840 millones en 2010.
En caso de seguir a este ritmo la expansión, en 2035
llegará a cubrir 45 por ciento de la demanda de gas
general, según la EIA.
"Investigaciones científicas recientes han alertado
del perfil ambiental negativo del gas lutita.
"Los
académicos Robert Howarth, Renee Santoro y Anthony
Ingraffea, de la estadounidense Universidad de
Cornell, concluyeron que ese hidrocarburo es más
contaminante que el petróleo y el gas, según su
estudio ‘Metano y la huella de gases de efecto
invernadero del gas natural proveniente de
formaciones de shale’, difundido en abril pasado en
la revista Climatic Change.
"‘La
huella carbónica es mayor que la del gas
convencional o el petróleo, vistos en cualquier
horizonte temporal, pero particularmente en un lapso
de 20 años. Comparada con el carbón, es al menos 20
por ciento mayor y tal vez más del doble en 20
años’, resaltó el informe."
"El
metano es uno de los gases de efecto invernadero más
contaminantes, responsables del aumento de la
temperatura del planeta."
"‘En
áreas activas de extracción (uno o más pozos en un
kilómetro), las concentraciones promedio y máximas
de metano en pozos de agua potable se incrementaron
con proximidad al pozo gasífero más cercano y fueron
un peligro de explosión potencial’, cita el texto
escrito por Stephen Osborn, Avner Vengosh, Nathaniel
Warner y Robert Jackson, de la estatal Universidad
de Duke.
"Estos
indicadores cuestionan el argumento de la industria
de que el esquisto puede sustituir al carbón en la
generación eléctrica y, por lo tanto, un recurso
para mitigar el cambio climático.
"‘Es
una aventura demasiado prematura y riesgosa’."
"En
abril de 2010, el Departamento de Estado de Estados
Unidos puso en marcha la Iniciativa Global de Gas
Shale para ayudar a los países que buscan aprovechar
ese recurso para identificarlo y desarrollarlo, con
un eventual beneficio económico para las
transnacionales de esa nación."
He
sido inevitablemente extenso, no tenía otra opción.
Redacto estas líneas para el sitio web Cubadebate y
para Telesur, una de las emisoras de noticias más
serias y honestas de nuestro sufrido mundo.
Para
abordar el tema dejé transcurrir los días festivos
del viejo y el nuevo año.
Fidel
Castro Ruz
Enero 4 de 2012
9 y 15 p.m. |