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Los
casos de Alan Gross y de los Cinco cubanos
Por Salim Lamrani & Wayne S. Smith*-Center for
International Policy
[26.01.2012]-Actualizado 5:30 pm Cuba
Es
posible un cambio en las relaciones entre La Habana
y Washington. Estados Unidos levantó todas las
restricciones relativas a los viajes de los
cubanos-estadounidenses a la isla y las remesas de
estos destinadas a sus familias. Al mismo tiempo, el
gobierno cubano favorece el establecimiento de
pequeñas empresas privadas. Esta realidad abre el
camino al fortalecimiento de los vínculos entre
ambas comunidades, y más precisamente –como subrayó
un observador- a «un flujo de capital de Estados
Unidos hacia Cuba».
No
obstante, por un lado el caso de Alan Gross,
arrestado el 3 de diciembre de 2009, y por otro lado
el de los Cinco Cubanos, representan un obstáculo
mayor a la mejora de las relaciones.
¿Quién
es Alan Gross?
Alan
Gross es un ciudadano estadounidense de Potomac,
Maryland, de confesión judía, de 61 años, que
trabaja para el gobierno de Estados Unidos. Es un
empleado de la Development Alternative, Inc (DAI),
subcontratista de la Agencia Estadounidense para el
Desarrollo Internacional (USAID), la cual a su vez
depende del Departamento de Estado. En diciembre de
2009, cuando Gross estaba a punto de salir de Cuba
con una simple visa turística –en lo que constituía
entonces su quinto viaje del año– los servicios de
seguridad lo detuvieron en el aeropuerto
internacional de La Habana. Una investigación había
permitido establecer vínculos estrechos entre él y
la oposición interna al gobierno cubano, a la cual
distribuía computadoras portátiles y teléfonos
satelitales, en el marco de un programa del
Departamento de Estado de «promoción de la
democracia en Cuba». [1]
Experto en tecnología de comunicación de larga
distancia, Gross dispone de una gran experiencia en
este campo. Ha trabajado en más de cincuenta
naciones y ha elaborado sistemas satelitales de
comunicación durante las intervenciones militares
estadounidenses en Irak y Afganistán para eludir los
canales controlados por las autoridades locales. [2]
La
posesión de un teléfono satelital está rigurosamente
prohibida en Cuba por razones de seguridad nacional.
Por otra parte, el sector de las telecomunicaciones
es un monopolio del Estado en Cuba y está prohibida
cualquier competencia. [3]
¿Ayuda
a la comunidad judía de Cuba?
El
Departamento de Estado estadounidense, que exige la
liberación del detenido, afirma que «Gross trabaja
para el desarrollo internacional y viajó a Cuba para
ayudar a los miembros de la comunidad judía de La
Habana a conectarse con otras comunidades judías del
mundo». Según Washington, las actividades de Gross
eran legales y no han violado la legislación cubana.
[4]
En
octubre de 2010, con ocasión de la reunión anual de
la Asamblea General de las Naciones Unidas, Arturo
Valenzuela, secretario de Estado asistente para los
Asuntos Interamericanos, se entrevistó con Bruno
Rodríguez, ministro cubano de Relaciones Exteriores,
a propósito de Gross. Se trataba entonces del más
importante encuentro diplomático entre
representantes de ambas naciones desde el inicio de
la era Obama.[5]
La
familia de Alan Gross también aseguró que sus
frecuentes viajes a la isla se destinaban a permitir
que la comunidad judía de La Habana pudiera
conseguir acceso Internet para poder comunicarse con
los judíos del mundo entero. [6]
Su abogado, Peter J Kahn, ratificó esas palabras:
«Su labor en Cuba no tenía nada que ver con la
política, sino que simplemente se proponía ayudar a
mejorar la vida de los miembros de la pequeña,
pacífica y no disidente comunidad judía en ese
país».[7]
Seguramente Gross tenía contactos con algunos
miembros de la comunidad judía en Cuba, aunque la
propia comunidad judía de La Habana contradice la
versión oficial de Estados Unidos y de la familia de
Gross. En efecto, la comunidad afirma que no conoce
a Alan Gross y que nunca se ha reunido con él a
pesar de sus cinco estancias en Cuba en 2009. Adela
Dworin, presidenta del Templo Beth Shalom, rechazó
las afirmaciones de Washington: «Es lamentable
[…].Lo más triste es que se haya querido involucrar
a la comunidad judía de Cuba, que es totalmente
ajena».
Por su
parte Mayra Levy, portavoz del Centro Hebraico
Sefardí, aseguró que ignoraba quién era Gross y que
éste jamás se había presentado a su institución. La
Agencia estadounidense Associated Press señala por
su parte que los «líderes de la comunidad judía de
Cuba negaron que el contratista estadounidense Alan
Gross […] hubiera colaborado con ellos». [8] Del
mismo modo, la Agencia Telegráfica Judía precisa que
«los principales grupos judíos de Cuba han
desmentido cualquier contacto con Alan Gross y
cualquier conocimiento de su programa». [9]
El
reverendo Odén Marichal, secretario del Consejo de
Iglesias de Cuba (CIC), que agrupa las instituciones
religiosas cristianas así como a la comunidad judía
de Cuba, ha ratificado esta posición durante una
reunión con Peter Brennan, coordinador de los
Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado. Con
ocasión de la Asamblea general de las Iglesias de
Cristo de Estados Unidos en Washington, en noviembre
de 2010, el líder religioso refutó las alegaciones
de Gross. «Lo que sí dejamos bien claro es que la
comunidad hebrea de Cuba, que es miembro del Consejo
de Iglesias de Cuba, nos dijo: ‘Nosotros jamás
tuvimos relación con ese señor, jamás nos trajo
equipo de ninguna clase.
Negaron cualquier relación con Alan Gross’». [10]
En
efecto, la pequeña comunidad judía cubana, lejos de
estar aislada, está perfectamente integrada en la
sociedad y mantiene las mejores relaciones con las
autoridades políticas de la isla. Fidel Castro,
aunque se muestra sumamente crítico con respecto a
la política israelí en los territorios ocupados,
declaró al periodista estadounidense Jeffrey
Goldberg que «nadie ha[bía] sido tan difamado como
los judíos» en la historia. «Fueron rechazados de su
tierra, perseguidos y maltratados en todo el mundo.
Los judíos tuvieron una existencia mucho más dura
que la nuestra. No hay nada que pueda compararse con
el Holocausto», añadió. [11]
El
presidente cubano Raúl Castro participó en la
ceremonia religiosa de Hanuka –Fiesta de las Luces–
en la sinagoga Shalom de La Habana en diciembre de
2010, la cual se transmitió en directo por la
televisión cubana y fue primera plana del diario
Granma. Aprovechó la ocasión para saludar a «a
comunidad hebrea de Cuba y la fabulosa historia del
pueblo hebreo».[12]
Por
otra parte, la comunidad judía cubana dispone de
todas las facilidades tecnológicas necesarias para
comunicarse con el resto del mundo, gracias a la
ayuda que proporcionan otras entidades judías
internacionales como el Benai Brith and the Cuban
Jewish Relief Project, el Canadian Jewish Congress (CJC),
la World ORT, el Joint Distribution Committee (JDC)
o el United Jewish Committee (UJC), con el acuerdo
de las autoridades cubanas. [13]
Arturo
López-Levy, secretario de Bnai Brith en la Comunidad
Judía Cubana entre 1999 y 2001 y actualmente
profesor de la Universidad de Denver, también se
muestra escéptico a propósito de la versión
estadounidense sobre el caso Gross. Al respecto,
afirma lo siguiente: "Gross no fue arrestado porque
sea judío ni por sus supuestas actividades de ayuda
tecnológica a la comunidad judía cubana, que ya
disponía de un laboratorio informático, de correos
electrónicos y de acceso a Internet antes de su
llegada a La Habana. [Los judíos de Cuba] no se
reúnen en una sinagoga para conspirar con la
oposición política pues ello pondría en peligro la
cooperación con el gobierno que es necesaria para
las actividades como el programa de emigración a
Israel, el proyecto de Derecho de Nacimiento,
mediante el cual jóvenes judíos cubanos viajan a
Israel cada año, o para tratar de la ayuda
humanitaria. Para proteger lo más importante, se
apartan todo lo posible de los programas de
injerencia política estadounidenses en los asuntos
internos cubanos. Gross viajó a Cuba no para
trabajar con alguna organización judía sino para la
USAID".[14]
Por su
parte Wayne S. Smith, embajador estadounidense en
Cuba entre 1979 y 1982 y director del Programa
«Cuba» del Centro de Política Internacional de
Washington, señala que «Gross, en otras palabras,
estaba implicado en un programa cuyas intenciones
son claramente hostiles a Cuba ya que el objetivo es
nada menos que el cambio de régimen». [15]
Actividades ilegales según las autoridades cubanas
Por parte de las autoridades cubanas, la versión
oficial no ha convencido y Gross es sospechoso de
actividades de espionaje y de subversión interna.
[16] Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento
cubano, afirmó que el ciudadano estadounidense había
violado la legislación del país. «Él violó leyes
cubanas, la soberanía nacional, cometió delitos que
en Estados Unidos son muy, muy castigados». [17]
En
efecto, el empleado de la USAID proporcionaba
equipos tecnológicos altamente sofisticados. La
distribución y el uso de teléfonos satelitales están
reglamentados en Cuba y está prohibido importarlos
sin autorización. Por otra parte, el Artículo 11 de
la Ley 88 cubana estipula que «El que, para la
realización de los hechos previstos en esta Ley,
directamente o mediante tercero, reciba, distribuya
o participe en la distribución de medios
financieros, materiales o de otra índole,
procedentes del Gobierno de Estados Unidos de
América, sus agencias, dependencias, representantes,
funcionarios o de entidades privadas, incurre en
sanción de privación de libertad de tres a ocho
años».[18]
Este
rigor no es específico de la legislación cubana. En
efecto, la ley estadounidense prevé sanciones
similares para este tipo de delitos. La Ley de
Registro de Agentes Extranjeros (Foreign Agents
Registration Act) sanciona a todo agente no
registrado por las autoridades que «en Estados
Unidos solicita, recolecta, proporciona o gasta
contribuciones, préstamos, dinero u otro objeto de
valor en su propio interés», con una pena de cinco
años de prisión y una multa de 10.000 dólares.[19]
La
legislación francesa también sanciona este tipo de
actuación. Según el Artículo 411-8 del Código Penal,
«el hecho de ejercer, por cuenta de una potencia
extranjera, de una empresa u organización extranjera
o bajo control extranjero o de sus agentes, una
actividad con el objetivo de conseguir o
proporcionar dispositivos, informaciones,
procedimientos, objetos, documentos, datos
informatizados o ficheros cuya explotación,
divulgación o reunión tengan la naturaleza de
atentar contra los intereses fundamentales de la
nación se castiga con diez años de cárcel y 150.000
euros de multa». [20]
El 4
de febrero de 2011, el fiscal de la República de
Cuba acusó formalmente a Alan Gross de «actos contra
la integridad y la independencia de la nación», y
pidió una pena de veinte años de cárcel. El 12 de
marzo de 2011, Gross recibió finalmente la sentencia
de quince años de prisión tras su juicio. [21] El
abogado defensor, Peter J. Kahn, lamentó que su
cliente estuviera «atrapado en el medio de una larga
disputa política entre Cuba y Estados Unidos».[22]
El New
York Times recuerda que Gross «fue arrestado en
diciembre pasado durante un viaje a Cuba en el marco
de un programa semiclandestino de la USAID, servicio
de ayuda extranjera del Departamento de Estado
destinado a socavar al gobierno de Cuba». El diario
neoyorquino subraya también que «las autoridades
estadounidenses han reconocido que el señor Gross
entró en Cuba sin visa en regla, y han declarado que
distribuía teléfonos satelitales a disidentes
religiosos». [23]
Desde
1992 y la adopción de la ley Torricelli, Estados
Unidos admite abiertamente que su objetivo con
respecto a Cuba es un «cambio de régimen» y uno de
los pilares de esta política consiste en organizar,
financiar y equipar a una oposición interna. [24]
La
USAID, encargada de la administración de este plan,
admite que financia a la oposición cubana en el
marco de este programa. Según la Agencia, para el
año fiscal 2009, la suma de la ayuda destinada a los
disidentes cubanos se elevó a 15,62 millones de
dólares. En total, desde 1996, se han dedicado 140
millones de dólares al programa destinado a derrocar
al gobierno cubano. «La gran mayoría de esta suma se
destina a individuos que se encuentran en Cuba.
Nuestro objetivo es maximizar la suma del apoyo del
cual se benefician los cubanos en la isla». [25]
La
organización gubernamental enfatiza también el
siguiente punto: «Hemos formado a centenares de
periodistas en un periodo de diez años cuya labor ha
aparecido en grandes medios de comunicación
internacionales». Formados y estipendiados por
Estados Unidos, responden ante todo a los intereses
de Washington, cuyo objetivo es un «cambio de
régimen» en la isla. [26]
Desde
un punto de vista jurídico, esta realidad ubica de
hecho a los disidentes que aceptan los emolumentos
ofrecidos por la USAID en una situación de agentes
al servicio de una potencia extranjera, lo que
constituye una grave violación del código penal en
Cuba. La Agencia es consciente de esta realidad y se
limita a recordar que «nadie está obligado a aceptar
o formar parte de los programas del gobierno de
Estados Unidos». [27]
Judy
Gross, la esposa de Alan Gross, fue autorizada a
visitarlo en prisión por primera vez en julio de
2010. [28] Aprovechó la ocasión para transmitir un
correo al presidente cubano Raúl Castro. Expresó su
arrepentimiento y pidió disculpas por los actos de
su marido.
«Reconozco hoy que el gobierno cubano no aprecia el
tipo de trabajo que Alan hacía en Cuba. Su intención
nunca ha sido dañar a su gobierno».[29]
Judy
Gross acusa al Departamento de Estado de no haber
explicado a su esposo que sus actividades eran
ilegales en Cuba. «Si Alan hubiera sabido que algo
le pasaría en Cuba, no habría hecho eso. Pienso que
no lo han informado claramente de los riesgos». [30]
¿Una
salida de la crisis ?
Obviamente Groos violó la ley. No hay dudas al
respecto. Por otra parte no parece que haya
ocasionado un verdadero perjuicio y su
encarcelamiento no beneficia en nada a Cuba. En
cambio su liberación podría mejorar sensiblemente
las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, sobre
todo si Gross pidiese disculpas por sus actos.
El
asunto Gross-USAID parece vinculado a la suerte de
los cinco agentes cubanos condenados a severas penas
de prisión en Estados Unidos y encarcelados desde
2008. Igual que Estados Unidos, que señaló que no
ocurrirá ningún cambio sustancial mientras no se
solucione el caso de Gross, las autoridades cubanas
también parecen renuentes a cualquier acercamiento
mientras los Cinco Cubanos permanezcan en prisión.
Después de una serie de atentados con bombas contra
los centros turísticos de La Habana, el gobierno
cubano envió a los cinco agentes para que se
infiltraran en los grupos terroristas anticastristas
de Florida y recogieran información sobre sus
planes.
La
idea era entregar después dicha información al FBI
para que pudiera neutralizar a los grupos
terroristas. En junio de 1998 tuvo lugar en La
Habana un encuentro de varios días entre
representantes del FBI y las autoridades cubanas. Se
entregaron casi 42 informes al FBI.
Entonces las autoridades cubanas esperaban que
Estados Unidos actuara contra los terroristas, pero
no ocurrió nada de eso. Poco después el FBI arrestó
a los cinco agentes cubanos, es decir, encarcelaron
a los que proporcionaron las pruebas en vez de a los
terroristas. Los Cinco Cubanos fueron «juzgados» y
declarados culpables. El juicio fue un escándalo. La
fiscalía no tenía pruebas, por esa razón acusó a los
Cinco de «conspiración» para cometer actos ilegales
(cargo que no requiere pruebas, basta con convencer
al jurado). Además los juzgaron en Miami, donde el
sentimiento anticastrista está tan exacerbado (véase
el caso de Elián González) que resultaba imposible
reunir un jurado imparcial. Los abogados de la
defensa solicitaron una deslocalización del juicio
pero, contra toda previsión, se la denegaron.
El
caso de Gerardo Hernández, acusado de «conspiración»
de asesinato –en relación con la destrucción por el
ejército cubano de dos aviones de la organización
anticastrista «Hermanos al Rescate» en febrero de
1996- y condenado a dos cadenas perpetuas más 15
años, es sin lugar a dudas el peor de todos. El
hecho de que no se pudiera presentar ninguna prueba
que demostrara su implicación no fue importante para
el jurado. Gerardo sigue tras las rejas, a veces en
aislamiento, y después de tantos años todavía no le
han autorizado a ver a su mujer ni una sola vez.
Esta
injusticia contradice la fama de Estados Unidos de
estar al servicio de la ley. Hay que encontrar una
solución. El mantenimiento en prisión de esas
personas después de tantos años, sin ninguna prueba
que las incrimine salvo el hecho de ser agentes sin
registrar de una potencia extranjera, es digno de la
Guerra Fría (una práctica injustificable incluso en
aquella época). Ahora, después de más de dos décadas
del final de la Guerra Fría, mientras aparece una
oportunidad sin precedentes de instaurar una nueva
relación entre Cuba y Estados Unidos, esta detención
es moralmente injustificable y singularmente
contraproducente. Ya es hora de emprender un proceso
de revisión de todos esos casos y permitir a esas
personas que se reúnan con sus familias. Uno de
ellos, René González, ya fue liberado tras cumplir
su pena. Todavía tiene que cumplir una condena de
tres años de libertad condicional. Por increíble que
parezca, no le han autorizado el regreso a Cuba para
encontrarse con su esposa, a la que no ve desde hace
más de una década. Permitirle regresar a Cuba
debería ser la primera decisión a tomar en este
proceso de reconciliación. Si Estados Unidos decide
actuar con respecto a los Cinco Cubanos,
naturalmente Cuba también deberá liberar a Alan
Gross para que se reúna con su familia.
Conviene señalar que el propio Alan Gross sugirió
una iniciativa de ese tipo, «Cuando se enteró del
reciente intercambio de Gilad Shalit (el soldado
israelí) por más de 1.000 palestinos encarcelados
(Gross) expresó su idea de que Estados Unidos y cuba
podían hacer lo mismo con respeto a él y los Cinco
Cubanos», explicó el rabino David Shnever que había
visitado a Gross en La Habana. [31]
Notas
[1]
Jeff Franks, «Scenarios-U.S. Contractor Jailed in
Cuba Still in Limbo», Reuters, 24 de octubre de
2010.
[2]
Phillip J. Crowley, «Statement on Anniversary of
Alan Gross’ Incarceration in Cuba», U.S. Department
of State, 3 de diciembre de 2010; Saul Landau, «The
Alan Gross Case», Counterpunch, 30 de julio de 2010.
http://www.counterpunch.org/landau07302010.html
(sitio consultado el 18 de febrero de 2011).
[3]
Ibid.
[4]
Phillip J. Crowley, «Statement on Anniversary of
Alan Gross’ Incarceration in Cuba», op. cit.
[5]
Paul Haven, «U.S., Cuban Diplos Met About Jailed
U.S. Man», The Associated Press, 18 de octubre de
2010.
[6]
Anthony Broadle, «Exclusive: American Held in Cuba
Expresses Regret to Raul Castro», Reuters, 24 de
octubre de 2010.
[7]
Juan O. Tamayo, «Pedirán 20 años de cárcel para
Gross», El Nuevo Herald, 5 de febrero de 2011.
[8]
Andrea Rodríguez, «Judíos niegan haber colaborado
con Alan Gross», The Associated Press, 2 de
diciembre de 2010.
[9]
Jewish Telegraphic Agency, «Cuba to Seek 20- Year
Prison Term for Alan Gross», 6 de febrero de 2011.
[10]
Andrea Rodríguez, «EEUU pide Iglesias de Cuba
interesarse por contratista preso», The Associated
Press, 2 de diciembre de 2010.
[11]
Jeffrey Goldberg, «Castro: ‘No One Has Been
Slandered More Than the Jews’», The Atlantic, 7 de
diciembre de 2010.
http://www.theatlantic.com/international/archive/2010/09/castro-no-one-has-been-slandered-more-than-tthe-jews/62566/
(sitio consultado el 18 de febrero de 2011).
[12]
The Associated Press, «Raúl Castro Celebrates
Hanukkah With Cuban Jews»; Juan O. Tamayo, «Raul
Castro asiste a fiesta de Janucá en sinagoga de La
Habana », El Nuevo Herald, 6 de diciembre de 2010.
[13]
Comunidad Hebrea de Cuba, «Quienes ayudan».
http://www.chcuba.org/espanol/ayuda/quienes.htm
(sitio consultado el 18 de febrero de 2011).
[14]
Arturo López-Levy, «Freeing Alan Gross: First Do No
Harm», Agosto de 2010.
http://www.thewashintonnote.com/archives/2010/08freeing_alan_gr/
(sitio consultado el 18 de febrero de 2011).
[15]
Wayne S. Smith, «The Gross Case and the Inanity of
U.S. Policy», Center for International Policy, marzo
de 2011.
http://ciponline.org/pressroom/articles/030411_Smith_Intelligence_Brief_Gross.htm
(sitio consultado el 18 de febrero de 2011).
[16]
Paul Haven, «U.S. Officials Ask Cuba to Release
Jailed American», The Associated Press, 19 de
febrero de 2010.
[17]
Andrea Rodríguez, «Contratista de EEUU violó
soberanía de Cuba, dice alto dirigente», The
Associated Press, 11 de diciembre de 2010.
[18]
Ley de protección de la independencia nacional y la
economía de Cuba (LEY N˚. 88), Artículo 11.
[19]
U.S. Code, Title 22, Chapter 11, Subchapter II, §
611, iii <<Definitions>>, § 618, a, 1 <<Violations;
false statements and willful omissions>>.
[20]
Code Pénal, Partie législative, Livre, Titre Ier,
Chapitre I, Section 3, Article 411-8.
[21]
William Booth, «Cuba Seeks 20 Year Jail term for
Detained American», The Associated Press, 4 de
febrero de 2011.
[22]
Paul Haven «Cuba Seeks 20-Year Jail term for
Detained American», The Associated Press, 4 de
febrero de 2011.
[23]
Ginger Thompson, «Wife of American Held in Cuba
Pleads for His Release and Apologizes to Castro»,
The New York Times, 24 de octubre de 2010.
[24]
Cuban Democracy Act, Titre XVII, Article 1705, 1992.
[25]
Along the Malecon, «Exclusive: Q & A with USAID», 25
de octubre de 2010.
http://alongthemalecon.blogspot.com/2010/10/exclusive-q-with-usaid.html
(sitio consultado el 26 de octubre de 2010); Tracey
Eaton, «U.S. government aid to Cuba is the spotlight
as contractor Alan Gross marks one year in a Cuban
prison», El Nuevo Herald, 3 de diciembre de 2010.
[26]
Ibid.
[27]
Ibid.
[28]
Jessica Gresko, «U.S. Man Jailed in Cuba Can Call
Home More Often», The Associated Press, 26 de
octubre de 2010.
[29]
Anthony Boadle, «Exclusive: American Held in Cuba
Expresses Regret to Raul Castro», op. cit.; Jeff
Frank, «Factbox: Jailed U.S. Contractor, Sour
U.S.-Cuba Relations», Reuters, 24 de octubre de
2010.
[30]Anthony Boadle, «Exclusive: American Held in
Cuba Expresses Regret to Raul Castro », op. cit.,
EFE, «EEUU no negocia liberación de Alan Gross», 8
de febrero de 2011.
[31]
Agence France Presse, «Contratista de EE UU en Cuba
sugiere intercambio de espías», 8 de noviembre de
2011.
*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de
la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim
Lamrani es profesor encargado de cursos en la
Universidad Paris-Sorbonne-Paris IV y en la
Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista,
especialista de las relaciones entre Cuba y Estados
Unidos. Su último libro se titula Etat de siège.
Les
sanctions économiques des Etats-Unis contre Cuba,
París, Ediciones Estrella, 2011, con un prólogo de
Wayne S. Smith y un prefacio de Paul Estrade.
Contacto:
Salim.Lamrani@univ-mlv.fr
Diplomático de profesión, Doctor de la Universidad
de George Washington, Wayne S ; Smith es profesor en
la Universidad Johns Hopkins de Washington y
Director del Proyecto Cuba del Centro de Política
Internacional. De 1979 a 1982, fue jefe de la
Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba. Es
autor de varios libros sobre Cuba entre los cuales
se encuentra The Closest of Enemies (New York: W. W.
Norton, 1987). |