|
Los
peligros de 2012
Por Joseph E. Stiglitz - Al-Jazeera
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
En
2012, se acelerará el reajuste económico global,
llevando inevitablemente a tensiones políticas
[26.01.2012]-Actualizado 5:30 pm Cuba
El año
2011 se recordará como el momento en el que muchos
ciudadanos estadounidenses, siempre optimistas,
comenzaron a abandonar toda esperanza. El presidente
John F. Kennedy dijo una vez que una marea
ascendiente hace subir todos los botes. Pero ahora,
en la marea descendiente, los que están en EE.UU.
comienzan a ver no solo que los que tienen mástiles
más altos han subido más todavía, sino también que
después muchos de los botes pequeños han resultado
despedazados.
En ese
breve momento, cuando la marea ascendiente todavía
iba creciendo, millones de personas creyeron que
tendrían una buena probabilidad de realizar el
"Sueño Estadounidense". Ahora esos sueños siguen
disminuyendo. En 2011, los ahorros de los que habían
perdido sus empleos en 2008 o 2009 se gastaron. Los
cheques del desempleo se acabaron. Los titulares que
anunciaban nuevos empleos –todavía insuficientes
para corresponder a la cantidad de los que
normalmente se hubieran sumado a la fuerza laboral–
tenían poco significado para los de 50 años, con
pocas esperanzas de volver a encontrar un puesto de
trabajo.
Por
cierto, las personas de mediana edad que pensaban
que sólo estarían desempleados unos meses ahora se
dan cuenta de que en realidad los jubilaron a la
fuerza. Los jóvenes que se graduaron en las
universidades gracias a miles de dólares de deuda
educacional no pueden encontrar empleo. La gente que
se había mudado a casas de amigos y parientes ahora
carece de vivienda. Las casas compradas durante el
auge de la propiedad todavía están en el mercado o
se han vendido con pérdidas. Más de siete millones
de familias en EE.UU. han perdido sus casas.
Las
lóbregas entrañas del auge financiero de la década
anterior también ha salido plenamente sacado a la
luz en Europa. El entramado de Grecia y la devoción
por la austeridad de los gobiernos nacionales empezó
a cobrarse muchas víctimas el año pasado. El
contagio se propagó a Italia. El desempleo en
España, que había sido de cerca de un 20% desde el
comienzo de la recesión, aumentó aún más. Lo
impensable –el fin del euro– comenzó a parecer una
posibilidad real.
El año
2012 será todavía peor. Es posible, claro está, que
EE.UU. solucione sus problemas políticos y termine
adoptando las medidas de estímulo que necesita para
reducir el desempleo al 6-7% (la tasa anterior a la
crisis del 4-5% es demasiado baja para esperarla).
Pero
esto es tan poco probable como que Europa descubra
que la austeridad por sí sola resuelva sus
problemas. Al contrario, la austeridad solo
exacerbará la ralentización económica. Sin
crecimiento, la crisis de la deuda –y la crisis del
euro– solo empeorarán. Y la prolongada crisis que
comenzó con el colapso de la burbuja de la vivienda
en 2007 y la consecuente recesión continuarán.
Además, es posible que los principales países
emergentes, que navegaron exitosamente a través de
las tormentas de 2008 y 2009, no logren capear con
el mismo éxito los problemas que amenazan en el
horizonte. El crecimiento de Brasil ya se ha
atascado, dando alas a la ansiedad entre sus vecinos
de Latinoamérica.
Mientras tanto, los problemas a largo plazo
–incluidos el cambio climático y otras amenazas
medioambientales y la creciente desigualdad en la
mayoría de los países de todo el mundo– no han
desaparecido. Algunos han empeorado. Por ejemplo, el
alto desempleo ha llevado a la reducción de salarios
y al aumento de la pobreza.
La
buena noticia es que el enfrentamiento de esos
problemas a largo plazo podría ayudar realmente a
solucionar los problemas a corto plazo. El aumento
de la inversión para acondicionar a la economía al
calentamiento global ayudaría a estimular la
actividad económica, el crecimiento y la creación de
empleo. Una tributación más progresiva,
redistribuyendo efectivamente los ingresos de arriba
al medio y hacia abajo, reduciría simultáneamente la
desigualdad y aumentaría el empleo al estimular la
demanda total. Los impuestos más altos en la cumbre
podrían generar ingresos necesarios para la
inversión pública y para suministrar una cierta
protección social a los de abajo, incluidos los
desocupados.
Incluso sin aumentar el déficit fiscal, semejantes
aumentos de impuestos y gastos en un "presupuesto
equilibrado" reducirían el desempleo y aumentarían
la producción. La preocupación, sin embargo, es que
la política y la ideología a ambos lados del
Atlántico, pero especialmente en EE.UU., no permiten
que nada de esto ocurra. La fijación en el déficit
inducirá a recortes de los gastos sociales,
empeorando la desigualdad. De la misma manera, la
continua atracción de la economía basada en la
oferta, a pesar de toda la evidencia en contra
(especialmente en un período de alto desempleo),
impedirá el aumento de impuestos en la cumbre.
Incluso antes de la crisis hubo un reajuste del
poder económico, de hecho la corrección de una
anomalía histórica de 200 años, en la cual la parte
de Asia en el PIB global cayó en un momento de casi
el 50% a menos de un 10%. El pragmático compromiso
con el crecimiento que se ve en Asia y en otros
mercados emergentes está actualmente en contraste
con las políticas descaminadas de Occidente que,
impulsadas por una combinación de ideología y de
intereses creados, casi parece reflejar un
compromiso para no crecer.
Como
resultado, es probable que el reajuste económico
global se acelere, ocasionando casi inevitablemente
tensiones políticas. Con todos los problemas que
enfrenta la economía global, tendremos suerte si
esas tensiones no comienzan a manifestarse en los
próximos doce meses.
Joseph
E. Stiglitz es profesor de la Universidad de
Columbia y premio Nobel de Economía, y autor de
Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global
Economy.
Este
artículo se publicó primero en Project Syndicate.
Fuente:
http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/01/201211416122556461.html
rCR |