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¿Acabará Irán con el petrodólar?
Por Marin Katusa - Safehaven
Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez
[30.01.2012]-Actualizado 6:30 pm Cuba
La
posición oficial de Estados Unidos y la Unión
Europea es que Teherán debe ser castigada por
perseverar en su afán de desarrollar armamento
nuclear. El castigo: sanciones contra las
exportaciones de petróleo iraní, que pretenden
aislar a Irán y hacer bajar el valor de su moneda
hasta el punto en que el país se desmorone.
Pero
esa posición carece de sentido y las sanciones no
lograrán su objetivo. Irán dista mucho de estar
aislada y sus amigos, como la India, apoyarán al
país productor de petróleo hasta que Estados Unidos,
o bien se retire, o bien reconozca el verdadero
asunto que se avecina. Ese asunto no es otro que el
dólar estadounidense y su papel como moneda de
reserva mundial.
La
versión abreviada de la historia es que en la década
de 1970 un acuerdo consolidó al dólar estadounidense
como moneda única para comprar y vender crudo, y de
ese monopolio sobre el importantísimo comercio
petrolífero el dólar estadounidense se convirtió,
lenta pero firmemente, en la moneda de reserva para
el comercio mundial de la mayor parte de bienes y
servicios. Luego, vino la demanda masiva de dólares
estadounidenses, lo que impulsó el valor del dólar
al alza, hasta que se disparó. Además, los países
almacenaban el exceso de dólares estadounidenses que
ahorraban en bonos del tesoro norteamericanos, lo
que concedía al gobierno estadounidense una inmenso
depósito de crédito al que recurrir.
Sabemos dónde desembocó esa situación: en un
gobierno estadounidense ahogado en deudas, mientras
que sus ciudadanos afrontaban con tesón una elevada
tasa de desempleo (debido en parte al alto valor del
dólar); en un mercado inmobiliario fallido; en
cifras récord de endeudamiento personal; en un
sistema bancario abotargado; y en una economía
tambaleante. Esa no es la imagen de una
superpotencia mundial digna de los privilegios
obtenidos de que su moneda respaldara el comercio
global. Otros países empiezan a darse cuenta y van
lenta, pero firmemente, apartando los dólares
estadounidenses en sus transacciones... empezando
por el petróleo.
Si el
dólar pierde su posición como moneda de reserva
global, las consecuencias para Estados Unidos son
nefastas. Una parte importante de la apreciación del
dólar se deriva del cerrojo impuesto sobre la
industria petrolera; si el monopolio se desvanece,
también se desvanecerá el valor del dólar. Una
transición tan importante como esta en las
relaciones monetarias del orden mundial es buena
señal para algunas monedas, y no tan buena para
otras, y los resultados serán difíciles de predecir.
Pero hay uno que sí se puede anticipar con certeza:
aumentará el precio del oro. La incertidumbre en
torno al papel moneda siempre es un buen augurio
para el oro... y corren tiempos a todas luces
inciertos.
El
sistema del petrodólar
Para
explicar la situación adecuadamente, debemos partir
de 1973. Fue cuando el Presidente Nixon pidió al Rey
Faisal de Arabia Saudí que aceptara únicamente
dólares en pago por el petróleo y que invirtiera los
beneficios en moneda, bonos y letras de cambio del
tesoro estadounidense. A cambio, Nixon prometía
proteger los campos petrolíferos de Arabia Saudí de
la Unión Soviética y otros países interesados, como
Irán e Iraq. Fue el principio de algo magnífico para
Estados Unidos, aun cuando el resultado fuera tan
artificial como la burbuja inmobiliaria
estadounidense, y en todo caso constituye el pilar
fundamental de la apreciación del dólar
estadounidense.
En
1975, todos los miembros de la OPEP acordaron cobrar
su petróleo únicamente en dólares estadounidenses.
Todos los países importadores de petróleo del mundo
empezaron a ahorrar los excedentes en dólares, con
el fin de poder comprar petróleo; ante una demanda
tan elevada de dólares, la moneda se fortaleció.
Además, muchos países exportadores de petróleo, como
Arabia Saudí, gastaron sus excedentes de dólares en
obligaciones del tesoro norteamericano, lo que
concedió al gasto público estadounidense una nueva y
amplia batería de prestamistas que lo sustentaran.
El
sistema del «petrodólar» fue una medida política y
económica brillante. Obligó a que el dinero del
petróleo del mundo pasara por la Reserva Federal
estadounidense, lo que generó una demanda
internacional cada vez mayor tanto de dólares como
de deuda estadounidense, al tiempo que, en esencia,
permitía que Estados Unidos casi se apropiara del
petróleo del mundo gratuitamente, puesto que el
valor del crudo se establece en la moneda que
Estados Unidos controla y emite. Eso quiere decir
que, desde Rusia a China, Brasil o Corea del Sur,
todos los países aspiran a maximizar los excedentes
de dólares obtenidos con las exportaciones
comerciales para comprar petróleo.
Estados Unidos ha cosechado infinidad de
recompensas. Cuando el consumo de petróleo aumentó
en la década de 1980, la demanda de dólares lo
acompañó, lo cual hizo ascender a la su economía a
nuevas cumbres. Pero incluso sin el éxito económico
en el ámbito nacional, el dólar se habría disparado,
pues el sistema del petrodólar dio lugar a una
demanda sólida de dólares que, a su vez, aumentaban
su valor. Un dólar fuerte permitió a los
estadounidenses adquirir importaciones con
descuentos inmensos: en esencia, el sistema del
petrodólar creó un mecanismo de subsidio para los
consumidores estadounidenses a costa del resto del
mundo. Aquí, finalmente, Estados Unidos topó con un
inconveniente: la disponibilidad de importaciones
baratas golpeó fuerte a la industria manufacturera
estadounidense, y la desaparición de puestos de
trabajo en el sector sigue siendo uno de los mayores
obstáculos para resucitar hoy día a la economía del
país.
Hay
otro inconveniente, una amenaza potencial que ahora
acecha agazapada. El valor del dólar estadounidense
viene determinado en buena medida pro el hecho de
que el petróleo se paga en dólares. Si el negocio
cambia a otra moneda, los países del mundo no
necesitarán todo su dinero estadounidense. La
consiguiente liquidación de dólares estadounidenses
debilitará la moneda de forma espectacular.
Así
que aquí hay un interesante experimento mental. Todo
el mundo dice que Estados Unidos entra en guerra
para proteger su suministro de petróleo pero, ¿no se
trata más bien de que entra en guerra para
garantizar la continuidad del sistema del
petrodólar?
La
guerra de Iraq nos ofrece un buen ejemplo. Hasta el
mes de noviembre de 2000, ningún país de la OPEP se
había atrevido a contravenir la norma de pagar en
dólares, y mientras el dólar seguía siendo la moneda
más fuerte del mundo, tampoco había demasiadas
razones para poner en cuestión el sistema. Pero a
finales del año 2000, Francia y otros miembros de la
UE convencieron a Saddam Hussein de que desafiara el
mecanismo del petrodólar y vendiera su petróleo por
alimentos en euros, no en dólares. En el tiempo
transcurrido entre ese momento y la invasión
estadounidense de Iraq en marzo de 2003, otros
países insinuaron su interés por comerciar con
petróleo en moneda distinta del dólar, entre los que
se encontraban Rusia, Irán, Indonesia e, incluso,
Venezuela. En abril de 2002, el representante iraní
en la OPEP, Javad Yarjani, fue invitado a España por
la Unión Europea para que expusiera un análisis
detallado de cómo podría la OPEP, en cierta medida,
vender su petróleo a la UE en euros, no en dólares.
La
medida, fundada en Iraq, estaba empezando a poner en
peligro el predominio del dólar estadounidense como
moneda de reserva mundial y «petromoneda». En marzo
de 2003, Estados Unidos invadió Iraq, lo que puso
fin al programa de petróleo por alimentos y a su
plan de pago en euros.
Hay
otros muchos ejemplos en la historia de intervención
estadounidense para detener movimientos de abandono
del sistema del petrodólar, a menudo de forma
encubierta. En febrero de 2011, Dominique
Strauss-Kahn, director general del Fondo Monetario
Internacional (FMI), reclamó una nueva moneda
mundial para hacer frente al predominio del dólar
estadounidense. Tres meses después, una limpiadora
del Hotel Sofitel de Nueva York adujo que
Strauss-Kahn había abusado de ella. Strauss-Kahn fue
cesado de su puesto en el FMI en cuestión de
semanas; a partir de ese momento, se le absolvió de
todas sus fechorías.
La
guerra y este tipo de intervenciones insidiosas
pueden ser caras, pero los costes de no proteger el
sistema del petrodólar serían mucho más elevados. Si
se aceptaran euros, yenes, yuanes, rublos o, en ese
sentido, directamente oro para pagar el petróleo, el
dólar estadounidense se volvería irrelevante
enseguida, lo que despojaría a la moneda de casi
todo su valor. Cuando el resto del mundo descubre
que existen otras alternativas además del dólar para
realizar las transacciones globales, Estados Unidos
tiene que hacer frente a una transición muy
importante en la maquinaria petrolífera mundial... y
muy, muy desagradable.
El
dilema iraní
Tal
vez Irán esté aislada de Estados Unidos y Europa
occidental, pero Teherán sigue teniendo unos cuantos
aliados bastante incondicionales. Irán y Venezuela
están preparando proyectos conjuntos por valor de
4.000 millones de dólares, entre los que hay un
banco. India ha prometido seguid comprando petróleo
iraní porque Teherán ha sido un gran socio
empresarial de Nueva Delhi, que pasa apuros para
realizar sus pagos. Grecia se opuso a las sanciones
de la Unión Europea porque Irán era uno de los
poquísimos abastecedores que había estado
permitiendo a los griegos en quiebra comprar
petróleo a crédito. Corea del Sur y Japón suplican
que se les exima de los embargos que vienen porque
dependen del petróleo iraní. Los lazos económicos
entre Rusia e Irán se fortalecen cada año que pasa.
Luego,
está China. Los recursos energéticos de Irán son
para China una cuestión de seguridad nacional, pues
Irán ya suministra a China de nada menos que el 15
por ciento del petróleo y el gas natural de China.
Eso vuelve a Irán más importante para China de lo
que Arabia Saudí lo es para Estados Unidos. No se
puede esperar que China haga mucho caso de las
sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea:
China encontrará el modo de sortear las sanciones
para preservar el comercio bilateral entre ambos
países, que en la actualidad se cifra en 30.000
millones de dólares y se espera que alcance los
50.000 en el año 2015. De hecho, China seguramente
se beneficiará de las sanciones estadounidenses y
europeas a Irán, pues podrá comprar petróleo y gas
iraní a precio más bajo.
Así
que Irán seguirá teniendo amigos, y sus amigos
seguirán comprándole petróleo. Y lo que es más
importante: se puede apostar a que no se lo van a
pagar en dólares. Cunden los rumores de que la India
e Irán están ahora mismo sentadas en una mesa de
negociación puliendo un acuerdo para pagar el
petróleo en oro, apoyado por unas cuantas rupias y
algunos yenes. Irán ya está inundando el mercado de
dólares cuando comercia con Rusia en riales o
rublos. La India ya está empleando el yuan con
China; China y Rusia llevan comerciando en rublos y
yuanes más de un año; Japón y China están
desplazando sus transacciones al yen y el yuan.
¿Y
todos esos negocios energéticos entre Irán y China?
Se realizarán en oro, yuanes y riales. Como los
europeos se han quedado fuera, enseguida ni uno solo
de los 2,4 millones de barriles de petróleo diarios
de Irán se pagarán en petrodólares.
Disponiendo de toda esta información, empieza a
parecer bastante razonable que el verdadero motivo
de la escalada de tensión en el Golfo Pérsico se
debe a que Estados Unidos busca desesperadamente
torpedear estos movimientos de huida del petrodólar.
El cambio lo está encabezando Irán, respaldada por
la India, China y Rusia. Todo esto basta sin duda
para poner a Washington lo suficientemente nerviosa
como para buscar una excusa con la que derrocar al
régimen de Irán.
Y
hablando de buscar excusas, esta es interesante. Un
equipo de inspectores de la Agencia Internacional de
la Energía Atómica (IAEA, International Atomic
Energy Agency) acaba de visitar Irán. La IAEA
supervisa todo lo nuclear en Irán, y fue un informe
de la IAEA de noviembre advirtiendo de que el país
estaba progresando en su capacidad para fabricar
armamento la chispa que encendió la última andanada
de condenas internacionales contra ese Estado
supuestamente a punto de ser nuclear. Pero después
de su última visita, los inspectores de la IAEA han
dicho que no han encontrado indicios de fabricación
de la bomba nuclear. ¡Ah! ... y si el único motivo
fuera mantener al mundo a salvo de los estados
malvados con poderío nuclear, ¿por qué Corea del
Norte y Pakistán han recibido un aprobado?
Hay
otra reflexión más a tener en cuenta, muy importante
cuando se trata de tomar alguna decisión inversora
en función de la situación: Rusia, la India y China
(tres miembros del ascendente grupo económico
puntero conocido por sus iniciales como BRIC, del
que también forma parte Brasil) son aliados de Irán
y productores importantes de oro. Si los
petrodólares se pasan de moda y se vuelve muy
complicado pagar con otras monedas, abrirán el grifo
de sus almacenes de oro para mantener el flujo de
crudo. El oro ha sido y será siempre la moneda de
último recurso y, como ya hemos dicho, cuando las
relaciones monetarias empiecen a cambiar y resulte
difícil predecir cuál será su valor, comerciar en
oro va a ser un mecanismo auténticamente infalible y
de eficacia demostrada.
2012
podría acabar siendo famoso por ser el año en el que
el mundo desertó del dólar estadounidense como
moneda mundial predilecta. Imaginemos al resto del
mundo haciendo cuentas y, poco a poco, empezando a
hacer negocios en su propia moneda e invirtiendo
cada vez menos excedentes en bonos del tesoro
estadounidense. No representa nada menos que una
lenta pero segura diezma del dólar.
Tal
vez no sea mala cosa para Estados Unidos. Las
mastodónticas deudas del país nunca se podrán pagar
mientras el dólar siga estando cerca de su valor
actual. Dada la situación en que se encuentra el
país, lo único que realmente queda para sustentar el
valor del dólar es su condición de moneda de reserva
mundial. Si eso se acaba y el dólar baja, quizá
Estados Unidos pueda devolver su deuda y volver a
empezar. Ese nuevo comienzo se produciría sin los
privilegios y los subsidios arraigados a los que los
estadounidenses están tan acostumbrados, pero
resulta asombroso que el sistema del petrodólar haya
durado tanto. Solo era cuestión de tiempo que algo
lo quebrara.
Y, por
último, la gran pregunta: ¿Cómo podemos
aprovecharnos de la evolución de esta situación?
Jugar con la moneda siempre es muy arriesgado y,
cuando el tablero mundial se mueve tanto, requeriría
muchísimos análisis y bastantes dosis de suerte. El
mucho más fiable modo de jugar a esto es con el oro.
El oro es la única moneda respaldada por un objeto
material; y siempre es donde los inversores se
protegen de una tormenta monetaria. La conclusión
fundamental es que la lenta desaparición del sistema
del petrodólar representa una tendencia alcista para
el oro y muy a la baja para el dólar estadounidense.
Fuente:
http://www.safehaven.com/article/24126/will-iran-kill-the-petrodollar |