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La
reforma de la política fiscal
Por Alejandro Nadal - La Jornada
[20.01.2012]-Actualizado 5:30 pm Cuba
El
debate sobre la salida de la crisis en Europa y en
Estados Unidos está dominado por el tema del déficit
fiscal. En ambos lados del Atlántico se impone la
noción, como verdad económica incontrovertible, de
que es indispensable imponer un régimen de
austeridad fiscal. Como si el gasto desbocado e
irresponsable de los gobiernos hubiera sido la causa
de la crisis.
Lo
trágico en la coyuntura actual es que la crisis no
ha engendrado una discusión seria sobre las
verdaderas reformas estructurales que se requieren
introducir en el capitalismo contemporáneo. Me
refiero a la reforma de la política fiscal para
mantener un nivel de actividad consistente con el
pleno empleo y con la sustentabilidad ambiental.
Aunque
la austeridad fiscal tiene sesgo procíclico y
agravará la recesión, se insiste en imponerla porque
se parte de un supuesto extremo: la actividad del
gobierno es un dispendio que no contribuye a la
productividad de una economía. Desde esa perspectiva
hasta parece lógico inscribir una cláusula sobre
"déficit cero" a nivel constitucional. ¿Es la
austeridad fiscal una buena idea?
La
teoría macroeconómica convencional considera que las
fuerzas de mercado alcanzan automáticamente
equilibrios con una asignación eficiente de los
recursos y, por esa razón, la actividad del sector
público debería reducirse al mínimo. Pero la crisis
que aplasta a las economías capitalistas desde 2008
explotó en el sector privado y demuestra que los
mercados son incapaces de corregir sus
desequilibrios. Así que algún tipo de intervención
desde el sector público es necesaria para evitar el
colapso.
En
realidad, la intervención del sector público es
crucial para mantener la inversión privada en
niveles adecuados y de ese modo sostener la
generación de empleo. Esto va en contra de una
creencia equivocada y muy enraizada en la opinión
general según la cual el Estado es enemigo del
capitalismo. Vale la pena explicar cómo funciona
este mecanismo desde el punto de vista del gasto
público.
La
mejor referencia está en la obra de John Maynard
Keynes. En el capítulo 11 de su obra maestra, la
Teoría general sobre la ocupación, el interés y el
dinero (publicada en 1936), Keynes explica que la
inversión privada depende de la "eficiencia marginal
del capital", determinada a partir de una
comparación entre los ingresos esperados de un
proyecto de inversión y el costo real de dicha
inversión. En otras palabras, la eficiencia marginal
del capital (EMC) resulta de cotejar la recompensa
esperada con los pagos y cargas que se tienen que
cubrir hoy para realizar un proyecto de inversión.
Keynes
subraya que la EMC está definida en función de las
expectativas sobre rendimientos esperados en el
futuro y su comparación con el costo de la inversión
en el presente. Los rendimientos futuros dependen de
la demanda de los consumidores, el costo futuro de
los insumos, el comportamiento de la competencia y
de muchos otros factores que marcarán y
condicionarán la atmósfera económica durante la vida
útil de la inversión fija. Frente a este cuadro, las
expectativas pueden ser más o menos optimistas,
dependiendo de las noticias del día de hoy.
Las
expectativas a las que hace alusión Keynes no
corresponden a las esperanzas que puede tener un
apostador empedernido a las carreras de caballos.
Como las carreras de caballos se repiten todas las
semanas, existe suficiente información para calcular
las probabilidades de que tal o cual caballo gane
una carrera. Pero en la historia humana rara vez
existen los datos para poder calcular la
distribución de probabilidades de los
acontecimientos del futuro.
Lo que
domina no es el riesgo que puede evaluarse por medio
del cálculo actuarial de probabilidades, sino la
incertidumbre frente a la cual sólo se pueden
abrigar expectativas optimistas o pesimistas. Por
eso es evidente que para promover y dar aliento a la
inversión privada se requiere disminuir la
incertidumbre. Y eso es precisamente una de las
tareas centrales de la política fiscal.
En
efecto, el gasto público aumenta la eficiencia
marginal del capital al realizar inversiones en
infraestructura que durará muchas décadas, en
investigación científica y tecnológica, en salud y
en la educación pública y, por supuesto, en la
conservación del medio ambiente. Estas son las
inversiones que construyen escenarios más estables
hacia el futuro, reduciendo costos privados y
mejorando la rentabilidad del capital privado.
Es
decir, la política fiscal no sólo puede ser valiosa
para contrarrestar los efectos de una crisis,
realizando inversiones de corto plazo cuando hay un
desplome y manteniendo un excedente en tiempos de
bonanza. También en tiempos normales es la clave
para reducir la incertidumbre y aumentar la
eficiencia marginal del capital, la inversión y el
crecimiento. Eso mantiene la recaudación en niveles
adecuados y permite un déficit reducido y
sustentable. Pero estará fuera de alcance mientras
predomine el dogma del déficit cero y los
presupuestos austeros.
http://www.jornada.unam.mx/2012/01/18/opinion/032a1eco |