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¿Salvar vidas o salvar el capital?
Por Frei Betto
[30.01.2012]-Actualizado 6:30 pm Cuba
Cuatro
días antes de la Navidad, 523 instituciones
financieras europeas recibieron el mejor regalo de
Papá Noel: 489 mil millones de euros, prestados por
el BCE (Banco Central Europeo) al interés del ¡ 1%
anual !
Es
curiosa la lógica que rige el sistema capitalista:
nunca hay recursos para salvar vidas, para erradicar
el hambre, para reducir la degradación ambiental,
para producir medicamentos y distribuirlos gratis...
Pero tratándose de la salud de los Bancos, el dinero
aparece en un abrir y cerrar de ojos.
Sin
embargo hay un aspecto preocupante en tamaña
generosidad: si fueron tantas las instituciones que
se pusieron en la fila del BCE es señal de que no
caminan muy bien.
¿Cuáles son los fundamentos de esa lógica que
considera más importante salvar el Mercado que las
vidas humanas? Uno de ellos es este mito de nuestra
cultura: el sacrificio de Isaac por Abrahán (Génesis
22,1-19). En dicho relato Abrahán debe probar su fe
sacrificando a Yahvé su único hijo, Isaac. En el
momento preciso en que, en lo alto de un monte,
prepara el cuchillo para matar a su hijo, aparece un
ángel que impide a Abrahán consumar el hecho. La
prueba de fe ya fue dada por su disposición a matar.
En
recompensa, Yahvé cubre a Abrahán de bendiciones y
le multiplica su descendencia como las estrellas del
cielo o las arenas del mar.
Desde
la óptica del poder esa lectura pone a la muerte
como camino para la vida. Toda gran causa -como la
fe en Yahvé- exige pequeños sacrificios que acentúen
la magnitud de los ideales abrazados. De ese modo la
muerte provocada, fruto del desinterés del Mercado
por las vidas humanas, pasa a integrar la lógica del
poder, como el sacrificio Œnecesario¹ del hijo Isaac
por el padre Abrahán, en obediencia a la voluntad
soberana de Dios.
Abrahán era el intermediario entre el hijo y Dios,
así como el FMI y el BCE hacen de puente entre los
bancos y los ideales de prosperidad capitalista de
los gobiernos europeos, que para escapar de la
crisis deben ofrecer sacrificios.
Esa
misma lógica informa el inconsciente del patrón que
bloquea el salario de sus empleados con el pretexto
de capitalizar y así multiplicar la prosperidad
general y crear más empleos. También lleva al
gobierno a acusar a las huelgas como responsables
del caos económico, aun sabiendo que son originadas
por los bajos salarios pagados a quienes trabajan
tanto sin alcanzar nunca la recompensa de una vida
digna.
El
dios de la razón del Mercado merece, como prueba de
fidelidad, el sacrificio de todo un pueblo. Todos
los ideales están preñados de promesas de vida: la
prosperidad de los bancos acreedores, la
capitalización de las empresas, el ajuste fiscal del
gobierno. Se salva lo abstracto en detrimento de lo
concreto, que es la vida humana.
Lo
espantoso de esa lógica es admitir, como mediación,
la muerte anunciada.
Se
mata cruelmente a través del corte de los subsidios
a programas sociales; del revocamiento de las
relaciones laborales; del incentivo al desempleo; de
los ajustes fiscales draconianos; del rechazo a
conceder a los jubilados la calidad de una vejez
decente.
La
lógica cotidiana del asesinato es sutil y esmerada.
Los que tienen admiten como natural el despojo del
que no tiene. Cualquier amenaza a la lógica
acumulativa del sistema es una ofensa al dios de la
libertad occidental o de la libre iniciativa. Se
exige el sacrificio como prueba de fidelidad. No
importa que Isaac sea el hijo único. Abrahán debe
probar su fidelidad a Yahvé. Y no hay mayor prueba
que la disposición a matar la vida más querida.
La
lógica de la vida, sin embargo, encara el relato
bíblico con los ojos de Isaac. Éste no sabía que
sería asesinado, hasta el punto de que le preguntó a
su padre que dónde estaba el cordero destinado al
sacrificio. Abrahán cumplió todas las condiciones
para matar al hijo: le unció, le ató, le puso sobre
la leña preparada para la hoguera y empuñó el
chuchillo para degollarlo.
Sin
embargo, advertido por el ángel, Abrahán se detuvo.
No aceptó la lógica de la muerte. Rechazó el
precepto que obligaba a los padres a sacrificar a
sus hijos primogénitos. Rechazó las razones del
poder. Ante la ley que exigía la muerte, Abrahán
respondió con la vida y arriesgó la suya propia, lo
que le obligó a cambiar de residencia.
Si no
cambiamos de residencia -sobre todo en el modo de
encarar la realidad-, como Abrahán, continuaremos
dando culto y adoración a Mammón.
Continuaremos empeñados en salvar el capital en
lugar de las vidas, y mucho menos la salud del
planeta.
Frei
Betto es escritor, autor de ³Sinfonía universal. La
cosmovisión de Teilhard de Chardin², entre otros
libros.
http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.
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Traducción de J.L.Burguet |