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Dictadura económica
Por Frei Betto
[06.02.2012]-Actualizado 2:30 pm Cuba
La
pobreza ya afecta a 115 millones de personas de los
27 países de la Unión Europea, o sea, casi el 25 %
de su población, y amenaza a otros 150 millones de
habitantes.
En
España la tasa de desempleo llega al 22.8 %. Grecia
e Italia se encuentran bajo intervención blanca,
gobernados por primeros ministros escogidos por el
FMI. Irlanda y Portugal están insolventes. En
Bélgica y en el Reino Unido las manifestaciones
callejeras confirman que "se acabó la fiesta".
Ahora
el Banco Central de la Unión Europea quiere nombrar
para cada país en crisis un interventor para
controlar el presupuesto. Es la oficialización de la
dictadura económica. El Reino Unido y la República
Checa votaron en contra. Pero los demás 25 países lo
aprobaron. Queda por saber si Grecia, el primero en
la lista de la dictadura económica, va a aceptar
abrir la mano de su soberanía y entregar sus cuentas
a un control externo.
La
actual crisis internacional es mucho más profunda.
No se resume en la turbulencia financiera. Está en
crisis un paradigma civilizatorio centrado en la
creencia de que puede haber crecimiento económico
ilimitado en un planeta de recursos infinitos… Dicho
paradigma identifica felicidad con riqueza,
bienestar con acumulación de bienes materiales,
progreso con consumismo. Todas las dimensiones de la
vida -la nuestra y la del planeta- sufren hoy un
acelerado proceso de mercantilización. El
capitalismo es el reino del deseo infinito atascado
en la paradoja de establecerse en un planeta finito,
con recursos naturales limitados y una restringida
capacidad poblacional.
La
lógica de la acumulación es más autoritaria que
todos los sistemas dictatoriales conocidos a lo
largo de la historia, pues ignora la diversidad
cultural, la biodiversidad, y comete el grave error
de dividir la humanidad entre los que tienen acceso
a los últimos avances de la tecnociencia, en
especial de la biotecnología y la nanotecnología, y
los que no lo tienen. De ahí su aspecto más nefasto:
la acumulación o posesión de la riqueza en manos de
unos pocos se hace posible gracias a la desposesión
y exclusión de muchos.
La
cuestión no es saber si el capitalismo saldrá o no
de la enfermería de Davos en condiciones de
sobrevivencia, aunque se vea obligado a tomar
medicinas cada vez más amargas, como suprimir la
democracia y cambiar el voto popular por las
agencias de verificación económica, y los políticos
por ejecutivos financieros, como sucede ahora en
Grecia y en Italia. La cuestión es saber si la
humanidad, como civilización, sobrevivirá al colapso
de un sistema que asocia ciudadanía con posesiones y
civilización con paradigma consumista anglosajón.
Estamos en vísperas de Rio+20. Y nadie desconoce que
esta casa que habitamos -el planeta Tierra- sufre
alteraciones climáticas sorprendentes. Hace frío en
verano y calor en invierno. Las aguas están
contaminadas, los bosques devastados, los alimentos
envenenados por agrotóxicos y pesticidas. El
resultado: sequías, inundaciones, pérdida de la
diversidad genética, suelos desertificados… Hay
consenso entre la comunidad científica de que el
efecto estufa, y por tanto el calentamiento global,
es consecuencia de la acción deletérea del ser
humano.
Todos
los esfuerzos para proteger la vida en el planeta
han fracasado hasta ahora. En Durban (Sudáfrica), en
diciembre del 2011, lo máximo que se pudo avanzar
fue la creación de un grupo de trabajo para negociar
un nuevo acuerdo de reducción del efecto estufa…
¡para ser aprobado en el 2015 y puesto en práctica
en el 2020! El Departamento de Energía de los EE.UU.
calculó que, en el 2010, fueron emitidas 564
millones de toneladas de gases de calentamiento
global, o sea, un 6 % más que el año anterior.
¿Por
qué no se consigue avanzar? Pues porque lo impide la
lógica mercantil. Basta decir que los países del G-8
proponen, no salvar la vida humana y la del planeta,
sino crear un mercado internacional de carbono o
energía sucia, de modo que los países desarrollados
puedan comprar cuotas de polución no aprovechadas
por los países pobres o en desarrollo.
¿Y qué
dice la ONU? Nada, porque no consigue librarse de la
prisión ideológica de la lógica del mercado.
Propone, por tanto, a Rio+20 una falacia llamada
"Economía Verde". Cree que la salida reside en
mecanismos de mercado y soluciones tecnológicas, sin
alterar las relaciones de poder, sin reducir la
desigualdad social ni crear un mundo ambientalmente
sustentable en el que todos tengan derecho al
bienestar.
Los
dueños y grandes beneficiarios del sistema
capitalista -el 10 % de la población mundial-
acaparan el 84 % de la riqueza global y mantienen el
dogma de la inmaculada concepción de que basta con
limar los dientes al tiburón para que deje de ser
agresivo…
Frei
Betto es escritor, autor de "El amor fecunda el
Universo.
Ecología y espiritualidad", junto con Marcelo
Barros, entre otros libros.
http://www.freibetto.org/ > twitter:@freibetto. |