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El
oxímoron de los "mercados autorregulados"
Por Alberto Rabilotta - ALAI AMLATINA
[04.02.2012]-Actualizado 7:30 pm Cuba
Oxímoron, en el Diccionario de la Lengua Española,
significa "combinación en una misma estructura
sintáctica de dos palabras o expresiones de
significado opuesto, que origina un nuevo sentido:
por ejemplo, silencio atronador". Otro ejemplo (que
no figura en el diccionario) es la expresión
"mercados autorregulados", o sea el sistema
neoliberal que para sobrevivir "exige regularmente
la intervención estatal y la acción coercitiva del
Estado".
El
Consenso de Bruselas, como antes el Consenso de
Washington
En la
Cumbre de la Unión Europea (UE) que tuvo lugar en
Bruselas el pasado 30 de enero se acordó un Tratado
sobre la Estabilidad, Coordinación y la Gobernanza
en la Unión Económica y Monetaria que por
insistencia de Alemania, como señala el diario
británico The Guardian, convierte a la Comisión
Europea (CE) en organismo "escrutador" de los
presupuestos estatales que de ahora en adelante
confeccionarán los países miembros de la UE, y a la
Corte de Justicia Europea (CJE) en la institución
que aplicará "el rigor fiscal" en la zona euro (ZE).
Para
decirlo más claramente, este Tratado (que no forma
parte de los Tratados de la UE para evitar el
proceso de ratificación y permitir que entre en
vigor con únicamente el apoyo de sólo 12 de los 27
países de la UE) convierte a la CE en la instancia
supranacional que decidirá, en lugar de los
parlamentos, la política del gasto estatal, y a la
CJE en la "policía fiscal supranacional" que,
retomando la cobertura del diario británico, "puede
aplicar de manera casi automática" multas a los
Estados que de manera persistente no cumplan con las
nuevas reglas que ilegalizan los déficits fiscales.
Y el Tratado hace obligatorio para los 17 países de
la ZE, y aquellos que serán aceptados en el futuro,
la adopción de legislaciones de cumplimiento
obligatorio o enmiendas constitucionales para
"abolir el derecho de los gobiernos a incurrir en
excesivos niveles de deuda nacional".
La
Canciller alemana Angela Merkel, según el diario,
dijo que "este freno a la deuda será de cumplimiento
obligatorio y válido por la eternidad. Nunca (los
gobiernos) podrán cambiarlo mediante una mayoría
parlamentaria". O sea, para decirlo en términos más
crudos, la democracia parlamentaria nunca podrá
liberarse de esta camisola de fuerza impuesta por
los "sagrados" intereses de la plutocracia
financiera y sus aliados.
En
suma, la UE institucionalizó para la ZE un engendro
equivalente al Consenso de Washington (CW de 1989)
que con sus diez mandamientos (1) sirvió para que el
Banco Mundial, el FMI y demás instituciones
controladas por Estados Unidos (EE.UU.), impusieran
en América latina durante la década de los 90 las
políticas de gobierno destinadas a destruir lo que
quedaba en pie del "Estado benefactor" y hacer
germinar los "mercados autorregulados", o sea el
neoliberalismo: políticas de austeridad, de déficit
cero, de libre comercio, de inversiones extranjeras
protegidas, de privatización de los servicios
públicos, la "movilidad" laboral para destruir los
sindicatos y aplicar bajas salariales, entre otras
cosas más que provocaron desastrosas y durables
consecuencias socioeconómicas para los pueblos
latinoamericanos.
Tal
política será ahora aplicada de manera total en
Grecia y demás países de la ZE que cargan con el
fardo de una deuda pública producto, en buena
medida, de la "socialización" de las pérdidas de los
bancos privados europeos, que dicho sea de paso han
sido y seguirán siendo salvados de la insolvencia
por el Banco Central Europeo para que recuperen la
posición dominante en el sector financiero.
La
deriva autoritaria del gobierno de la señora Merkel
quedó en evidencia en los días que precedieron a la
Cumbre de Bruselas, cuando funcionarios alemanes
filtraron a la prensa que Alemania exigía que
"Grecia cediera su poder en materia de presupuestos
a la UE". La propuesta de enviar un "comisario" de
la UE para elaborar el presupuesto del gobierno de
Atenas causó revuelos en Grecia, Italia y otros
países endeudados que, a cambio de una "ayuda" que
salvará a los bancos acreedores, deben aplicar los
brutales programas de ajustes estructurales y la
política de "cero déficit" presupuestario.
Hay
analistas, como el estratega de inversiones Marshall
Auerback (The Germans Launch a Blitzkrieg on the
Greek Debt Negotiations, en nakedcapitalism.com) que
en esta amenaza de la Canciller Merkel y la Troika
(la CE, el Banco Central Europeo y el FMI), de que
"la austeridad fiscal será aplicada en nuestros
términos", ven una señal a los otros países
endeudados, como Portugal, España, Irlanda e Italia:
"Traten Ustedes de renegociar (la deuda) como están
haciendo los griegos y los pondremos bajo nuestro
control. La otra alternativa es que se vayan de la
ZE".
Sin
pesimismo, pero el presente se parece mucho al
pasado
En
1944, cuando la segunda Guerra Mundial provocada por
el fascismo estaba terminando en Europa y continuaba
en Asia, el economista húngaro Karl Polanyi
publicaba en Londres la primera edición de La Gran
Transformación, un libro muy bien documentado sobre
la historia del liberalismo económico, el
"laissez-faire" o los "mercados autorregulados", las
crisis que provocó a lo largo del siglo 19 y
comienzos del 20, su desplome como consecuencia de
la Gran Depresión de los años 30 y el surgimiento
del corporativismo fascista.
"Retrospectivamente se cargará al activo de nuestra
época el haber asistido al final del mercado
autorregulador. Los años veinte (del siglo 20)
vieron el prestigio del liberalismo económico en su
apogeo. Centenas de millones de seres humanos
sufrieron el flagelo de la inflación, clases
enteras, naciones enteras fueron expropiadas. La
estabilización de las monedas devino el punto focal
del pensamiento político de pueblos y de gobiernos;
la restauración del patrón oro se convirtió en el
objetivo supremo de todos los esfuerzos organizados
en el terreno de la economía. Se reconoció el
reembolso de los empréstitos extranjeros y el
retorno a una moneda estable como las piedras de
toque de la racionalidad en política, y se consideró
que ningún sufrimiento personal, ninguna injerencia
en la soberanía era un sacrificio demasiado grande
para recuperar la integridad monetaria. La privación
de los desempleados a quienes la deflación había
hecho perder sus empleos, la indigencia total de los
funcionarios cesanteados, sin siquiera una pensión
de miseria; e incluso el abandono de los derechos de
la nación y la pérdida de las libertades
constitucionales fueron juzgadas como un precio
justo a pagar para responder a las exigencias de
presupuestos sanos y de monedas sólidas, las
prioridades del liberalismo económico (Karl Polanyi,
La Grande Transformation, Editions Gallimard,
páginas 192-193)
Mientras que actualmente el discurso oficial de los
gobiernos, instituciones y la plutocracia financiera
que propulsan el neoliberalismo ataca cualquier
forma de intervencionismo económico, como las
políticas de planificación económica y los estímulos
para aumentar la demanda agregada y generar empleos,
aduciendo que los mercados autorregulados excluyen
la intervención estatal, en realidad - y como
señalaba Polanyi en la obra citada – "este
liberalismo económico exige regularmente la
intervención estatal "y la acción coercitiva del
Estado". Pero no para beneficio de la economía, del
empleo, sino de los intereses capitalistas que están
en posición dominante.
Las
sucesivas decisiones de la Cumbre de la UE, y lo
mismo podría decirse de las tomadas por los
gobiernos de Washington y Londres desde que se
disparó la crisis en el 2008 y hasta el momento, son
pruebas irrefutables de que los supuestos mercados
autorregulados existen y prosperan en detrimento de
la población en general gracias a una intervención
cada vez más coercitiva de los Estados. Como escribe
Polanyi (página 200 de la obra citada), el Estado
interviene para establecer (el liberalismo
económico) y, una vez establecido, para mantenerlo.
¿Cuáles son los peligros de este intervencionismo
antipopular y autoritario del Estado para mantener
el neoliberalismo? Recapitulando sobre el nacimiento
y la expansión del fascismo como consecuencia de la
crisis monetaria, financiera y económica de los años
30, Polanyi apunta que "la obstinación con la cual,
durante diez críticos años, los defensores del
liberalismo económico habían sostenido el
intervencionismo autoritario al servicio de las
políticas deflacionistas tuvieron como consecuencia
pura y simple el debilitamiento decisivo de las
fuerzas democráticas (los partidos socialdemócratas
y socialistas, los sindicatos) que habrían podido
desviar la catástrofe fascista. Gran Bretaña y
Estados Unidos, que no eran los sirvientes sino los
patrones de la moneda, abandonaron el patrón oro lo
bastante rápido como para escapar a este peligro
(página 302), y agrega más adelante (página 305) que
si jamás un movimiento político respondió a las
necesidades de una situación objetiva, en lugar de
ser la consecuencia de causas fortuitas, ese fue
bien el fascismo.
El
fascismo, continúa Polanyi, proponía una manera de
escapar a la situación institucional sin salida que
era, en lo esencial, la misma en un gran número de
países, y por lo tanto el ensayo de este remedio
sirvió para propagar por doquier una enfermedad
mortal. Así mueren las civilizaciones. Podemos
describir la solución fascista al impasse en el cual
se había metido el capitalismo liberal como una
reforma de la economía de mercado realizada a cambio
de la extirpación de todas las instituciones
democráticas, a la vez en el terreno de las
relaciones industriales y en el campo político.
No es
casual que hoy día, en una situación de grave crisis
y con el desempleo alcanzando niveles inaceptables
en la UE, particularmente entre los jóvenes, con el
empobrecimiento enraizándose aun en partes de la
clase media, que la extrema derecha neofascista haya
llegado o forme parte de los gobiernos de varios
países europeos. Una extrema derecha
consistentemente antidemocrática que retoma las
banderas del nacionalismo primario y excluyente, que
no abandonó su esencia xenofóbica ni el uso de la
lucha de clases para amedrentar a las fuerzas
realmente progresistas, y que, como en su origen
Mussolini y los nazis alemanes, tienen un demagógico
discurso "anticapitalista" para atraer el voto de
los trabajadores afectados por las bajas salariales
o el despido, de la pequeña burguesía aplastada por
los monopolios comerciales, industriales y
financieros, de las clases medias empobrecidas y
carentes de perspectivas.
Todo
lo anterior es también válido para Gran Bretaña,
EE.UU., Canadá y otros países capitalistas
avanzados, donde es evidente una deriva autoritaria
que se acentúa con la concentración del poder - por
la exclusión evidente de los parlamentos y asambleas
nacionales del proceso de debate y toma de
decisiones de cualquier asunto de importancia - en
manos de los Poderes Ejecutivos que defienden
exclusivamente los intereses de las finanzas, de las
transnacionales, las petroleras y mineras que a su
vez financian los partidos políticos de gobierno, o
sea los partidos que se alternan para
fundamentalmente proseguir la misma política.
Esta
deriva autoritaria para salvar los mercados
autorregulados puede terminar en una vieja o nueva
forma de totalitarismo. Todo está en su lugar para
reprimir el descontento popular que lógicamente
nacerá masivamente en los próximos meses, a medida
que la situación se deteriore en muchos países. La
represión es un elemento indispensable para poder
aplicar esta austeridad salvaje. Así fue en
Sudamérica, tierra de experimentación del
neoliberalismo, de todas las terapias de choque y
demás infamias del sistema imperialista, como suele
recordar el historiador estadounidense Greg Grandin.
Nota
1.-
Los "diez mandamientos" del CW están en su mayoría
incluidos en los Tratados y principios que guían la
UE. El Tratado adoptado el 30 de enero pasado retoma
"primer mandamiento" y lo convierte en un absoluto:
Disciplina presupuestaria. Los presupuestos públicos
no pueden tener déficit. Los nueve "mandamientos del
CW" son los siguientes: Reordenamiento de las
prioridades del gasto público; Reforma Impositiva
(ampliar las bases de los impuestos y reducir los
más altos); Liberalización de los tipos de interés;
Un tipo de cambio de la moneda competitivo;
Liberalización del comercio internacional;
Eliminación de las barreras a las inversiones
extranjeras directas; Privatización (venta de las
empresas públicas y de los monopolios estatales);
Desregulación de los mercados; Protección de la
propiedad privada.
-
Alberto Rabilotta es periodista argentino -
canadiense. |