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Algunos rasgos comunes en las movilizaciones de 2011
Por Eric Toussaint - CADTM
[04.02.2012]-Actualizado 7:30 pm Cuba
En
2011, todos los movimientos mencionados, de la
primavera árabe a Occupy Wall Street, pasando por
los Indignados, tenían varias características
comunes:
1.-
Reocuparon la plaza pública, incluso se instalaron,
y también multiplicaron las manifestaciones en las
calles. En el pasado, las acciones radicales
comenzaban a menudo en el lugar de trabajo o de
estudio, e implicaban la ocupación de instalaciones
(fábricas, escuelas, universidades…) Aunque las
huelgas y las ocupaciones de fábricas o de
establecimientos escolares no hayan estado ausentes
en algunos países como Egipto o Grecia, la forma de
acción más extendida adoptada por los participantes
en las acciones consistió en la recuperación del
espacio público. Una parte importante de los
manifestantes no tenían ni tienen la posibilidad de
organizarse en los lugares de trabajo, debido, en
particular, a la represión y a la atomización de los
trabajadores. Un gran número de ellos no tiene
empleo —y es una de las razones de su compromiso
para la acción—, o debe contentarse con un empleo
precario. Entre los manifestantes, en algunos
países, hay un gran número de diplomados sin
trabajo. En países como España, afectados
fuertemente por la crisis inmobiliaria, o como
Israel, donde la falta de vivienda para la gente
modesta es clamorosa, las personas víctimas de esta
crisis pueden estar muy bien representadas. Además
de estas razones, la voluntad de ocupar la plaza
pública tiene que ver, por supuesto, con la voluntad
de reunirse, de ver cuántos son, de hacer una
demostración de fuerza frente a un poder percibido
en Túnez, en España, en Grecia, en Egipto (y para
una buena parte de manifestantes en Estados Unidos)
como completamente sordo a las necesidades y pedidos
de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas del
país. La exigencia de una auténtica democracia está
en el núcleo del movimiento.
2.- En
varios países, la comunicación y la movilización vía
las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) tuvo un
papel importante aunque no hay que exagerar el
fenómeno.
3.- La
forma «asamblearia» del movimiento constituye una
característica común. Con ese mismo espíritu, existe
una reticencia, incluso claramente un rechazo, hacia
la elección de delegados y delegadas. Se quiere la
democracia directa y participativa.
4.- En
varios países, la desobediencia cívica ha sido
reivindicada y practicada sistemáticamente como un
acto de resistencia frente a un poder totalitario
—casos de Túnez y Egipto—, o frente a un poder
autista (Grecia,…) que no duda en utilizar la
represión para vaciar las plazas o impedir pura y
simplemente las concentraciones, como es común en el
caso de Estados Unidos. Estas manifestaciones están
muy alejadas de las tradicionales, que parecían más
procesiones que marchas de protesta. En cierta forma
se ha producido un salto cualitativo. Mientras que
hasta este momento, la ideología dominante y la
represión habían conseguido individualizar, atomizar
los comportamientos debido al miedo (a la represión,
a perder su empleo, a perder su vivienda, a perder
su derecho a una pensión, a perder sus ahorros…), la
amplitud de la crisis y el hecho de que se haya
llegado a una masa crítica de manifestantes permitió
que muchas personas se sobrepusieran al aislamiento,
principalmente con la idea de que, en realidad, no
había mucho que perder. Para la mayoría de los
participantes en el movimiento se trata del primer
combate colectivo con una dimensión política.
5.- En
la mayor parte de los casos, no ha habido una
elaboración de un programa de reivindicaciones,
incluso si las comisiones de trabajo del movimiento
de los Indignados españoles produjeron propuestas y
declaraciones. Respecto a esto, conviene subrayar la
importancia de la declaración conjunta entre Puerta
del Sol y Plaza Sintagma: Llamamiento Sol-Sintagma y
que afirma especialmente: «No al pago de la deuda
ilegítima. ¡Esta deuda no es nuestra! ¡No debemos
nada, no vendemos nada, no pagaremos nada |1|!» En
el caso de Túnez y Egipto, existe un acuerdo sobre
una reivindicación central: la partida del dictador
que se expresa en una exhortación muy clara:
¡Márchate!
6.-
Los manifestantes no se agruparon de acuerdo a una
base identitaria: etnia, religión, clase, generación
u orientación política. La mezcla dominaba aunque
algunas categorías entre los más explotados hayan
estado subrepresentados, en algunos casos. La
fórmula adoptada en Estados Unidos por Occupy Wall
Street comenzó rápidamente a hacer la vuelta al
mundo: « ¡Somos el 99 %!».
Podríamos agregar una séptima característica común:
en ningún caso, el Foro Social Mundial, el Foro
Social Europeo, el Foro Social de las Américas
constituyeron una referencia para los manifestantes.
El término altermundialista o antiglobalización
tampoco forman parte de sus referencias. Desde ese
punto de vista, el ciclo abierto por el Foro Social
Mundial en 2001 parece, indudablemente, haberse
cerrado y otro ciclo se ha abierto, se verá hacia
donde conducirá. Lo importante será participar.
Más
allá de las características comunes, hay diferencias
que saltan a la vista. En los países de África del
Norte y del Cercano Oriente, los principales
objetivos fueron los regímenes dictatoriales y los
regímenes autoritarios, aunque la cuestión social
estuviera bien presente y en la base del movimiento.
En los países más industrializados, los objetivos
son los banqueros y los gobiernos a su servicio. La
defensa de los bienes comunes es un punto de
convergencia. La cuestión social se expresa en el
modo de rechazar el trabajo precario, las
privatizaciones de los servicios públicos
(educación, sanidad, etc.), en la necesidad de
encontrar una solución al problema de la vivienda y
de la deuda hipotecaria (particularmente en España y
en Estados Unidos, país en el que hay que agregar la
deuda de los estudiantes, que totaliza un billón de
dólares), en el rechazo a pagar la crisis provocada
por el 1 % enormemente rico.
En los
países más industrializados, existe también una gran
diferencia entre la radicalidad del movimiento en
Grecia, que se acerca a una posible crisis
prerrevolucionaria como la de Argentina 2001-2002, y
la situación de España, y no digamos de Estados
Unidos. Las diferentes historias de estos países y
de sus movimientos sociales, el grado de
implantación de los diversos partidos políticos de
la izquierda dura que no han sido borrados por el
movimiento nacido en 2011. La izquierda radical
griega incluyendo el partido comunista puede
representar cerca del 25 al 30 % del electorado e
influir en una parte importante del movimiento
sindical; la situación es similar en Portugal, y por
supuesto totalmente diferente en Estados Unidos.
Eric
Toussaint – Consejo Científico de ATTAC Francia
Fuente:
http://www.attac.es/2012/02/01/algunos-rasgos-comunes-en-las-movilizaciones-de-2011/ |