El año de todos los
peligros
Por Ignacio Ramonet - Le Monde Diplomatique
[04.02.2012]-Actualizado 7:30 pm Cuba
¿Será
2012 el año del fin del mundo? Es lo que vaticina
una leyenda maya que incluso le pone fecha exacta al
apocalipsis: el 12 de diciembre próximo (12-12-12).
En todo caso, en un contexto europeo de recesión
económica y de grave crisis financiera y social, los
riesgos no escasearán este año, que verá además
elecciones decisivas en Estados Unidos, Rusia,
Francia, México y Venezuela.
Pero el principal peligro geopolítico seguirá
situándose en el Golfo Pérsico.¿Lanzarán Israel y
Estados Unidos el anunciado ataque militar contra
las instalaciones nucleares iraníes? El gobierno de
Teherán reivindica su derecho a disponer de energía
nuclear civil. Y el presidente Mahmud Ahmadineyad ha
repetido que el objetivo de su programa no es en
absoluto militar; que su finalidad es simplemente
producir energía eléctrica de origen nuclear.
También recuerda que Irán firmó y ratificó el
Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), mientras
que Israel nunca lo hizo.
Por
su parte, las autoridades israelíes piensan que no
se debe esperar más. Según ellas, se acerca
peligrosamente el momento en que el régimen de los
ayatolás dispondrá del arma atómica, y a partir de
ese instante ya no se podrá hacer nada. El
equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo se habrá
roto, e Israel ya no gozará de una incontestable
supremacía militar en la región. El gobierno de
Benjamín Netanyahu estima que, en esas
circunstancias, la existencia misma del Estado judío
estaría amenazada.
Según los estrategas israelíes, el momento actual es
tanto más propicio para golpear cuanto que Irán se
encuentra debilitado. Tanto en el ámbito económico,
a causa de las sanciones impuestas desde 2007 por el
Consejo de Seguridad de la ONU, basadas en informes
alarmantes del Organismo Internacional de la Energía
Atómica (OIEA), como en el contexto geopolítico
regional, porque su principal aliado, Siria, a causa
de la violenta insurrección interna, se halla
imposibilitado de prestarle una eventual ayuda. Y
esta incapacidad de Damasco repercute en otro socio
local iraní, el Hezbolá libanés, cuyas líneas de
aprovisionamiento militar desde Teherán, han dejado
de ser fiables.
Por
estas razones, Israel desea que el ataque se lleve a
cabo cuanto antes. En aras de preparar el bombardeo,
ya hay infiltrados en Irán, efectivos de las fuerzas
especiales. Y es muy probable que agentes israelíes
hayan concebido los atentados que, estos dos últimos
años, causaron la muerte de cinco importantes
científicos nucleares iraníes.
Aunque Washington acusa igualmente a Teherán de
estar llevando a cabo un programa nuclear
clandestino para dotarse del arma atómica, su
análisis a propósito de la oportunidad del ataque es
diferente. Estados Unidos está saliendo de dos
decenios de guerras en esa región, y el balance no
es halagador. Irak ha sido un desastre y ha quedado
finalmente en manos de la mayoría chií, la cual
simpatiza con Teherán... En cuanto al lodazal
afgano, las fuerzas estadounidenses se han mostrado
incapaces de vencer a los talibanes, con los cuales
la diplomacia norteamericana ha tenido que
resignarse a negociar antes de abandonar pronto el
país a su destino.
Estos costosos conflictos han debilitado a Estados
Unidos y revelado a los ojos del mundo los límites
de su potencia y su incipiente declive histórico. No
es hora de nuevas aventuras. Menos en un año
electoral en el que el presidente saliente, Barack
Obama, no tiene la certeza de ser reelegido. Y
cuando todos los recursos están siendo movilizados
para combatir la crisis y reducir el desempleo.
Por
otra parte, Washington está tratando de cambiar su
imagen en el mundo árabe-musulmán, sobre todo
después de las insurrecciones de la "primavera
árabe" del año pasado. De cómplice de dictadores –en
particular del tunecino Ben Alí y del egipcio
Mubarak– desea ahora aparecer como mecenas de las
nuevas democracias árabes. Una agresión militar
contra Irán, en colaboración además con Israel,
arruinaría esos esfuerzos y despertaría el
antinorteamericanismo latente en muchos países.
Sobre todo en aquellos cuyos nuevos gobiernos,
precisamente surgidos de las revueltas populares,
están dirigidos por islamistas moderados.
Una
importante consideración complementaria: el ataque
contra Irán tendría consecuencias no sólo militares
(no se puede descartar que algunos misiles
balísticos iraníes alcancen el territorio israelí o
consigan golpear las bases norteamericanas de
Kuwait, Bahréin u Omán) sino, sobre todo,
económicas. La réplica mínima de Irán a un bombardeo
de sus sitios nucleares consistiría, como sus
responsables militares no cesan de prevenir, en el
bloqueo del estrecho de Ormuz. Cerrojo del Golfo
Pérsico, por él pasa un tercio del petróleo del
mundo y unos 17 millones de barriles de crudo cada
día. Sin ese aprovisionamiento, los precios de los
hidrocarburos alcanzarían niveles insoportables, lo
cual impediría la reactivación de la economía
mundial y la salida de la recesión.
El
Estado Mayor iraní afirma que "nada es más fácil de
cerrar que ese Estrecho" y multiplica las maniobras
navales en la zona para demostrar que está en
condiciones de llevar a cabo sus amenazas.
Washington ha respondido que el bloqueo de la vía
estratégica de Ormuz sería considerado como un "caso
de guerra", y ha reforzado su V Flota que navega por
el Golfo.
Es
muy improbable que Irán tome la iniciativa de ocluir
el paso de Ormuz (aunque siempre podría intentarlo
en represalias a una agresión). En primer lugar
porque se daría un tiro en un pie, ya que exporta su
propio petróleo por esa vía, y que los recursos de
esas exportaciones le son vitales.
En
segundo lugar porque dañaría a algunos de sus
principales socios, quienes le apoyan en su
conflicto con Estados Unidos. Principalmente China,
cuyas importaciones de petróleo, que alcanzan un
15%, proceden de Irán; y su eventual interrupción
paralizaría parte de su aparato productivo.
Las
tensiones están pues al rojo vivo. Las cancillerías
del mundo observan minuto a minuto una peligrosa
escalada que puede desembocar en un gran conflicto
regional. Se verían implicados en él no sólo Israel,
Estados Unidos e Irán, sino también otras tres
potencias de Oriente Medio: Turquía, cuyas
ambiciones en la región vuelven a ser considerables;
Arabia Saudí, que sueña desde hace decenios con ver
destruido a su gran rival islámico chií; e Irak, que
podría romperse en dos partes, una chií pro-iraní, y
otra suní pro-occidental.
Asimismo un bombardeo de los sitios nucleares
iraníes causará una nube radiactiva nefasta para la
salud de todas las poblaciones de la zona (incluidos
los miles de militares estadounidenses y los
habitantes de Israel). Todo ello conduce a pensar
que si los belicistas están alzando con fuerza la
voz, el tiempo de la diplomacia aún no ha terminado.
Fuente original:
http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=f62c3145-18d7-4a1c-a93f-3f42321999b0 |