cuarenta años de vida. Preocupa que los países subdesarrollados como consecuencia de su deuda se vean afectados para importar, situación que resulta perjudicial para Estados Unidos. Ante esta situación, sugiere un cambio de rumbo en las políticas del Banco Mundial; entre las acciones propone: 1) Aumentar sus préstamos a los gobiernos nacionales debilitados. 2) Administrar sus activos de forma más creativa para financiar esos mayores préstamos. 3) El Banco Mundial debería insistir en que las naciones con superávit, en particular Japón y Alemania Federal, aporten una parte mayor del aumento de capital solicitado. 4) Por último, que cualquiera sea el plan concreto, el hecho es que debe ser hecho por el Banco Mundial".8 Otro de los argumentos en esta misma línea sostenía por aquellos años que el Banco Mundial debía abandonar los préstamos bilaterales y canalizar tales montos por su intermedio. La tendencia por parte de Estados Unidos a disminuir los préstamos bilaterales tenía un doble beneficio como lo sugería James Baker, secretario del Tesoro durante el gobierno de Reagan: "que el Banco Mundial resulta un aliado estratégico para Estados Unidos, con la ventaja adicional de que los dólares allí depositados rinden muchísimo más que los gastos en ayuda bilateral".9 El segundo beneficiario de dicha política eran las empresas.

Hacia fines de los años ochenta el proyecto de Banco Mundial era muy claro. En él se encontraban claramente expresados los intereses de las empresas transnacionales estadounidenses así como los del gobierno norteamericano. El objetivo estaba definido: condicionar y forzar las políticas de ajuste estructural. De esta manera se podría acceder al control, previo desmantelamiento del aparatado productivo y de la burocracia capaz de pensarlo y desarrollarlo, de los recursos estratégicos nacionales, donde las empresas estadounidenses cumplirían un rol destacado.

En este marco, el BM otorgó a lo largo de los años noventa, cuatro tipos de préstamos a través del BIRF: 1) los destinados a programas sociales; 2) a la infraestructura; 3) ajuste estructural y 4) asistencia técnica. Todos ellos concedidos en los primeros años (1991-1996) con obligaciones de pago que superarían la propia década de los noventa. Durante ese primer período se otorgaron 24 créditos y a partir de 1996 se autorizaron veintiséis nuevos préstamos, de los cuales la mitad estuvieron destinados a sellar las reformas estructurales encaradas en la primera etapa y que no habían sido incluidos hasta ese entonces, como es el proyecto de reforma de las obras sociales sindicales, el cual suponía su traspaso a manos privadas, así como también extender la privatización de otros sectores como la de los aeropuertos y el transporte público de la ciudad de Buenos Aires (subterráneos y ferrocarriles metropolitanos). La implicancia de cada uno de estos proyectos fue diferente, en tanto impulsan el proceso de desmantelamiento del aparato productivo, y, con ello, la desnacionalización de los recursos estratégicos de la Nación, así como la propia capacidad de reproducción de la fuerza de trabajo.

El Banco Mundial de fines de la década de los noventa y principios de los dos mil, 1997-2010

Hacia fines de la década de los noventa el interés de Washington y el BM sobre la Argentina cambia. Comienzan a prestarle más atención a la agricultura del norte argentino, sus carreteras, biodiversidad y agua, lo cual ha sido una novedad de los últimos 15 años si consideramos toda la relación entre el BM y la Argentina. La materialización de ese interés se observa en los proyectos que han financiado para la construcción de carreteras, el fomento de la "competitividad" de los pequeños y medianos productores, que no es otra cosa que el financiamiento de la agricultura industrial, la construcción de canales de drenaje para el desarrollo del sector agrícola y el cuidado de la biodiversidad y el agua. Proyectos que en su conjunto conforman un principio de control territorial, social y biológico, cuya principal consecuencia ha sido la instauración de una plataforma agroexportadora y de esa manera, imposibilitar el proceso de integración de la Argentina con el resto de los países de la región.

Es notorio como el BM cambia el eje de su intervención en la Argentina a fines de la década de los noventa, línea que se profundiza en los dos mil, pasando de hacer un fuerte hincapié en la reforma del Estado a interesarse por la captura de la biodiversidad y por la consolidación de una plataforma agroexportadora a través del control de los pequeños y medianos productores y el desarrollo de la infraestructura vial.

Hay que considerar que la disputa por los recursos naturales está en el marco de una estrategia más amplia que incluye al IIRSA10 y otros proyectos de la misma índole, cuyo objetivo es garantizar la captura de la biodiversidad en tanto materia prima de la ingeniería genética.

Este es el camino que propone el BM como salida al agotamiento de los recursos fósiles convencionales11. Es decir, lo que está en disputa, es la transición energética. Esta es la verdadera magnitud del problema desde el punto de vista geopolítico y así lo ha planteado Estados Unidos desde la segunda posguerra: la cuestión es posibilitar el abastecimiento de los recursos estratégicos necesarios para garantizar el sustento de su propio crecimiento, para lo cual, diseña e implementa estrategias de control territorial sobre los países periféricos, ya sea a través de intervenciones directas como las militares, o bien aquellas tendientes a provocar inestabilidad política y social, o las dirigidas a no permitir la industrialización y, por lo tanto, el no consumo de recursos naturales, entre otras, para los cuales el BM es uno de sus brazos ejecutores.

El total de proyectos que financió el Banco durante este período fue de 96 y 24 de ellos se destinaron a los objetivos señalados anteriormente (cuadro N° 1). El monto de estos proyectos alcanzó los 4.411 millones de dólares. El resto, financiaron un sinfín de otras cuestiones, entre los cuales se encuentran proyectos de asesoría por cuestiones de salud, de educación, etc. Otros proyectos se destinaron a la reforma del Estado, condicionalidad acreedora mediante, etc., etc. Sin embargo, lo que se observa es un cambio rotundo en el tipo de proyectos que financia el BM en Argentina si uno lo compara con la primera etapa de los noventa. Cambio que fue acompañado por modificaciones en el ámbito de la legislación, no solo por permitir la entrada de los transgénicos, cuestión que motivó una discusión en el ámbito local, sino por el intento de modificación de la ley de semillas y creaciones fitogenéticas.

Préstamos otorgados por el BM - BIRF 1997-2010

Los proyectos financiados por el BM, presentados anteriormente, pueden ser agrupados en tres grandes ejes: i) biodiversidad y agua; ii) carreteras y iii) financiamiento de pequeños y medianos productores y comunidades indígenas. Estos tres ejes, de los cuales serán desarrollados los dos primeros por una cuestión de espacio, resultan diferentes a los que predominaron durante los primeros años de la década de los noventa, quiebre que coincide con la autorización de la entrada de los transgénicos. Otro de los rasgos característicos de estos tres ejes es que se ocupan, en su gran mayoría, del norte del país, porción del territorio sobre la cual avanza la agriculturización de sus tierras y donde Estados Unidos instaló unas de sus bases militares en el año 2011 (provincia de Chaco), que luego sería retirada debido a la movilización popular.

Proyectos financiados por el Banco Mundial - BIRF (1997-2010)

En síntesis, la intervención del BM en la Argentina ha sido multifacética a lo largo de las últimas dos décadas, su grado de injerencia se fue ampliando hasta incluir los más diversos sectores.

Fue un proceso paulatino que llevó veinte años, comenzando en la década de los noventa por la construcción del entramado de relaciones que operaron en favor del desmantelamiento del aparato productivo del país, empujándolo a la reprimarización. En aquellos primeros años, la estocada del BM sobre Argentina constó de dos pasos: 1) provocar el desmantelamiento del apartado productivo industrial y la venta de los recursos y empresas estratégicas y 2) entorpecer la reproducción de la fuerza de trabajo. El primer paso se posibilitó a través de los préstamos destinados a las reformas estructurales y al desfinanciamiento del Estado acaecido con el traspaso de los fondos jubilatorios a manos privadas y con el privilegio al pago del servicio de la deuda, generando grandes boquetes presupuestarios que fueron llenados con empréstitos altamente condicionados; el segundo, con los préstamos orientados al empobrecimiento de la educación y la salud. El período que va de fines de la década de los noventa hasta el 2010, revela el cambio de impronta que el BM le da a sus préstamos, cuyo único objetivo fue influir en el sector agrícola argentino y controlar la biodiversidad.

Ambos movimientos - garantizar la desestructuración productiva y social primero y la captura de los recursos naturales y el control agrícola segundo- son parte de un accionar colonial / imperial de la política exterior estadounidense, representada por el BM como uno de los entes subrogados al Departamento del Tesoro, que tiende a privilegiar el control de los recursos no renovables, en una etapa donde que lo que está en juego, en una primera instancia, son los límites materiales que presenta el capitalismo para continuar creciendo y, en una segunda, la posibilidad de vida sobre la biosfera.

La consecuencia ha sido la imposibilidad de integración con el resto de los pa sino también continuar con la profundización de su fase neoliberal.

Respecto a este mecanismo, deben introducirse necesariamente tres elementos de análisis transversales al debate.

(Neo)Liberalismo asimétrico y sin reciprocidad El primero consiste en que estos "Tratados" por más que aludan a la "libertad" de comercio, plantean desde luego una realidad completamente inexistente. En la práctica se trata de pactos que garantizan, por medio de los Estados Nacionales, grandes negocios a poderosos monopolios y oligopolios transnacionales. En la gran mayoría de los TLC firmados, la regla no es la "negociación" sino la imposición, vía presiones extraeconómicas, de tipo político y, según sea pertinente, militar (una variable a veces poco comentada pero consustancial al proyecto de expansión hegemónica), como lo documenta la historia más reciente en este sentido en tanto la "integración" económica deviene en una necesidad progresiva de militarización de los territorios como mecanismo para "asegurar" el flujo de mercancías y seguridad jurídica1. En contravía del aludido espíritu de "liberalización" que comúnmente se les adjudica, se trataría en la práctica de una especie de liberalismo asimétrico y sin reciprocidad.

En los TLC - en particular los bilaterales - se pacta entre las partes desregulaciones y liberalizaciones de la economía (v.g. eliminación de subsidios estatales a sectores económicos) que finalmente sólo aplican (o son aplicadas) para una de ellas - sin reciprocidad -, por lo general la más débil - lo cual refleja el carácter asimétrico.

Una situación que ilustra los atributos de asimetría y falta de reciprocidad típico de estos dispositivos aplican también respecto a socavar el derecho soberano de hacer uso de los instrumentos de política económica por parte de los Estados nacionales cuando se los condiciona sistemáticamente en el contenido de los Tratados. La inclusión de cláusulas restrictivas - por ejemplo - en el uso de Balanza de pagos, empeoran inclusive las condiciones de la OMC (arts. XII y XVIII) exigiendo que los países abandonen su potestad de recurrir a la cláusula de Balanza de pagos como instrumento para sortear las crisis. La gran mayoría de los TLC contemplan que ciertos mecanismos e instrumentos de política serían excepcionales y sólo podría utilizarse por determinados períodos de tiempo. En el caso de las cláusulas de Balanza de pagos, por ejemplo, el período es de "un año" en promedio, lapso que resulta insustancial para gestionar las cada vez más complejas crisis en la Balanza de Pagos, máxime en tiempos de grandes volatilidades y crisis global. Esta situación, por supuesto, aplica en general a la acción del Estado y terminaría en la práctica con su razón de ser soberana y también pública.

Más allá de los asuntos comerciales: geo-economía y geo-política En segundo lugar, los TLC tampoco lo son estrictamente de "comercio".

El componente netamente comercial de estos acuerdos por lo general sólo representa una mínima porción de lo que se "negocia" en ellos. Se trata mejor de tratados que se proponen la liberalización de las inversiones, con énfasis en los servicios (especialmente financieros; las compras estatales, los derechos de propiedad, etc.). Esta particularidad del Libre Comercio - veremos - tiene un significado estratégico en particular de orden geoeconómico pero especialmente geopolítico-militares.

Ciertamente, una de las características fundamentales - a tener en cuenta - dentro de la economía política contemporánea actual, y muy especialmente desde inicios del presente siglo, es la exacerbación de los referentes policivo-militares los cuales han sido ampliamente funcionales a la estructura de relaciones establecidas. En particular, se ha podido consolidar legítimamente, bajo una nueva fase, ahora globalizada, la dimensión militar que articularía au coeur, la política policiva (Quiñonez Páez 2002), no sólo por parte de los poderes militares de las potencias mundiales, empezando por los Estados Unidos, sino también apoyados en los poderes corporativos emergentes quienes a la postre soportan la administración gerencial de la gestión de la crisis y del capitalismo de guerra.

En razón a lo anterior, se puede decir que la fase, novedosa en su readaptación pero, de hecho, heredada en su estructuración, logra hacer coincidir la cuestión de la seguridad (hablando en términos múltiples y amplios: nacional, geográfica, económica y territorial) en relación con la recomposición de las fuerzas sociales y económicas que mejor se han insertado en los procesos actuales.

(...) Predecimos un sentido más dominante de la inseguridad - el cual puede estar como muchos basado en las percepciones psicológicas tanto como en amenazas psíquicas - para el 2020. Entre tanto la mayoría del mundo se enriquece, la globalización sacudirá profundamente el statu quo - generando enormes convulsiones económicas, culturales y consecuentemente políticas (CIA 2005:15) 2 Ciertamente:

Se ha vuelto indispensable admitir que las necesidades de seguridad son un motor primordial en la transformación de la sociedad mundial (...) la evolución de la política mundial va a ser gobernada por la lógica de la seguridad (Bertrand: 1996)

En un informe especial redactado por la Central de Inteligencia Americana, dedicado a Latinoamérica, la tesis de la seguridad se vincula a lo que se denomina las recurrentes crisis de gobernabilidad que eventualmente enfrentaría la región fruto de las lógicas de la globalización3. No obstante, la insistencia parece girar en torno a la colonización de los intereses estratégicos que irrumpen en el marco de la política de Seguridad Nacional que, bajo las nuevas condiciones, acentuará su carácter no sólo internacional sino también, específicamente, global. Por supuesto, éste último está menos conectado con el señalamiento de las amenazas que con la generación de las condiciones apropiadas de neocolonización imperial. El caso latinoamericano es una muestra fehaciente de esta orientación:

(...) El fracaso o relativo fracaso del ALCA y la heterogeneidad regional en la aceptación del rol de Estados Unidos, implicarán un límite (por acción u omisión) al liderazgo hemisférico norteamericano, y creará un vacío de iniciativas multinacionales en los próximos años, en diferentes áreas donde la coordinación de políticas es necesaria (defensa y seguridad, medio ambiente, narcotráfico, migraciones)4.

Por su parte, las lógicas del Libre Comercio también muestran en concreto su faceta geoeconómico-política. La pretensión de profundizar hasta sus últimas consecuencias el "modelo de desarrollo" vigente (término con el cual eufemísticamente se denomina a las estrategias de expansión del capitalismo contemporáneo) tiene que ver con quién gana con la globalización. Bastaría hacer un breve balance al respecto, tomando como ejemplo, la economía de los Estados Unidos:

"Los Estados Unidos han ganado enormemente con esta globalización.

Nuestro país - dice Bergsten -cada año es mucho más rico en más de U$1 trillón gracias a la integración comercial. Esto equivale aproximadamente al 10% de toda nuestra renta nacional y más de U$10.000 por hogar. Se acumulan ventajas adicionales con la globalización financiera que ha acompañado los crecientes flujos comerciales (subrayo) [Nota: los "beneficios adicionales" podrían añadir otros U$0.5 trillones al cálculo].

Lo anterior por el lado de las ganancias. Mientras tanto las pérdidas ("costos" en términos de Bergsten) de la globalización para los Estados Unidos resultan ser bastante diferentes:

"Cerca de medio millón de trabajadores (de una fuerza laboral total de 150 millones) pierden su trabajo anualmente, la mayoría por períodos temporales, como resultado del incremento en las importaciones.

Algunos tienen que aceptar empleos con bajos salarios en el largo plazo, sufriendo una pérdida en ingresos durante toda su vida. Esos efectos totalizan aproximadamente U$50 billones por año, un monto sustancial en términos absolutos pero sólo un vigésimo de la rentabilidad anual fruto de la globalización..." (resalto y subrayo).

La "globalización" a la que nos referimos evidentemente favorece en concreto y casi en exclusiva los intereses de los capitales usamericanos, es decir, la globalización de carácter neoliberal la cual, en estos momentos, en su concepto, debería avanzar hacia su fase superior: el Libre Comercio (total). Con este objetivo, los Estados Unidos insisten en una "gran campaña" - aún más agresiva de la que se ha visto hasta el momento, parece sugerir - para continuar "negociando" y ampliando nuevos Tratados de Libre Comercio, bilaterales o plurilaterales (como el "Acuerdo P4" o Transpacífico (TPP) que vincula Asia y América).

Incluso, existe un consenso relativamente generalizado en los Estados Unidos que los TLC son el mejor mecanismo para consolidar definitivamente el modelo usamericano de "crecimiento basado en las exportaciones" y que la mejor forma para asegurar los mercados mundiales sería lograr un Tratado de Libre Comercio Global que reemplace (o reviva) la Ronda de Doha, la cual - en su opinión - ha sido un total fracaso después de una década de "esfuerzos en las negociaciones". En estas tentativas propone la "utilización" de las instituciones económicas internacionales como el FMI y la OMC y en menor medida el Banco Mundial y el BID.

Lo anterior responde a que los Tratados, recordemos, diseñados a la medida de las pretensiones usamericanas, reproducen las mismas estructuras productiva y de intereses que actualmente existen en los Estados Unidos después de las transformaciones sufridas en ese país desde la década de los ochenta. Hoy por hoy el sector manufacturero usamericano representa a lo sumo el 10% de la economía mientras que la Agricultura no más del 1% y los Servicios (sobre todo, los financieros) más del 80%. Este último sector provee el 25% de los empleos y ha crecido los últimos treinta años a tasas del 30% y con salarios 10% superiores a los de la manufactura.

Integración unidimensional y desintegradora

En tercer lugar, el proyecto de Libre Comercio Global (Total) propone un tipo de integración desintegradora. Se trata de una integración que se dirige y funciona sustancialmente al nivel de los mercados; complementariamente, y estrechamente relacionado con lo anterior decíamos, este tipo de integración automáticamente incluye la dimensión de la seguridad (militar y policiva). En este proceso por lo tanto se eximen otras dimensiones (sociocultural, por ejemplo), o en el mejor caso, quedan fuertemente subordinadas a las lógicas mercantiles. Bajo este esquema otro tipo de integración diferente a la de los mercados simplemente no existe. Adicionalmente, el proceso en la práctica ha venido demostrando recientemente que una condición necesaria de la integración neoliberal es desintegrar (o bloquear) proyectos de integración (previa o prospectivamente) existentes. Los TLC bilaterales en Suramérica ofrecen un buen ejemplo que ilustra este punto. La firma y ratificación de TLC entre los Estados Unidos y Colombia y Perú (cada uno por aparte) fue uno de los motivos por los cuales "otro" tipo de integración subregional ya existente: la Comunidad Andina de Naciones (creada en 1969 por Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela) se detuviera o, cuando menos, se pusiera "entre paréntesis" ya que la firma de este tipo de Tratados de Libre Comercio en tanto tratados internacionales se constituyen, primero, en bloques constitucionales para las partes, es decir, se asumen y elevan a un nivel legal similar al de las Constituciones políticas nacionales; y segundo, exige a los países contratantes a "ratificar o adherir" otros tratados internacionales ya suscritos por las partes.

Tales situaciones motivaron a que en el año 2006 Venezuela decidiera retirarse del Pacto Andino y Ecuador y Bolivia, aunque permanecen actualmente a la Comunidad Andina, empezaran a privilegiar otros espacios y proyectos.

Pero esta lógica de desintegración de los proyectos existentes también aplica y compromete los proyectos de los Estados nacionales firmantes hacia el futuro. Es sabido que los TLC se firman sin caducidad en el tiempo, es decir, no aplican para un período de tiempo determinado (a menos que los tratados se renegocien o se den por terminados por mutuo acuerdo; o se desconozcan unilateralmente aunque de suyo esta posibilidad conllevaría consecuencias jurídicas, incluso, en aspectos de la economía política, efectos más graves). Una característica en las nuevas generaciones de TLC, marcos que hoy por hoy avanzan como modelos de integración dominantes, es el reforzamiento de las cláusulas de "trato nacional" y especialmente "nación más favorecida" lo cual - palabras más, palabras menos -, significan que si un país le otorga en algún sentido beneficios mayores a otro en algún Tratado diferente, éstas ventajas serían extendidas automáticamente a otras partes contratantes. Aunque estos principios del comercio y el derecho internacionales son de vieja data, hoy figuran como dispositivos que impedirían aún más, tipos de integración paralelas a las de las propuestas dominantes y, aún peor, por este mecanismo, las lógicas mercantiles de integración del Libre Comercio eventualmente podrían transmitirse hacia otros marcos integrativos, llegando incluso a proponer "ruidos" o directamente obstaculizar los proyectos alternativos.

Del ALCA a la Asociación Transpacífico: El proyecto de integración dominante Seguramente, el proyecto más abarcador en la vía del Libre Comercio Global como etapa superior de la fase del neoliberalismo capitalista, fue la propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) (Miami, 1994), la cual intentó integrar el continente americano de Canadá hasta Argentina. Liderado principalmente por los Estados Unidos, se pretendía "negociar" un gran TLC que extendiera el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre los Estados Unidos, Canadá y México hacia los demás países de América Latina y el Caribe (excluyendo a Cuba). La estrategia incluía negociaciones con los demás países "en bloque" o eventualmente, contando con los "bloques comerciales" ya existentes. Como se sabe, el proyecto se vino a menos en la Cumbre de Mar del Plata (2005), momento desde el cual se impuso una negociación diferenciada que condujo, primero, a negociaciones vía Tratados regionales (como el realizado con la Comunidad de Estados centroamericanos y República Dominicana) y, luego, mediante Tratados bilaterales entre los Estados Unidos y otras naciones consideradas por aparte (v.g. Colombia, Perú, etc.) con lo cual no podría asegurarse que el Proyecto ALCA terminara sino que más bien se puso "entre paréntesis" y continuó tras ese formato aunque bajo otras tácticas.

De hecho, diferentes analistas han convocado una especie de Integración silenciosa, vía otros dispositivos, entre ellos el más importante la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN) que desarrolla aspectos de "seguridad" y más puntualmente de tipo militar que constituyen una especie de ALCA-militar. Entre los formatos que incluye este tipo de Alianzas se cuentan el Plan Puebla-Panamá (después ampliado hasta Putumayo, departamento fronterizo de Colombia con Ecuador, y rebautizado como Plan Puebla-Putumayo) que articula el llamado Plan Colombia dentro del Proyecto Mesoamericano, la Iniciativa Mérida (o Plan México). Este tipo de iniciativas son complementarias a otras como la Integración de la Infraestructura Regional Suraméricana (IIRSA) que si bien no incluyen directamente componentes no-militares de integración, se encuentran debidamente articulados al marco de integración hegemónico.

Más recientemente, el proyecto Global supone su profundización a través de la Alianza del Pacífico, la bisagra entre el proyecto ALCA y otro de más largo alcance. Esta Alianza conformada por Colombia, Chile, México y Perú, últimamente Costa Rica y próximamente Panamá, entre otras futuras posibles adhesiones - incluyendo la intención "polémica" de integrarse al bloque, expresada por el gobierno de Uruguay - tiene como trasfondo profundizar la sintonía de los acuerdos de libre comercio y, en últimas, de profundizar el modelo económico hoy vigente, el neoliberal y sería un primer eslabón para integrar a sus países miembros dentro de un pacto más omniabarcador: la Asociación TransPacífico, según sus defensores: "el modelo de integración del siglo XXI" y que los mismos Estados Unidos han apelado como "la Madre de todos los Tratados de Libre Comercio". Esta Asociación, a su vez, serviría de base para conformar hacia el futuro el Área de Libre Comercio Asia-Pacífico (FTAAP) (con naciones del Sudeste asiático y Oceanía) un mercado que proyecta más de 660 millones de personas y que representaría alrededor del 30% del PIB mundial y el 25% del comercio global.

Más allá de las particularidades propias de estos acuerdos de integración que tienen como regla avanzar a espaldas de la opinión pública y en privado, la Asociación TransPacífico llama la atención porque, tras dos años de negociaciones, el proceso de conversaciones se ha desarrollado en medio del más absoluto secretismo, en una especie de proceso "clandestino", y al cual ni siquiera el mismo Congreso de los Estados Unidos ha tenido acceso a los archivos "clasificados" donde se ha consignado qué es lo que se va acordando entre los países. Inclusive, TTP deja abierta la puerta para que en procesos judiciales arbitramento abogados privados actúen como jueces y elimina autoridad y derecho constitucional del Congreso de Estados Unidos para regular aspectos comerciales con naciones extranjeras. La cuestión genera todavía más suspicacias cuando, como se mencionó, los llamados Tratados de Libre Comercio son todo, menos exclusivamente comerciales, y en el caso de la Asociación, solamente 5 de los 29 capítulos apuntarían a ese tópico. De manera más explícita, y teniendo en cuenta las particularidades geoestratégicas de esta Asociación la cual prácticamente cubriría casi toda la cuenca del Pacífico (casualmente "bloqueando" el acceso de China al océano y, en consecuencia, las vías hacia América Latina), especialmente, para los intereses de los Estados Unidos, es lógico pensar que entre los capítulos restantes se amplíen, profundicen y complementen la gran red de acuerdos ya no comerciales sino directamente de "seguridad" y militares que ya existen actualmente. Los países de la subregión se embarcarían entonces en la aventura de ser un engranaje más de los planes transpacíficos, y de paso denostando - implícitamente - las promesas de integración regional sura- y -latino americanos.

En síntesis, el proyecto de Libre Mercado Total y Global desde sus componentes asimétrico, unilateral, desintegrador y geoestratégicos - económicos, político-militares - supone la "anexión" subordinada de la región a la recomposición de la presencia hegemónica de los Estados Unidos, proceso en el cual los organismos (mal) llamados multilaterales (con el FMI, BM, BID) entran a jugar un rol preponderante en la configuración del escenario y que en lo fundamental - exceptuando asuntos político-militares - se dirigen: 1) aumentar los niveles de apertura internacional (desregulaciones y re-regulaciones favorables al capital transnacional) y 2) garantizar la protección de los derechos de propiedad (privados, por supuesto y que también coadyuvan en un ambiente "favorable" a lo primero)5.

Un ejemplo: El plan Puebla Panamá (PPP) Es importante comprender, en base a los trabajos desarrollados sobre el Plan Puebla Panamá (PPP)6, los significados del mismo. No ahondaremos sobre todas las características del Plan, por una cuestión de espacio y porque sería redundante, pero sí nos interesa detenernos, una vez más, en los significados para la integración latinoamericana de estos tipos de proyectos. Lo que primero resulta oportuno señalar, es que el PPP fue diseñado desde los Estados Unidos, por sus brazos políticos y económicos como lo son el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y

el Banco Mundial (BM), las grandes transnacionales e intelectuales orgánicos pertenecientes al sistema universitario norteamericano, con el objetivo de llevar a cabo la captura de los recursos biológicos y el saqueo de unas de las riquezas naturales más importantes del mundo.

Mesoamérica, centro geográfico del diseño del PPP, es centro originario de una gran cantidad de alimentos. El Plan ha sido elaborado, desde el discurso oficial, con el objetivo de garantizar la integración, cooperación y desarrollo entre los países mesoamericanos.

Así, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Panamá y México, fueron los principales países miembros sobre los cuales se diseñó el PPP. De diferentes organismos como la CEPAL, el BID, el Banco Mundial y algunas universidades norteamericanos, se ha intentado justificar la necesidad de garantizar la "integración" de los países señalados, argumentando que favorecería al desarrollo. Sin embargo, a poco de investigar entre los diferentes documentos7 justificadores del PPP, nos encontramos con que en realidad, el objetivo no es garantizar el desarrollo y la integración entre los pueblos mesoamericanos, sino un fuerte proceso de extracción de recursos naturales cuya principal dirección son los mercados extranjeros, en particular, los Estados Unidos, a través del financiamiento de una infraestructura que tiende a garantizar la comunicación interoceánica y, de esa manera, la profundización de modelos agroexportadores; modelos que no sólo suplen las necesidades de recursos estratégicos de los Estados Unidos, sino que producen una profunda ruptura del tejido social, posibilitando una creciente inestabilidad política. La maniobra llevada a cabo por los Estados

Unidos a través del intento de desarrollo de corredores biológicos y de infraestructura vial con el objetivo de garantizar la salida a ambos océanos y poner a su disposición los recursos naturales, pone en juego hoy más que nunca, el control por parte de la mayor potencia imperial de la riqueza biológica que permita garantizarle el control hegemónico sobre los principales bienes estratégicos. Esto es lo que está en juego, lo cual incluye la estrategia de posibilitar la desintegración de América Latina. El PPP, es un ejemplo más en esta estrategia que incluye el control total de Latinoamérica.

Banco Mundial. Condicionamiento y venta de recursos estratégico: El financiamiento de una plataforma agroexportadora Reflexionar sobre los procesos integración en América Latina y el Caribe supone discutir las acciones de los agentes involucrados detrás de la captura de los recursos naturales: los Estados Capitalistas (periféricos y centrales), los organismos financieros internacionales (BM, BID Y FMI) y las empresas transnacionales. Es una tarea relevante a la hora de entender los cambios que están en curso y que son parte de una de las últimas peleas que está dando los Estados Unidos y sus brazos económicos y políticos como los organismos financieros "internacionales" sobre la periferia. El accionar del Banco Mundial en la Argentina es un claro ejemplo al respecto y nos parece de la mayor importancia a lo ahora de ejemplificar el accionar de corte imperialista que es parte en los proyectos de desintegración que están llevando a cabo los Estados Unidos sobre la región.

Banco Mundial en Argentina. Antecedentes: los inicios de una relación imperial

La revisión de las principales operaciones del BM en Argentina durante fines de la década de los noventa y la de los dos mil, muestra una profunda continuidad del contenido concreto en que operan los principios rectores del imperialismo y los procesos de desintegración impulsados por Estados Unidos, pese a que la forma a la largo del tiempo cambie. Es así que se pueden distinguir dos grandes períodos sobre el accionar del BM en Argentina. El primero cubre casi la totalidad de la década de los noventa, mientras que el segundo, va de 1997 al 2010.

Durante los noventa, existió un claro eje de programas que llevó a cabo lo que hemos denominado "el acorralamiento", materializado en los programas de reforma del Estado que apuntaron a entorpecer la reproducción de la fuerza de trabajo por un lado -ya sea a través de los proyectos sanitarios como aquellos aplicados al ámbito educativo- y la venta de los recursos estratégicos por el otro. El segundo período, supone la continuación de la reforma del Estado, pero se le agrega el financiamiento de la plataforma agroexportadora a través de los proyectos de construcción de carreteras, el financiamiento de drenajes de canales orientados a la producción agrícola, el cuidado de la biodiversidad y el agua y el financiamiento para lograr "mayor competitividad" de los pequeños y medianos productores y comunidades indígenas, que no ha sido otra cosa que el financiamiento de una plataforma agroexportadora.

La hipótesis que sostenemos en relación al impacto de las políticas impulsadas y el condicionamiento ejercido por el BM sobre la Argentina no ocurren en un vacío de poder interno. Se dan en el marco de una de las derrotas más importantes que sufriera el movimiento obrero argentino, cuyo resultado fue la pérdida de poder de disputa económica y política por parte de dicho sector. La dictadura argentina del ´76, a sangre y fuego, implementaría una de las políticas más violentas que conociera el siglo XX en toda Latinoamérica. Por lo tanto, es en el cruce entre las políticas implementadas por la dictadura y fogoneadas y financiadas por el BM que deben buscarse las razones de la reprimarización y el desmantelamiento del aparato productivo industrial. Resulta claro entonces plantear que el accionar del Banco Mundial se construye en el transcurso de un cambio de época en Argentina, en parte por ellos impulsado, que significó la caída del modelo de sustitución de importaciones y, con él, el retorno de la reprimarización y el comienzo de la modificación en el uso del suelo.

En la política del BM de fines de los años ochenta se expresa claramente la profundización de los intereses de Estados Unidos en el tercer mundo, materializado a partir del triunfo de Ronald Reagan en 1981 y el cambio de su política exterior en favor de la captura de recursos estratégicos y los intereses de sus transnacionales. Las palabras de Roger Altman resultan elocuentes sobre los intereses empresariales de Estados Unidos y como la política de Banco Mundial debía sumirse a ellos. Para el ex secretario adjunto del Tesoro de los Estados Unidos (1977-1980) y miembro importante de la Comisión Trilateral, el Banco Mundial debía: "orientar sus esfuerzos hacia el alivio de la deuda y abandonar aquellos proyectos de infraestructura a los cuales contribuyó durante sus