Millones de abrazos para
Fernando
Foto:
Estudios Revolución
Raúl
lo recibió en nombre del pueblo de Cuba
[28.02.2014]-
Actualización 4:00 pm de Cuba
Un saludo
militar y un abrazo. Así fue el
encuentro entre Raúl y Fernando. El
Héroe de la República de Cuba volvió a
estar a la orden, y el General de
Ejército lo abrazó fuerte; parecía
interminable.
"¡Bienvenido a la Patria!", le dijo el
Presidente de los Consejos de Estado y
de Ministros. Fernando sonrió, tal vez
con timidez, y la madre heroína, Magali
Llort, le dio las gracias a Raúl por
haber ido a recibir a su hijo, que tras
más de quince años regresa al calor de
su familia, de los amigos, de su pueblo.
Rosa Aurora, su compañera de siempre
también estaba allí, en silencio, bien
cerca del hombre al que ha consagrado su
vida.
Entonces
Raúl, intentando relajar un poco la
tensión del momento, le comentó que
había visto unas fotos de su estancia en
Angola: "Estás igualito", jaraneó.
Luego, como en ráfaga, le preguntó:
"¿Hacías ejercicios? ¿Qué edad
cumpliste?". Y Fernando responde ágil,
le pone la mano en el hombro, lo vuelve
a abrazar, parece que no se lo cree.
Pero sí, está en la Patria y el General
de Ejército sigue allí, dándole, en
nombre de su pueblo, toda la alegría
merecida.
Después,
juntos, fueron al encuentro con los
miembros del Buró Político del Comité
Central del Partido Comunista de Cuba.
"Aquí les traigo al segundo", anunció
Raúl. Otra vez los abrazos infinitos y
la broma del Presidente: "No me le den
muy duro por la espalda que le faltan
millones de abrazos". Y enseguida
pregunta a Magali cómo fue el
reencuentro. "Indescriptible, nos
parecía que estábamos soñando", le
aseguró la madre que por tanto tiempo
había añorado este momento.
Fernando
pide la palabra, quiere agradecer: "es
tremendo el esfuerzo que se hace por
nosotros, lo digo a título personal,
pero estoy convencido de que transmito
el parecer de los tres compañeros que
quedan allá, que en definitiva, somos de
un solo pensamiento… siempre estuvimos
convencidos de que ese esfuerzo
cotidiano va a estar ahí hasta que todos
y cada uno de nosotros estemos de
regreso adonde pertenecemos".
Quienes
estamos agradecidos somos nosotros y
todo el pueblo de Cuba, le acotó Raúl.
"Especialmente por esa firmeza que
durante tantos años ha demostrado lo que
es la juventud formada por la
Revolución. Lo que han hecho ustedes es
una verdadera proeza, un verdadero
esfuerzo."
Mientras,
el resto de la familia de "Fernan", como
cariñosamente lo llaman, está ansioso.
Hasta que la puerta se abre y ahí está
él. Las hermanas se lanzan a su cuello,
le dicen "¡mi chiquitico!", "¡tan
lindo!", quizá como en los tiempos en
que eran más jóvenes. Lloran todos
juntos y alguien comenta "¡ahora sí,
estos son los abrazos que valen, no los
de la prisión!".
Al grupo
se une René. De nuevo la emoción alcanza
límites indescriptibles, de nuevo otro
efusivo abrazo, porque estos dos hombres
son grandes, la Patria los ha unido para
siempre, y la alegría de uno también es
la de los Cinco.
En el
centro de todos está Fernando,
sonriendo, dando ánimos a los familiares
de sus otros hermanos de causa, que hace
tiempo también lo son suyos. A Mirta, la
madre de Tony, le dice que no se
preocupe "que a los tres mosqueteros los
vamos a traer pronto, para eso estamos";
a Adriana, el bonsái de Gerardo, le
comenta que "su esposo está campeón"; a
Ricardo Alarcón le da las gracias, "por
el esfuerzo que ha hecho". Así,
sucesivamente, va dejando para todos una
frase de alivio.
Y como si
a esa hora del mediodía las emociones no
fueran muchas, ahí estaba Tony al
teléfono. No sabemos lo que desde el
otro lado de la línea se dice, pero
Fernando ríe, le pregunta cómo está, y
como si lo dudara aún le dice: "¿viste?
se cumplió, y se va a cumplir para ti
también, esa es la función que tenemos
ahora con René, que lo tengo al lado".
Salimos
de la sala. El respeto a la intimidad de
estos hombres obliga entonces a esperar
del otro lado de la puerta. Se escuchan
risas. La familia tiene unos instantes a
solas, lo necesitan después de tanto
tiempo y es justo que así sea. Luego de
quince años, cinco meses y quince días
Fernando ha vuelto.