La verdadera felicidad
Por Nyliam Vázquez García
Foto: Roberto Suárez
Las primeras palabras de Fernando nos
mostraron al hombre del que se ha
hablado. Aunque ya no se parece tanto al
de los carteles —15 años es demasiado
tiempo—, la nobleza está intacta y cada
palabra suya lo dejó aún más cerca del
alma nacional
[28.02.2014]-
Actualización 4:00 pm de Cuba
Primero
fueron los abrazos urgentes. El de Rosa
Aurora Freijanes, su esposa, el que lo
estrechó a su madre, quien lo miró en un
instante eterno y creí adivinar que le
decía a su Fernando: ¡Al fin, mijo!...
Luego, fue abrazado por el Presidente
Raúl Castro, por otros miembros del Buró
Político, sus familiares más cercanos,
los de sus hermanos aún presos y por
René. No sé cuántos abrazos habrá
recibido Fernando y los que faltan, pero
él tenía cosas que decir en medio de la
verdadera sensación de libertad.
Las
primeras palabras de Fernando González
Llort fueron para agradecer, para hablar
de felicidad a medias, para elevar a
esos hombres, sus hermanos que faltan y
que son, según confesó: «fuente de
energía constante».
A
Gerardo, Ramón y Tony agradeció primero
Fernando, con su camisa azul cielo, como
si con ella quisiera imitar las
transparencias de los ojos de su amada,
como si afuera con su llegada, el gris
se hubiera iluminado. Habló con la
prensa y no dejaba de mover sus manos,
blanquísimas, y en cada gesto había
mucho de un aplomo extraordinario, de
una necesidad de expresar ideas, tan
urgentes como los abrazos.
Detrás, como custodiando su presencia,
como para estar seguros de que era
cierto, los suyos y algunos de los seres
queridos de los Cinco, la familia grande
que clama por el regreso a casa de
todos. Nada más coherente en la línea de
pensamiento de estos hombres —que nunca
han debido consultarse a pesar de todos
los encierros para ser uno solo—, que el
estar siempre primero preocupados por
los otros.
Por
eso, cuando el hombre de la camisa azul,
de hablar pausado, menciona a Gerardo,
Adriana, la esposa de ese otro grande,
baja la cabeza y pareciera que no puede
con la emoción, y Elizabeth, la esposa
de Ramón, sonríe ante la certeza de la
hermandad.
«Cuando todavía no existía movimiento de
solidaridad, verlos a ellos y compartir
con ellos en los momentos difíciles, fue
siempre una fuente de energía para
nosotros en la lucha y, por lo tanto, mi
primer agradecimiento es para ellos».
Y
después de sus hermanos, incluido René,
quien estaba allí, el siguiente
agradecimiento fue para el pueblo de
Cuba «… a todos nuestros compatriotas
que durante tantos años nos han
acompañado en esta lucha y nos van a
seguir acompañando. Estoy seguro de que
nos van a seguir acompañando hasta que
Gerardo, Ramón y Tony estén de regreso»,
dijo.
Entre
luces, micrófonos y grabadoras, Fernando
continuó hablando sereno. Llevaba una
delgada línea húmeda a la orilla de los
ojos, porque antes seguro alguna lágrima
se había escapado. Pero allí, ante lo
que debía decir, esa fue otra huella del
torrente de emociones que lo recorrían.
«Yo
salí de la prisión y me estaban
esperando un grupo de personas de
inmigración que me retuvieron, me
arrestaron; yo no experimenté la salida
de la prisión como la salida hacia la
libertad, yo experimenté la libertad
cuando me bajé de la escalerita del
avión, porque incluso hasta ese momento
estaba esposado en el avión y las
esposas me las quitaron en el momento en
que el avión tocó tierra», contó como
parte del anecdotario de la vida que
fue. El avión estuvo en tierra cubana a
las 12:04 p.m. del viernes 28 de febrero
de este 2014.
Por la
naturaleza misma de estos hijos de Cuba
no podían faltar las disculpas. Tantas
cartas, escudo protector en las
distintas prisiones, y que ellos
humanamente no pueden responder, son
motivo de orgullo y la causa de que en
este primer diálogo, Fernando le pidiera
disculpas a tantos que escribieron y no
pudieron tener una respuesta personal a
su misiva.
«Pero
todas esas cartas, en especial las de
los niños y jóvenes, fueron siempre un
estímulo tremendo, un estímulo para
enfrentar cualquier situación», y con
esa frase, la certeza de la utilidad de
cada línea que llega a las prisiones
donde ellos nunca debieron, ni debieran
estar.
Fernando también agradeció a las
autoridades, a los compañeros y
compañeras que han llevado adelante la
campaña para el regreso, al Ministerio
de Relaciones Exteriores y a la Sección
de Intereses de Cuba en Washington, que
tanto hicieron porque su regreso fuera
«lo más expedito y natural posible». A
la prensa, por divulgar la verdad del
caso.
«… Hay
mucho por hacer todavía, todos lo
sabemos y todos están en la mejor
disposición de hacerlo, no me cabe la
menor duda de eso», fue el
reconocimiento y el exhorto.
Cuando
quisimos saber del encuentro con Raúl,
Fernando, un héroe de estos tiempos,
habló de honor y compromiso.
«… Que
el compañero General de Ejército Raúl se
haya tomado el trabajo de venir hasta
acá a recibirme y a saludarme es un
gesto que agradezco, que me llena de
gratitud, que me compromete a la vez en
la lucha por el regreso de mis
hermanos», expresó mirando siempre fijo,
en una búsqueda constante de los ojos de
sus interlocutores, agrupados en un
salón de protocolo de la Terminal 1 del
Aeropuerto Internacional José Martí, en
La Habana.
Tenía
razón Gerardo en su mensaje, Fernando se
ve gigante. Tenía razón Magali, la
madre, al augurar latidos del corazón a
mil, o Rosa Aurora, quien supo desde el
principio que no se despegaría de él, y
fue hermoso verla de la mano de su
esposo. También tenía razón Homero Saker,
su amigo, quien dijo que Fernando era de
pocas palabras, pero «siempre decía lo
que es».
El
hombre de la camisa azul cielo, el de la
emoción contenida, el que tengo tan
cerca que podría tocar, me habla de
felicidad y es el sentimiento que más se
parece al que recorre las arterias más
profundas de esta tierra. Sin embargo,
él mismo habla de esencias.
«Es
una felicidad que es difícil de
describir, estar aquí en Cuba, estar
aquí con la familia, es una felicidad
que es inmensa y a la vez le falta un
pedazo, el pedazo que queda reservado
para que en este mismo lugar estén
Ramón, Gerardo y Tony, entonces la
felicidad completa».
En ese
punto, los Cinco no dejan otra opción y
habrá que seguir luchando para que la
felicidad de quienes ya están aquí
—después de haber cumplido íntegramente
sus sentencias— sea completa; para que
la misma luz de los familiares de
Fernando llegue a los hogares que
faltan, que siguen a la espera de un
instante como este que ha estremecido a
Cuba.
«Entonces será la verdadera felicidad».
Lo dijo Fernando. Es cierto.