Las
limitaciones de los programas
antipobreza
Por Vicenç Navarro - Público.es
[22.02.2014]-
Actualización 11:00 am de Cuba
La
evidencia de que la aplicación de las
políticas neoliberales conduce a un
crecimiento de las desigualdades y de la
pobreza así como a un aumento del
endeudamiento de la población y el
consiguiente aumento del sector bancario
es enorme. Las experiencias en
Latinoamérica (donde estas políticas se
llevaron a cabo con toda intensidad a
finales del siglo XX) y en la Unión
Europea (donde se han estado aplicando
durante las dos últimas décadas)
muestran claramente esta realidad. Las
desigualdades, tanto en Latinoamérica
entonces como en la Unión Europea ahora,
crecieron enormemente, como también lo
hizo la pobreza, así como el sector
financiero.
Mientras
que mucho se ha escrito sobre esta
situación en la UE, poco se conoce de
las consecuencias del neoliberalismo en
América Latina, lo cual es preocupante,
pues mucho de lo que está ocurriendo
ahora en la UE ocurrió antes en
Latinoamérica. Y de ahí la especial
relevancia de estudiar la experiencia
latinoamericana. Una de estas
experiencias que merece especial
atención es la respuesta de los partidos
de centroizquierda e izquierda al
problema del aumento de la pobreza que
ocurrió predominantemente en el periodo
neoliberal. Antes de expandir este tema,
es importante hacer dos observaciones.
Una es que Latinoamérica es un
continente muy distinto a Europa. Y
otra, que tanto Latinoamérica como
Europa son continentes con una enorme
variedad de países, lo cual dificulta
poder hablar de experiencias
latinoamericanas sin añadir
inmediatamente los diferentes matices
que existen entre los distintos países
que componen aquel continente.
El caso
de Latinoamérica
Dicho
esto, permítanme que hable de la
situación social, enfatizando algunos
elementos que aquellas experiencias
tienen en común. Y uno de ellos es el
elevado nivel de las desigualdades
existentes en la gran mayoría de
aquellos países, nivel que se acentuó
todavía más durante la época neoliberal,
y ello como resultado de la aplicación
de políticas públicas neoliberales
encaminadas precisamente a aumentar las
desigualdades y que crearon, como
consecuencia, el enorme crecimiento de
la pobreza. Veamos los datos.
Mírese
como se mire, y escójase el indicador
que se escoja, todos los indicadores
señalan a Latinoamérica como uno de los
continentes con mayores desigualdades
hoy en el mundo. Y entre ellos, Brasil
alcanza su máximo nivel. Su índice de
Gini (el indicador más común que se
utiliza para medir la desigualdad) es
uno de los más altos del mundo, 0,529 en
2011. A mayor el número, mayor es el
nivel de desigualdades de un país (yendo
de 0 a 1).
Decir que
un país es muy desigual nos permite ya
predecir qué otros indicadores estarán
presentes. Alta desigualdad quiere decir
gran concentración de la riqueza, lo
cual quiere decir gran influencia
política de los más ricos sobre el
Estado y la vida política, lo cual
quiere decir políticas fiscales muy poco
progresivas y muy regresivas, lo cual
quiere decir unos ingresos al Estado muy
pobres. Esto es lo que pasa en España
(incluyendo Catalunya), y en mucho mayor
tamaño y dimensiones es también lo que
pasa en Brasil y en la mayoría de países
de América Latina. Los ingresos al
Estado que derivan de la imposición
directa (es decir, de los impuestos
sobre las rentas) representan solo el
19% de todos los ingresos al Estado en
Brasil, un porcentaje mucho menor que el
que existe en el promedio de los países
de la OCDE por impuestos directos (33%).
Esta es una de las causas que los
Estados sean tan pobres.
Los
ingresos al Estado, sin embargo, pueden
incrementarse o disminuir sin que hayan
cambios significativos en las políticas
fiscales. Y ello como consecuencia del
estado de la economía. Por ejemplo, si
la economía crece mucho, aumenta con
ello el consumo, y con ello los ingresos
al Estado que se basan en el consumo,
tal como ocurrió en España en la época
del boom inmobiliario. Y esto es lo que
también ocurrió en América Latina cuando
hubo un boom resultado del aumento de
los precios de los productos que
exportaban. En realidad, la situación es
incluso más acentuada en América Latina.
En Brasil, por ejemplo, los impuestos
indirectos -impuestos sobre el consumo-
representan el 49% de todos los
impuestos, un porcentaje mayor que el
promedio de la OCDE, 34%.
Qué
hicieron los partidos de izquierda ante
la pobreza
El
fracaso de las políticas neoliberales
explica la sustitución de los partidos
gobernantes que impusieron tales
políticas por partidos de
centroizquierda e izquierda en la gran
mayoría de países de América Latina (a
partir de los años noventa). Y los datos
muestran las consecuencias de este
cambio. Según la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina y el
Caribe) el gasto público social pasó de
ser de $318 per cápita en 1990 a $819 en
2008 (en dólares constantes) en el
promedio de Latinoamérica. Y si miramos
el gasto público social como porcentaje
de todo el gasto público, vemos que
subió, durante el mismo periodo, de un
45% a un 63%. Este es un indicador de la
sensibilidad social de las izquierdas.
Ahora
bien, lo que también caracteriza las
respuestas de las izquierdas al enorme
crecimiento de las desigualdades
(resultado de las políticas
neoliberales) ha sido el gran predominio
de los programas antipobreza en sus
políticas públicas, programas que se
basan en transferencias públicas a
distintos grupos poblacionales, sujetas
a condiciones y exigencias a los
beneficiarios según el programa. En
definitiva, son programas antipobreza
orientados a disminuir la pobreza, bien
mediante la transferencia de fondos,
bien ofreciendo crédito o cheques a las
familias (por lo general, gestionados
por la madre o esposa de la familia),
garantizando un mínimo de rentas. En
realidad, el gasto en estos programas
antipobreza como porcentaje del PIB
creció mucho más rápidamente (3,5%
durante el periodo 1990-2008) que el que
iba a los servicios público del Estado
del Bienestar tales como sanidad,
educación, vivienda o saneamiento, entre
otros. Así, en sanidad creció solo un
1%, y en vivienda solo un 0,4%.
Resultado de ello, el gasto público
social antipobreza (programas de
transferencia de dinero a las
poblaciones pobres) pasó a representar
más del 50% de todo el incremento del
gasto público social entre 1990 y 2008.
Esta situación llevó a ciertas
situaciones contradictorias (como bien
señala Lena Lavinas en su excelente
artículo "21st Century Welfare" en New
Left Review, Nov/Dic 2013, del cual
extraigo la mayoría de datos que
presento en este artículo), tales como
que algunas transferencias públicas a
las familias se hacen condicionadas a
que las familias envíen sus niños a las
escuelas o centros de salud públicos
cuando, en realidad, no existen tales
centros o escuelas en los lugares donde
residen estas familias.
¿Han sido
estos programas exitosos?
La
respuesta a esta pregunta no puede ser
un simple sí o no. La pobreza ha
disminuido en la mayoría de estos
países. Ahora bien, lo que parece
evidente, a partir de la evidencia
existente, es que, excepto en el caso de
la pobreza extrema, en la pobreza en
general su impacto reductivo ha sido
limitado. Otros factores han jugado un
papel mucho mayor en esta reducción de
la pobreza. En uno de los estudios más
detallados y rigurosos sobre las causas
de la disminución de la pobreza en
Brasil, llevado a cabo por el Instituto
Brasileño de Geografía y Estadística
IBGE (citado por Lavinas), se documenta
que las principales causas del descenso
de la pobreza en Brasil desde 2001, han
sido (1) el crecimiento del empleo y de
los salarios como consecuencia del
aumento del crecimiento económico, (2)
el aumento del salario mínimo, que se
incrementó un 94% en el periodo
2001-2012, y muy en tercer lugar (3) los
programas antipobreza. El mayor impacto
de este último tipo de programas ha sido
entre la pobreza extrema, pero entre la
pobreza en general ha sido muy limitado.
Por otra
parte, la prioridad dada a los programas
de transferencias públicas para reducir
la pobreza se hizo en varios países a
costa de mantener (e incluso acentuar)
la pobreza de los servicios públicos del
Estado del Bienestar, tales como sanidad
y educación. Así, en Brasil el gasto
público sanitario (de los más bajos en
América Latina) pasó de representar un
13% de todo el gasto público en 2001 a
un 11% en 2010 (el gasto público
sanitario del gobierno federal
representa solo un 0,8% del PIB).
Lavinas critica que mientras el consumo
de móviles, ordenadores y lavadoras ha
crecido exponencialmente, el acceso de
la población al agua potable o a
servicios de saneamiento apenas ha
mejorado. Una consecuencia de este
empobrecimiento de los servicios
públicos ha sido el notable aumento de
los servicios privados, con un
crecimiento muy notable de los seguros
sanitarios privados y un aumento del
crédito para financiarlos (con el
consiguiente aumento del sector
financiero).
La escasa
prioridad dada por los partidos de
izquierda a las políticas públicas
redistributivas y a las reformas
fiscales que permitan, además de unos
mayores ingresos al Estado, conseguir
mayores efectos redistributivos, ha
imposibilitado el establecimiento de
programas universales, es decir,
servicios públicos de sanidad y
educación públicas, por ejemplo, para
toda la ciudadanía. Estos programas,
junto con programas de creación de
empleo y altos salarios, tienen mayor
aprobación popular, mayor impacto
reductor de la pobreza y mayor impacto
redistributivo que programas de apoyo a
sectores vulnerables a través de
programas de transferencia de dinero a
los pobres, tal como hemos demostrado
Walter Korpi, Joakim Palme y Vicenç
Navarro, entre otros. Estos últimos
tienen un impacto menor en reducir la
pobreza y en disminuir las
desigualdades. La evidencia de ello en
Latinoamérica y en Europa es robusta y
convincente. Mientras que la pobreza
extrema ha disminuido, las desigualdades
permanecen muy elevadas y los servicios
públicos permanecen subfinanciados. Los
países que tienen menos pobreza, como
los países nórdicos de Europa, han
alcanzado este resultado a través de los
primeros, y no a través de los segundos
tipos de intervenciones. El enorme
crecimiento de las desigualdades y de la
pobreza en España (incluyendo Catalunya)
no se resolverá mediante transferencia
de fondos a las poblaciones pobres para
mantener un nivel (generalmente muy
mínimo) de renta, sino a través de
políticas macroeconómicas de creación de
empleo y subida de salarios (con un
aumento considerable del salario mínimo,
entre otras intervenciones) y políticas
sociales de carácter universal, con
corrección del enorme déficit social que
existe en España (incluyendo Catalunya).
(Tomado
de Rebelión.org)