Las consecuencias de la
alemanización de la UE
Por Vicenç Navarro - Público.es
[14.03.2014]-
Actualización 10:00 pm de Cuba
Una
postura ampliamente generalizada en los
círculos económicos de mayor prominencia
en la Unión Europea es que para salir de
la Gran Recesión hay que adoptar medidas
parecidas a las que los gobiernos
alemanes han estado aplicando (a partir
de las reformas iniciadas por el
canciller Schröder y continuadas por las
de los gobiernos dirigidos por la Sra.
Merkel) en su país. La extensión de esta
postura se debe a la gran influencia que
el gobierno alemán tiene en las
instituciones que gobiernan la Unión
Europea, así como en los países miembros
de dicha colectividad.
¿Por qué el modelo alemán se presenta
como el modelo?
La
evidencia que se aporta para apoyar la
ejemplaridad del modelo alemán es lo
ocurrido en Alemania en la primera
década del S.XXI, que se atribuye a la
aplicación de las medidas conocidas como
las reformas Hertz. Se subraya que
Alemania pasó de ser el "sick man of
Europe" (el enfermo de Europa) a finales
de la década de los años noventa y
principios de los años dos mil (con una
tasa de crecimiento económico de solo un
1,2% del PIB por año y un desempleo de
un 11%), a convertirse en la estrella y
punto de referencia europeo, con un
desempleo del 7,7% en 2010 -habiéndose
reducido el desempleo de 5 millones en
2005 a 3 millones en 2008-. Y lo que se
considera más exitoso es que durante la
Gran Recesión (2008-2009), y a pesar del
gran declive de su PIB, el desempleo
apenas varió, en contraste con la gran
mayoría de los países de la Unión
Europea. Ello se interpreta como
resultado de la desregulación del
mercado de trabajo y la reducción
salarial que caracterizaron a las
reformas Hertz realizadas durante los
gobiernos Schröder y más tarde Merkel,
reformas todas ellas encaminadas a
incrementar la competitividad de su
economía.
Alemania se presenta así como el gran
éxito que tiene que ser emulado por
todos los otros países de la UE.
Alemania, la cuarta potencia económica
mundial, atribuye su éxito al elevado
nivel de competitividad, que le
garantiza unas elevadas exportaciones
(el 7,7% de todas las exportaciones del
mundo) basadas en su alta productividad,
resultado, en gran parte -según los
defensores del modelo alemán-, de su
moderación salarial en relación con el
nivel de productividad del país, que es
la manera amable de definir el
estancamiento salarial, cuando no
descenso. De esta lectura del milagro
alemán se concluye la necesidad de lo
que se llama la devaluación doméstica,
que es, en otras palabras, la necesidad
de bajar los salarios para aumentar la
productividad, tal como han hecho los
alemanes, y poder así competir con
Alemania, saliendo así de la crisis.
Hasta aquí el dogma. Y como todo dogma,
se reproduce a base de fe en lugar de
evidencia científica.
Los
datos no avalan lo que dicen los
defensores del modelo alemán
Hay ya
numerosos estudios que muestran la falta
de credibilidad de esta postura,
estudios, por lo visto, desconocidos en
nuestro país, donde el dogma ha
alcanzado mayor intensidad, debido, en
gran parte, a la gran derechización de
los medios de información y persuasión.
Veamos
los datos (un artículo especialmente
interesante es el de Christian Dustmann,
Bernd Fitzenberger, Uta Schönberg y
Alexandra Spitz-Oener "From Sick Man of
Europe to Economic Superstar: Germany's
Resurgent Economy". Journal of Economic
Perspectives. Vol 28. N. 1. Winter 2014,
167-188, del cual extraigo la mayoría de
datos).
Y
comencemos por aclarar que el sistema de
gobernanza -es decir, las reglas,
conductas y comportamientos de los
agentes sociales, es decir, empresarios
y sindicatos- es en Alemania muy, pero
que muy diferente, del español. Los
sindicatos son mucho, mucho más fuertes
y los trabajadores en las empresas
tienen mucho más poder de decisión en el
gobierno de éstas que en España (y en la
gran mayoría de países de la UE). El
sistema de cogestión -en el que los
trabajadores participan en la gestión de
las empresas- es un modelo prácticamente
desconocido en España (excepto en las
empresas del sector cooperativista),
profundamente opuesto por la gran
patronal. En Alemania, el 92% de todos
los empleados y trabajadores en empresas
que tienen más de 50 trabajadores están
integrados dentro de sistemas de
cogestión, es decir, que los
representantes directos de los
trabajadores participan en la gestión de
las empresas (el 18% de las empresas con
un número de empleados menor de 50
tienen también cogestión).
Esta
situación coloca a la clase trabajadora
en una posición de gran influencia en
las empresas, y es clave para entender
el bajo desempleo en Alemania, pues
forzaron que en lugar de despidos (la
típica solución en España) hubiera una
redistribución de las horas trabajadas
de manera que cada trabajador trabajara
menos horas para así mantener los mismos
puestos de trabajo. Esta elevada
(forzada) colaboración entre empresario
y trabajador explica también la mucho
menor conflictividad laboral. En
Alemania hay solo 5 días al año perdidos
por cada 1.000 trabajadores en huelgas y
otros conflictos, comparados con los 32
días en EEUU, los 30 días en el Reino
Unido, los 73 en Francia, los 158 en
Italia, y los 164 en Canadá. Esta
situación de colaboración y cogestión es
impensable en España. Ni que decir tiene
que cuando en España se habla de
alemanizar el mercado de trabajo, se
piensa única y exclusivamente en reducir
salarios, y no en aplicar lo cogestión.
Los
salarios en el sector exportador son
altos
Lo
cual me lleva a la segunda aclaración:
en contra de lo que se dice o escribe,
los salarios en el sector exportador, el
supuesto eje del modelo alemán, no han
ni disminuido ni han permanecido
estables. Todo lo contrario, han
crecido. Ahora bien, han crecido menos
de lo que hubieran podido crecer como
resultado del aumento de la
productividad, lo cual explica que los
costes laborales unitarios (los "unit
labor costs") hayan permanecido casi
constantes. El punto que debe
contestarse, pues, es por qué ha crecido
tanto la productividad y la
competitividad alemana, tanto en
términos absolutos como en términos
comparados con otros países tanto de
dentro de la eurozona (como Francia,
Italia o España) como de fuera (como
EEUU). Y la respuesta tiene muy, pero
que muy poco que ver con las famosas
reformas Hertz.
De
nuevo, veamos los datos. Y para ello hay
que remontarse al inicio de la nueva y
unida Alemania, y al establecimiento del
euro. Primero la unidad de Alemania, uno
de los fenómenos políticos y económicos
más importantes de la historia europea
reciente. La caída del muro de Berlín
significó un cambio muy importante en
las relaciones laborales de Alemania,
pues permitió la entrada en el mercado
laboral de un número ingente de
trabajadores altamente formados (los
regímenes comunistas del este de Europa,
incluida la Alemania del Este, habían
priorizado la formación profesional) y
con salarios mucho más bajos que los
existentes en la Alemania occidental. Es
más, la caída del muro de Berlín
coincidió con la disgregación de la
Unión Soviética y la apertura al Oeste,
y muy en particular a Alemania. Ello
significó la expansión del comercio
alemán al Este y la expansión de la
producción también al Este. La
manufactura, por ejemplo, se expandió al
Este, con la subcontratación de partes
de la maquinaria producida en el Oeste a
países del este de Europa. En este
sentido, la caída de la Unión Soviética
significó una gran bonanza para la
economía alemana.
De
esta manera se transformó la manufactura
alemana, de modo que el centro de la
manufactura permaneció en Alemania (con
elevados salarios) pero partes de la
producción se trasladaron al este de
Europa. Esta deslocalización y
descentralización ha jugado un papel
clave en el supuesto "milagro alemán"
(el 21% de la manufactura alemana se
hace en países del este de Europa). Esta
deslocalización no ha impactado
primordialmente en el centro de la
manufactura (aun cuando ha sido
responsable de lo que se define como
moderación, es decir, de un crecimiento
salarial menor del que correspondería
por el crecimiento de la productividad),
pero sí que lo ha hecho en la industria
subalterna y dependiente de la
manufacturera (empresas más pequeñas que
producen partes para la manufactura),
donde el descenso salarial ha sido
masivo, un descenso que ha afectado a
todos los sectores de la economía,
creando un sector de salarios muy bajos
(minijobs), que abarca casi una tercera
parte de la fuerza laboral, donde las
condiciones de trabajo se han
deteriorado enormemente. De ahí la
propuesta del Partido Socialdemócrata
alemán de establecer un salario mínimo
para parar este descenso salarial tan
marcado.
Estos
hechos explican la enorme polarización
del mercado de trabajo alemán, con un
considerable deterioro de las
condiciones de vida y trabajo de un
sector muy importante de la población.
Otra consecuencia de esta
deslocalización ha sido el
debilitamiento de los sindicatos, máximo
objetivo de las reformas Hertz,
permitiendo y facilitando la
descentralización de los convenios
colectivos, en la que la negociación se
centra menos a nivel nacional y en el
sector económico, y más en las propias
empresas a través de la cogestión. Y es
ahí donde los límites de la cogestión
aparecen, pues el peso negociador del
mundo del trabajo, aunque pactado, tiene
menos capacidad de influencia.
La
exportación a España de este sistema
implica la descentralización de los
convenios colectivos, con un enorme
debilitamiento de los sindicatos, sin
que este debilitamiento sea compensado
por los sistemas de cogestión que
continúan existiendo en Alemania. Es
más, el debilitamiento de los sindicatos
implica una total ausencia de protección
para todos los trabajadores, tanto los
que están integrados en los sistemas de
cogestión como los que no.
El
modelo alemán se beneficia a costa de la
debilidad de los países periféricos de
la eurozona
La
disminución de los salarios, punto
central de lo que se percibe
(erróneamente) en España como la
condición para salir de la crisis, es de
escaso valor para reavivar la economía.
En realidad la empeora, pues contribuye
a aumentar la falta de demanda, que es
la raíz de la falta de recuperación.
Creer que la bajada de salarios es una
condición para salir de la crisis es
asumir que el problema de la economía
española es un inexistente alto nivel
salarial. En realidad, los salarios en
España están entre los más bajos de la
Unión Europea.
Es
más, España no tiene un problema con las
exportaciones, pues estas no solo se han
mantenido, sino que han aumentado
durante la Gran Recesión. Es más, el
precio de los productos depende, en
parte, de los costes de producción, así
como de la distribución de las rentas
generadas en el proceso de producción,
distribución entre el factor capital y
el factor trabajo. En otras palabras, el
precio depende de la distribución de las
rentas entre el propietario y gestor, y
el trabajador. En España, el problema es
que esta distribución ha beneficiado
sistemáticamente a las rentas del
capital, lo que ha requerido un descenso
de las rentas del trabajo.
El
euro actúa como obstáculo a la
recuperación económica, pues la
competitividad que se desea, mediante la
reducción de precios, no puede
realizarse a través de una devaluación
de la moneda, al compartir todos el
euro. Esta situación beneficia
considerablemente a Alemania, pues parte
de su éxito exportador se basa en su
ventaja competitiva, resultado de los
factores indicados en el texto. La
europeización y alemanización de la
Unión Europea ha supuesto la
polarización de Europa, estableciéndose
una ventaja diferencial centro-periferia
que es imposible remontar. De ahí que
los que están recomendando que se siga
el modelo alemán están, en realidad,
contribuyendo a mejorar la situación de
la economía alemana a costa de la
economía de los demás. Así de claro.
http://blogs.publico.es/dominiopublico/9348/las-consecuencias-de-la-alemanizacion-de-la-ue/
(Tomado de Rebelion.org)