Ucrania,
la desestabilización y el factor
económico
Por José Luis Rodríguez
La
verdadera raíz de los conflictos
actuales se remonta a las consecuencias
económicas del derrumbe de la URSS y a
la transición a un capitalismo
neoliberal, que está en la base de los
problemas que enfrenta Ucrania
actualmente
[08.03.2014]-
Actualización 10:00 pm de Cuba
Ucrania
se ha convertido en polígono de lucha
entre grupos de poder que defienden
intereses que poco o nada tienen que ver
con las aspiraciones más legítimas del
pueblo ucraniano.
Más allá
de lo aparente, si se examina con
detenimiento la confrontación entre los
grupos que representan los intereses
económicos de Europa Occidental y
aquellos asociados más estrechamente con
la economía rusa, esta pugna ha derivado
en un golpe de estado a favor de los
primeros, que lograron movilizar el
descontento de una parte de la población
del país con fuerzas encabezadas por
partidos de ultraderecha y la activa
participación de bandas mercenarias de
ideología fascista.
Todo esto
ocurre en un contexto de históricas
tensiones nacionalistas subyacentes que
no pueden ignorarse, pero donde la
verdadera raíz de los conflictos
actuales se remonta a las consecuencias
económicas del derrumbe de la URSS y a
la transición a un capitalismo
neoliberal, que está en la base de los
problemas que enfrenta Ucrania
actualmente.
Efectivamente, en ese doloroso proceso
Ucrania fue uno de los países más
golpeados, registrando una caída del 65%
de su PIB entre 1989 y 1999, con un
crecimiento sistemático de la inflación,
que alcanzó un 36,5% anual entre 1995 y
el 2004. Luego de una efímera
recuperación, la economía fue impactada
por la crisis actual registrando una
caída del 14,8% del PIB en el año 2009,
la mayor contracción de toda la
Comunidad de Estados Independientes que
agrupa a 11 antiguos miembros de la
URSS.
Más
recientemente la economía solo ha
alcanzado crecer un 10,2% entre el 2010
y el 2013, no logrando recuperarse aún
del impacto de la crisis, además de
permanecer a niveles que aún no
recuperan los de 1989. Este deterioro ha
conllevado un fuerte desbalance
financiero externo, con saldos negativos
de cuenta corriente en torno al 8% del
PIB, a lo que se suman déficits
presupuestarios superiores al 4% desde
el 2012.
De tal
modo, el país ha sufrido un fuerte
proceso de endeudamiento y solamente en
los últimos cuatro años la deuda externa
creció más de 36,000 millones de
dólares, alcanzando en el 2013 140,000
millones, lo que representa alrededor
del 80% de su PIB.
Con la
aplicación de medidas de ajuste -que a
criterio del FMI y la Unión Europea (UE)
resultaban insuficientes- y habida
cuenta de su elevada vulnerabilidad
externa, los sucesivos gobiernos del
país han recibido fuertes presiones para
acelerar este proceso, que encontraron
eco en dirigentes más dóciles a los
dictados de Occidente. Esto llevó a la
llamada Revolución Naranja, que en el
2004 impugnó la victoria electoral de
Viktor Yanukóvich y logro imponer a la
favorita neoliberal Yulia Timoshenko,
que gobernó como primera ministra entre
el 2007 el 2010.
Precisamente durante ese período el FMI
otorgó al país un crédito por 16,500
millones de dólares. Sin embargo, con la
elección de Yanukóvich como presidente
en febrero del 2010, un nuevo préstamo
de 15,000 millones del propio organismo
fue congelado.
De otra
parte, Ucrania ha sido también muy
dependiente energéticamente, ya que
produce solamente un 25% del gas que
consume, siendo suministrado un 35% por
Rusia y un 40% por países de Asia
Central.
Rusia
igualmente ha presionado también país
durante años mediante las tarifas
energéticas, generándose una importante
deuda por este concepto. Igualmente en
fechas más recientes han existido
intensas gestiones para incorporar a
Ucrania a la Unión Aduanera que integran
Rusia, Kazajstán y Bielorrusia, con el
posible ingreso de Armenia este año.
En un
cálculo que trató de lograr la variante
más redituable para salvar la crisis,
durante el 2013 la administración de
Yanukóvich gestionó el posible ingreso
de Ucrania a un Acuerdo de Asociación
con la UE, para lo cual los socios
comunitarios estaban dispuestos a
compensar solamente con 1,000 millones
de dólares las posibles pérdidas del
país por su alejamiento del mercado
ruso, adonde iba a parar el 25% de las
exportaciones del país. Sin embargo ese
acuerdo suponía el libre comercio con la
UE lo que se traduciría en el
desplazamiento de los productos de
Ucrania dada su baja competitividad, con
las enormes pérdidas que
consecuentemente se registrarían.
La
decisión adoptada por el gobierno
ucraniano el 21 de noviembre pasado
rechazando ese acuerdo fue el factor que
desataría las protestas de los
interesados en el acercamiento a Europa,
lo que unido al estallido de otras
tensiones internas subyacentes, condujo
a la compleja situación actual.
Frente a
esta coyuntura, el 17 de diciembre el
gobierno ruso otorgó un crédito de
15,000 millones de dólares y la rebaja
del 33% en las tarifas del gas,
decisiones que fueron suspendidas con el
golpe de estado y que colocan a Ucrania
en una situación cercana al default
financiero actualmente.
Los
nuevos gobernantes que tomaron el poder
tras el golpe de estado, han referido
que el país requiere así una inyección
de 35,000 millones de dólares entre el
2014 y el 2015 para hacer frente a sus
obligaciones financieras. No obstante,
la respuesta de la UE y el FMI ha sido
muy cautelosa no avalando de momento esa
cifra y poniendo como condición que
cualquier financiamiento tendría que
cumplir con los programas de ajuste
propugnados durante años.
De este
modo la actual coyuntura económica se
describe por algunos economistas de
derecha como Anders Aslund, como la
supuesta oportunidad para poner en orden
la economía del país reduciendo gastos
sociales, eliminando subsidios,
congelando salarios, liberalizando
precios y abriendo el país a la
inversión extranjera, entre otras
medidas del recetario neoliberal.
Ciertamente ni el gobierno de Viktor
Yanukóvich, ni el de su predecesora
Yulia Timoshenko tuvieron éxito en
desarrollar los cambios estructurales
requeridos para que la economía
ucraniana pudiera crecer de manera
estable y recuperar siquiera el nivel
del PIB que tuvo en 1989.
Adicionalmente las sucesivas
administraciones que han gobernado el
país han sido impugnadas por acusaciones
de corrupción. En ese sentido la propia
Yulia Timoshenko resultó procesada y
encarcelada por manejo inapropiado de
los fondos públicos y también se ha
acusado a Víktor Yanukóvich por la
malversación de unos 12,000 millones de
dólares. Es así que Ucrania ocupa el
lugar 29º entre los países más corruptos
del mundo, según el Índice de Percepción
de la Corrupción que calcula la ONG
Transparency International.
Desde
otra perspectiva, la dirección adoptada
por el actual gobierno ucraniano está
enfilada claramente contra Rusia, no
solamente por lo que puede significar su
declarada voluntad de acercamiento a la
UE y a Estados Unidos, sino también por
el efecto que tiene sobre los
empresarios rusos. Al respecto, vale la
pena recordar que el grueso del gas que
Rusia exporta a Europa pasa por
gasoductos ucranianos y ya la
incertidumbre que comienza a abrirse
paso se refleja en las caídas en la
bolsa de las acciones de compañías como
GAZPROM.
Realmente
los acontecimientos por venir pueden
llevar a una confrontación que conduzca
a lo que algunos analistas han llamado
como la II Guerra Fría o incluso al
desmembramiento del país en medio de una
guerra civil.
Si estos
escenarios terribles llegaran a
materializarse, un observador imparcial
tendría que reconocer que fueron los
impactos de la aplicación de políticas
neoliberales en Ucrania por más de 20
años los que han creado las condiciones
de enorme vulnerabilidad externa que hoy
sufre el país y que se encuentran en los
orígenes de los acontecimientos
actuales, por más que la propaganda se
empeñe en no reconocerlo así.