[25.03.2014]-
Actualización 10:00 pm de Cuba
Estados Unidos se
encuentra aislado en el continente
americano sobre la cuestión venezolana
debido al apoyo que brinda al sector
golpista de la oposición, cuyas
violencias causaron la muerte de cerca
de 30 personas.
Desde el inicio del mes de febrero de
2014, los sectores de la extrema derecha
multiplican los actos criminales en
Venezuela con el objetivo de romper el
orden constitucional y derrocar al
presidente democráticamente electo
Nicolás Maduro. Las violencias causaron
la muerte de al menos 28 personas, entre
ellas varios miembros de las fuerzas del
orden. Tres líderes de la oposición
elaboraron el plan de acción en enero de
2014: Leopoldo López, presidente del
partido de extrema derecha Voluntad
Popular; María Corina Machado, diputada
de la Asamblea Nacional y Antonio
Ledezma, alcalde de Caracas. Los tres
llamaron públicamente a un golpe de
fuerza contra el Gobierno legítimo de la
República Bolivariana de Venezuela.[1]
Estados Unidos se ha opuesto desde el
inicio a Hugo Chávez y a la Revolución
Bolivariana a pesar de su carácter
democrático y pacífico.
Desde 1999, Washington brinda apoyo
político, diplomático, financiero y
mediático a la oposición venezolana. En
2002, George W. Bush había orquestado un
golpe de Estado contra el Presidente
Chávez con la complicidad de la
oligarquía venezolana, de una parte del
ejército y de los medios informativos
privados del país. Hoy, la
administración Obama apoya abiertamente
los intentos de desestabilización de la
democracia venezolana respaldando las
actividades de la extrema derecha.
El
Departamento de Estado defendió las
manifestaciones violentas en nombre de
"la libertad de expresión". Exigió a las
autoridades venezolanas que liberaran a
los responsables de esos actos,
"injustamente detenidos", a pesar de que
varios fueron arrestados con armas en
las manos. John Kerry, secretario de
Estado, incluso amenazó a Venezuela con
sanciones.[2]
No
obstante, Washington se encuentra
aislado en el continente americano. La
inmensa mayoría de los países de la
región condenaron las violencias que
orquestó la oposición y brindaron su
apoyo al Gobierno legítimo de Nicolás
Maduro. El 7 de marzo de 2014, la
Organización de Estados Americanos
(OEA), tradicionalmente conservadora y
alineada con Washington, que agrupa
todas las naciones del continente menos
Cuba, infligió una derrota a la
administración Obama. Una resolución,
que adoptaron todos los países con la
excepción de Estados Unidos, Canadá y
Panamá, expresó la "solidaridad" y el
"apoyo [de la OEA] a las instituciones
democráticas, al diálogo y a la paz en
la República Bolivariana de Venezuela".
En una alusión a la posición de
Washington, la OEA llamó al "respeto al
principio de no intervención en los
asuntos internos de los Estados" y
expresó su "su compromiso con la defensa
de la institucionalidad democrática y
del Estado de Derecho". También condenó
la actitud de la oposición expresando su
"su más enérgico rechazo a toda forma de
violencia e intolerancia". Finalmente la
Organización declaró su "pleno respaldo
y aliento a las iniciativas y los
esfuerzos del Gobierno democráticamente
electo de Venezuela y de todos los
sectores políticos, económicos y
sociales para que continúen avanzando en
el proceso de diálogo nacional".[3]
Por su parte, la Unión de Naciones
Suramericanas (Unasur), que agrupa los
12 países de la región, condenó "los
recientes actos de violencia".
"Cualquier demanda debe ser canalizada
de forma pacífica, por la vía
democrática, y respetando el Estado de
Derecho y sus instituciones", enfatizó.
También expresó su "solidaridad" con "el
pueblo y el Gobierno democráticamente
electo de esa nación" y decidió
"respaldar los esfuerzos del Gobierno de
la República Bolivariana de Venezuela
para propiciar un diálogo" con todos los
sectores de la sociedad. En una clara
alusión a Estados Unidos, la UNASUR
expresó su "preocupación ante cualquier
amenaza a la independencia y soberanía
de la República Bolivariana de
Venezuela".[4]
Michelle Bachelet, Presidenta de Chile,
quien acogió en Santiago la reunión de
la UNASUR, brindó su apoyo total a
Nicolás Maduro y condenó los intentos de
la oposición de romper el orden
constitucional. "No aceptaremos jamás
que nadie, ni persona ni país, incite a
través de mecanismos violentos, a
derrocar a un Presidente legítimamente
electo" afirmó, en una nueva alusión a
Estados Unidos. Según ella, los
conflictos deben resolverse mediante
"una vía de diálogo y de paz",
rechazando así las manifestaciones
violentas de la oposición.[5]
Cristina Fernández, la Presidenta de
Argentina, también expresó su rechazo a
los intentos golpistas y ofreció su
apoyo a "la democracia venezolana",
recordando que el actual poder sacaba su
legitimidad de los 18 procesos
electorales sobre 19 que ganó durante
los últimos 15 años. Llamó a la
oposición a no abandonar la vía
democrática enfatizando la posibilidad
de organizar un referéndum revocatorio
en 2016, de medio-mandato, que
permitiría convocar elecciones
presidenciales anticipadas en caso de
triunfo. "Venezuela es el único país del
mundo que tiene revocatorio, o por lo
menos de la región, donde al presidente
le ponen el derecho de revocatorio",
subrayó. Del mismo modo, no dejó de
denunciar los intentos de
desestabilización que orquesta Estados
Unidos y advirtió contra las
"intervenciones foráneas y extranjeras,
por lo que sería lamentable permitir que
vientos ajenos derrumben a un país
hermano como Venezuela".[6]Cristina
Fernández también denunció el "intento
de golpe suave que se quiere dar contra
la República Bolivariana de
Venezuela".[7]
Como durante la presidencia de Hugo
Chávez entre 1999 y 2013, Estados Unidos
no ha renunciado a acabar con la
Revolución Bolivariana democrática,
pacífica y social. Se opone al
Presidente Maduro y apoya a la oposición
golpista. Por su parte, los medios
informativos occidentales, principales
apoyos de este intento de
desestabilización, han tomado partido a
favor de los partidos de la ruptura del
orden constitucional y contra la
democracia venezolana.