Avanza el
Acuerdo Transatlántico: El ALCA a la
europea
Por Eduardo Lucita
Desde hace varios años se viene
discutiendo un acuerdo de libre comercio
entre la Unión Europea y los Estados
Unidos. Este acuerdo tiene los mismos
objetivos y, salvando las distancias,
contiene similares peligros a los que
tenía el ALCA para América latina.
[04-04.2014]-
Actualización 9:00 am de Cuba
El acuerdo de libre comercio entre la
Unión Europea y Estados Unidos tendrá
sus consecuencias con la liberalización
de la economía. Se fortalece el poder de
las corporaciones y se vulnera la
soberanía de los Estados. Ponerle coto
al avance de China.
Desde hace varios años se viene
discutiendo un acuerdo de libre comercio
entre la Unión Europea y los Estados
Unidos. Este acuerdo tiene los mismos
objetivos y, salvando las distancias,
contiene similares peligros a los que
tenía el ALCA para América latina.
Escenario
Conviene ubicarse en el escenario que se
abrió con la caída del Muro de Berlín y
la implosión de la URSS para
contextualizar este acuerdo.
Estos cambios políticos dieron nuevos
aires al neoliberalismo y pusieron fin a
la política de enfrentamiento entre
bloques. En ese contexto fue tomando
forma una nueva matriz de relaciones
internacionales en la que la apertura de
los mercados, la interdependencia
creciente y la conformación de bloques
económicos regionales son los
componentes determinantes de esta nueva
fase del capital que conocemos como
globalización.
Así las ventajas comparativas van siendo
reemplazadas por las competitivas y del
Estado Nacional del Bienestar se ha
pasado a lo que algunos autores llaman
el Estado Nacional de Competencia. En
ellos una política exportadora
permanente se convierte en una necesidad
para las naciones y adquiere cada vez
mayor importancia la competitividad en
el mercado mundial. Son los grandes
países y las corporaciones los
principales impulsoras de estos cambios
estructurales.
Fue en los inicios de la década de los
90 del siglo pasado que comenzaron a
rediscutirse las "bondades" del libre
comercio y a pensar acuerdos regionales
que tuvieran como centro la libertad de
movimientos de mercancías y capitales.
En 1994 nació el Tlcan (acuerdo de libre
comercio entre Estados Unidos, Canadá y
México, "Nafta" por sus siglas en
inglés) e inmediatamente se comenzó a
negociar el ALCA.
Por ese entonces también se creó la
Organización Mundial de Comercio (OMC)
la institución emergente de la hegemonía
neoliberal y comenzó a gestarse el
Acuerdo Transatlántico de Comercio e
Inversión (ATCI o TTIP según sus siglas
en inglés).
Nueva oleada de libre comercio
La caída del ALCA y el estancamiento de
las negociaciones en la OMC llevaron a
Estados Unidos a imponer acuerdos
bilaterales con varios países de América
latina y, con el aval de la Unión
Europea, a reflotar el proyecto
transatlántico, mientras que en paralelo
negocia un Acuerdo Transpacífico (TTP
por sus siglas en inglés).
A mediados del año pasado los estados
miembros de la Unión Europea instruyeron
a la Comunidad Económica para que
retomara las negociaciones, desde
entonces el dinamismo fue creciente. En
el segundo semestre del 2013 hubo tres
reuniones, con la característica -que
también tuvieron las fallidas
negociaciones por el ALCA- que son casi
secretas, no hay mayor información
pública ni transparencia en la
negociaciones, tampoco participación de
los partidos ni de las organizaciones de
la sociedad civil como sindicatos,
ecologistas o defensa de los
consumidores.
Dimensiones y contenidos
De concretarse el ATCI será el mayor
acuerdo comercial de la historia.
Abarcará a 800 millones de personas,
explicará cerca de la mitad del PBI
mundial y más del 30 por ciento del
comercio internacional.
El lema del ALCA era "igualdad de trato
y de acceso a los mercados" mientras que
para el ATCI es lograr "el más alto
nivel de liberalización". Sus contenidos
no nos son ajenos: rebaja de aranceles
hasta su eliminación; apertura de los
mercados de servicios e inversión; libre
acceso a las contrataciones públicas;
desregulación de mercados laborales
ambientales y sanitarios.
No obstante el punto determinante del
acuerdo es el establecimiento de
derechos jurídicos favorables a las
corporaciones. Derechos que aún no
lograron imponer en la OMC. Se trata del
capítulo sobre "protección de
inversiones", que replica el capítulo 11
del Tlcan, o el 15 en los frustrados
borradores del ALCA.
Por esta nueva estructura jurídica todo
inversor de un país miembro podrá
entablar juicio a los estados de los
países suscriptores del acuerdo por la
sanción de leyes protectoras o
reguladoras que afecten los costos de
producción y las condiciones de
prestación de sus servicios. Por lo
tanto de sus tasas de ganancias.
Se trata de una nueva relación
Estado/inversionistas que tiene
consecuencias políticas no menores. Se
fortalece el poder de las corporaciones
y se vulnera la soberanía de los
Estados, mientras que al poner el
interés de los inversionistas por sobre
el de los ciudadanos se vulnera la
soberanía popular, la de las
instituciones y la del propio régimen
democrático.
La dimensión geopolítica
Pero el acuerdo no solo tiene
implicancias ideológicas, políticas y
económicas, tiene también una dimensión
geopolítica. Se trata de trazar una raya
al avance y consolidación de China en el
escenario internacional, que va camino a
ser primera potencia económica, ya
desplazó a Estados Unidos del podio de
primera potencia comercial del mundo -es
el primer exportador y el segundo
importador- y avanza con sus inversiones
en Africa y América latina.
En este contexto es que también debe
analizarse en nuestra región la creación
de la Alianza del Pacífico integrada por
países (México, Colombia, Perú, Chile)
que tienen firmados Tratados de Libre
Comercio (TLC) con Estados Unidos, que
comparten la lógica económica del
neoliberalismo y que tienen las llaves
de futuras salidas exportadoras por el
Pacífico.
Imperialistas apurados
Se sabe que la administración del
presidente Barak Obama aspira a firmar
este tratado antes de que venza su
mandato, mientras que en su reciente
visita a los Estados Unidos el
presidente francés, Francois Hollande,
fue por demás explícito: "Ir rápido va a
ser lo mejor". ¿Por qué tanto apuro? El
propio Hollande lo aclaró "Sino, sabemos
que se van a acumular los miedos, las
tensiones, las amenazas, las
crispaciones". No es ocioso recordar
aquí que en los años 30 del siglo pasado
el socialista León Blum, por ese
entonces primer ministro del Frente
Popular aclaró sin ambigüedades que "los
socialistas somos el médico de cabecera
del capitalismo".
Sin tiempo que perder
Los ciudadanos europeos debieran
considerar que lo que está en discusión
es la equiparación de las condiciones de
concurrencia entre Estados Unidos y la
Unión Europea. Por lo tanto están en
juego las relaciones capital/trabajo
(salarios, condiciones laborales, nivel
de empleo); los restos del Estado del
Bienestar (recortes sociales); las
normativas para la comercialización de
bienes y servicios (regulaciones
ambientales y fitosanitarias) y hasta
ciertos aspectos de la propiedad
intelectual.
Tanto los contenidos explicitados más
arriba como estos riesgos estaban
incluidos en el proyecto ALCA. Llama la
atención que en los numerosos trabajos
críticos que circulan por Europa -o al
menos en los que este articulista tuvo
acceso-, no se tomaran en cuenta los
resultados del Tlcan para México
-pérdida de la soberanía alimentaria,
despoblamiento del campo, incremento de
los niveles de contaminación, juicios
contra los Estados miembros-, ni se
mencione la experiencia latinoamericana
en la derrota del ALCA. Esto significó
una amplia confluencia de los
movimientos sociales del continente que
culminó en el Movimiento No al ALCA, que
sostuvo la resistencia durante varios
años, combinada con la acción los
gobiernos de Argentina, Brasil y
Venezuela en la hoy histórica reunión de
Mar del Plata.
Visto desde el sur de la América latina,
la ciudadanía europea, los sindicatos
las organizaciones sociales no tienen
tiempo que perder.
Eduardo Lucita es integrante de EDI-Economistas
de Izquierda.
(Tomado de ARGENPRESS.info) |