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Ciencia,
tecnología y economía mundial:
persistencia de asimetrías y emergencia
de nuevos actores
Por Guillermo L. Andrés Alpízar -
Rebelión
Aunque en el contexto de la crisis
global se asiste a un afianzamiento de
los cambios globales que en cifras
gruesas determinan un mejor
posicionamiento de las economías del
Sur, estas transformaciones ocurren de
forma muy desigual, afianzando el
desarrollo asimétrico de la ciencia y la
tecnología por todo el orbe
[04-04.2014]-
Actualización 9:00 am de Cuba
Una mirada a la evolución más reciente
de los principales indicadores de
ciencia y tecnología a nivel global,
apunta a una reducción de la comúnmente
denominada "brecha" que separa a los
países del Norte de los países
periféricos. Al respecto las
estadísticas de la UNESCO aseveran que
si en 2002 los países subdesarrollados
ejecutaban el 17,5% del gasto mundial en
investigación y desarrollo (I+D) y
poseían el 30,6% de los científicos del
mundo, siete años más tarde invirtieron
el 27,1% y dispusieron del 36% del total
de los investigadores (UNESCO, 2013).
Sin embargo, ¿Quiere decir ello que se
asiste a un despegue real de la ciencia
en el Sur? En estos cambios, ¿qué rol
desempeñan las economías emergentes y en
particular, China?
Para responder a estas preguntas resulta
necesario comenzar analizando la
evolución de las inversiones globales en
ciencia y tecnología durante los últimos
años, donde se muestra un incremento
sostenido en los volúmenes de
financiamiento, los cuales a pesar de
ligeras desviaciones han acompañado el
crecimiento de la economía mundial. En
1992 los gastos mundiales en
investigación y desarrollo ascendieron a
428,5 mil millones de dólares (estos
datos se ofrecen en dólares de Estados
Unidos, en paridad de poder
adquisitivo). Quince años más tarde, ese
monto se elevó a 1,16 billones de
dólares y para 2009 -el último año
disponible con una cuantificación del
total mundial- estos fueron 1,28
billones. El incremento en los volúmenes
de financiamiento, implicó una ligera
disminución en la intensidad global de
las inversiones en ciencia y tecnología,
pues si en 1992 el total del Gasto Bruto
en Investigación y Desarrollo (GBID,)
representó el 1,8% del PIB mundial, en
2009 su participación fue del 1,77%
(UNESCO, 1996) (UNESCO, 2010) (UNESCO
2013).
Este último año, los países
desarrollados, donde reside el
aproximadamente el 20% de la población
mundial, ejecutaron el 72,9% del total
de gasto en I+D, mientras que en los
países subdesarrollados, con el 80% de
la población restante, esa participación
se limitó al 27,1% del GBID mundial.
Como promedio, los países
subdesarrollados destinaron a las
actividades de investigación y
desarrollo el 1,11% de su PIB (en el
caso de los Países Menos Avanzados fue
el 0,2%) mientras que los países
desarrollados la media fue del 2,32%
(UNESCO, 2010) (UNESCO, 2013).
Al examinar la distribución asimétrica
de los gastos en I+D, pueden
identificarse otros niveles de
estratificación, entre las diferentes
regiones o países. Estos contrastes se
ponen de relieve con especial énfasis
dentro del conjunto de países
subdesarrollados. Por ejemplo, en
América Latina, Brasil ejecuta el 70%
del gasto regional en I+D, y junto a
México y Chile esa proporción se eleva
al 90%, por lo que los treinta países
restantes solo ejecutan el 10%. En el
continente africano, Sudáfrica concentra
el 40% del exiguo GBID, mientras que al
resto de los países subsaharianos
realizan el 28,8%. En Asia el 78% del
GBID -excluyendo a Japón-, aparece en
las cuentas de China, Corea del Sur e
India. Si en dicho conjunto se incluye a
la nación nipona, el porcentaje se eleva
al 85% (UNESCO, 2013).
Este reconocimiento de los múltiples
niveles de asimetrías, ya sea entre
estados o regiones, aunque pueda
involucrar a países con similares
niveles de desarrollo, no puede pasar
por alto que en las asimetrías
Norte-Sur, es donde en última instancia
radican los principales desafíos para
este último grupo, pues ellas revelan y
explican las condiciones de dependencia
tecnológica en la cual se encuentra la
inmensa mayoría de los países
subdesarrollados, mientras que aseguran
la utilización de la ciencia como un
instrumento de dominación por parte de
las economías más avanzadas, lo cual es
además un factor decisivo para mantener
su status quo en la economía mundial.
Sin embargo, aún en contra del mandato
de esta lógica, en el informe de la
UNESCO 2010 sobre el Estado de la
Ciencia en el mundo se alertaba de un
cambio en las tendencias observadas
históricamente.
Allí se describe el ascenso del Sur en
ciencia y tecnología, el cual se ve
reflejado a través del desplazamiento de
la influencia científica mundial en
detrimento de la llamada "Tríada"
(Estados Unidos, la Unión Europea y
Japón) y en beneficio de una "nueva
Tríada" compuesta por Estados Unidos,
Europa y Asia (UNESCO, 2010).
La recomposición en el panorama
científico mundial (que se muestra con
claridad en varios indicadores
agregados), a su vez se ha visto
acelerada a consecuencia de los efectos
de la crisis económica global, en la
cual se han afianzado patrones de
crecimiento totalmente divergentes,
reflejados en altas tasas de incremento
del PIB en algunas economías y mientras
que se mantiene la recesión o el
estancamiento en otras. Desde el punto
de vista de las grandes regiones
geográficas, mientras que América y
Europa disminuyen en varios puntos
porcentuales su participación en los
gastos globales de I+D, Asia muestra un
aumento sostenido y llega en 2009 a
representar el 32,2% de esos gastos
(UNESCO, 2013).
En las economías asiáticas, la
influencia de los cambios liderados por
China ha sido muy significativa en
diferentes órdenes. Entre 2002 y 2009
este país pasa del 5% al 12,1% de los
gastos mundiales en investigación y
desarrollo, alcanzando ese último año
más de la tercera parte del GBID
regional, mientras que el cambio de su
peso dentro del conjunto de países
subdesarrollados es aún superior,
pasando del 28,5% en 2002 al 44,6% en
2009. Estas variaciones significan,
además, que el gigante asiático, con una
elevación del gasto de 114,9 miles de
millones de dólares, aportó el 55% del
incremento del financiamiento observado
en los países subdesarrollados durante
dicho período, y de mantenerse la actual
tendencia, resulta evidente que va
acercándose el momento en que China
realizará la mitad del total de los
gastos en I+D de los países del Sur
(UNESCO, 2013).
Desde otra perspectiva, los resultados
del resto de los miembros del grupo
BRICS, han sido, en cierta medida,
diferentes. Según la UNESCO, Brasil
realiza el 1,9% del gasto mundial en
I+D, India el 2,1%, Rusia el 2,6%, y
Sudáfrica el 0,4%. En conjunto estos
cuatro países, con un aumento de 43,1
miles de millones de dólares, aportaron
el 20,8% del crecimiento del gasto de
los países subdesarrollados entre 2002 y
2009, un 37,5% del total del crecimiento
aportado por China (UNESCO, 2013). Esto
refleja que si bien, visto como grupo,
las economías BRICS mantienen un peso
decisivo en la evolución de las
tendencias de la ciencia y la tecnología
para el conjunto de países "en
desarrollo" al aportar cerca de las tres
cuartas partes del incremento de los
gastos en ciencia y tecnología, es
evidente que las contribuciones de estos
cinco países han sido muy diferentes,
mostrando un dinamismo variable en cada
uno de los casos. Estas contribuciones
han ido, desde la presencia inobjetable
de China al frente de las
transformaciones globales, hasta
condiciones de lento crecimiento,
puestas de manifiesto en los casos de
Brasil y Sudáfrica, las cuales son
compartidas por muchos países
periféricos.
Las estadísticas globales, por lo tanto,
han visto un incremento sustancial del
peso del Tercer Mundo en los indicadores
globales de ciencia y tecnología que no
responde a una evolución sincronizada y
coherente en el desarrollo de sus
sistemas nacionales de innovación, sino
por el contrario obedece a la lógica de
una evolución diferenciada que tiene a
países comprendidos dentro del mismo
grupo en polos opuestos. Por esta causa
el mayor peso que apariencia tienen las
economías subdesarrolladas en los
principales indicadores
científico-tecnológicos globales, tiende
a enmascarar la dinámica real del
desarrollo científico y tecnológico de
este conjunto de países, ocultando el
estancamiento en el que se encuentran
vastas regiones planeta, lo cual es el
caso, por ejemplo, de los países
africanos, y en especial de los Países
Menos Avanzados (PMA). Es preciso
recordar que los PMA están compuestos
por 49 naciones, la mayoría de ellas
ubicadas en el continente africano, y
viven allí 798,5 millones de personas, o
sea, el 12% de los habitantes del
planeta. El gasto en I+D de ese conjunto
de países durante 2009 fue de 2,1 miles
millones de dólares (a PPA), lo que
representa apenas el 0,2% tanto de su
PIB como de su participación en las
inversiones globales ciencia y
tecnología.
Siete años atrás, cuando el gasto fue de
1,3 mil millones, ese porcentaje fue
similar (UNESCO, 2010) (UNESCO, 2013)
Por otro lado, en el caso de las
economías más dinámicas, los incrementos
generados en materia de gastos,
investigadores o publicaciones, no
garantizan que estos se conviertan
automáticamente en desarrollo
científico-tecnológico e innovaciones
con un impacto significativo en la
economía, aunque en el largo plazo
contribuyan a crear las condiciones para
que eso ocurra. Para los países
asiáticos emergentes que participan en
dichos procesos, tampoco puede
soslayarse el efecto de las prácticas de
"maquila intelectual" o
transnacionalización de la ciencia, que
son impulsadas por las empresas
multinacionales, y que por lo tanto
dificulta la capacidad para determinar
hasta qué punto la innovación es
endógena y cual es en realidad el
resultado de procesos de deslocalización
de la producción proveniente desde los
países desarrollados, fundamentalmente
Estados Unidos y Europa (Delgado, 2011).
En síntesis, aunque en el contexto de la
crisis global se asiste a un
afianzamiento de los cambios globales
que en cifras gruesas determinan un
mejor posicionamiento de las economías
del Sur, estas transformaciones ocurren
de forma muy desigual, afianzando el
desarrollo asimétrico de la ciencia y la
tecnología por todo el orbe.
Particularmente los países emergentes
han desempeñado un rol fundamental en
estos procesos, aunque inclusive dentro
del grupo BRICS los resultados son muy
heterogéneos, destacándose el papel de
China como el actor más dinámico e
influyente en ese grupo.
Bibliografía
Delgado, G. C. (2011). Imperialismo
tecnológico y desarrollo en América
Latina. La Habana: Ruth Casa Editorial.
UNESCO. (2013). UNESCO Institute for
Statistics. Recuperado el 28 de
diciembre de 2013, de Data centre:
http://stats.uis.unesco.org/ UNESCO.
(2010). UNESCO Science Report 2010.
París: UNESCO Publishing.
UNESCO. (1996). World Science Report
1996. París: UNESCO Publishing.
[1] Investigador en el Centro de
Investigaciones de la Economía Mundial y
Doctorante en Ciencias Económicas por la
Universidad de la Habana. |