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Integración latinoamericana: el imperio contraataca
Por Fidel Vascós González

[21.04.2014]- Actualización 8:00 pm de Cuba

El último decenio transcurrido ha sido testigo de un fortalecimiento institucional de la verdadera integración que reclaman los pueblos de América Latina y el Caribe. Se inicia este período con la creación de la Alternativa Bolivariana de Nuestra América (ALBA), el 14 de diciembre del 2004, en La Habana, por Acuerdo de Cuba y Venezuela. El texto fundacional lleva las firmas del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz y del Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Rafael Chávez Frías.

El ALBA se creó, como su nombre lo indica, como alternativa al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), lanzada en diciembre de 1994, en Miami, por el entonces Presidente de Estados Unidos, William Clinton, en una Cumbre convocada al efecto para todos los países del continente americano y el Caribe, con excepción de Cuba, único país de la región que no fue invitado al cónclave.

El ALCA pretendía crear de inmediato una Zona de Libre Comercio (ZLC) desde Alaska hasta la Tierra del Fuego sobre las bases conceptuales del neoliberalismo. En una ZLC, los estados concernidos se comprometen a remover los derechos aduaneros y las restricciones no arancelarias, de manera tal, que las mercancías atraviesen libremente las fronteras nacionales del territorio integrado. Con el ALCA, EE.UU. pretendía ejercer un mayor control sobre  la economía y el comercio internacional de la región, ampliando su dominio imperial sobre los pueblos de Nuestra América.

El intento imperialista de establecer esa ZLC simultáneamente en todo el continente, fue rechazado por la mayoría de los gobiernos y pueblos involucrados. El hundimiento del ALCA se registró en la Cumbre de Mar del Plata en noviembre del 2005. Sus principales enterradores fueron el Presidente de Argentina y anfitrión de la cita, Néstor Kirtchner, y el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

A diferencia del ALCA, que resultó un fracaso en su idea inicial, el ALBA incrementa su influencia. Hoy la componen 9 países (Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, Dominica, Ecuador, Nicaragua, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía y Venezuela); 6 invitados especiales (Argentina, Brasil, Guyana, Haití, Surinam y Uruguay) y 4 observadores (Canadá, Haití, Irán y Siria). Sus objetivos se han desplegado significativamente, al punto que se ha modificado su denominación. Ahora se identifica como Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP).

El ALBA-TCP facilita la concertación política de sus países miembros y la articulación con los movimientos sociales. Constituye una plataforma de integración que pone énfasis en la solidaridad, la complementariedad, la justicia social  y la cooperación. No alberga criterios mercantilistas, ni intereses egoístas de ganancia empresarial o beneficio nacional en perjuicio de otros pueblos. Baste decir que mediante la Operación Milagro, proyecto promovido en los marcos del ALBA-TCP en el campo de la oftalmología, más de tres millones de personas han recuperado o mejorado la vista.

PETROCARIBE, integrado por 18 países y que surgió muy vinculado al ALBA- TCP como un Acuerdo de cooperación energética, amplía sus objetivos con vistas a crear la Zona Económicade Petrocaribe.

En los tiempos que corren, otros esquemas de integración regional van intensificando, no sin dificultades, su carácter popular. Son manifestaciones de la creciente conciencia latinoamericanista de los pueblos de la región.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se fundó en febrero del 2010. La componen todos los países del continente, con excepción de Estados Unidos y Canadá.  Sus 33 integrantes abarcan un territorio de algo más de 20 millones de kilómetros cuadrados y una población de unos 600 millones de habitantes. Es el esquema de integración más abarcador de la región y el heredero del Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por el Libertador Simón Bolívar en 1826. Cuba asumió la Presidencia de la CELAC durante el año 2013, representada por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz.

El Mercado Común del Sur (MERCOSUR), creado en 1991, avanza hacia el completamiento de una Unión Aduanera, en la cual, además de la libre circulación de mercancías entre los países miembros, se establece un arancel externo común para las relaciones comerciales con terceros. A los socios fundadores (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay), se incorporó Venezuela. En el 2006 Cuba firmó un Acuerdo de alcance parcial de complementación económica con este esquema integracionista.

La Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) se constituyó en el 2008 y cuenta con 12 países miembros. Tiene como objetivo crear una identidad y ciudadanía suramericana, desarrollando un espacio de integración en lo cultural, social, económico y político entre sus integrantes.

La Comunidad del Caribe (CARICOM), principal esquema para la integración del área caribeña, se creó en el 1973. Cuenta con 15 países miembros, 5 asociados y 8 observadores. Su objetivo central consiste en la cooperación económica mediante la creación de un Mercado Único y una Economía Única en la subregión. Cuba y CARICOM han establecido unas relaciones económicas y financieras que marchan exitosamente.

En ninguno de los mencionados esquemas integracionistas de la región latinoamericana y caribeña están presentes EE.UU. y Canadá. Es un síntoma de la fuerza política y las ansias de libertad y soberanía de los pueblos de Nuestra América.

Los poderes imperiales no están al margen de esta realidad, lo que se manifiesta en las más recientes decisiones de la administración norteamericana. En abril del 2011 se creó la Alianza del Pacífico, con México, Colombia, Perú y Chile como países fundadores. El gobierno de EE.UU., aunque no aparece como miembro de esta Alianza, ha estado impulsando este nuevo esquema integrador, en el cual pretenden revivir el ALCA, ahora en una subregión de América del Sur y no simultáneamente en todos los países latinoamericanos, como era su versión original.

Los fundadores de la Alianza están apurados, pues en menos de 3 años, de abril 2011 a febrero del 2014, han realizado 8 Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno.

Vinculadas a este contraataque imperialista se relacionan las  visitas a la región del Presidente de EE.UU. Barak Obama y su Vicepresidente Joe Biden, realizadas a fines del pasado año. Obama viajó a México y Costa Rica. En este último país participó en una Cumbre del Sistema de Integración Centroamericana (SICA). Por su parte, el Vicepresidente Biden viajó a Colombia, Brasil y Trinidad Tobago.

Cuando Biden abandonó Colombia, el Presidente de ese país Juan Manuel Santos se apresuró en decir que no rechazaría la presencia de EE.UU. en la Alianza del Pacífico. Este nuevo intento imperial se basa en la desregulación del mercado de bienes y servicios, así como de las inversiones. Se mantiene limitado el libre movimiento de personas entre los países miembros. Por sus bases económicas neoliberales, la Alianza del Pacífico se contrapone al ALBA-TCP, PETROCARIBE, la CELAC, MERCOSUR, CARICOM y otros esquemas integradores que priorizan los intereses latinoamericanos y caribeños.

La importancia de la Alianza del Pacífico no se reduce a sus cuatro Estados fundadores, sino que tiene proyecciones hacia otras regiones del Mundo, con especial énfasis en el Asia-Pacífico. Ello se refleja en los 30 países que en calidad de observadores participan en las actividades de esta organización, los cuales son: Alemania, Suiza, Portugal, Italia, España, Francia, Reino Unido, Países Bajos, Finlandia, EE.UU., Canadá, Ecuador, Panamá, Uruguay, Paraguay, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, Honduras, Guatemala, Turquía, Marruecos, Israel, India, República Popular China, Corea del Sur, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Singapur.

La vertiente extracontinental de la Alianza se manifiesta de manera especial en su vinculación a la Asociación Transpacífica (TransPacific Partnership-TPP). Si en un inicio fueron Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur los firmantes de los acuerdos, ahora las negociaciones para el TPP incluyen, además, a EE.UU., Canadá, México, Perú, Australia, Japón, Malasia y Vietnam.

Poco se sabe del resultado de las deliberaciones que se llevan a cabo, pues estas son secretas. Se ha filtrado que el borrador del documento fundacional tiene 29 Capítulos, de los cuales se ha llegado a consenso en solo 8 de ellos. Los países miembros pretendían completar el Tratado para fines del año 2013, pero las contradicciones no resueltas, principalmente entre EE.UU. y Japón, apuntan a que esta fecha se pospondrá hasta el 2015. El contenido de los Capítulos conducen a que el TPP se constituya en el mayor acuerdo neoliberal del planeta, abarcando 800 millones de personas y el 40% de la economía mundial. Los trabajos para dejar constituida la Asociación no solamente se llevan a cabo por Estados miembros, sino que también participan 600 empresas en calidad de "asesores comerciales", entre ellas, transnacionales de la envergadura de Monsanto y Wal-Mart. Debido a ello, no debe sorprender que entre los acuerdos que se discuten se pretenda ir más allá de meras decisiones en tarifas arancelarias y comercio con bienes físicos. El TPP impone nuevas normas sobre la propiedad intelectual, aumentando el poder político de las empresas y dándole más derechos para demandar a los gobiernos de los países donde actúan.

Ante este contraataque imperialista, la única respuesta de América Latina y el Caribe con vistas a lograr la plena independencia y soberanía nacionales, consiste en profundizar sus propios esquemas de integración. De lo que se trata es de estrechar las relaciones económicas y sociales, avanzar en la concertación política y hacia la integración institucional. El objetivo final de este proceso debe permitir a la región unificar posiciones y hablar con una sola voz en el concierto internacional. En esta marcha, es de prever que se establezcan, primero, fuertes lazos entre los países más afines en sus proyecciones antimperialistas, de manera de crear una subregión que sirva como referente al resto de los pueblos del continente. Ha llegado la hora de retomar la convocatoria de José Martí a Nuestra América y andar unidos, "¡para que no pase el gigante de las siete leguas!".

Fuente: CUBARTE

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